Por Ehécatl Lázaro | Mayo 2024
Imperialismo, fase superior del capitalismo fue escrito por Lenin en 1916. Tras el triunfo de la Revolución Rusa de 1917, el libro se convirtió en un texto de referencia obligada para los movimientos revolucionarios del mundo por su atinada caracterización del imperialismo, pero ya han pasado más de cien años desde que este clásico viera la luz. ¿Sigue siendo útil para entender el mundo de hoy?
En su obra, Lenin explica que la política colonial y el imperialismo existían desde antes del capitalismo (por ejemplo, en Roma), pero el fenómeno que él investiga no es ése, sino el imperialismo capitalista moderno que surgió a principios del siglo XX. Según lo define, “el imperialismo es la fase del capitalismo en la que ha tomado cuerpo la dominación de los monopolios y del capital financiero (la fusión del capital bancario y el capital industrial), ha adquirido importancia la exportación de capitales, ha empezado el reparto del mundo por las asociaciones internacionales monopolistas y ha terminado el reparto de toda la Tierra entre los países capitalistas más importantes” (Lenin, 2002, pág. 96). Esta lógica económica lleva a las potencias a luchar entre sí para repartirse el mundo en colonias, semicolonias y esferas de influencia. Dice Lenin: “los capitalistas no se reparten el mundo llevados de una particular perversidad, sino porque el grado de concentración de la riqueza a la que han llegado les obliga a seguir este camino para obtener beneficios, y se lo reparten “según el capital”, “según la fuerza”; otro procedimiento de reparto es imposible en el sistema capitalista” (Lenin, 2002, pág. 82). En otras palabras, “las relaciones de dominación y violencia ligadas a la dominación económica son inevitables en la fase imperialista del capitalismo” (Lenin, 2002, pág. 33). La política exterior imperialista no es algo que las potencias capitalistas puedan elegir o no, no es una opción entre otras, sino que es la única política que pueden seguir, pues, dice Lenin, “las guerras entre potencias imperialistas son absolutamente inevitables sobre esta base económica, en tanto subsista la propiedad privada de los medios de producción” (Lenin, 2002, pág. 14). Hasta ahí el contenido del libro.
Una de las críticas que se han hecho al análisis de Lenin es que en las décadas posteriores no se verificó empíricamente la guerra permanente entre las potencias imperialistas, sino que dichas potencias lograron convivir armónicamente, bajo el liderazgo de Estados Unidos. Pareciera que al final el análisis de Kautsky sobre el imperialismo hubiera sido correcto y la crítica de Lenin a Kautsky estaba equivocada. Veamos esta polémica rápidamente.
Kautsky discrepaba de la teoría de Lenin sobre el imperialismo y expresaba que “por imperialismo había que entender no una fase o un grado de la economía, sino una política, y una política determinada, la política preferida por el capital financiero; que no se puede identificar el imperialismo con el capitalismo contemporáneo” (Lenin, 2002, pág. 97). Al respecto, dice Lenin: “lo esencial es que Kautsky separa la política del imperialismo de su economía, hablando de las anexiones como una política “preferida” por el capital financiero y oponiendo a ella otra política burguesa posible, según él, sobre la misma base del capital financiero” (Lenin, 2002, pág. 99). Kautsky dice: “desde el punto de vista puramente económico no está descartado que el capitalismo pase todavía por una nueva fase, la de la aplicación de la política de los carteles a la política exterior, la fase del ultraimperialismo, esto es, el superimperialismo, la unión de los imperialismos de todo el mundo, y no la lucha entre ellos, la fase de la cesación de las guerras bajo el capitalismo, la fase de la explotación pacífica del mundo por el capital financiero unido internacionalmente” (Lenin, 2002, pág. 100).
¿La historia le ha dado la razón a Kautsky porque hemos dejado de ver a las potencias capitalistas luchando entre sí y ahora explotan el mundo coordinadamente? No exactamente. El análisis lógico y empírico de Lenin en Imperialismo, fase superior del capitalismo daba cuenta objetivamente de la realidad del imperialismo a principios del siglo XX; la mejor prueba es que la teoría leninista podía explicar claramente las causas de la Primera Guerra Mundial, mientras la teoría de Kautsky no. Sin embargo, es verdad que el imperialismo como se había venido desarrollando durante el siglo XIX y XX no continuó igual hasta nuestros días. La razón de esto no está en la teoría de Kautsky, sino en que el imperialismo analizado por Lenin fue abruptamente interrumpido con el triunfo de la Revolución Rusa de 1917. La victoria de los bolcheviques modificó irreversiblemente el desarrollo “natural” del imperialismo por dos razones: primero, porque Rusia, una de las grandes potencias imperiales, que había intervenido en la repartición del mundo al menos desde el siglo XIX, abandonó la dinámica económica capitalista y su política colonialista; y segundo, y más importante, porque las potencias imperialistas entendieron que las luchas entre ellas habían pasado ahora a segundo plano y tenían que cerrar filas para combatir a un enemigo común: el primer Estado socialista de la historia. La posibilidad de un mundo dividido entre países socialistas y capitalistas no estaba en la teoría del imperialismo de Lenin ni en la de Kautsky.
La forma del imperialismo que analizó Lenin en Imperialismo fase superior del capitalismo dejó de existir en 1917. Entre la Primera y la Segunda Guerra Mundial, si bien los países imperialistas mantuvieron su lógica económica y política de dominación, existía una coordinación entre ellos para combatir conjuntamente a la Unión Soviética. Si esto es así, ¿entonces por qué estalló la Segunda Guerra Mundial? En su obra La crisis terminal del capitalismo, el maestro Aquiles Córdova Morán lo explica. La razón es que Alemania no estaba dispuesta a compartir la explotación del mundo con las otras potencias imperialistas, sino que lo quería todo para ella sola. Dice el maestro Aquiles: “analizando correctamente la historia, es claro que la Segunda Guerra Mundial fue, en realidad, una guerra entre Alemania y los aliados occidentales contra la Unión Soviética […] La Segunda Guerra Mundial no fue como ahora la pintan: una lucha de las democracias occidentales contra el nazismo alemán; fue una lucha directa de Alemania contra la URSS y una lucha indirecta de las potencias occidentales contra la misma Unión Soviética” (Córdova Morán, 2023, págs. 34, 40). Cuatro años antes de la guerra, Stalin insistió a Estados Unidos, Inglaterra y Francia que formaran un bloque para frenar a Hitler, pero fue rechazado; luego, Inglaterra y Francia firmaron el Pacto de Múnich con Alemania, con lo cual permitieron que Hitler invadiera Checoslovaquia; más tarde, cuando Hitler tenía dos tercios de todas sus tropas invadiendo a la Unión Soviética y solo un tercio destinado a someter Europa occidental, Stalin insistió en que Inglaterra y Estados Unidos abrieran el frente occidental contra Alemania, pero no lo hicieron, esperando que Hitler tomara definitivamente Leningrado, Moscú y Stalingrado y aplastara al país de los sóviets. Todo esto prueba la confabulación de los países imperialistas para acabar con la Unión Soviética (Córdova Morán, 2023).
Después de la Segunda Guerra Mundial el imperialismo adoptó una forma nueva. Estados Unidos, que se coronó como gran super potencia imperialista, condicionó al resto de las burguesías imperialistas: podrían reconstruirse siempre y cuando lo hicieran aceptando la dominación estadounidense. La burguesía de Estados Unidos no solo creó un orden económico que garantizaba la subordinación de las burguesías imperialistas y del resto del mundo a sus propias exigencias, sino que mantuvo su presencia militar en Europa y Japón después de la guerra, como permanente recordatorio y amenaza de que podía emplear la violencia en el momento que lo quisiera. Como lo plantea Claudio Katz en su libro La crisis del sistema imperial, “Estados Unidos actuó como sheriff global y protegió a todas las clases dominantes de la insurgencia popular y la inestabilidad geopolítica. La principal función del imperialismo de posguerra fue contener la oleada revolucionaria y el peligro del socialismo. Las bases norteamericanas se afincaron en todo el planeta para contrarrestar los levantamientos populares en América Latina, África y Asia” (Katz, 2023, pág. 89). Por su parte, la Unión Soviética y los países del bloque socialista se mantuvieron afuera de la dinámica imperialista, pues el imperialismo exige como precondición la existencia de una base económica capitalista.
Con la caída del bloque socialista el imperialismo adquirió una nueva forma, la tercera. Esta forma mantuvo la estructura de dominación posterior a la Segunda Guerra Mundial, pero ampliada. Salvo contadas excepciones, el capitalismo en su forma neoliberal penetró en todos los países del bloque socialista y los integró al bloque de países dominados por el imperialismo. De acuerdo con Katz, en el imperialismo de hoy “las principales firmas de los países avanzados capturan rentas y ganancias de la periferia, a partir de la dominación geopolítico-militar que ejercen sus Estados a nivel global. El imperialismo contemporáneo opera en torno a una estructura encabezada por Estados Unidos y sostenida por los socios alterimperiales y coimperiales de Europa, Asia y Oceanía. La OTAN articula ese conglomerado” (Katz, 2023, pág. 93). Según Katz, los socios alterimperialistas serían las tradicionales potencias coloniales que continúan ejerciendo acciones propias, pero bajo las normas que fija la jefatura de EEUU; aquí se ubican Inglaterra y Francia. Los socios coimperiales serían las potencias que comparten un rol complementario en la custodia del orden global y remodelan sus acciones en consonancia con las demandas de EEUU; aquí se encuentran Canadá, Australia e Israel. Países como Alemania, Japón y Corea del Sur también integran el sistema imperial, pero en calidad de subordinados.
Después de esto, podemos decir que la crítica de Kautsky a la teoría de Lenin sobre el imperialismo, y su teoría sobre el superimperialismo, no se han verificado empíricamente. En primer lugar, la idea de Kautsky de que el imperialismo solo es una política que las potencias capitalistas pueden usar o no, no tiene correlato en la realidad de los últimos cien años. Todas las potencias capitalistas en el último siglo han formado parte del imperialismo en alguna de sus tres fases: en la clásica, la posterior a la Segunda Guerra Mundial o la fase post soviética contemporánea. China no es una excepción a la regla pues, si bien es una potencia económica y militar, al no tener una formación económica-social capitalista no sigue las tendencias expansionistas de las potencias capitalistas. La segunda crítica de Kautsky a Lenin, la posibilidad del superimperialismo que uniría a las burguesías del mundo para explotar pacíficamente al planeta y terminaría con las guerras, tampoco ha ocurrido. Si bien el imperialismo posterior a la Segunda Guerra Mundial se organizó con cierta armonía al interior para enfrentar a los países socialistas al exterior, lo cierto es que las guerras nunca terminaron: América Latina, África y Asia fueron el teatro de operaciones donde los ejércitos imperialistas ejercieron su violencia para garantizar su explotación. En la fase contemporánea del imperialismo, las guerras en Ucrania, Libia, Siria, Iraq, Palestina, Yemen, Afganistán, así como el bloqueo a Cuba, Venezuela, Irán y Rusia, prueban que la explotación capitalista del mundo no puede darse de manera pacífica.
En resumen, un siglo después, las tesis centrales de Imperialismo, fase superior del capitalismo mantienen plenamente su vigencia en el mundo de hoy. Aunque la forma del imperialismo haya cambiado, el contenido del fenómeno sigue siendo el mismo. La dominación del capital financiero como pauta principal y el uso de la fuerza por parte de las potencias capitalistas para incrementar su riqueza a costa de los países débiles y dependientes. Lenin nos ayuda a entender por qué Estados Unidos envía armas a Ucrania, Israel y Taiwán, para combatir a Rusia, Palestina y China. Pero, más importante, nos recuerda que dentro del capitalismo no puede haber relaciones de paz entre los pueblos y que solo construyendo el socialismo podemos escapar del apocalipsis nuclear al nos empuja el imperialismo. No hay otra salida.
Ehécatl Lázaro es maestro en Estudios de Asia y África, especialidad China, por El Colegio de México.
Referencias
Córdova Morán, Aquiles. (2023). La crisis terminal del capitalismo. México: Esténtor.
Katz, Claudio. (2023). La crisis del sistema imperial. Jacobin.
Lenin. (2002). Imperialismo, fase superior del capitalismo. México: El Caballito.
