Origen e importancia del concepto de totalidad

Por Alan Luna | Mayo 2023

La noción de totalidad como un conjunto racional se encontraba ya en los primeros esfuerzos de ver y concebir el mundo en la filosofía más antigua. En el proceso de maduración del pensamiento filosófico hay un paso de las creencias míticas al pensamiento racional que, en realidad, es más una evolución que una ruptura total con las creencias religiosas primitivas.

Es verdad que en las primeras culturas el pensamiento era un conglomerado de creencias mítico-religiosas más que el resultado de una investigación científica rigurosa, pero como aclara Rodolfo Mondolfo en su trabajo de El pensamiento antiguo, en realidad existen preocupaciones generales que no se abandonan, independientemente de que haya evolucionado la forma de pensar en los problemas que la humanidad consideró centrales. Por esto: “Estudios más recientes, han vuelto a revalorizar nuevamente, en parte, la ciencia mesopotámica y egipcia, reconociendo, junto a la técnica dirigida a fines prácticos y utilitarios, también, a veces, un interés científico desinteresado, una tendencia hacia la generalidad y un encaminamiento a la racionalidad.” (Mondolfo, 2003;13). Mondolfo intenta hacer claridad sobre un debate que durante mucho tiempo ocupó a los estudiosos de las culturas antiguas y sus formas de pensamiento, se trataba de resolver si en los primeros constructos del pensamiento humano, había ya preocupaciones estructuradas capaces de ser nombradas como filosóficas o científicas, o si solamente eran creencias religiosas que buscaban darle tranquilidad al ser humano al no encontrar explicación a los fenómenos que observaba.

Mondolfo parece decantarse por la opinión de que ya en las formas míticas existe gran parte de las preocupaciones de la humanidad que se desarrollarán posteriormente adoptando las formas propias de la investigación filosófica; más aún, cree que en muchos aspectos son similares y exhiben el núcleo racional dentro de lo mítico-religioso. Algunos ejemplos que hacen ver las conexiones filosóficas con las míticas en la antigua Grecia son los siguientes:

1) la idea de la unidad universal, afirmada entre egipcios y mesopotámicos, bajo la forma de unidad divina, en vagas formas de panteísmo […]; 2) la cosmogonía, concebida, en sus distintas exposiciones, como pasaje de la unidad caótica indistinta primordial a la distinción de los seres, es decir, como pasaje del caos […] y las tinieblas al orden y a la luz […]; 3) las distintas explicaciones dadas al proceso cosmogónico, ya sea por la potencia intrínseca del mismo principio caótico originario […], o a través, de la lucha entre las potencias opuestas del caos y del orden, de las tinieblas y de la luz, de la muerte y de la vida, del odio y del amor […]; 4) la visión de una conexión y simpatía universal, que une a todos los seres en la naturaleza; 5) la noción de una necesidad o ley que los gobierna todos, y la concepción de esta ley como retorno cíclico universal que se cumple en el gran año cósmico, con un periódico retorno de todas las cosas; 6) la idea de un dualismo entre cuerpo mortal y alma inmortal… (Mondolfo, 2003;13).

Las preocupaciones anteriormente mencionadas son tanto filosóficas como míticas y ayudan a dar cuenta de dos cosas. La primera, ya resaltada al comienzo de la exposición de este texto: la base racional del mito como dador de sentido de la vida antigua, dotando de una concepción racional, aunque con rasgos religiosos, a los pueblos y a la humanidad desde muy temprano en su historia; la segunda, más cercana a lo que se busca hacer notar en este trabajo: la visión de totalidad es propia no solo de la filosofía de los grandes sistemas, aquellos que procuran entenderlo todo o de explicar coherentemente a la realidad y se valen de un sistema para eso, sino que es una preocupación del pensamiento racional desde sus inicios.

El punto uno: “la idea de la unidad universal”, así como el cuatro: “la visión de una conexión y simpatía universal”, e incluso el cinco: “la noción de una necesidad o ley que los gobierna todos”, todos ellos en conjunto conducen a hacer la siguiente reflexión: desde un inicio en el pensamiento, ya sea por la naciente conciencia mítica o por la filosofía desarrollada a partir de ahí, el problema de la totalidad ha sido tema de las preocupaciones humanas. Por lo tanto, esta cuestión ha aparecido en los inicios mismos de la filosofía como problema y en la concepción de la vida de las distintas culturas que se desarrollaron en el orbe terrestre o, por lo menos, las que fueron suficientemente grandes como para dejar huella, de tal manera que puedan rastrearse tanto formas de vida, como formas de pensar.

El pensamiento mítico-religioso no es una huida de los fenómenos que no se pueden explicar, una suerte de salida fácil a preguntas complejas, sino el primer esfuerzo humano por explicarse de manera racional los fenómenos que le rodean. De esta manera Dios, o cualquiera de las formas que se le da al ser o seres divinos, responde a la preocupación de encontrar la unidad de las cosas, postura que después fue evolucionando en las distintas posturas filosóficas que explicaban lo común a pesar de la diferencia, la unidad dentro de lo múltiple. Puede decirse con Leticia Flores Farfán que

Los mitos revelan una realidad original a través de la cual se informa la experiencia, se rigen los ritos, se garantiza la eficacia de los cultos, se codifican las creencias, se fundan las reglas morales, se determinan cada una de las prácticas cotidianas, toda una manera de concebir, de analizar, de coordinar, de reaccionar, de pensar, de expresarse. Lo que se inaugura con cada acto de creación es la configuración regulada, mensurable y ordenada de todos los seres y todas las cosas. (Farfán, 2006;45).

El mito da sentido y expresa de forma mítica las concepciones prefilosóficas, pero que van camino a sintetizarse y desarrollarse en los planteamientos filosóficos reconocidos como tales. Más adelante Farfán explica que “Los mitos tratan siempre de los orígenes, de lo que ocurrió en el tiempo primordial o tiempo fuerte en el que algo comenzó a ser, en el que algo advino a la existencia. Son los modelos de todo aquello que normativamente ha de pensar y ha de hacer el ser humano y, por esa razón, dan consistencia al fundamento ontológico de su existir.” (Farfán, 2006;45). Por lo dicho anteriormente, se observa en el mito el esfuerzo primario del pensamiento y una segunda cuestión igualmente importante, a saber, el peso que tiene en la vida cotidiana la forma en que se piensa.

El pensamiento no es inocente, no es pasivo; es en muchas ocasiones expresión de lo que acontece en la historia, trasladando las formas de vida y preocupaciones a la mente de los individuos y, en muchas otras, el pensamiento es expresión de los proyectos y deseos que ayudan también a la transformación histórica. Por ello es relevante cómo el mito hace un esfuerzo por fundar la existencia del ser humano, por darle un sustento moral con la explicación racional de todo su ser, por tratar de abarcar su totalidad de acuerdo con una concepción general de la humanidad.


Alan Luna es filósofo por la UNAM e investigador del Centro Mexicano de Estudios Económicos y Sociales.

Bibliografía

Flores Farfán, L. (2006). Atenas, ciudad de Atenea. Mito y política en la democracia ateniense antigua, Universidad Nacional Autónoma de México, México.

Mondolfo, R. (2003). El pensamiento antiguo. Historia de la filosofía greco-romana, I. Desde los orígenes hasta Platón, Losada, Argentina.

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