Por Ollin Vázquez y Vania Sánchez | Agosto 2024
“Toda acumulación sirve de medio de nueva acumulación”
Carlos Marx. El Capital, T1 p. 529.
En 2024 se conmemoran 100 años de la muerte de Vladimir Ilich Uliánov o Lenin, su pseudónimo más conocido. Lenin es uno de los más grandes líderes políticos de la humanidad, es conocido tanto por su teoría del partido revolucionario, como por guiar y llevar hasta sus últimas consecuencias los levantamientos obreros que alumbraron la Revolución Rusa en 1917 y el socialismo soviético. Sin embargo, Lenin también hizo grandes contribuciones como teórico del desarrollo del capitalismo en su conceptualización del imperialismo como etapa particular del capitalismo. Este análisis es de vital importancia para quienes buscan explicarse fenómenos económicos de la actualidad, como la tendencia implacable a la gran centralización de la riqueza social en unos cuantos capitales financieros individuales.
En su definición más amplia de imperialismo, Lenin distingue cinco características fundamentales: (1) concentración de la producción y del capital en grandes monopolios que determinan toda la vida económica; (2) la fusión del capital bancario e industrial, que juntos forman el capital financiero, y sus dueños, la oligarquía financiera; (3) la exportación sistemática de capital; (4) la asociación de los capitalistas monopolistas; y finalmente, (5) el fin de la repartición del mundo entre las grandes potencias capitalistas.
Este escrito tiene por objetivo ahondar en las leyes del desarrollo del capitalismo que definen las tendencias a la centralización y concentración del capital y sus manifestaciones más recientes. Así también, explicar, desde la teoría del imperialismo de Lenin, por qué la creación de los oligopolios crea una etapa cualitativamente distinta, “superior”, a la del capitalismo clásico y constituye en su desarrollo, su etapa última. Posteriormente, mostrar algunos datos sobre el grado de centralización de la riqueza. Y finalmente, presentar los comentarios finales a modo de conclusión.
La centralización del capital en Marx
De acuerdo con Marx (1999), el capital puede definirse como una relación de producción históricamente determinada que hace del trabajador un medio directo de valorización; el capital también se define como valor que se valoriza a sí mismo o, como decían los mercantilistas, “dinero que alumbra dinero”. Marx descubrió que ese proceso de autovalorización del capital es fruto de la explotación del trabajo. El capital inicial invertido en la producción requiere estar compuesto por: materias primas y medios de trabajo -parte que se denomina “capital constante”; más la parte de dinero que se requiere para contratar trabajadores, esto es, el monto total de los salarios –el “capital variable”. Estos elementos, adquiridos con el capital inicial, son los que se requieren para poner en acción el proceso de producción del cual resulta una nueva mercancía que contiene en su seno el valor de los elementos que se emplearon para su producción más un valor nuevo, el plusvalor, que es el producto del trabajo de los asalariados que excede a su salario, es trabajo no pagado a su productor. El capitalismo presupone, por tanto, que haya de un lado vendedores (propietarios privados) de los elementos del proceso de producción -incluyendo a la fuerza de trabajo-, así como compradores (detentadores de dinero). El desarrollo de los mercados va imponiendo el marco ideológico y jurídico que protege la propiedad del capital. Así, en el capitalismo, las mercancías son propiedad de quien pagó por los elementos del proceso de trabajo y que, bajo su tutela, los combinó para crear una mercancía -un producto útil para el mercado-. Por esta ecuación, no solo resulta propietario del valor que adelantó para que ocurriera el proceso de producción, sino que es el dueño del plusvalor, aunque no haya contribuido en su producción.
El capital no puede restringirse a hacer un solo ciclo dinero-mercancía-dinero (incrementado), pues de hacerlo, desaparecería como tal capital y aún como valor. La lógica de valorización creciente del capital y la competencia entre capitales exigen que el plusvalor se convierta, a su vez, en capital; que haya acumulación de capital. Esta acumulación es el proceso en que el plusvalor se transforma en capital. El valor nuevo, producto de un ciclo de producción anterior, se gasta como capital -compra los elementos del proceso de trabajo necesarios- junto con el capital que se adelantó para crearlo a fin de generar plusvalía a una escala mayor. Este proceso se convierte en un ciclo interminable de inversión creciente de capital, que va engrosando el capital individual y, por tanto, el global. Para acelerar el crecimiento de la acumulación -para incrementar la tasa de plusvalía, es decir, el valor nuevo creado por cada unidad de valor empleada en comprar fuerza de trabajo en un periodo de tiempo determinado- el capitalismo incrementa sistemáticamente la explotación o instrumenta mecanismos para acelerar la rotación del capital.
En el apartado dos del capítulo XXIII de El Capital, Marx dice: “al aumentar la masa de riqueza que funciona como capital, aumenta su concentración en manos de los capitalistas individuales y, por tanto, la base para la producción en gran escala y para los métodos específicamente capitalistas de producción.” (Marx, 1999, pág. 529). Es decir, que conforme aumenta la acumulación de capital, los medios de producción y el poder de mando sobre el trabajo se nos presentan cada vez más en la forma de capitales individuales, así la forma específicamente capitalista de producir y distribuir la riqueza va permeando en cada rincón y en cada rama de la producción.
Este proceso de concentración, que implica el incremento del capital global, se complementa con otros que configuran la centralización del capital y que refiere a una fuerte tendencia a la atracción del capital. En palabras de Marx:
[La centralización] No se trata ya de una simple concentración, idéntica a la acumulación de los medios de producción y del poder de mando sobre el trabajo. Se trata de la concentración de los capitales ya existentes, de la acumulación de su autonomía individual, de la expropiación de unos capitalistas por otros, de la aglutinación de muchos capitales individuales pequeños para formar unos cuantos capitales grandes (Marx, 1999, pág. 529).
Es decir, que el desarrollo del capitalismo implica una tendencia dominante a abatir la dispersión del capital; los capitales individuales se ensanchan no solo porque acumulan el plusvalor creado, sino fagocitándose unos a otros. La centralización refiere al proceso mediante el cual, los capitales individuales son cada vez más grandes y son cada vez menos. Hay, no obstante, procesos que atenúan esta tendencia dominante y que implica la creación de nuevos capitales individuales:
Al mismo tiempo, se desgajan de los capitales originales fragmentos de ellos que empiezan a funcionar como nuevos capitales independientes. Entre otros factores, desempeñan aquí un papel importante la división de la fortuna entre las familias capitalistas. La acumulación del capital hace que aumente, por tanto, en mayor o menor medida, el número de capitalistas (Marx, 1999, pág. 529)
Como dejamos anotado antes, la competencia entre las empresas las obliga a convertir su plusvalor en capital incesantemente para ampliar la escala de la producción y para mejorar las técnicas y herramientas de producción. Esto incrementa la productividad del trabajo y, en consecuencia, abarata las mercancías. De esta suerte, las empresas que producen por debajo de las condiciones sociales medias de producción, son desplazadas del mercado o absorbidas por los capitales más grandes. La centralización contribuye a incrementar la concentración de capital en la medida en que potencia la capacidad productiva de las empresas individuales. La dialéctica del capital está en que a medida que la capacidad productiva se desarrolla, la tasa de ganancia media de los capitales cae, pues para generar una unidad de valor nueva, se requiere cada vez más capital dado que la parte del capital que se destina a la compra de fuerza de trabajo y la única que crea valor, es proporcionalmente menor a la parte que se destina a la compra de maquinaria, herramientas, materias primas y auxiliares que se ocupan. El capitalismo así, se vuelve víctima de su propio éxito.
La centralización del capital se distingue de la concentración en que la primera no está limitada por el grado de desarrollo de la riqueza social que permite el incremento de la riqueza global, pues solo se trata del cambio de propietario del capital ya existente.
La centralización del capital en el imperialismo
La centralización del capital en el imperialismo adquiere una calidad distinta porque se convierte en una necesidad para la subsistencia de los capitales individuales y adquiere nuevas dimensiones. La centralización del capital se vuelve la única forma de que los capitales individuales puedan beneficiarse de una tasa de ganancia (TG) por encima de la tasa media (TMG).
Como enuncia Marx en el Tomo III de El Capital, las diferencias de TMG entre las ramas económicas propicia el desplazamiento de capitales de las ramas con TMG menores hacia aquellas con TMG más altas. Sin embargo, conforme se desarrolla el capitalismo y se incrementa el tamaño de los capitales, el desplazamiento de capitales se hace cada vez más difícil. Hilferding (1963) distingue tres barreras al cambio de rama de los grandes capitales. En primer lugar, dado que el desarrollo del capitalismo implica una porción cada vez más grande de recursos invertidos en capital fijo, es complicado desplazarse de rama de actividad cuando se tiene éste en forma de capital productivo. El capitalista debe esperar a que el capital fijo termine de rotar y vuelva a tener los recursos en forma de dinero contante y sonante para poder invertir en otra rama, en otra actividad productiva. En segundo lugar, la tecnificación continua de la producción requiere una gran cantidad de capital fijo para poder llevar a cabo cualquier producción, por lo que para poner una empresa en otra rama de la producción se necesitan ingentes cantidades de capital adicional al que está en funciones en la rama de la que busca marcharse. En tercer lugar, por lo antes mencionado, el desplazamiento de los capitales de una rama a otra presupone una gran dimensión de capital trasladado y, por tanto, de producción nueva en la rama donde arribó el capital; esto genera una caída de la TMG de la rama, disminuyendo la ventaja que tenía.
Para sortear estas barreras, el capital ha desarrollado nuevas formas. Si bien no puede remediarse que la rotación del capital fijo impide que éste llegue en forma de dinero a las manos del capitalista inmediatamente, tras un ciclo del capital, y, por eso, que la totalidad de ese capital pueda trasladarse a otra rama de la producción, sí puede cambiar una parte de ese capital a una rama con mayor TMG mediante su asociación con otros capitales. Esta es la razón por la que aparecieron figuras jurídicas como la “sociedades por acciones”. Como dice Lenin, mediante el “sistema de participaciones”, los grandes capitales pueden controlar sociedades de accionistas que dependen de ella y a otras que dependen a su vez, de las segundas (sociedades hijas y nietas). Así se puede controlar varias esferas de la producción con distintas TMG, sin tener en propiedad las enormes sumas de capital que exige y que son difíciles de tener en un solo capital individual. Por tanto, no solo la competencia va centralizando el capital, creando monopolios u oligopolios y eliminando la “libre competencia entre pequeños capitales”, sino que la caída de la TMG en determinadas ramas de la economía, empuja a los capitales a asociarse para desplazarse hacia la ramas con TMG mayores a la TMG general. En el imperialismo, el monopolio y la asociación de grandes capitales remplaza la “libre competencia” y la empresa individual. Pero no desaparece por ello la competencia, esta, como diría Hilferding, ya no se da entre fuertes y débiles, se convierte en una lucha entre iguales, entre grandes capitales que van apropiándose de las distintas ramas de la producción.
Este proceso impele también al capital industrial a asociarse con el bancario. Esta asociación da lugar al capital financiero. Es decir, que ya no solo es la centralización del capital en unos cuantos capitalistas dueños de las empresas, sino que también éstos pueden volverse agentes influyentes en otras empresas donde tienen parte de su capital invertido, aunque no sean los dueños totales de la empresa.
En general, es imposible para una rama mantener igual su TMG. Más bien, ésta va fluctuando con el ciclo económico. Tal es el caso de la industria extractiva que, al inicio del ciclo, en su fase expansiva, goza de una tasa por encima del promedio y en tiempos de depresión puede permanecer por debajo del promedio durante un largo periodo. Ocurre lo contrario con la industria manufacturera. Estas diferencias solo pueden ser salvadas mediante la “combinación” (Hilferding, 1963). Lenin emplea el término “combinación” para referirse al agrupamiento de distintas ramas de la industria en una sola gran compañía, señalándolo como un rasgo importante, necesario, del capitalismo en su fase imperialista. Estas actividades pueden ser fases sucesivas o ramas auxiliares de un proceso productivo. Como apuntaba Lenin (1916), y de acuerdo con Hilferding, la “combinación” puede 1) nivelar las fluctuaciones coyunturales del mercado, dando una tasa de ganancia más estable; 2) disminuir la porción de plusvalía apropiada por el capital comercial; 3) crear beneficios adicionales porque impulsa el progreso técnico; y 4) reforzar la competitividad de la empresa combinada respecto a las otras, sobre todo en tiempos de crisis, donde las materias primas se abaratan más lentamente que los productos manufacturados.
Es necesario apuntar que Hilferding hace la aclaración de que la “combinación” es la concentración de empresas sin expropiación de la propiedad, es decir, sin centralización del capital. La centralización del capital por la competencia de empresas similares en capital es muy difícil de que ocurra, pues prefieren coexistir a llevar a cabo una guerra de precios que los obligue a disminuir todavía más la tasa media de ganancia. En este sentido, las empresas prefieren fusionarse o unirse en forma de cártel[1]. Sin embargo, cuando el cártel no tiene poder suficiente de mercado, se da una competencia entre ese cártel y las otras empresas que no forman parte de éste, lo que eventualmente lleva a la centralización del capital en términos de propiedad. En términos generales, para que el cártel pueda ejercer su poder se deben cumplir dos condiciones, a saber, que sea una rama intensiva en mano de obra y que tenga una demanda poco sensible al cambio de precios y al ingreso (Hilferding, 1963).
Es decir, que solo bajo condiciones específicas la asociación de capitales que funcionan en bloque atenúa la competencia entre ellos. En otros casos, la competencia sigue existiendo y se hace todavía más encarnizada porque toma nuevas dimensiones y de ganar, representa un premio mayor. Por ejemplo, las guerras comerciales entre países: en 2018 se vivió más crudamente la guerra de aranceles entre Estados Unidos y China y desde 2018 hasta la fecha se ha intentado que la empresa china ByteDance venda TikTok a empresas norteamericanas con la amenaza de que si no lo hace la vetarán de Estados Unidos. También se han ensayado la prohibición del suministro de insumos a algunas empresas que representan competencia a los grandes consorcios de occidente. Por ejemplo, Estados Unidos prohibió en 2020 que Samsung y SK Hynix le suministren a Huawei componentes para sus teléfonos, en un contexto de escasez de microchips. Como dato importante, el 40% de las exportaciones de SK Hynix durante la mitad de 2020 iban para China; o sea que no sólo se afectaría a Huawei, sino también a SK Hynix, empresa surcoreana, que perdería parte importante de su mercado. Samsung, por su parte, no se vería tan afectado porque, al ser un capital con actividades diversas, frenaría el avance de Huawei en el mercado de los teléfonos celulares –de acuerdo con el Worldwide Quarterly Mobile Phone Tracker 2019 de IDC, de 2018 a 2019 Huawei incrementó su participación en el mercado de smartphones de 11.8% a 19%, mientras que el de Apple disminuyó de 15.7 a 11.7% y el de Samsung de 23.5 a 23.1%– y porque ésta junto con SK Hynix son las dos principales empresas de microelectrónica de Corea del Sur; aunque Samsung está entre las empresas más avanzadas de este sector, junto con Intel y TSMC (Taiwan Semiconductor Manufacturing).
Además, de acuerdo con Boston Consulting Group, en la década de los 90, EUA tenía una participación en el mercado de microchips de 38%, mientras que ahora es apenas del 12%. En ánimo de recuperar su cuota de mercado, Bob Swan (cuando todavía era CEO de Intel, principal productor estadounidense de microchips) mandó una carta abierta[2] a Joe Biden, el 24 de noviembre de 2020, donde decía:
El aumento de los costes y las subvenciones de los gobiernos extranjeros a los campeones nacionales son una desventaja significativa para las empresas estadounidenses de semiconductores que realizan importantes inversiones de capital en el país. Una estrategia nacional de fabricación, que incluya la inversión del gobierno estadounidense en la industria nacional de semiconductores, es fundamental para garantizar que las empresas estadounidenses compitan en igualdad de condiciones y lideren la próxima generación de tecnología innovadora (Sawan, 2020).
Más allá de si la competencia que llevan a cabo las empresas de la industria de microchips es desigual o no, esta aseveración refleja la preocupación de Intel por la pérdida en la competencia frente a otras empresas que se han vuelto más eficientes y le han estado ganando el mercado. La competencia, entonces, toma nuevas dimensiones porque, además de lo ya mencionado, para ganar los mercados tienen que involucrar al Estado de los países de donde son originarios. Todavía más, la política económica, que se financia generalmente con los impuestos de los trabajadores, está encaminada a acelerar la acumulación y la centralización del capital de las empresas de ese país, pues la centralización no para nunca, o sacan del mercado a las otras empresas o las cosas serán al revés y perjudicarán a ese capital en cuestión.
Es importante recalcar, además, que en tiempos de crisis económica, las relaciones entre empresas asociadas se rompen y la centralización de la propiedad del capital se hace más fuerte.
Algunos datos sobre la centralización del capital
Se puede llegar a pensar que, dado que existen sociedades de accionistas, las empresas pueden tener varios propietarios, por lo que ya no se dan los procesos de concentración y centralización del capital. Sin embargo, hay algunos trabajos empíricos que muestran que la mayoría de las veces estas empresas tienen un accionista que tiene el control sobre la empresa. Aminadav y Papaioannou (2019) hicieron un análisis de 42 mil 700 empresas de 127 países, para el periodo de 2007-2012 (que es aproximadamente el 90% de la capitalización bursátil mundial en 2012) y hallaron que en varios países no existen las sociedades de muchos pequeños accionistas, sino que son empresas con un accionista mayoritario. Por ejemplo, en Botsuana, Gabón, Benín, Níger, Senegal, Uganda, Costa de Marfil, Bulgaria, República Checa, Georgia y Argentina, más del 82% de las empresas están controladas por un solo accionista. Lo mismo ocurre en México, Ecuador, Namibia, Kenia, Turquía, Rumania, Rusia, Marruecos y Austria con un rango del 75 al 82% de sus empresas. En Kazajistán, Mongolia, India y Arabia Saudita el rango es de 36 a 50% de empresas con control de un accionista.
Una forma de ver la centralización de capital en el imperialismo es a través de los trabajos que se han hecho sobre control empresarial. Uno de los trabajos pioneros en este ámbito es el de Vitali, Glattfelder y Battiston (2011), quienes distinguen tres posibilidades en las ETN (Empresas Trasnacionales): 1) las ETN se mantienen aisladas; 2) se agrupan entre ellas pero se mantienen separadas internamente; o 3) forman una serie de ramificaciones que puede ser en forma de centro-periferia. Los resultados a los que llegaron muestran una gran centralización del control de las ETN sobre otras empresas. De 43,060 ETN identificadas, acorde con la definición de ETN de la OCDE, en una población de 30 millones de agentes económicos de la base de datos de Orbis 2007, detectaron 600,508 nodos y 1,006,987 vínculos de propiedad. Los autores hallaron que 737 “holders” acumularon el 80% del valor de las ETN. Comparando con la distribución de la renta, “[…] el control de la red está distribuido de forma mucho más desigual que la riqueza. En concreto, los actores mejor clasificados ostentan un control diez veces mayor de lo que cabría esperar en función de su riqueza”. Hallaron, además, que el núcleo de las ETN tiene un control muy alto de toda la red de las empresas: “[…] casi 4/10 del control sobre el valor económico de las ETN en el mundo está en manos, a través de una complicada red de relaciones de propiedad, de un grupo de 147 ETN en el núcleo, que tiene un control casi total sobre sí mismo” (Vitali, Glattfelder, & Battiston, 2011, pág. 4). O sea que dentro del núcleo de las empresas que controlan, hay todavía un número más reducido de accionistas que tienen el control sobre ese núcleo. Más relevante aún es que 3/4 son intermediarios financieros. Respecto a la competencia, los autores sostienen que ésta puede verse reducida porque dado que casi todas las ETN del núcleo están conectadas por las relaciones de propiedad, pueden funcionar como un bloque que frene la competencia entre ellas.
Un estudio más posterior realizado por Glattfelder y Battiston (2019) para 109,841,682 actores económicos –con 35,839,090 nodos y 27,307,642 vínculos de propiedad, con la base de datos Orbis para el periodo que comprende de 2007 a 2012– arrojó resultados similares a los de Vitali et al. (2011), a saber que existe un grupo todavía más restringido del núcleo que controla toda la red de empresas concatenadas. El 5% más influyente del grupo que controla el núcleo pasó de 146 ETN en 2007 a 123 en 2012, y controla 97.5% del valor del índice de influencia acumulada del núcleo.
El caso de BlackRock
¿Qué vende BlackRock (BR)? ¿Qué tipo de industria es? ¿De dónde salen sus beneficios? BR se autodefine como una administradora de activos global, es decir que lo que vende es el servicio de realizar inversiones y gestionar el riesgo de los ahorradores. La fuente principal de beneficios de BR (81% del total de sus ingresos en el año fiscal 2023) es el pago que hacen los inversores por el asesoramiento. Su negocio más próspero en este rubro es la venta de fondos de inversión cotizados en bolsa (ETFs). Un ETF es un instrumento financiero constituido a su vez por un conjunto de activos -acciones de empresas, bonos de gobiernos, derechos sobre la producción de materias primas, entre otros- y que se constituye como otro activo individual. Es venderte una canasta de diversos activos financieros a fin de disminuir el riesgo de tu inversión. BR se representa a sí mismo como un gran revolucionario de la industria financiera por su desarrollo de los llamados iShares, la unidad básica de los ETFs, así como un líder de la tecnología financiera.
Otra fuente de ingresos de BR es la venta de los servicios tecnológicos del software conocido como Aladdin, un sistema que mediante simulaciones proyecta el comportamiento del valor de las acciones y calcula el riesgo de diversos portafolios de inversión. Este servicio lo renta a otros corporativos financieros, incluso competidores de su mismo mercado de activos, de donde obtuvo 8% de sus ingresos en el periodo referido. Una proporción similar de ingresos 8%, resulta del pago de sus clientes por los fondos de inversión creados por BR. A lo que se le suma el pago que sus clientes hacen cuando los beneficios obtenidos de sus inversiones rebasan un umbral de desempeño determinado, digamos, cuando obtienen beneficios extraordinarios (por este concepto en el año fiscal de 2023, BR obtuvo el 3% de sus ingresos). Finalmente, el 1% restante de los ingresos obtenidos por BR en el año fiscal 2023, fueron por el cobro de asesoramiento a otras instituciones y reguladores financieros internacionales, y a gobiernos.
BR es una corporación que data recién de 1988. Su desarrollo ha ocurrido a la par que el despliegue del modelo neoliberal y la globalización en el mundo. Este paralelismo no es casual, pues este enorme corporativo ha prosperado gracias a la desregulación del sector, es decir, a medida que se han reducido las regulaciones de los gobiernos y de las instituciones internacionales sobre el sector financiero. No solo BR ha crecido a pasos agigantados, sino todo este sector; y junto con él, la deuda corporativa y soberana (la de los gobiernos); el estallamiento de la más grande burbuja financiera en 2008; la desestabilización de monedas en países grandes y pequeños; las crisis de deuda de los gobiernos, etc. Un sector, finalmente, que no podía haberse desarrollado a esa escala sino bajo determinadas condiciones de gran desarrollo del capitalismo, como se explicó antes.
Solo para dimensionar, aunque sea parcialmente, la magnitud que ha alcanzado el sector financiero citamos el Reporte de Deuda Global 2024 de la OCDE. De acuerdo con este, el volumen total de la deuda corporativa y soberana en el mundo ronda los 100 trillones de dólares (mil billones), un monto que iguala el PIB anual mundial. Entre 2013 y 2023, este volumen creció a una tasa promedio anual de 5%, mientras que la producción real lo hizo en solo 3%, según datos del Banco Mundial. De acuerdo con el Thinking Ahead Institute, los 500 gestores de inversión más grandes del mundo concentraban en 2022, 113.7 trillones de dólares. No obstante, 4.5 de cada 10 dólares de estos, los manejaban 20 gestoras: 14 estadounidenses y 6 europeas. Esto es, 4% de las empresas es dueña de 45% del mercado en este sector; y aun, entre estas 20, destaca BR desde hace más de 10 años por su grado de concentración.
BR gestiona activos que rebasan al valor del PIB de cualquier economía nacional con excepción de China y Estados Unidos; el valor de los activos gestionados por BR es equiparable al 10% de la economía mundial; es el principal accionista de 88% de las empresas del índice S&P 500 (que agrupa a las 500 empresas más importantes de Estados Unidos por el volumen de su capital, por su capitalización mediante el mercado de valores y buen desempeño de sus ganancias en el último año). Es decir, tiene un poder real para incidir en el rumbo de las empresas, de la economía e incluso de los gobiernos y que difícilmente iguala otro agente económico.
¿Qué evidencia BR sobre el desarrollo del capitalismo? Primero, la fuerza de la tendencia a la híper-concentración del capital a escala global. Como se explicó en los apartados anteriores y a pesar de la existencia de ciertas dinámicas de dispersión, pues cada capital individual está sujeto a fuerzas centrípetas y centrífugas, la competencia impele a los capitales individuales a centralizarse mediante dos vías: la acumulación -o concentración- y la fusión de capitales.
Los dos mecanismos clásicos para la centralización de los capitales son la competencia y el crédito. La competencia entre capitales consiste en la carrera por lograr mayor productividad del trabajo de suerte que las mercancías, en términos unitarios, resulten más baratas que las de la competencia en el mercado; esta carrera, por las economías de escala, generalmente implica que los capitales más grandes acabarán desplazando a los pequeños. El crédito –que es esencialmente dinero dispuesto a sufrir el ciclo de transformaciones que le permitan valorizarse, pues de otro lado ocurrirá que se desvalorizará por efecto de la inflación- es una palanca poderosísima para la centralización pues permite a un capital disponer de montos que individualmente aun no existen, es decir, que originalmente se halla disperso y que, por mediación del sistema bancario, logra reunirse y operar como uno solo. Entre los principales clientes de BR están los ahorros de millones de trabajadores del mundo que conforman los fondos de pensiones -hasta 19 fondos nacionales de pensiones, según la página oficial de la corporación. Estos ahorros, BR los gestiona como capital propio para todos los efectos.
Además, la historia de BR muestra cómo el mecanismo más eficiente para constituirse como una enorme masa de capital es la centralización mediante la fusión y adquisición de otros capitales, antes incluso que la acumulación. BR ha desplegado una política muy agresiva de fusiones y adquisiciones que la han catapultado al número uno, por mencionar algunos de los hitos de su historia hacemos el siguiente recuento: en 2004 adquirieron State Street Research & Managment; en 2006 se fusionó con Merrill Lynch Investment Managers; en 2007 adquirieron Quellos Capital Managment; y entre 2008 y 2009, en medio de la turbulenta Gran Recesión, adquirieron Barclays Global Investors -hasta entonces el principal gestor de fondos de inversión libre, de alta rentabilidad y alto riesgo.
Segundo, muestra la naturaleza del capital financiero y sus consecuencias sobre los trabajadores. A estas alturas no son los bancos los principales agentes en la distribución del capital mundial, sino estas “gestoras de fondos”. El problema es que estas corporaciones no son productoras de mercancías; sus ganancias no están motivadas por la mejora relativa de la productividad del trabajo o de innovaciones en las mercancías; es expropiación a capitalistas por capitalistas.
El desarrollo del capital financiero condena a los trabajadores de un lado a un mundo más enajenado y al mismo capital mediante la aparición de ciclos económicos más cortos y a crisis más profundas como la Gran Recesión de 2008. BR fue uno de los fondos que participó en la burbuja financiera de las hipotecas basura que cuando explotó, arrojó a la calle a millones de estadounidenses, dejándolos sin vivienda y con deudas impagables. Asimismo, participó en la burbuja de deuda de los gobiernos europeos para luego exigir el sacrificio de los derechos sociales de sus habitantes a fin de garantizar el pago de la deuda y sus intereses.
El capital financiero exige beneficios con altos niveles de rentabilidad en periodos de tiempo cortos. Muchas industrias son, así, arrastradas por la vorágine de los flujos financieros entre la euforia y la debacle. Además, exige el aumento de la explotación de los trabajadores, es decir, que se incrementen las jornadas de trabajo y se reduzcan el salario real y los derechos de estos. Exige también que, como a los trabajadores, se incremente la extracción de las riquezas naturales, de suerte que se transforme en valor contante y sonante.
El capital financiero empuja a la creación de monopolios. BR es accionista en empresas líderes de distintas industrias y también en sus competidoras, de suerte que moldea el rumbo de ramas económicas constituyendo empresas de gran tamaño que permiten el control de ramas económicas enteras. Por ejemplo, la compra de Monsanto por Bayer, dos gigantes de la industria de agroquímicos, fue espoleada por BR en calidad de accionistas con derecho a voto -dado el porcentaje de activos que poseía de ambas corporaciones-; o la fusión de otro par de gigantes del petróleo: Exxon y Mobil; la de las farmacéuticas Pfizer y Warner Lambert, entre otras. El enorme poder de mercado incide en el nivel de precios y la calidad de las mercancías en detrimento de los consumidores, de los trabajadores.
Tercero, el caso de BR revela también la necesidad de la connivencia del Estado con el poder económico. En reiteradas ocasiones se ha evidenciado cómo BR hizo negocios con información privilegiada a la que accedía gracias a su relación con los gobiernos en turno. En la Gran Recesión, cuando finalmente ocupó la posición como la gestora de fondos más grande del mundo, el gobierno estadounidense contrató a BR para administrar los activos tóxicos, los que se habían respaldado con hipotecas incobrables; en 2020 nuevamente asesoró la gestión del famoso paquete de estímulos CARES. Lo mismo ocurrió en España en 2012, BR fue contratada para asesorar al gobierno a fin de crear un fondo de rescate para entidades financieras en problemas, conocido como Sareb.
El poder de BR sobre la economía, así como su capacidad para moldear la actividad económica es innegable. El desarrollo de corporaciones como BR acelera el proceso de centralización de capitales que de por sí es una tendencia del capitalismo. Mediante la ficción de “empresa pública” -una empresa cuyo capital se conforma por varios accionistas– contribuye a la evasión de responsabilidad de los costos de tipo social y natural de las acciones de las empresas y, de otro lado, da acceso a un gran poder sobre el devenir económico de industrias y países.
Conclusiones
Retomamos a Marx, en términos generales, para ilustrar cómo el desarrollo del capitalismo en el mundo trae aparejados los procesos de concentración y centralización del capital. Posteriormente, retomando la teoría del imperialismo de Lenin, mostramos cómo, conforme se agudizan estas dos tendencias, la centralización del capital –ya no solo en términos de propiedad, sino también en términos de que la actividad económica de varias ramas se va concentrando en capitales organizados donde casi siempre hay un accionista mayoritario– se vuelve una necesidad para mantener los niveles de tasas de ganancia individuales por encima del promedio, sobre todo por las constantes fluctuaciones económicas. Es decir, ya no solo es una tendencia del desarrollo del capitalismo, sino que se vuelve la única forma de sobrevivir del capital en tanto que no solo debe mantenerse en movimiento, sino que debe buscar paliativos a la caída tendencial de la tasa de ganancia[3].
Esto que enunciaban Marx, Lenin y otros pensadores, se mantiene vigente. La centralización del capital es un proceso que sigue ocurriendo y que ha escalado en importancia, puesto que involucra la actividad económica de los Estados de los países de donde son originarios los capitales en cuestión. Por ejemplo, así se explica la imposición de aranceles y el hostigamiento de Estados Unidos a las empresas chinas. Varios estudios sobre control empresarial y el caso de la empresa financiera BlackRock muestran que la centralización del capital en el mundo actual es extremadamente alta.
Estos elementos nos llevan a la conclusión de que, a 100 años de la muerte de Vladimir Ilich Lenin, su continuación de la teoría de Marx sobre las leyes que rigen el modo de producción capitalista, que ha evolucionado a su forma imperialista, son vigentes y deben estudiarse para descubrir las tendencias del desarrollo que le dan forma a la realidad de nuestros días.
Ollin Vázquez es economista por la UNAM e investigadora del Centro Mexicano de Estudios Económicos y Sociales. Vania Sánchez es doctora en Economía por la Universidad Autónoma de Barcelona.
[1] Sobre los trusts y los cárteles, que son fusiones monopolistas, no abundaremos porque corresponde a la característica (4) del imperialismo, de acuerdo con Lenin, que enunciábamos al principio. Simplemente diremos que estas asociaciones contribuyen al quiebre de las empresas que no forman parte de ese grupo, lo que contribuye a la centralización del capital.
[2] https://www.linkedin.com/pulse/open-letter-president-elect-biden-bob-swan
[3] Recordemos que Marx ya enunciaba seis tendencias que contribuían a frenar la caída tendencial de la tasa de ganancia. Éstas son: 1) aumento de la extracción de plusvalía (explotación) de los trabajadores; 2) reducción del salario por debajo de su valor (reducción del capital variable); 3) abaratamiento de las materias primas (disminución del capital constante); 4) la sobrepoblación relativa; 5) el comercio exterior; 6) el aumento del capital que deviene en interés.
Bibliografía
Lenin, V. (1916). El imperialismo, fase superior del capitalismo. Fundación Federico Engels.
Aminadav, G., & Papioannou, E. (April de 2019). Corporate Control Across the World. CEPR Discussion Paper No. DP13706.
Glattfelder, J., & Battiston, S. (2019). The Architecture of Power: Patterns of Disruption and Stability in the Global Ownership Network.
Hilferding, R. (1963). Capítulo XI. Obstáculos a la nivelación. Tasas de beneficios y su superación. En El Capital Financiero (R. García, Trad., págs. 201-225). TECNOS S.A.
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