México: más explotación de los trabajadores

ENSAYO Por: Gladis Mejía

Diciembre 2022

Para entender cómo ocurre la explotación del trabajador mexicano, primero tenemos que definir qué se entiende por explotación. La explotación es la apropiación del trabajo ajeno. En el capitalismo, la relación de explotación entre el capitalista y el trabajador se efectúa mediante el salario. Esto es posible por la sencilla razón de que los capitalistas son los dueños de los medios de producción y los trabajadores poseen, esencialmente, su fuerza de trabajo para sobrevivir. El trabajador vende su fuerza de trabajo por un salario, el cual repone en un tiempo menor del que dura la jornada laboral. Quien crea todos los bienes que consumimos y las casas que habitamos son los trabajadores, pero ellos no pueden disfrutar de esa riqueza que crearon con su trabajo porque ellos no se apropian del producto que generaron. Así, se forman dos grandes clases sociales, los capitalistas que viven de las ganancias, y los trabajadores, que viven de su salario.

La explotación del trabajador mexicano se ha agudizado a niveles alarmantes a partir de la imposición del modelo neoliberal en México, lo que ha tenido como consecuencia principal un incremento de la desigualdad y del deterioro de las condiciones de vida de la clase trabajadora. Para demostrar esto, revisemos tres indicadores que sirven para visualizar estas tendencias.

Jornada de trabajo

La Ley Federal del Trabajo especifica que la jornada laboral debe ser de 8 horas diarias, con un día de descanso a la semana. Pero en México, los trabajadores que trabajan más de 48 horas a la semana van en aumento.

En 2005, 12.9 millones de trabajadores trabajaban más de esas 48 horas semanales, mientras que, en 2021, eran ya 15 millones. Estos 15 millones representan casi la tercera parte de la Población Económicamente Activa ocupada. Durante las crisis más importantes de nuestra época, la Gran Recesión de 2008-2009, y en 2020 la crisis del Covid, los trabajadores son los que pagan los platos rotos: en 2009 y 2020 el número de trabajadores en esta condición disminuye, pero no es porque hayan encontrado un mejor trabajo, sino porque se encuentran parados absolutamente sin posibilidad de emplearse ni de ganarse la vida[1].

Es decir, en los hechos, la jornada laboral va en aumento, aunque la ley diga otra cosa.

Salario absoluto

El salario mínimo, de acuerdo con la Ley Federal del Trabajo, es la “cantidad menor que debe recibir en efectivo el trabajador por los servicios prestados en una jornada de trabajo”, y “deberá ser suficiente para satisfacer las necesidades normales de una o un jefe de familia en el orden material, social y cultural, y para proveer la educación obligatoria de las y los hijos”. El monto de este salario mínimo lo fija el Estado.

Si revisamos el comportamiento del salario mínimo real, es decir, descontando los efectos de la inflación, podemos ver que el poder adquisitivo ha venido disminuyendo desde mediados de la década de los años 70.

Comparando la Canasta Alimenticia Recomendable (CAR) que elabora la Facultad de Economía de la UNAM, con el salario mínimo, vemos que se ha vuelto imposible costear la alimentación de una familia trabajadora (sin contar la energía que se necesita para cocinar, sin contar el vestido, la renta o esparcimiento): en 1987 era posible adquirir 1.6 veces la canasta; pero para 1997 con el salario mínimo ya sólo se podía adquirir el 54%[2];

Y, en 2021, con el salario mínimo en $141 pesos y la canasta en $301 pesos no era posible ni siquiera adquirir la mitad. Es decir, ahora, para adquirir la CAR de acuerdo con el salario que fija el Estado como mínimo se necesitaría trabajar casi 3 jornadas laborales, o bien, ganar diariamente 3 salarios mínimos. Por lo tanto, cada vez se vuelve más costoso para los trabajadores reponer su fuerza de trabajo diaria: paradójico con la propia definición que el Estado da acerca de qué es un salario mínimo.

Además, el número de trabajadores subordinados remunerados que ganan hasta 2 salarios mínimos o menos, que ya dijimos que son insuficientes para reponer la fuerza de trabajo, ha aumentado.

Mientras que, en 2005, 35% de los trabajadores recibía este monto, en 2021, más de la mitad de los trabajadores subordinados remunerados, el 63%, no podía adquirir la canasta alimenticia recomendable.  En los años 2009 y 2020 es cuando más aumentan los trabajadores que ganan menos de 2 salarios mínimos. Esto se debe, nuevamente, a las crisis, pues éstas traen más desempleo y eso deprime los salarios todavía más.

El incremento de los trabajadores que ganan entre 1 y 2 salarios mínimos en 2019 se debe a los aumentos nominales que el gobierno de la 4T ha instrumentado. El problema de estos aumentos unilaterales, que no van acompañados de cambios estructurales en el mercado de trabajo ni de la estructura económica, es que en México casi el 60% de la fuerza laboral está en el empleo informal, es decir, sin seguridad social, sin prestaciones y sin la capacidad de sindicalizarse, y, por lo tanto, no hay un efecto directo de los aumentos sobre su salario. ¿Cuál es el verdadero resultado de estos incrementos? El aumento sustancial de trabajadores que pasaron a formar parte de las filas de aquellos que ganan entre 1 y 2 salarios mínimos.

Por lo tanto, el salario mínimo que fija el Estado alcanza cada día menos para reponer la fuerza de trabajo del trabajador y su familia; el número de trabajadores subordinados que no reponen su fuerza de trabajo íntegra alcanza el 63% de ellos y va en ascenso esta proporción.

Salario relativo

El ingreso que se genera en México ha aumentado en el periodo y tiene una tendencia creciente siempre. Pero, ¿quién se apropia de este ingreso?, ¿los trabajadores o los capitalistas?

Para el total de la economía[3], es decir, tomando en cuenta el sector público y el sector privado, la parte que se apropian los trabajadores ha venido disminuyendo desde la década de los años 90. Pero si tomamos únicamente el sector de la empresa privada[4], la parte que se apropian los trabajadores del ingreso que ellos generaron mediante su trabajo es sorprendentemente menor: en 1990, su participación era de 28.7%, mientras que, en 2015, la apropiación del fruto de su trabajo era del 22.6%.

La concentración del ingreso es tan alta, que el 50% de los mexicanos solamente disfruta de menos del 10% del ingreso generado anualmente desde el año 2002 mientras que el 1% de la población mexicana, los capitalistas más ricos y dueños de inmensas fortunas, se apropian casi del 30% del ingreso anual generado por los trabajadores.

¿Pero por qué ha aumentado la explotación de la clase trabajadora? Hay dos causas generales. Hay una política de represión contra la organización de los trabajadores ejercida por la clase capitalista, nacional e internacional. Además, el Estado juega un papel importante, pues desde el cambio de modelo económico al neoliberalismo, las reformas laborales solo han servido para mermar la capacidad de organización de los trabajadores y eliminar toda exigencia por mejores condiciones de vida, privilegiando, con ello, el enriquecimiento de las clases altas. Y, en segundo lugar, el modelo económico con el que compite México en el escenario internacional tiene su base en fuerza de trabajo con bajos salarios y extensas jornadas laborales, para provecho del capital imperialista. La organización de los trabajadores mexicanos se vuelve más necesaria que nunca.


Gladis Mejía es economista por la UNAM e investigadora del Centro Mexicano de Estudios Económicos y Sociales.

[1] Organización Internacional del Trabajo. (2020). “México y la crisis de la COVID-19 en el mundo del trabajo: respuestas y desafíos”.

[2] Lozano Arredondo, A. y Lozano Tovar. (2001). Pobreza y Desarrollo Económico en el Sur de Jalisco, Municipio de Tamazula de Gordiano (1990-1997). Tesis UNAM.

[3] Ibarra, C. A., & Ros, J. (2019). The decline of the labor income share in Mexico, 1990–2015. World Development, 122(C), 570-584.

[4] Ibarra, C. A., & Ros, J. (2019). The decline of the labor income share in Mexico, 1990–2015. World Development, 122(C), 570-584.