Por Citlali Aguirre | Septiembre 2024
Incrementan los casos de autismo y sus causas no están del todo identificadas. Antes se identificaba uno entre 166 niños y, a partir de 2020, se identificó un entre cada 44 menores con autismo en Estados Unidos (ver figura 1). En México, carecemos de estudios sobre la prevalencia de autismo, según lo informado en la mesa Trastorno del espectro autista transmitida por el Colegio Nacional el pasado mes de febrero. En palabras de Neurofisiólogo Pablo Rudomin “El autismo es una afección relacionada con el desarrollo del cerebro, que perjudica la manera en que un individuo percibe y socializa con otras personas, lo que causa dificultades en la interacción social y en la comunicación. Este trastorno también comprende patrones de conducta restringidos y repetitivos” que suelen aparecer hacia los 2 años de edad. Pero, ¿cuáles son sus causas?
Aunque los científicos todavía están intentando comprender por qué algunas personas desarrollan autismo y otras no, han identificaco algunos factores genéticos y ambientales asociados a esta condición. Los factores ambientales son: la edad avanzada de los padres en el momento de la concepción; obesidad y falta de actividad física, diabetes o trastornos del sistema inmunitario de la madre[1]; la exposición de la madre y el feto a la contaminación atmosférica o a determinados pesticidas; y dificultades en el parto que provoquen periodos de falta de oxígeno en el cerebro del bebé. La fiebre durante el embarazo también podría estar asociada a un mayor riesgo de autismo infantil.[2] Sin embargo, a decir del Instituto Nacional de la Salud (NIH, en inglés), es poco probable que estos factores por sí solos causen autismo. Más bien, estos factores parecen aumentar el riesgo de que un niño desarrolle autismo cuando se combinan con factores genéticos. Por ejemplo, los niños con una mutación en un gen llamado MET, combinada con altos niveles de exposición a la contaminación atmosférica, pueden tener un mayor riesgo.[3]
En un estudio hallaron que los hijos de madres que vivían cerca de una autopista (3 km aprox.) y de la contaminación relacionada con el tráfico durante el tercer trimestre del embarazo, tenían el doble de probabilidades de desarrollar autismo.[4] Otro estudio de gemelos analizó los dientes de leche para determinar y comparar los niveles de plomo, manganeso y zinc en niños con autismo con los de su gemelo sin la enfermedad. Los niños autistas tenían bajos niveles de manganeso y zinc, metales esenciales para la vida, pero presentaban niveles más altos de plomo, un metal nocivo durante periodos específicos del desarrollo estudiados. [5] La exposición materna a insecticidas durante las primeras etapas del embarazo también ha sido asociada a un mayor riesgo de autismo en sus hijos. [6]
Para terminar, quiero señalar dos cosas. En primer lugar, es importante detectar el autismo en la edad temprana, pues los expertos sugieren que un tratamiento temprano pueden hacer una gran diferencia en la vida de los niños. También, diversos estudios han apuntado que las vitaminas prenatales, incluido el ácido fólico, durante el embarazo temprano, pueden reducir el riesgo de tener un hijo con autismo en aquellas mujeres con una elevada exposición a la contaminación atmosférica y pesticidas. [7][8][9] En segundo lugar, es importante entender que el riesgo de desarrollar autismo es solo otro ejemplo de cómo la contaminación atmosférica, del suelo y el agua tiene repercusiones directas en nuestra salud y bienestar. Por ello, es importante combatirla haciendo lo que nos toca como ciudadanos. Necesitamos proteger nuestros territorios, exigir a nuestras autoridades políticas serias contra la contaminación, y vigilar rigurosamente el uso de pesticidas y el manejo de residuos de fábricas y/o compañías, tanto públicas como privadas.

Citlali Aguirre es Doctora en Ecología por la Universidad de Umeå
Referencias
[1] Jones, K. L., & Van de Water, J. (2019). Maternal autoantibody related autism: mechanisms and pathways. Molecular psychiatry, 24(2), 252-265.
[2] Brucato, M., Ladd‐Acosta, C., Li, M., Caruso, D., Hong, X., Kaczaniuk, J., … & Wang, X. (2017). Prenatal exposure to fever is associated with autism spectrum disorder in the boston birth cohort. Autism Research, 10(11), 1878-1890.
[3] Volk, H. E., Kerin, T., Lurmann, F., Hertz-Picciotto, I., McConnell, R., & Campbell, D. B. (2014). Autism spectrum disorder: interaction of air pollution with the MET receptor tyrosine kinase gene. Epidemiology, 25(1), 44-47.
[4] Volk, H. E., Hertz-Picciotto, I., Delwiche, L., Lurmann, F., & McConnell, R. (2011). Residential proximity to freeways and autism in the CHARGE study. Environmental health perspectives, 119(6), 873-877.
[5] Arora, M., Reichenberg, A., Willfors, C., Austin, C., Gennings, C., Berggren, S., … & Bölte, S. (2017). Fetal and postnatal metal dysregulation in autism. Nature communications, 8(1), 15493.
[6] Brown, A. S., Cheslack-Postava, K., Rantakokko, P., Kiviranta, H., Hinkka-Yli-Salomäki, S., McKeague, I. W., … & Sourander, A. (2018). Association of maternal insecticide levels with autism in offspring from a national birth cohort. American Journal of Psychiatry, 175(11), 1094-1101.
[7] Goodrich, A. J., Volk, H. E., Tancredi, D. J., McConnell, R., Lurmann, F. W., Hansen, R. L., & Schmidt, R. J. (2018). Joint effects of prenatal air pollutant exposure and maternal folic acid supplementation on risk of autism spectrum disorder. Autism Research, 11(1), 69-80.
[8] Schmidt, R. J., Tancredi, D. J., Ozonoff, S., Hansen, R. L., Hartiala, J., Allayee, H., … & Hertz-Picciotto, I. (2012). Maternal periconceptional folic acid intake and risk of autism spectrum disorders and developmental delay in the CHARGE (CHildhood Autism Risks from Genetics and Environment) case-control study. The American journal of clinical nutrition, 96(1), 80-89.
[9] DeVilbiss, E. A., Magnusson, C., Gardner, R. M., Rai, D., Newschaffer, C. J., Lyall, K., … & Lee, B. K. (2017). Antenatal nutritional supplementation and autism spectrum disorders in the Stockholm youth cohort: population based cohort study. Bmj, 359.
