Por Aquiles Lázaro | Agosto 2024
Hay en el mundo de la creación artística un áspero debate que suele pasar inadvertido a los aficionados: ¿debe la obra ser considerada independientemente de la vida personal del autor? Entiéndase por vida personal cualquier aspecto de su biografía: sentimental, político, criminal, de salud mental, etc. Ejemplos sobran: el nazi Herbert von Karajan, el derechista Borges, el Siqueiros instrumento de la violencia stalinista, el guerrillero Roque Dalton o el aplaudidor de las dictaduras latinoamericanas Mario Vargas Llosa…
En las primeras décadas del siglo xx apareció en la Rusia de los zares un vigoroso movimiento intelectual cuyos principales representantes ejercen todavía hoy una influencia enorme en la lingüística, la crítica literaria y la teoría de la literatura: el llamado formalismo ruso. El formalismo, en líneas generales, nos dice que existen en la obra literaria, en sus entrañas mismas, elementos objetivos que merecen ser observados y estudiados como elementos autónomos, completos en sí mismos. Los formalistas buscan en los textos lo que llaman “literariedad” (también traducido a veces como “literaturidad”), es decir, los componentes esenciales de la obra, aquellos que le dan su carácter de obra literaria, con independencia de contextos históricos o culturales.
El aporte del formalismo tiene un doble valor. De una parte debemos rescatar su crítica frontal a las interpretaciones sociologistas del arte, aquellas que —presuntamente desde el marxismo— pretenden derivar mecánicamente la significación de la obra de arte de la militancia política de su autor, de los temar abordados o de contextos históricos particulares, pasando a segundo plano, o a veces incluso ignorando (es decir, en simple y llana ignorancia sobre el trabajo artístico), los elementos técnicos de la obra.
La otra parte del valor del formalismo consiste en enfatizar que las obras de arte son tales, precisamente y en primera instancia, por sus características técnicas. Y con base en esta premisa, emprenden los formalistas una exhaustiva investigación sobre la naturaleza de tales características que hacen a la literatura ser literatura. Darío Fo, activista incansable de un arte comprometido, advertía que ante una estructura formal descuidada y torpe “tampoco funciona el discurso político y todo se reduce a un panfleto tedioso e insoportable”. Pretenderse crítico de arte en cualquiera de sus disciplinas (literatura, cine, música, pintura, etc.) implica en primer lugar conocerla en sus entrañas, identificar sus recursos, sus métodos, sus técnicas, conocer el programa estético del artista o estar informado del debate en que toma parte con su obra… Es decir, una labor de especialistas altamente tecnificada. Habrá quien haya leído cinco veces las obras completas de Víctor Hugo o de Balzac; eso no lo convierte, sin embargo, en un crítico literario.
La última palabra en esta discusión no está dicha todavía. Toda obra de arte es un signo polisémico; la complejidad del fenómeno, infinito en sus múltiples relaciones con la realidad, es imposible de ser abarcada por una, dos o tres perspectivas aisladas, como de hecho acontece con los fenómenos naturales o sociales. Separa a la obra del autor es, entonces, válido, siempre que nuestra tarea sea intentar dilucidar objetivamente los elementos técnicos intrínsecos de la obra, labor anterior a toda interpretación filosófica o política. En cambio, juzgar desde un pretendido criterio artístico objetivo las creaciones de un autor bajo la pauta de los méritos o deméritos de cualquier aspecto de su biografía constituye el camino inverso: la descalificación absoluta de todo mérito artístico bajo la premisa de que su autor está incapacitado para expresarse sobre nada, sin tomarse siquiera la molestia de examinar el material artístico en cuestión.
No debemos olvidar, finalmente, que el arte y las disciplinas que lo estudian (la estética, la crítica, la teoría) son un campo específico del conocimiento. La teoría del neoliberalismo económico de Milton Friedman genera, con toda seguridad, opiniones y debates entre ciertos poetas, sin que esto quiera decir que la significación de las tesis neoliberales deba ser juzgado principalmente por su impacto en la creación poética de aquellos círculos.
Aquiles Lázaro es promotor cultural e investigador del Centro Mexicano de Estudios Económicos y Sociales.
