Lenin: teoría revolucionaria y práctica racional (I/II)

Por Betzy Bravo | Octubre 2024

Si se imaginan de manera algo concreta esas condiciones históricas en que aparecieron las obras filosóficas de Engels y J. Dietzgen, comprenderán muy bien por qué se preocupaban dichos autores más de deslindarse de la vulgarización de las verdades elementales del materialismo que de defender esas mismas verdades. Marx y Engels se preocuparon también más de deslindarse de la vulgarización de las reivindicaciones fundamentales de la democracia que de defender esas mismas reivindicaciones.

Lenin, “Dos clases de crítica de Dühring” apud Materialismo y empiriocriticismo.

Lenin es, sobre todas las cosas, un marxista creativo. No se ha limitado a ser “un hombre práctico”. Es y no es el político que cumplió con la Tesis Once.

Eduardo Sartelli, “La actualidad de la revolución” apud G., Lukács, Lenin.

Introducción

Los análisis de la personalidad de Vladimir Ilich Uliánov (Lenin) coinciden en una característica ineludible: su entrega a la acción política. De Lenin se dice que fue un político revolucionario por excelencia y que, en ese sentido, su pensamiento y su vida ordinaria estaban fincadas en la marea de la lucha política, considerando crisis, vaivenes o reflujos, retiradas o avances. De aquí se desprende que el pensamiento de Lenin no era meramente teórico, sino que tenía un sentido propiamente pragmático, en tanto que su teoría tiene una función práctica, que pretende revolucionar el estado de cosas existente.

Esta valoración sobre el lugar de la teoría en Lenin, que no deja de ser verdadera y digna de admiración, puede llevar fácilmente a una posición dogmática que merma la militancia revolucionaria. Tal posición afirma que Lenin no requería la teoría y que, por tanto, la acción política de nuestros días no necesita aditamentos teóricos. En este sentido, se sacraliza no sólo la figura de Lenin como el revolucionario mesiánico sin necesidad de recurrir al estudio teórico, sino que también se mitifica la práctica política, esto anula las posibilidades de transformar la realidad con mayor eficacia, pues al limitar el estudio de la misma, es imposible conocer de mejor modo las causas de los problemas y ofrecer las mejores vías de solución posibles. La postura dogmática de Lenin no termina allí, puede coronarse con la subestimación de sus aportes en términos teóricos. Las aportaciones teóricas de Lenin son calificadas de extrañezas, como algo ajeno a su actividad ordinaria y que, en ese sentido, muestran debilidad o falta de agudeza teórica.

Más allá de las deficiencias argumentativas en la exposición filosófica de Lenin en Materialismo y empiriocriticismo, asumir que el dirigente bolchevique no se ocupaba profusamente de su edificación teórica implica olvidar la relación entre teoría y práctica, pieza fundamental del análisis leninista. Este texto, compuesto por dos entregas, analizará cómo la práctica revolucionaria de Lenin, tanto en su personalidad como en su planteamiento teórico, no está distanciada del estudio teórico y que, de hecho, es una necesidad la interdependencia entre el uno y el otro aspecto: la teoría y la práctica.

1.- Teoría revolucionaria

  1. Teoría materialista de Lenin

La teoría para Lenin, como para el materialismo en general, surge con la práctica. De acuerdo con Adolfo Sánchez Vázquez, “la teoría necesita de la práctica no sólo para surgir y verificarse en ella, sino también para formarse “de una manera definitiva”.” (Sánchez Vázquez, 2003, p. 212). En efecto, el pensamiento y todo desarrollo conceptual surge de la práctica dada, en principio, por el contacto que el ser humano tiene con el mundo externo. Se trata de una relación entre el sujeto como productor de ideas y del mundo externo como proveedor del medio para la experiencia práctica.

Una característica fundamental del ser humano es su objetividad, ya que existe en relación con el mundo exterior, siendo tanto sujeto como objeto para otros seres con los que se interrelaciona. Sin embargo, esta naturaleza no se limita a lo meramente físico, sino que también abarca lo humano, la capacidad de experimentar sensaciones y emociones. La integración del ser humano no se reduce a una delimitación objetiva o subjetiva, sino que es un proceso histórico, en el que se interrelacionan ambos aspectos. Esta interrelación dialéctica ha sido expuesta en la Crítica de la Razón Pura, por Kant, y en la Ciencia de la Lógica, por Hegel. Además, ha sido retomada por Marx y posteriormente por Lenin.

En el marco teórico marxista, el respaldo material en la sociedad tiene una importancia especial. Los teóricos materialistas consideran que lo objetivo tiene un papel fundamental en su análisis, refiriéndose a la realidad tangible de la sociedad. El ser humano, como entidad objetiva, experimenta sufrimiento, pero al mismo tiempo posee agencia y habilidades activas.

En cuanto a Lenin, autor que nos compete, reconoce la existencia de la realidad objetiva (materia en movimiento independiente de nuestra conciencia) dada por necesidad en el espacio y el tiempo. Dice el líder bolchevique en Materialismo y empiriocriticismo: “En el universo no hay más que materia en movimiento, y la materia en movimiento no puede moverse de otro modo que en el espacio y el tiempo” (Lenin, 1973, p. 182). Cuando el materialismo considera a la materia más allá del individuo, con una realidad objetiva propia y en movimiento, asume que tal materia se da en un espacio y en un tiempo objetivos. Luego añade:

Las representaciones humanas sobre el espacio y el tiempo son relativas, pero estas representaciones relativas suman la verdad absoluta, van, en su desarrollo, hacia la verdad absoluta y se aproximan a ella. La mutabilidad de las representaciones humanas sobre el espacio y el tiempo no refuta la realidad objetiva de uno y otro, así como tampoco refuta la del mundo exterior la mutabilidad de los conocimientos científicos sobre la estructura y las formas del movimiento de la materia. (Lenin, 1973, p. 183)

Esto es que las verdades relativas que tenemos sobre el espacio y el tiempo van complementándose y nos acercan a la verdad absoluta. Lenin incluso afirma que son la verdad absoluta, aunque esto es cuestionable, pues filósofos materialistas han demostrado los sesgos del conocimiento: la imposibilidad de acercarnos a conocer absolutamente la realidad externa; sin embargo, es posible acercarnos lo más posible a conocer la misma. Además, con respecto a la cita de Lenin, el que sepamos que el espacio y el tiempo son relativos no anula la objetividad de éstos ni tampoco la relatividad del mundo exterior anula la progresión de los conocimientos científicos sobre la materia.

De modo que el razonamiento de Lenin sobre el conocimiento considera la práctica desde su simiente: desde la relación entre sujeto y objeto estudiada durante cientos de años por los y las grandes pensadoras de la historia de la filosofía. No obstante, estas consideraciones teóricas no se quedan allí. El objetivo de Materialismo y empiriocriticismo es, como lo señala el propio Lenin en la introducción, demarcar el significado de materialismo para distanciarlo de las vulgarizaciones del mismo dadas al interior de su Partido.

1.2.- La revolución, el objetivo teórico de Lenin

Clara Zetkin, en sus Recuerdos sobre Lenin, afirma que él, “por la teoría y por el hecho, nos enseñó cómo la voluntad revolucionaria puede moldear conscientemente los fenómenos necesarios y preparados por la historia” (Zetkin, 2009, p. 2). Es notable cómo Zetkin resalta constantemente, en sus memorias sobre su amigo y camarada, la necesidad de la relación entre teoría y práctica para cumplir el objetivo de revolucionar las relaciones sociales existentes. Alude, por ejemplo, al necesario análisis reflexivo sobre la cuestión alemana:

La “acción de marzo” y la llamada “teoría de la ofensiva” en que aquélla [la cuestión alemana] se basaba, y que no era posible separar de su punto de partida, aunque no se hubiese formulado con toda claridad y nitidez hasta más tarde, para justificarla, obligaron al pleno de la Internacional Comunista a analizar concienzudamente la situación de la economía y de la política mundiales. Con este análisis trataba de encontrar un terreno seguro para sus posiciones tácticas y de principio; es decir, para sus objetivos más próximos, para movilizar y poner en pie revolucionariamente al proletariado, a las masas trabajadoras. (Zetkin, 2009, p. 12).

La necesidad de la reflexión sobre la situación política y social era mostrada por la Internacional comunista dirigida por Lenin. Y, cuando dicha actividad reflexiva era conducida incorrectamente, es decir, cuando no se utilizaba la razón de forma más profunda y en relación con la situación de las masas, los resultados podrían ser contraproducentes. Así lo dice Zetkin: “yo me contaba entre los críticos más severos de la “acción de marzo”, en cuanto no había sido una lucha de proletarios, sino una acción de partido, mal concebida, mal preparada, mal organizada, mal dirigida y mal realizada. La “teoría de la ofensiva”, engendrada con dolor y estrépito, fue combatida por mí con toda energía.” (Ídem). El propio Lenin afirma en su Qué hacer que la teoría revolucionaria es necesaria para llevar a cabo una revolución.

En este sentido, Sánchez Vázquez menciona que Lenin, en sus orígenes, no fue el hombre político pragmático que hoy conocemos, sino un teórico. “Se comprende por todo lo anterior que el primer Lenin que encontramos, antes que el dirigente revolucionario y el organizador del partido, es el Lenin teórico, es decir, al autor de una serie de investigaciones económicas sobre el desarrollo capitalista de la sociedad rusa.” (Sánchez Vázquez, 2003, p. 213). Esta anotación cabe para señalar el carácter eminentemente teórico del revolucionario marxista, sin embargo, es imposible separar cualquier desarrollo personal en la disyuntiva de teoría o práctica; tal exclusión es falsa, como Hegel lo demostró en su Fenomenología del Espíritu. Por lo cual, en Lenin no encontramos un hombre ni puramente práctico ni exclusivamente teórico. Es verdad que en su juventud se encontró inmerso en círculos de estudios de Marx, pero también estuvo involucrado en movimientos sociales junto a su hermano Alexandr Uliánov. El historiador Philip Pomper expone su entrega en las clases y en el estudio de Marx, así como en sus actividades revolucionarias: “Cuando Govojurin conoció a Sasha en el semestre de otoño de 1885, Uliánov seguía dedicado a su trabajo, un estudiante que nunca se saltaba una clase, pese a lo cual había leído muchas obras sobre el radicalismo y estaba bien informado y, ante la sorpresa de Govorujin, ya conocía la literatura marxista rusa.” (Pomper, 2010, p. 131). Para Lenin, su hermano mayor Alexander Uliánov (Sasha) era su gran ejemplo a seguir, quería ser como él. Según Tariq Ali, «estaba siempre al tanto de lo que hacía su hermano mayor, aprendiendo de él y comparándose con él. La muerte de su hermano le conmocionó en lo más profundo. Todo cambió. El suceso y sus repercusiones le radicalizaron políticamente.» (Ali, 2017, p. 103). Más tarde, Vladimir notaría la urgencia de cambiar la táctica política para derrocar al poder, enunciaba la necesidad de salir de la dicotomía «intelectuales/obreros». La unidad de la teoría y la práctica de la que Lenin supo más claramente a través de un texto de Mártov y Kremer en 1895, denominado Sobre la agitación, le impresionó profundamente. (Cf. Ali, 2017, p. 114)


Betzy Bravo es maestra en filosofía por la UNAM e investigadora del Centro Mexicano de Estudios Económicos y Sociales.

Bibliografía

Ali, T. (2017). Los dilemas de Lenin. Alianza.

Lenin. (1979). Materialismo y empiriocriticismo. Progreso.

Pomper, P. (2020). El hermano de Lenin. Ariel.

Sánchez Vázquez, A. (2003). Filosofía de la praxis. Siglo XXI.

Zetkin, C. (2021). Recuerdos sobre Lenin. Alejandría Proletaria, Biblioteca General del pensamiento revolucionario.

http://grupgerminal.org/?q=system/files/1925-00-00-recuerdoslenin-zetkin.pdf

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