Por Samira Sánchez | Mayo 2024
Introducción
Dentro del discurso de las ciudades sostenibles, promovido por organismos internacionales, organizaciones no gubernamentales y hasta adoptado por los gobiernos, se recomienda una “receta” sobre simplificada sobre la forma que tienen que adoptar las ciudades. Esta se suele promover para todo tipo de ciudades sin siquiera considerar su pertinencia. Esto se debe en gran medida a que la recomendación genérica está apoyada en estudios realizados en países europeos y se ha trasladado sin discutir sus detalles e implicaciones.
En este texto se hará una pequeña discusión sobre los problemas que encierran las formas urbanas para hacer frente a la sostenibilidad de las ciudades. Esto se debe también a que la definición sobre la sostenibilidad y el desarrollo sustentable se usan de forma intercambiable. Sin embargo, algo en lo que la mayoría de los académicos y organismos internaciones tienen consenso es que la sostenibilidad y el desarrollo sostenible considera tres dimensiones: económico, social y ambiental. Por tanto, bajo estas tres dimensiones se analizarán las formas urbanas que se proponen. Esta discusión es importante sobre todo para los países que tienen altos niveles de pobreza y de bajo crecimiento económico.
Problemas ambientales: escala global
Boulding (1966) hace una analogía del planeta y una nave espacial para indicar que el planeta es un sistema mayoritariamente cerrado. Para hacer esta afirmación, la autora evalúa tres grandes clases de entradas y salidas: materia, energía e información. Desde el punto de vista material, los objetos que pasan del conjunto no económico al proceso de producción (descubrimiento de combustibles fósiles, minerales, etc), y de manera similar vemos productos que salen del conjunto económico cuando su valor se vuelve cero (cuando las mercancías pierden su valor). Desde el punto de vista del sistema energético, la sociedad necesita para su funcionamiento energía hidráulica, combustibles fósiles, luz solar, entre otros, que son necesarios para generar el flujo material y mover la materia, ya sea desde dentro de la misma economía o fuera de ella. Hay una energía que es emitida por la propia tierra en forma de calor, pero la mayoría proviene del sol. Las entradas y salidas de información son más difíciles de rastrear, pero es un sistema cerrado ya que la información y el conocimiento es autogenerado por la sociedad humana, al menos actualmente.
Un sistema mayoritariamente cerrado como la Tierra crea límites para la actividad humana, porque la materia conforma un stock dado, lo que debería convertirse en pensar otra forma de producir y gobernar. A esto también hacía referencia Hardin (1968), al llamar la atención sobre el agotamiento de los recursos comunes. Aunque el enfoque maltusiano al que Hardin recurre para explicar y solucionar el problema ha sido muy criticado, la verdad es que a escala global aún no hay una forma de gobierno sobre tales recursos para que su uso sea sostenible para el futuro. Los límites planetarios al crecimiento de la actividad humana son reales, sin embargo, las estrategias que los organismos internacionales y los gobiernos recomiendan y adoptan, respectivamente, tienen que tomar en cuenta a los distintos grupos sociales. Para ello, las ciudades son un blanco de propuestas por parte de organismos de distintas escalas.
Sostenibilidad urbana
Las áreas urbanas son sistemas sociales, ecológicos y económicos ubicados en un territorio definido. Se caracteriza por ser una masa crítica y densa de personas, estructuras y actividades creadas por la humanidad. En general, se diferencia de otros asentamientos por el tamaño de su población y su complejidad funcional (UNEP, 2011). Por tal característica se ha ensalzado las función de las áreas urbanas, para crear un desarrollo sostenible, ya que en ellas se concentra gran parte de la población pobre y gran parte de los problemas ambientales.
El programa de ciudad sostenible de la ONU ha definido la ciudad sostenible como aquella que es capaz de retener el suministro de recursos naturales mientras logra progreso económico, físico y social, y permanece segura contra los riesgos ambientales que pueden socavar cualquier logro de desarrollo (Hassan et. al. 2014). El término de sostenibilidad o de sostenible expresa las condiciones en las que es preferible vivir, ya que contempla las dimensiones que son necesarias para la humanidad. Un concepto clave dentro de este conjunto es el de desarrollo urbano sostenible, que son las estrategias y procesos que conducen a la sostenibilidad. (Maclaren, 1996 en Hassan et. al. 2014). Por lo tanto, este desarrollo urbano sostenible enfrenta distintos desafíos de acuerdo con la ciudad y país del que se trate.
Los desafíos que enfrentan las ciudades de los países pobres con el paradigma de la sostenibilidad urbana son tres. Uno, la contradicción entre la necesidad del crecimiento de la economía y la disminución de la calidad ambiental. Las altas tasas de desempleo como resultado de una baja actividad económica que no logra integrar a la población que se integra al mercado laboral, ya sean migrantes o nativos urgen un aumento en la dinámica económica, lo cual resulta problemático si vemos que UNEP (2011) menciona que un aumento global en el ingreso incrementa la emisión de CO2. Dos, el reto de elevar la cultura ambiental en toda la población. Sin embargo, en los países pobres la gente que la mayoría del tiempo está enfocada en las distintas formas de sacar adelante a su familia o a sus dependientes económicos, dispone de poco tiempo y dinero para contribuir al cuidado del ambiente. Tres, crear estrategias concretas en donde los gobiernos nacionales y locales –incluso a escala global- sumen esfuerzos para cumplir con las agendas, en las que se reconozca la importancia de reducir la pobreza como parte del conjunto de iniciativas y políticas ambientales (Graizbord, 2011).
La forma urbana
De acuerdo con las recomendaciones de organismos internacionales la forma urbana es una de las variables clave para alcanzar la sostenibilidad. El modelo tradicional de desarrollo urbano –típico de áreas en rápida urbanización– se caracteriza por una expansión horizontal incontrolada, a menudo incluso incentivada, lo que conduce a un aumento del costo ambiental (emisiones CO2) y físico (infraestructura de servicios urbanos). Para solucionarlo se han promovido varias formas de ciudad que prometen ser una estrategia para alcanzar la sostenibilidad urbana.
Se habla de la ciudad compacta que incrementa la intensidad de las áreas urbanas para reducir viajes en vehículo, pero por otro lado implica el aumento de la congestión y del valor del suelo y por tanto la disminución de la competitividad económica. Otra opción es la ciudad dispersa, que disminuye la intensidad del suelo urbano y reduce los costos de vida y producción y refleja la demanda por un espacio accesible y menos congestión; sin embargo, las emisiones de CO2 aumentan con el uso del vehículo. La ciudad expandida es otra opción que recoge los beneficios de las anteriores con el desarrollo de comunidades sin hacinamiento y protege el paisaje abierto (Echenique et. al., 2012).
Dos opciones más son la ciudad cero carbón y la eco-city ubicua. La primera intenta utilizar dispositivos tecnológicos pasivos y activos para reducir a cero las emisiones de dióxido de carbono o gases de efecto invernadero (GEI) y generar energía limpia y renovable. Sin embargo, es posible que se creen problemas relacionadas con los residuos por la segunda ley de la termodinámica, ya que no hay ninguna máquina que sea 100% eficiente. La eco-ciudad ubicua propone una ciudad manejada por las ecotecnologías U (U-eco-T), que brinden a los habitantes recursos ambientales de calidad y ahorran energía mediante el uso de un sistema automático de monitoreo de la contaminación del agua y el aire. El sistema se basa en una red inteligente para la distribución de electricidad y agua para la conservación de energía y el suministro de agua reciclada. Una ciudad planeada así tiene el desafío de que las telecomunicaciones no pueden sustituir la comunicación cara a cara en todas las relaciones sociales y psicológicas. Además, las eco-viviendas ubicuas, no son accesibles para todas las clases sociales, lo que dificulta el cumplimiento del pilar social de la sostenibilidad (Hassan, et. al. 2014).
El debate sobre la forma de las ciudades es pertinente para las ciudades medianas que son las que actualmente tienen una gran presión demográfica. Dentro del marco de sostenibilidad urbana, estas ciudades deben estar dispuestas en términos de infraestructura y servicios para los nuevos pobladores (Graizbord, 2011). Probablemente la mejor opción sería una combinación de algunas o todas estas soluciones de la forma urbana adecuándolas a las particularidades de cada ciudad.
Conclusión
La actividad humana está sobrepasando los límites de la tierra y las ciudades son el mejor medio para empezar a actuar de forma estratégica para alcanzar la sostenibilidad urbana. Una serie de propuestas se enfocan en la forma de las ciudades; sin embargo, cada una tiene cosas a favor y desafíos que tiene que cumplir. Para las ciudades en los países pobres es necesario poner el énfasis en los problemas sociales y económicos que las aquejan sin dejarse llevar por propuestas de ciudades del norte-global. Para lograrlo se necesita un alto financiamiento y que los gobiernos estén dispuestos a lidiar con las personas que ganan con el actual modelo de la ciudad. Por tanto, no es solo un problema técnico sino de también de los intereses que se entremezclan en el funcionamiento de la ciudad.
Samira Sánchez es maestra en Estudios Urbanos por El Colegio de México e investigadora del Centro Mexicano de Estudios Económicos y Sociales.
Referencias
Boulding, K. (1973). The economics of the coming spaceship earth. HE Daly Towards a steady state economy, San Francisco WH Freeman and Company.
Echenique, M. H., Hargreaves, A. J., Mitchell, G., & Namdeo, A. (2012). Growing cities sustainably: does urban form really matter?. Journal of the American Planning Association, 78(2), 121-137.
Graizbord, B. (2011) Sostenibilidad Urbana: ¿frase vacía o estrategia de desarrollo urbano?
Hardin, G. (2005). La tragedia de los comunes. Polis. Revista Latinoamericana, (10).
Hassan, A. M., & Lee, H. (2015). The paradox of the sustainable city: definitions and examples. Environment, development and sustainability, 17, 1267-1285.
UNEP (2011) Cities: investing in energy and resources efficiency. En Towards a green economy.
