Sistema fiscal y combate a la desigualdad, urge una reforma fiscal en México

ENSAYO Por: Vania Sánchez

Enero 2023

Neoliberalismo y desigualdad

En el Reporte de Oxfam de 2022 titulado Las desigualdades matan, se cita que “desde 1995, el 1% ha acaparado cerca de 20 veces más riqueza global que la mitad más pobre de la humanidad”. La desigualdad económica entre personas en México ha sido históricamente alta, pero se aceleró con la instrumentación del modelo económico neoliberal (Oxfam, 2022).

Este es así porque el modelo neoliberal que pugna por que la sociedad organice toda su actividad económica a través del mercado; es decir, que las decisiones de qué y cómo producir, y por tanto para quién, sean hechas con base en el mecanismo de precios. No hay pues, un mecanismo de distribución. El neoliberalismo plantea que, dejando la distribución a las libérrimas fuerzas del mercado, cada participante de la producción recibirá un ingreso proporcional a su contribución en la producción. De esta manera, el mercado asignará a los trabajadores, en forma de salarios, la parte con la que su trabajo habría contribuido a la producción. Y hará lo propio con el capital, en forma de ganancias, intereses y rentas. Cada quién obtiene de la producción la parte que puso para que se realizara. El mercado aparece así como un ente justísimo que da a cada quien lo que “se merece”.

Se obvia, en este discurso que, mentar a las “fuerzas del mercado” es invocar a las “fuerzas del dinero” y que el dinero se halla ya concentrado en unas cuantas manos. Los poseedores de dinero pueden, y de hecho lo hacen, manipular el funcionamiento de los mercados, la oferta y la demanda de trabajo o capital, de suerte que los precios les sea ventajosos.

El resultado de este modelo en México es una enorme desigualdad de ingresos y riqueza. Según INEGI, la masa salarial representaba en 1980, el 38% del PIB; este indicador se ubicó en 2021 en 28%, 10 puntos porcentuales abajo que hace 40 años. Puntos que se sumaron a los ingresos de los propietarios del capital, que pasaron de 62% a 72% en los años mencionados. Esta desigualdad en los ingresos entre los trabajadores y los propietarios del capital, ha provocado que la riqueza, el capital, el trabajo acumulado en forma de capital, también se hallen más concentrados en unas cuantas manos. De acuerdo con El reporte mundial de la desigualdad 2022, en México, el 10% más rico de la población concentra casi 60% del ingreso y 80% de la riqueza nacional (Chancel y otros, 2021).

La desigualdad en México es la principal causa de la pobreza y la marginación. Una mejor distribución de la riqueza permitiría abatir la pobreza extrema y la falta de acceso a los servicios de salud, educación y vivienda de toda su población. Pero el impacto negativo de la desigualdad no se reduce a las carencias en los sectores de los primeros deciles de ingresos. Como diversos estudios económicos lo muestran, la desigualdad provoca sociedades con menor crecimiento, menor dinamismo de la productividad, con menor eficiencia en el uso de los recursos o naturales, físicos y humanos, con más problemas sociales de delincuencia e inseguridad (Barro, 1999; Ferreira, 1999).

La política fiscal, mecanismo de distribución

América Latina (AL) se halla entre las regiones con mayor desigualdad en el mundo. Las políticas neoliberales instrumentadas en la década de los 90 provocaron que la desigualdad en el continente escalara. De acuerdo con la Cepal (2018) el Índice de Gini (IG) en esa década fue de 0.505; entre los años de 2002 y 2017, la desigualdad experimentó una disminución: en los primeros diez años (2002-2012) cayó de manera acelerada, el IG pasó de 0.505 a 0.453, en los siguientes cinco años, aunque la caída continuó, lo hizo más lentamente, en 2019 el IG fue de 0.442. En México, sin embargo, el proceso no ha sido ni de lejos parecido. Hasta 2016 el IG estimado se hallaba muy cerca del valor calculado para el año 2000; solo en los últimos años se registra un valor muy menor que, de acuerdo con los autores de las estimaciones más bien tendría que ver con la pérdida de ingresos de los deciles superiores, de los más ricos, más que con una mejor distribución.

Cuadro 1. Índice de concentración de Gini en América Latina y México.

AÑOAmérica LatinaMéxico 1/AÑOAmérica LatinaMéxico 1/
20000.5020.49320110.458 
20010.505 20120.4530.478
20020.5050.47620130.456 
20030.507 20140.4500.486
20040.5000.48720150.446 
20050.498 20160.4460.478
20060.4900.48420170.444 
20070.486 20180.4410.448
20080.4730.48820190.442 
20090.466 20200.4480.440
20100.4640.48620210.445 

1/ Dato posiblemente no representativo. Se basa en menos de 30 observaciones.

Fuente: CEPAL (2018), Medición de la pobreza por ingresos: Actualización metodológica y resultados.

Sobre estas estimaciones, hay críticas que apuntan a que en AL, el IG subcontabiliza la desigualdad real del continente porque las rentas más altas no se reportan en las encuestas de hogares que sirven de base para la estimación del IG. Es decir, que la desigualdad real sería superior a la que se estima.  ¿Qué factores han podido contribuir a la caída de la desigualdad, particularmente la que se registró entre 2002 y 2012? Esta se explica primero por el contexto mundial, por el crecimiento económico mundial[1] que se registró entonces; y segundo, por las políticas públicas instrumentadas (Gasparini, 2019); AL pasó de tener una carga tributaria (más las contribuciones a la seguridad social) de 16% del PIB a 21%. Por ello, diversos organismos, entre los que se hallan la Oxfam y la Cepal, han señalado el gran potencial que tiene la política fiscal como mecanismo para combatir la desigualdad de ingresos, para redistribuir el producto social (Georgieva, 2020; Oxfam, 2022; Barcena et al).

Para que la recaudación de impuestos por sí misma contribuya al combate de la desigualdad económica, debe ser suficiente y hacerse con el menor costo posible; pero sobre todo, se tiene que garantizar que sean efectivamente los más ricos los que más paguen, es decir, se tiene que recaudar con base en impuestos progresivos. Oxfam, con particular agudeza, ha señalado la necesidad de fijar más impuestos a los ricos a fin de combatir la desigualdad de ingresos (Oxfam, 2022).

En México, el 20 de octubre pasado se aprobó, como cada año, la Ley de Ingresos del Gobierno Federal para 2023 que determina la política recaudatoria del país, de la que forma parte la impositiva. Esta ley contempla los mismos impuestos y las mismas tasas que había durante el gobierno de Enrique Peña Nieto. “… Tampoco va a haber una reforma fiscal para recaudar más” dijo el presidente López Obrador.

La política fiscal en México en tiempos de la cuatroté

El gobierno de la 4T pues, se ha negado de tajo a poner siquiera sobre la mesa una discusión sobre la política impositiva. Los impuestos y su estructura son los mismos desde 2014. En 2019 se recaudó vía impuestos, 16.3% del PIB y en 2020 17.9% y según lo proyectado por el gobierno, en 2023 este porcentaje se mantendrá en esos niveles.

¿Esto es poco? Sí, primero, porque con ese monto apenas se puede sufragar el gasto en educación, salud, y protección social que los organismos internacionales especializados en cada uno de esos aspectos (UNESCO,[2] OMS,[3] Banco Mundial[4]) han señalado como mínimo para el desarrollo y bienestar de la población: 21.5% del PIB. Es poco, también, si consideramos lo que hacen otros países. El promedio de recaudación de los países de la OCDE ronda 33% del PIB, casi el doble que México. Y aun si consideramos el promedio de sólo los países de América Latina, la diferencia es desventajosa para México por cinco puntos. Entre los 26 países del sur del continente, México ocupa la posición 21º sólo por arriba, y muy ligeramente, de países como Panamá, que ha sido catalogado por la Unión Europea como paraíso fiscal.

La insuficiencia no es el único “pero” que habría que ponerle al sistema impositivo vigente de México si lo pensamos desde su efecto en el combate a la desigualdad. El problema está también en la composición de impuestos. Casi la mitad, de la recaudación impositiva se hace con base en impuestos al consumo, impuestos fuertemente regresivos (IVA, IEPS, fundamentalmente), esto es, impuestos que no inciden en los hogares más ricos, sino que recaen en toda la población por igual, con el agravante de que los más pobres consumen una mayor proporción de su ingreso que los más ricos, por lo que acaban pagando una tasa mayor en relación con su su ingreso total. Al funcionar así, empobrecen a los hogares con menos ingreso y contribuyen al aumento de la brecha de la desigualdad.

Existe también el ISR, un impuesto progresivo que obliga a quienes tienen mayores ingresos a pagar más. El ISR en sus distintas modalidades aporta poco más de la mitad del monto tributado al estado (54%). Sin embargo, aun en este caso, la tasa de impuesto para las personas de altos ingreso se halla por debajo de lo que se paga en otros países. El ISR máximo para personas físicas en México (válida para las personas que perciben más de medio millón de pesos mensuales) es de 35%, mientras que el promedio de la OCDE de las tasas para el sector de mayores ingresos es de 42%.

¿Qué tan progresivo es el sistema fiscal mexicano? la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) estimó la tasa de impuestos promedio, según el ingreso y el gasto promedio de los hogares, que se paga por decil de ingreso. Estos resultados muestran que, efectivamente, los hogares más ricos pagan una tasa de impuestos mayor que los hogares más pobres; sin embargo, esa diferencia se queda corta en relación con la desigualdad de ingresos que hay entre los hogares. Mientras que los ricos tienen ingresos 12 veces más que los de los más pobres, la tasa que pagan (de 30.7% de su ingreso) es apenas de poco más del doble que la de los más pobres (de 12.2%).

Ilustramos los resultados de las estimaciones de la SHCP. Supongamos el valor total de la producción es de $1,000 pesos. Con la distribución del ingreso existente, al 10% más pobre le corresponderían 25 pesos y al 10% más rico, 302 pesos. El primer grupo debe pagar 3 pesos de impuestos y los ricos, 93 pesos. Efectivamente los ricos pagan más; pero antes de aplaudir, hay que notar que aun después de pagar impuestos el ingreso solo del grupo de los más ricos es 10 veces mayor que el de los más pobres. Así es como cobra impuestos el gobierno; ahora bien, ¿cómo gasta?

Figura 2. Carga impositiva y gasto público como proporción del ingreso de mercado según decil.

Fuente: SHCP (2022), Distribución del pago de impuestos y recepción del gasto público por deciles de hogares y personas. p. 94.

Figura 3. Impacto redistributivo del sistema fiscal.

Fuente: SHCP (2022), Distribución del pago de impuestos y recepción del gasto público por deciles de hogares y personas. p. 95.

De acuerdo con el estudio de la SHCP, dos de cada tres pesos del gasto programable del gobierno se destina al desarrollo social; esto es al fomento de la salud (23% del gasto social), la educación (27%), la protección social (40%), a la vivienda y servicios urbanos (8.8%), al fomento de la cultura (1.3%) y a la protección ambiental, fundamentalmente. En los últimos años el peso del gasto en protección social ha aumentado en detrimento del resto. Precisamente el gasto más regresivo de todos, porque comprende el programa de pensiones para adultos mayores que trata por igual a toda la población sin importar su riqueza e ingreso. El estudio muestra que más de la mitad del gasto social se concentra en el decil de más bajos ingresos: 54%. Mientras que al 20% más rico de la población se le destina 17%.

Finalmente, la intervención del gobierno mediante la política fiscal provoca que el ingreso de los últimos dos deciles reduzcan su peso en el ingreso disponible de los hogares. El 20% de los deciles más ricos, después de pago de impuestos y transferencias percibe 40.3%, antes de eso percibía 44.8%. El 20% más pobre, pasó de percibir 6.7% a 9%. El decil más rico percibía 12 veces el ingreso del quintil más pobre y después de impuestos y transferencias percibe hasta 7 veces más. Con base en los datos y análisis de la SHCP, a la que no se puede acusar de opositora al modelo económico y social de México, queda claro que si bien el sistema alivia la desigualdad, esta sigue siendo tan grande que no podemos sino exclamar, ¡vaya progresividad!

La urgente reforma fiscal en México

En México la pobreza sigue lacerando al pueblo trabajador. El neoliberalismo y el subdesarrollo han hecho en México un cóctel que ha propagado la pobreza por todas las capas de la población, agudizando su impacto social. En gran medida esta situación tiene su causa en la enorme desigualdad de riqueza e ingreso. El combate frontal, a muerte, contra la desigualdad requiere modificar todo el modelo de producción y distribución de la riqueza; asentarlo sobre otras relaciones económicas, de propiedad y laborales; sobre otras lógicas de funcionamiento.  Sin embargo, aun sin modificar toda la estructura, los gobiernos pueden abatir la desigualdad de ingresos mediante una política fiscal con verdadera vocación redistributiva, que garantice el acceso a los bienes y servicios creados por la sociedad a sus integrantes en condiciones más o menos dignas. Urge una reforma fiscal para plantar cara el cáncer de la desigualdad económica que pudre al país y que padece el pueblo trabajador.


Vania Sánchez es doctora en Economía por la Universidad Autónoma de Barcelona.

[1] El crecimiento económico en AL entre 2002 y 2012 fue importante. El crecimiento del PIB per cápita promedio anual en esos años fue de 3.5% en la región. La literatura explica que esto fue así porque el precio de los commodities creció y la afluencia de la IED creció también.

[2] La UNESCO recomienda a los países gastar al menos 6% del PIB en educación.

[3] La OMS recomienda a los países gastar al menos 6% del PIB en servicios de salud a fin de dar respuesta a la creciente demanda de estos, según la pauta demográfica del país. A lo que se suma el 5% del PIB que representa el gasto en pensiones y jubilaciones del que se espera que se incremente considerablemente en lo últimos años.

[4] El Banco Mundial recomienda un gasto en infraestructura equivalente a 4.5% del PIB para los países en desarrollo a fin de fomentar el crecimiento económico y el desarrollo social.

Referencias

Barro, R. 1999 “inequality, growth and investment”, national bureau of Economic Research, Working Paper no 7.038.

CEPAL, (2018). La ineficiencia de la desigualdad. CEPAL, Naciones Unidas.

Chancel, Lucas, Thomas Piketty, Emmanuel Saez y Gabriel Zucman (coords.) [2021], World Inequality Report 2022, World Inequality Lab, https://wir2022.wid.world/www-site/uploads/2022/02/WIR_2022_FullReport.pdf

Ferreira, F. 1999 “inequality and economic performance. A brief overview to theories of growth and distribution”, World bank Poverty net. En <www.worldbank.org/poverty/inequal/index.htm>.

Gasparini, L. (2019) La Desigualdad en su Laberinto: Hechos y Perspectivas sobre Desigualdad de Ingresos en América Latina. Documentos de Trabajo del CEDLAS No. 256, Diciembre, 2019, CEDLAS-Universidad Nacional de La Plata.

Georgieva, K. (2020). Reducir la desigualdad para generar oportunidades. Diálogo a fondo, 7.

SHCP (2022) Distribución del pago de impuestos y recepción del gasto público por deciles de hogares y personas. Resultado para el año 2020.