Un arte verdaderamente libre

OPINIÓN Por: Alan Luna

Noviembre 2022

La teoría del conocimiento es la rama de la filosofía que se dedica a discutir sobre la posibilidad del conocimiento. Distintas posturas se han desarrollado desde que esta rama de la filosofía se consolidó como tal. Prácticamente desde Platón a Hegel se ha debatido en torno a si es posible el conocimiento completo de las cosas o no, muchos de los involucrados en la discusión concuerdan en que la complicación viene de que el universo es infinito y el ser humano es finito; es decir, que mientras la materia que debe conocerse no tiene fin, el sujeto que conoce sí lo tiene e incluso sus herramientas, sus capacidades cognoscitivas, son solo una parte de la infinitud de la materia.

Hegel, quien fuera uno de los más grandes pensadores de la humanidad, en este problema particular también aportó con su teoría. Desde su punto de vista las cosas sí podían ser conocidas, aunque todo conocimiento sería una aproximación hacia su verdad total. Para Hegel, todo esfuerzo por conocer a las cosas entabla una relación dialéctica entre la apariencia y la esencia. La apariencia es lo que se presenta en un principio a nuestros sentidos, mientras que la esencia es la verdad completa que se quiere conocer, aquello que no se ve en primera instancia. Para acceder a la esencia es necesario pasar por el conocimiento de la apariencia, pues ésta, aunque sea apariencia, revela ya parte de la esencia y es el camino para el conocimiento verdadero.

El filósofo alemán con esto enseña a situarse en el mundo. En primer lugar, debemos aceptar que la realidad es esta que nos tocó vivir; en segundo, debemos buscar la racionalidad detrás de esta realidad para conocer a profundidad las relaciones que hacen que el mundo sea de esta manera y no de otra. Enseña también a reconocer que lo que vemos no es toda la verdad, aunque forme parte de aquélla; además, clarifica que las contradicciones forman parte importante del movimiento de todos los fenómenos.

El proceso del conocimiento es una constante transformación de concepciones viejas a otras más nuevas y que mejor reflejan la esencia de las cosas. Pero el materialismo dialéctico nos enseña que hay otras limitantes que también hay que tomar en cuenta. La humanidad no solamente conoce en primera instancia la apariencia de las cosas porque sus capacidades no puedan conocer de una vez y para siempre la verdad absoluta, sino porque al vivir en una sociedad dividida en clases sociales los intereses de unos no coinciden con los intereses de otros; por esto hay intereses que se quieran proteger aún a condición de que haya verdades como montes que no difundidas. Esto conduce a que un pensador como Valeri Bosenko considere que el socialismo debería implicar un desarrollo de la ciencia como nunca, pues ya no estaría por medio el interés de la clase dominante, de unos pocos que por necesidad solamente revelan verdades a medias, o la apariencia que oculte la verdadera esencia de aquello que defienden.

El arte está encasillado en la misma lógica que la ciencia. No es que no se pueda producir arte valioso o bello, hay que reconocer que todo arte bueno logra mostrar la esencia detrás de su apariencia. Se trata de reconocer las contradicciones del mundo de ahora para exigir el mejor arte posible con estas limitantes, pero también de pensar en un arte del futuro en donde, ya liberados de los intereses de clase de los pocos, se impulse un arte verdaderamente libre y  creador de formas que en este mundo no se pueden experimentar.


Alan Luna es filósofo por la UNAM e investigador del Centro Mexicano de Estudios Económicos y Sociales.