Dejar de sobrevivir y comenzar a vivir

ENSAYO Por: Citlali Aguirre

Enero 2023

Los seres humanos somos seres naturales, somos animales y estamos hechos de átomos y materia. Sin embargo, también tenemos emociones, espíritu y una mente con cualidades ausentes en los demás animales. Algunos especialistas en la evolución humana, indican que lo que nos diferenció de los demás animales y homínidos, fue la capacidad de creer en cosas que no están presentes en nuestro alrededor; la capacidad de hacer abstracción, de imaginar cosas que no vemos y de combinar elementos reales con fantásticos.

De lo anterior se desprende que los humanos tenemos necesidades materiales, de alimento, medicina, vestido, etc., pero también tenemos necesidades espirituales, como la alimentación de nuestro espíritu; el cultivo y entrenamiento de nuestro cerebro y habilidades; el goce y disfrute, así como la tranquilidad, la felicidad, entre otras emociones. Sin embargo, la mayoría de los humanos, no hemos podido satisfacer ni siquiera nuestras necesidades materiales básicas. Únicamente un grupo pequeño de personas, desde las sociedad esclavista, feudal y ahora en la capitalista, ha tenido acceso a todos los alimentos, medicinas y vestido necesario para su vida y la de sus familias. Solo este pequeño grupo de ciudadanos ha tenido el tiempo y los medios para disfrutar y cultivarse en los medios artísticos y científicos. La mayoría de los habitantes de este planeta vivimos para comer, trabajar y dormir. Es decir, satisfaciendo –y de muy mala manera– solamente las necesidades materiales básicas, viviendo apenas como animales.

La pobreza material está muchas veces acompañada de pobreza espiritual, pero no por falta de capacidades en la población pobre, sino por falta de oportunidades para desarrollarlas. El 10% de la población mundial vive en pobreza material extrema (con menos de 40 pesos mexicanos diarios) sin poder satisfacer siquiera las necesidades más básicas como la alimentación, el acceso al agua y saneamiento. El 85% de la población mundial vive en pobreza moderada, con menos de 30 dólares al día (600 pesos mexicanos) y fuertes dificultades para satisfacer sus necesidades materiales. Los ingresos de estas personas no alcanzan o apenas alcanzan para medio alimentarse, medio vestir y medio curarse. De manera que el acceso a las creaciones artísticas y, más aún, el acceso a la formación artística, está prácticamente vetado para estos sectores; pues hay que pagar cuotas elevadas para asistir a los eventos o para pagar colegiaturas en formación artística. Además, el “tiempo libre” que tienen estos sectores sociales, lo utilizan para descansar de las arduas jornadas de trabajo, o para para “olvidar” los problemas de su vida cotidiana, optando muchas veces por los vicios. De manera que este 85% de la población mundial básicamente no consigue realizarse como ser humano, ni desplegar todas sus potencialidades creativas, artísticas, científicas o deportivas. Esta parte de la población está privada de su humanidad.

¿Cuántos de los niños, jóvenes y adultos pertenecientes a este 85% de la población mundial tendrán habilidades que nunca se descubren por la falta de oportunidades y espacios para que las desarrollen? ¿cuántas de estas personas tendrán talentos ocultos para tocar algún instrumento, para crear los más sublimes escritos poéticos o literarios, para moldear esculturas, para jugar basquetbol, para ser nadadores profesionales, para ser grandes matemáticos, astronautas, médicos o científicos? Talentos que podrían, por cierto, potenciar el crecimiento educativo, científico y social de los distintos países.

Según la encuesta levantada en mayo de 2022 por el INEGI sobre la asistencia a eventos culturales, el 41.2 % de la población de 18 años y más asistió a algún evento cultural como obra de teatro (4.7%), concierto o presentación de música en vivo (13.7%), espectáculo de danza (4.8%), exposición (7.5%), proyección de películas o cine (36.2%). El 45.7 % de mujeres y 42.3% de hombres declararon que la entrada a bajo costo fue el motivo principal para asistir a este tipo de eventos. Lo que indica que la falta de recursos económicos es una limitante importante para el acceso al arte en la población mexicana. También es indicativo el hecho de que la condición de asistencia a eventos culturales estuvo positivamente asociado con el nivel de escolaridad de la población; el grupo que más asistió fue el que cuenta con al menos un grado de educación superior.

No obstante, esta encuesta solo se realizó en sitios urbanos con 100 mil o más habitantes y solo se le aplicó a un representante de 2,336 viviendas, de un total de 23.9 millones de viviendas particulares que hay en México (INEGI). Lo que significa que 23 millones, 897 mil viviendas mexicanas no proporcionaron información sobre el acceso a eventos culturales. Por otro lado, la población rural quedó fuera de la encuesta y todo mundo sabe que en las comunidades rurales básicamente no hay oportunidades para presenciar eventos artísticos ni de formarse como grandes artistas o deportistas. En las zonas rurales apenas y existen algunas escuelas donde reciben lo mínimo de educación y el único acceso que tienen a bailes o a números musicales se restringe a los eventos festivos de sus pueblos; pero la poesía, el teatro, la literatura, la educación superior, e incluso la formación deportiva no existen en estas comunidades.

Otro aspecto importante es que la mayoría de la población mexicana no accede a la literatura y con ello se pierde la oportunidad de viajar por el mundo y su historia, de conocer bellezas, tragedias y sucesos que no le tocó vivir. Al no tener acceso a las grandes obras literarias, la población se pierde también la posibilidad de entrenar su capacidad de abstracción, de ir recreando en su mente los escenarios descritos por los novelistas. Esta habilidad, que se marchita en los mexicanos que no leen, es precisamente la que nos distingue de los demás animales. El Módulo sobre lectura que levantó el INEGI en febrero de 2021 encontró que el 43% de los entrevistados leyó algún libro en los 12 meses anteriores. El nivel educativo influyó directamente en el acceso a la lectura: la población que tiene al menos un grado de educación superior prefiere leer libros que aquella población con niveles inferiores de escolaridad. Aquí hay que tener en cuenta que esta encuesta de INEGI fue realizada también solo en 2,336 viviendas. Si la encuesta considerara el total de la población, el porcentaje de mexicanos que lee podría fácilmente disminuir.

Respecto a la lectura hay que resaltar que, por un lado, la disponibilidad de libros no es universal; la mayoría de veces hay que pagar por ellos y aquellos que son gratuitos están restringidos a espacios determinados como bibliotecas universitarias o municipales en las grandes ciudades. En México podrían instrumentarse mecanismos que faciliten el acceso a los libros para más ciudadanos, como su distribución gratuita en el transporte público; la creación de bibliotecas municipales grandes y atractivas para el público de todas las edades que combinen espacios de lectura con salas de cine o eventos artísticos; entrega de materiales y recursos a las familias y acciones de fomento de la lectura en todos los entornos posibles, incluso en las prisiones, como se hace en Chile y en España. Por otro lado, una vez que exista un acceso generalizado a los libros habría también que estimular el interés por la lectura, así las personas que no leen podrían conocer las bondades de ésta y decidirse a practicarla.

Necesitamos pasar de una sociedad en la que sobrevivimos como animales que medio comen y medio descansan a una sociedad en la que comencemos a vivir como seres humanos, en la que nos realicemos como personas, con todo lo que ello implica. Necesitamos un país con oportunidades e instalaciones para que todos podamos comer, curarnos, ejercitarnos y educarnos; solo así podremos todos pensar con suficiencia y desplegar nuestras habilidades físicas y creativas, para entre todos concebir, construir y conducir un México verdaderamente humano.


Citlali Aguirre es maestra en ciencias biológicas por la UNAM e investigadora del Centro Mexicano de Estudios Económicos y Sociales.

Referencias

https://www.eleconomista.es/economia/noticias/11087781/03/21/El-85-de-la-poblacion-mundial-vive-con-menos-de-30-dolares-al-dia.html