Instituciones, geografía y desarrollo económico

Por Ollin Vázquez | Marzo 2024

El crecimiento de los países en términos de PIB per cápita a lo largo de la historia ha sido desigual. Si bien algunas economías han pasado de tener bajos niveles de PIB per cápita a tener un acelerado crecimiento–aunque no tanto como para alcanzar o igualar el ingreso per cápita de los países históricamente[1] más desarrollados y algunos cuantos que se les han unido–, este desempeño no es el común denominador de todas las economías. Se podría hablar, más bien, de una tendencia a la divergencia de los países del quintil más bajo de PIB per cápita respecto a los que conforman el quintil más rico. Los países africanos, por ejemplo, siguen manteniendo niveles y crecimientos de PIB per cápita anímicos; y entre los países que han tenido altos niveles de crecimiento de 1970 a 2008 (38 años) y que inicialmente estaban en los dos últimos quintiles con menores niveles de PIB per cápita, solo se pueden contar a China, Lesoto, Malí, Egipto, Tailandia, Botsuana, India e Indonesia. Además, de acuerdo con Ros (2013), las naciones tienen pocas probabilidades de mantenerse con niveles medios de PIB per cápita: o se unen a los países de crecimiento alto, que en general no ha ocurrido, o caen en los países con niveles y tasas de crecimiento de ingreso per cápita más bajos.  

Esta disparidad de ingresos y su dinámica es atribuida a distintos determinantes, que Ros (2013) llama “variables profundas del desarrollo”. Éstas son las instituciones, la geografía y el comercio; otros autores consideran que los recursos naturales también juegan un papel importante (Auty, 2008). Los estudiosos del desarrollo tienden a poner énfasis en un solo elemento y consideran que el resto son menos relevantes. De esta suerte que, por ejemplo, los institucionalistas ponen la lupa en las instituciones y los partidarios del determinismo geográfico hacen especial énfasis en la geografía. Sin embargo, ¿es posible que un solo elemento determine el devenir de la economía de un país? ¿el desarrollo de los países es lineal en el tiempo y sus determinantes también? Ante estas disyuntivas, el objetivo de este ensayo es mostrar que en el desarrollo económico son fundamentales diversas variables; en particular sostenemos que en un mismo país pueden influir varios elementos y que, a lo largo de la historia de los mismos países, unas van siendo más relevantes que otras.   

Para cumplir nuestro cometido dividiremos el ensayo en tres partes. En primer lugar, explicaremos las principales teorías que hay detrás del institucionalismo y los deterministas geográficos. En segundo lugar, profundizaremos en la discusión que se ha entablado entre éstas dos corrientes. En tercer lugar, evidenciaremos las limitaciones de las posiciones unicausales del desarrollo. Finalmente, daremos las conclusiones.

Los partidarios de las instituciones

El papel que tienen las instituciones en las economías nacionales ha sido tema de discusión desde hace mucho tiempo; incluso fue un tema tocado por Adam Smith en La riqueza de las naciones. Los primeros institucionalistas como Veblen, Commons y Mitchell consideraban que las instituciones, juntos con otros elementos como la tecnología, desempeñaban un papel importante en el crecimiento económico; sin embargo, ellos consideraban que esas instituciones tenían que ir modificándose conforme cambiaban las relaciones humanas y el proceso económico (Eugenia, 2012). Sin embargo, posteriormente surgió una corriente denominada “Neoinstitucionalismo”, que tienen una visión más limitada respecto al tipo de instituciones que impulsan el desarrollo económico, que tienen como principales exponentes a Douglas North, y más recientemente se le han unido otros investigadores como Hall y Jones, Acemoglu, Johnson y Robinson, entre otros (Ros, 2013).

Las principales tesis de los neoinstitucionalistas pueden clasificarse en dos. La primera es la hipótesis que entiende el “mejor” desempeño de las instituciones como la protección de los derechos de propiedad y la administración de justicia. A esta postura Ros (2013) la denomina “la hipótesis del Estado de Derecho”. La segunda es la que considera que las “mejores” instituciones que promueven el desarrollo económico son aquellas que promueven la infraestructura social y una mayor libertad económica individual; esta corriente de ha denominado como “la mano invisible”.

  1. La hipótesis del estado de derecho

Dentro de la hipótesis del “Estado de Derecho”, Ros (2013) identifica dos posturas: la versión débil y la fuerte. La primera (1) tiene como argumento que la protección y el impulso de la propiedad privada por sobre la propiedad estatal tiene efectos positivos en el desarrollo económico. Chang (2011) cuestiona esta idea de que una mayor protección de los derechos de propiedad privada generen mayor crecimiento económico porque hay países que han mostrado que otras formas de propiedad, como la estatal, de libre acceso o comunal, pueden ser más efectivas para el desarrollo que la privada. Por ejemplo, las empresas municipal y de aldea en China han demostrado ser más eficiente que las mismas empresas privadas de otros países; en Singapur, Francia, Finlandia, Noruega y Taiwán también hay empresas estatales que lideran el crecimiento por su dinamismo tecnológico. Además, Chang sostiene que la misma noción de propiedad privada implica la necesidad de un Estado que legitime dicha propiedad, por lo que la relación Estado y propiedad privada no está peleada como algunos partidarios de esta hipótesis hacen ver.

De acuerdo con Ros (2013), la principal crítica a ésta hipótesis es que es tan general que puede acoplarse a todas las teorías del crecimiento económico, sin distinguir entre neoclásicos, keynesianos, teorías del crecimiento endógeno, etcétera. En el ámbito del análisis empírico, ésta hipótesis muestra dos problemas fundamentales. En primer lugar, lo subjetivo, volátil y poco disponible de los indicadores que se emplean para caracterizar a una economía como “democrática”, reflejando evaluaciones subjetivas de los investigadores. El segundo problema es sobre los errores de causalidad que podrían estarse atribuyéndole a las instituciones como determinantes del desarrollo, es decir, problemas de   endogeneidad.

En contraste con las tesis principales de las corrientes que consideran que la dirección causal va de las instituciones al desarrollo, hay otros autores que identifican una relación inversa y sugieren que el desarrollo económico es el que impulsa el cambio en las instituciones. Por ejemplo, Marx sostenía que la estructura de la sociedad, encarnado en el desarrollo de las fuerzas productivas, era lo que determinaba la superestructura, compuesto por las instituciones, la cultura, la filosofía y demás componentes ideológicos de una sociedad; desde luego, Marx no negaba que pudieran ocurrir situaciones atípicas en la historia de los pueblos. Chang (2011) identifica tres formas a través de las cuales el desarrollo económico ha modificado las instituciones. En primer lugar, el aumento de la riqueza, fruto del desarrollo económico, genera en los agentes económicos la necesidad de crear instituciones de mayor calidad. Por ejemplo, al aumentar la riqueza pude haber un aumento de la recaudación fiscal por parte del gobierno, lo que impulsa a los ciudadanos a exigir instituciones más transparentes y con mayor responsabilidad social. En segundo lugar, el aumento de la riqueza hace asequibles nuevas instituciones más sofisticadas y de mayor calidad, pero más costosas; un ejemplo de esto son las instituciones encargadas de vigilar los derechos de propiedad intelectual, que requieren de mucha mano de obra especializada que sepa identificar cuáles inventos merecen ser protegidos. La contratación de esta mano de obra no sería posible si no se tuvieran altos niveles de riqueza, además de que la protección de los derechos de propiedad intelectual surge de la necesidad de la clase empresarial de resguardar sus inventivas cada vez más sofisticadas, que son posibles gracias a la acumulación de riqueza, es decir, del desarrollo económico. En tercer lugar, el desarrollo crea nuevos agentes económicos que promueven el cambio de las instituciones. Por ejemplo, durante el siglo XVIII la clase capitalista industrial cobró mayor importancia en la economía, en oposición a los terratenientes, lo que propició el surgimiento de nuevas instituciones desligadas de la iglesia, que permitieran mayores libertades individuales como la liberalización de la mano de obra, el desarrollo de la banca, etc. En este mismo sentido, la historia de las naciones está llena de ejemplos que muestran que la causalidad va del desarrollo económico al cambio de las instituciones (Chang, 2011).

La segunda (2) postura, la hipótesis fuerte, sostiene que las instituciones que protegen los derechos de propiedad y las instituciones económicas liberales son el único determinante del crecimiento económico; autores como Acemoglu, Johnson y Robinson son los principales defensores de esta teoría. Sus argumentos descansan en tres premisas. La primera es que durante el periodo de colonialismo europeo, las países colonizadores impusieron distintos tipos de instituciones: extractivas o inclusivas. Las instituciones extractivas no protegían los derechos de propiedad y más bien, se buscaba con ellas transferir los más recursos posibles a los países colonizadores; se presume que éstas son una de las principales causas de atraso y estancamiento económico. Con las inclusivas, en cambio, se buscaba replicar las instituciones europeas que protegían la propiedad privada y el poder gubernamental, lo que provocó su rápido desarrollo económico. La segunda premisa es que el tipo de instituciones que se implementaron dependió de qué tan hospitalario eran las naciones colonizadas para los colonos europeos[2]; si eran favorables se establecían instituciones inclusivas y las integraban más orgánicamente con la nación conquistadora, en cambio, si eran desfavorables sólo se les veía como fuente de recursos naturales, por lo que se establecían instituciones extractivas. La tercera es que éstas instituciones se mantuvieron incluso posteriormente a las independencias de los países colonizados, pero con la diferencia de que quien utilizaba las instituciones extractivas para sus intereses era la clase burocrática del mismo país (Ros, 2013).

Entre los principales críticos de esta postura se encuentran Glaeser, La Porta, Lopez de Silanes y Shleifer, quienes sostienen que el argumento de la colonización y el establecimiento de las instituciones es muy ambiguo, pues el que hayan establecido ciertas instituciones no descarta que hayan influido otros aspectos importantes en el desarrollo posterior de las colonias, como por ejemplo, el que hayan llevado capital humano o técnicas de producción más avanzadas. Por tanto, consideran que si bien las instituciones son importantes para el desarrollo económico, lo importante no es que protejan o no los derechos de propiedad, sino que promuevan la acumulación de capital físico y humano (Ros, 2013).

  • b) La hipótesis de la mano invisible

La segunda hipótesis neoinstitucionalista es la denominada “la mano invisible”. Como ya mencionamos, sostiene que no todas las instituciones impulsan el desarrollo económico, sino solo aquellas encaminadas a la liberalización económica. Esta hipótesis ha desatado una serie de debates, donde sus opositores critican que las “mejores instituciones” sean las que promueven el liberalismo económico. Como menciona Ros (2013), autores como Hall y Jones sostienen que en realidad las mejores instituciones no son las que promueven la liberalización económica, sino aquellas donde el Estado supera los fallos de coordinación que permiten los múltiples equilibrios del mercado y que promueven la existencia de externalidades positivas. Por ejemplo, en caso de que la desigualdad de ingresos o la pobreza dentro de los países esté impidiendo el desarrollo económico, las instituciones deberían intervenir para corregir la situación y eliminar las restricciones por parte de la demanda agregada, etcétera. Abramovitz, Rosenstein-Rodan y Bardhan, por su parte, hacen énfasis en que las mejores instituciones son aquellas que permiten aprovechar las ventajas de las diferencias de tecnología de los países atrasados respecto a los más desarrollados, lo que implicaría una mayor participación de instituciones industriales y financieras; es decir, las instituciones que importan son las que deliberadamente buscan coordinar el desarrollo y toman la forma necesaria para las condiciones particulares del país en cuestión.

Ha-Joon Chang (2011), por su parte, critica esta hipótesis con el argumento de que no hay forma objetiva de determinar cuál es el mercado más libre; por ejemplo, un mercado financiero totalmente libre llevado a sus últimas consecuencias implicaría permitir que los individuos creen bancos sin una mínima cantidad de capital y emitan su propia moneda. Pero incluso ignorando esta cuestión de la subjetividad sobre qué implica que un mercado sea “libre”, diversas teorías dicen que es poco probable que una estructura institucional que dé la máxima libertad empresarial sea la más eficiente desde el punto de vista social. Por ejemplo, permitir que las empresas adquieran cualquier compañía que deseen puede llevar a la monopolización de los mercados, y aunque esto sería beneficioso para la empresa en cuestión, generaría costes sociales de monopolio. Pero, además, restringir la libertad individual de las empresas puede ser bueno para el propio sector empresarial, especialmente a largo plazo; por ejemplo, el empleo infantil en el corto plazo puede ser beneficioso para las empresas porque reduce sus costos, sin embargo, en el largo plazo se estarán generando problemas en el capital humano porque tendrán una capacidad productiva menor (Chang, 2011). 

Se han mostrado, pues, las diferentes posturas dentro de las corrientes que sostienen que las instituciones es la variable fundamental en el crecimiento económico, es decir, los deterministas de las instituciones. Así también se mostraron las principales críticas que se les han hecho a estas teorías.

Los deterministas de la geografía

Los teóricos que ponen el énfasis en el elemento geográfico como determinante fundamental del desarrollo económico también tienen ya una trayectoria trazada desde tiempo atrás; autores como Machiavelli, Montesquieu, Smith, Marshall y Toynbee, Myrdal, Braudel, entre otros, trataron el tema desde distintas perspectivas. La variable geográfica comprende la riqueza de recursos naturales, el clima y la ubicación estratégica. Las principales tesis de los autores que forman parte de esta teoría se desarrollarán a continuación. 

  1. Clima

Sachs sostiene que las desventajas geográficas de los trópicos determinan las diferencias de ingresos entre países a través de tres mecanismos; sin embargo, no descarta que puedan influir posteriormente fuerzas económicas del exterior –podrían mencionarse, por ejemplo, las relaciones comerciales con el mundo o las conquistas posteriores por países coloniales–, la demografía y otras fuerzas políticas y militares. El primer mecanismo por el cual la geografía influye en el desarrollo es la capacidad que tiene el país de producir alimentos. De acuerdo con Ros (2013), autores como Myrdal y más tarde Sachs, sostienen la hipótesis de que los países que se encuentran en los trópicos tienen menores niveles de productividad en la producción de alimentos. Esto se expresa en que la productividad de los países de clima tropical es apenas una cuarta parte de las zonas templadas. Esto se debe, principalmente, a la erosión rápida del suelo, la facilidad con la que se desarrollan plagas y parásitos en los cultivos y la disponibilidad de agua –el patrón de lluvias estacionales hace que en periodos del año llueva torrencialmente y se inunden los cultivos, mientras que en otros periodos haya largas temporadas de sequía; esto dificulta el proceso de cultivo, pero además, puede erosionar el suelo–. En cambio, en los países alejados de los trópicos las bajas temperaturas matan las plagas, insectos y enfermedades en plantas y animales, además de que preservan la fertilidad del suelo al hacer más lenta la descomposición del material orgánico. A esto se suma que los días en verano son largos y en invierno cortos, lo que hace menos complicado el cultivo de trigo y maíz (Ros, 2013).

El segundo mecanismo es el entorno sanitario. De acuerdo con los autores hay una tendencia a incidir más en enfermedades en los países tropicales, lo que provoca que su capital humano se deteriore. Además, el desarrollo más rápido de enfermedades requiere de un gasto más frecuente de recursos para curarlas, mismo que resta a otras inversiones importantes que requiere el capital humano, como la educación.  De acuerdo con Ros (2013), los países tropicales tienen mayores temperaturas que los templados, por lo que es más fácil que florezcan parásitos e insectos portadores de enfermedades infecciosas; esto se ve potenciado aún más con las lluvias tropicales. En cambio, en los países con temperaturas más bajas, donde hay heladas, por ejemplo, los insectos y algunos parásitos no sobreviven.

Estos dos mecanismos enunciados influyen en la mala nutrición y propensión a enfermedades de la mano de obra, lo que influye negativamente en el rendimiento del capital humano porque afecta su capacidad de aprendizaje y su fuerza física –esto sin contar otros problemas como las afectaciones a la fertilidad de las mujeres–. Esto, finalmente, provoca una reducción de la productividad y del crecimiento económico.

El tercer mecanismo es la disponibilidad de recursos energéticos. De acuerdo con Ros (2013), se ha comprobado que los yacimientos de carbón e hidrocarburos ha influido positivamente en el crecimiento económico de las economías. Sin embargo, éstos recursos se encuentran en mayor medida en los países templados (en 2008 los países no tropicales tenían el 86% de reservas de carbón y 70% de petróleo).

Además de estos tres mecanismos, las diferencias de ingreso por cuestiones climáticas se ven acentuadas porque los países más avanzados en términos de la agricultura, que por lo que ya explicamos son los países no tropicales, no pueden transferir su tecnología de cultivos a los países tropicales porque no hay las mismas condiciones de tierra, climáticas, etcétera. Además, las enfermedades y la desnutrición frenan la transición demográfica en detrimento de las zonas urbana. Y por si fuera poco, todas estas cuestiones generan que los países ya de por sí atrasados sean presa del colonialismo de los países más avanzados.

  • b. Ubicación estratégica

Esta hipótesis dice que la ubicación geográfica afecta la apertura comercial, lo que potencia la especialización y facilita la transferencia tecnológica. De acuerdo con Ros (2013), los países con salida al mar o que están más cerca de los centros de mayor actividad económica tienden a reducir sus costos de transporte y se benefician más de la transferencia tecnológica o del dinamismo comercial. Este fue el caso de China, que su florecimiento estuvo sujeto a su cercanía a Hong Kong (antes de que se reunificara China) en general, y en particular por las Zonas Económicas Especiales de la provincia de Guangdong, que eran las más importantes en aquel tiempo. Además, para reducir costos, el Partido Comunista Chino decidió trasladar su industria a las zonas costeras con salida al mar, para facilitar el comercio (Rosales, 2020). De acuerdo con otros investigadores, el PIB per cápita de las zonas cerca del mar es en promedio el doble de las zonas interiores. La distancia de los países económicamente más dinámicos juega un papel importante porque puede aumentar el volumen de comercio, facilitar la transferencia tecnológica o disminuir los costes de transporte.

  • c. Recursos naturales

Esta visión tiene hipótesis muy diversas. Por un lado, hay quienes consideran que la riqueza de recursos naturales –como los energéticos que ya se mencionaron– puede favorecer el crecimiento económico. Por otro, hay quienes creen que existe una “maldición de los recursos naturales”. Estos economistas dicen que los países con abundancia de recursos tienden a desarrollarse económicamente menos, dado que su economía se especializa más en el sector primario, y dada su naturaleza, ese sector tiende a tener menores niveles de productividad y capacidad de arrastre del resto de la economía que el sector manufacturero, además de que se tiende a estar en desventaja en los términos de intercambio.

Las instituciones o el determinismo geográfico

Entre las dos corrientes que se han descrito a grandes rasgos, se ha formado una discusión para decidir cuál es el elemento único relevante para el desarrollo. Los neoinstitucionalistas como Acemoglu,  Robinson y Johnson sostienen que son las instituciones, y dejan de lado determinantes importantes como la geografía, la geopolítica o “determinantes directos”, como la acumulación de capital físico y humano[3]. De hecho, éstos autores consideran que la geografía repercute en el desarrollo económico sólo a través de las instituciones u otros canales, pero no por sí misma. Sin embargo, autores defensores del impacto geográfico como Sachs y Gallup argumentan que los países que no fueron colonizados pero que se encuentran en los trópicos, tienen niveles de desarrollo bajos al igual que los que sí lo fueron. Pero, incluso si analizan a los países que fueron colonizados hasta después de 1870, por ejemplo, los países africanos, ya presentaban desde antes niveles de desarrollo anémicos. Los países tropicales, en general, no mejoraron su situación incluso después de independizarse (Ros, 2013).

Los partidarios de la geografía también critican la hipótesis de que la fuerte correlación que existe entre latitud y renta per cápita se debe a que detrás del efecto latitud está la influencia occidental en las instituciones. Este argumento deja de ser válido cuando se comparan a los países de Asia Central, que tienen latitud media y sus instituciones son totalmente distintas a las occidentales, como China, Corea, Japón, etcétera.

Otro argumento que esgrimen los partidarios de la geografía es que los países que lograron desarrollarse –como Hong Kong (antes de la reunificación de China), Singapur, Malasia y Mauricio– lo hicieron en principio mediante la modificación de sus desventajas geográficas. Por ejemplo, mejoraron primero la salud pública y realizaron políticas para pasar de la especialización de bienes primarios a la producción de manufacturas de exportación. Es decir, realizaron políticas para contrarrestar las desventajas climáticas y ecológicas que frenaban su desarrollo económico.

Los argumentos de los institucionalistas descansan principalmente en sus investigaciones empíricas. Por ejemplo, sostienen que cuando analizan el efecto latitud en el ingreso per cápita, controlando la variable institucional, no hay resultados significativos. Eso muestra que los países africanos son más pobres por el elemento institucional que el elemento geográfico. Además, sostienen que los países que eran ricos en recursos naturales en el año 1500 pasaron a ser pobres en 1995, y viceversa, los países pobres en 1500 se enriquecieron (Acemoglu, Johnson, & Robinson, 2002). Es decir, que si el efecto geográfico fuera tan importante no habría cambiado la relación. Sin embargo, como ocurre con las instituciones, los autores partidarios de la hipótesis de la mano invisible tienen una visión estática y ahistórica de cualquier variable que analizan, por lo que los partidarios de la geografía han contraargumentado que la disponibilidad de los recursos naturales es cambiante a lo largo del tiempo. También están en desacuerdo en si la geografía permitió que los países más ricos en recursos naturales se retrasaran en el desarrollo de tecnologías de cultivo y que, posteriormente, no se hayan podido beneficiar de los avances porque éstos correspondían a un tipo de clima muy diferente al de su país.

Un elemento que es importante en el debate es que existen países, como los latinoamericanos, con ubicación estratégica por su salida al mar y que no tienen niveles de crecimiento del ingreso per cápita especialmente altos. La explicación de su subdesarrollo, dicen los institucionalistas, es más coherente con la instauración de instituciones extractivas  que posteriormente sirvieron para resguardar los intereses de la clase burócrata de los propios países. Sin embargo, hay autores que atribuyen el problema a la “maldición de los recursos naturales”.

Contra las concepciones deterministas del desarrollo

Ante toda esta polémica ¿debemos posicionarnos en uno u otro bando para decidir un determinante único del desarrollo? ¿es imposible que influyan en el desarrollo económico varios elementos distintos? ¿el desarrollo es unicausal? Los partidarios de la geografía han disminuido su posición radical dando crédito a las instituciones y otros factores importantes, sin embargo, los institucionalistas siguen menospreciando al resto de determinantes del desarrollo. A lo largo de este documento se han esgrimido argumentos en favor de las instituciones y la geografía, pero también se han vertido críticas a ambas posiciones; todas con evidencia histórica y empírica. Esto evidencia que ambos factores pueden ser determinantes en la diferenciación de los ingresos per cápita de las diferentes naciones, y que, incluso, no son los únicos que determinan el desarrollo económico de un país.

Chang (2011) sostiene que éste tipo de posicionamientos convencionales son simplistas, lineales y no ponen atención al hecho de que la relación entre factores y desarrollo puede cambiar en el tiempo y espacio. Así mismo, hace una crítica a las teorías por obviar las experiencias históricas del mundo real que contradicen sus razonamientos teóricos y de los nuevos acontecimientos actuales.

Podemos decir, por ejemplo, que es probable que en los inicios de la humanidad, cuando el desarrollo de los medios de producción era precario, la riqueza de las primeras civilizaciones estaba en función de qué tantos recursos naturales tenían. Está comprobado que las primeras civilizaciones, como la mesopotámica y egipcia, se establecieron a los alrededores de ríos importantes como el Tigris, el Éufrates y el Nilo. Esto les permitía cultivar y obtener alimentos, así como protegerse de los animales. Es decir, cuando no se habían desarrollado las fuerzas productivas los seres humanos estaban a merced de la naturaleza, por lo que el elemento geográfico predominaba. Sin embargo, con la evolución de las herramientas de trabajo del ser humano y su misma experiencia, lograron dominar la naturaleza, y el factor geográfico pasó a segundo plano. Por ejemplo, se lograron encauzar ríos para llevar agua a lugares donde no había o se crearon presas para retener el agua pluvial de los lugares donde llovía torrencialmente en algunos periodos, pero en otros había sequías. Otros ejemplos de avances más sofisticados son las invenciones de medios de transporte terrestres hasta aéreos que eliminan las limitantes de no contar con salidas a los océanos. Si bien en la historia hubo culturas como la fenicia, y más tarde potencias como la portuguesa, la española y posteriormente la holandesa, que se beneficiaron de sus conocimientos marítimos y su ubicación geográfica estratégica y con salida al mar, lo cierto es que el invento de la máquina de vapor en la revolución industrial, aplicado a la locomotora, los vehículos terrestres y hasta en los barcos –otro fruto más del dominio del hombre sobre las fuerzas naturales– vino a revolucionar el comercio y la producción, impulsando el desarrollo económico de países como Inglaterra. La introducción de medios de transporte terrestre permitió el desplazamiento de la mano de obra a los centros económicos más dinámicos y el comercio de mercancías, como lo muestra la introducción del ferrocarril en Rusia en la segunda mitad del del siglo XIX y el norte de México en la época porfiriana. Es decir que, si bien la geografía es importante en el desempeño económico de un país, éste factor puede ser contrarrestado con el desarrollo de las fuerzas productivas, es decir, con la dominación del hombre sobre su entorno a través del conocimiento.

La dominación del hombre sobre su entorno a través del conocimiento se coronó con la formación de las cadenas globales de valor, donde la distribución de los procesos productivos pasó a estar en función de la minimización de costos, que si bien depende en parte de factores geográficos como las riquezas naturales y la cercanía o lejanía de los países, también está en función del desarrollo tecnológico que tengan las distintas naciones. Es decir, que la geografía es importante, pero puede ser subsanada por el desarrollo de conocimiento aplicado del hombre.

En cuanto a la visión institucionalista del desarrollo, además de todas las críticas que ya se han vertido, queda decir que éstas también han cambiado en el tiempo y en el espacio, y como sostiene la concepción marxista, éstas están en función del desarrollo de las fuerzas productivas. Los institucionalistas piensan a las instituciones en abstracto, como si un poder divino las hubiera establecido; sin embargo, como dice Chang (2011), éstas están conformadas por personas y se legitiman por la población que conforma la nación. En particular, las instituciones, encabezadas por el Estado, sirven para legitimar a la clase dominante sobre los otros sectores de la población, y quien les otorga ese poder es la riqueza material que poseen. En esta misma línea, la globalización de la economía ha conformado una burguesía internacional que modifica la política de las naciones a sus intereses mediante restricciones comerciales y demás medidas coercitivas. Por tanto, los países más pobres modifican sus instituciones no solo a conveniencia de su clase económica o política más poderosa, que busca mantenerse en el poder para seguir recibiendo beneficios económicos, sino que, también, está sujeta a los intereses de las burguesías internacionales. Los únicos países que han podido florecer, como China, han tenido que tomar un rumbo institucional muy distinto a la concepción de “democracia” promovida por los países occidentales. Éstos gobiernos, en particular China, han realizado políticas que deliberadamente buscan promover el crecimiento económico. Por tanto, las instituciones son un factor importante para el crecimiento económico, pero detrás de ellas están la previa acumulación de riqueza en un sector particular de la población, tanto nacional como internacionalmente. Puede que, en ocasiones, el descontento de la población logre hacer contrapesos y coloquen a un gobierno que no responda a los intereses de quienes ostentan el poder económico, como ocurrió en China (con la llegada del PCCh al poder), Rusia (con la Revolución de 1917) o Cuba (con la Revolución cubana), sin embargo, es muy difícil que esto ocurra y más difícil aún que éste se mantenga y prospere; puesto que siempre estará detrás el sabotaje de quienes ostentan el poder económico mundial.  

Conclusiones

Entre los académicos se ha entablado una discusión teórica sobre cuál es el determinante fundamental de las diferencias en el PIB per cápita de los distintos países. Entre las principales corrientes que abogan por el fundamentalismo de lo que Ros (2013) denomina determinantes profundos del desarrollo, se encuentran los institucionalistas y los del determinismo geográfico. Sin embargo, ambas corrientes tienen críticas profundas a sus principales hipótesis, lo que muestra que, si bien tienen razón en que las instituciones y la geografía por separado repercuten en el desarrollo de las economías, lo cierto es que la evidencia histórica ha mostrado que ni las instituciones ni la geografía son determinantes únicos del crecimiento económico.

Chang (2011), principalmente, critica este tipo de análisis porque son simplistas, lineales y no toman en cuenta el tiempo y el espacio. La evidencia muestra que en un mismo país pueden influir distintos determinantes del desarrollo, como en China, que ha tenido un crecimiento espectacular por impulso de la estabilidad política y las políticas impulsadas por el Partido Comunista Chino, que no hubieran sido posible sin su cercanía geográfica con Hong Kong (antes de la reunificación de China). Así también, en algunos países africanos, que han tenido niveles de crecimiento sumamente raquíticos, han influido variables institucionales, por la inestabilidad política, y geográficas, por su clima tropical y mala ubicación para el comercio mundial.  


Ollin Vázquez es maestra en Economía por la UNAM e investigadora del Centro Mexicano de Estudios Económicos y Sociales.

[1] Entre los países más ricos se encuentran los países “vástagos de Europa Occidental”, como los denominaría Maddison: Estados Unidos, Canadá, Australia, Nueva Zelanda, Reino Unido, Francia, Italia, Bélgica, Suecia, Austria y Dinamarca. A este grupo se le han unido unos cuantos países, los llamados “milagros de Asia Oriental”: Singapur, Hong Kong, Corea del Sur, Taiwán (Ros, 2013).

[2] Este argumento lo retomaremos en el apartado tres, donde confrontaremos la hipótesis neoinstitucionalista con la del determinismo geográfico. Esta premisa descansa directamente en un argumento de los deterministas de la geografía.

[3] Ros (2013) distingue entre determinantes directos y profundos del crecimiento económico. Los directos son la acumulación de capital físico, la acumulación de capital humano y el progreso técnico, mientras los indirectos son las instituciones, la geografía y el comercio. 

Bibliografía

Chang, H.-J. (2011). Institutions and economic development: Theory, policy and history. Journal of Institutional Economics.

Churchill, S., Inekwe, A., Ivanovski, K., & Smyth, R. (2018). The enviromental Kuznets curve in the OECD: 1870-2014. Energy Economics.

Acemoglu, D., Johnson, S., & Robinson, J. (2002). Reversal of Fortune: Geography and Institutions in the Making of Modern World Income Distribution. Quarterly Journal of Economics CXVII.

Auty, R. (2008). Capítulo 27. En R. Auty, International Handbook of Development Economics Volume One.

Eugenia, M. (2012). Los cambios, las instituciones y el proceso de crecimiento económico en el enfoque institucionalista. Tiempo Económico, VII(21), 5-20.

Ros, J. (2013). Capítulo 17, 18 y 19. En J. Ros, Rethinking Economic Development, Growth, and Institutions. United Kingdom: Oxford University Press.

Rosales, O. (2020). El sueño chino. Cómo se ve China a sí misma y cóo nos equivocamos los occidentales al interpretarla. Argentina: Siglo XXI.

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