Historia ¿para qué y para quién?

OPINIÓN Por: Victoria Herrera

Septiembre 2022

Es común que, en ciertas temporadas del año, debido a ciertos eventos históricos sobresalientes como la independencia de México o la Revolución mexicana emerjan a la superficie discusiones relativas a la función de la Historia, como ¿qué hacer con el pasado?, ¿para qué sirve la Historia? o ¿Para quién escribir Historia? En México se ha vuelto, pues, una tradición que en dichas temporadas se voltee a ver a la Historia como un objeto propio de ser llamado a la palestra mediática, cuando, precisamente “la historia es el desarrollo en el tiempo de todos los fenómenos de la realidad material. De manera que todo lo que existe tiene una historia.” Es por esa razón que la Historia –como objeto de estudio– no debiera merecer la atención de la opinión pública sólo en ocasiones muy específicas.

Entrando en materia y no sólo por la temporada sino, sobre todo, por la implementación del nuevo modelo educativo impulsado por la cuarta transformación vale la pena retomar tales cuestiones. En este nuevo modelo denominado la Nueva Escuela Mexicana, la enseñanza de la Historia en las escuelas de nivel medio superior pretende ser universal, es decir abarcar también a los bachilleratos tecnológicos, los cuales dejaron de recibir dicha asignatura con el plan de estudios de 2009. El objetivo en general es necesario y urgente porque el rezago educativo en materia de Historia durante estos años no se puede resarcir. Significa que más de 10 generaciones egresadas de bachilleratos tecnológicos conocen a medias o no conocen ni su propia historia.

Resulta, entonces, necesario que las futuras generaciones conozcan su historia. Pero ¿qué tipo de Historia pretende recetarles el flamante modelo de la llamada Nueva Escuela Mexicana? Ni más ni menos que las ocurrencias históricas que el presidente López Obrador ha repetido una y otra vez. A saber, el programa se fundamenta en su interpretación teleológica de la historia nacional, en cuya línea cronológica el pasado no tiene sentido propio, sino que este pasado nacional ha estado orientado a realizar algo más allá de sí mismo, es decir, el concepto de transformación final. El de la Cuarta Transformación, si no veamos. En el tercer semestre se les enseñará a los estudiantes “las luchas sociales para logras la Transformación”. De esta manera se ha creado una historia adulterada que, mediante una burda manipulación ideológica, convierte los sucesos históricos en peldaños que, de una u otra manera, satisfacen una finalidad trascendente que los impulsa, que los conduce de uno a otro hasta desembocar en la actualidad.

En suma, es necesario y urgente universalizar la historia en todos los niveles educativos, porque si la historia tiene una función social esa es la de transformar la realidad. Pero la visión de la Historia de este modelo educativo como la de los anteriores se sustenta en el principio general de conocer para comprender y, por si fuera poco, de manipular a los estudiantes por la vía de la Historia. El conocimiento debiera tratarse, en general, de transformar al mundo no sólo de entenderlo y menos de manipularlo.


Victoria Herrera es historiadora por la UNAM e investigadora del Centro Mexicano de Estudios Económicos y Sociales.