Inflación en México: urgen medidas extraordinarias

OPINIÓN Por: Jesús Lara

Inflación en México: urgen medidas extraordinarias

Mayo 2020

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El nivel de precios aumenta aceleradamente en México y en todo el mundo. En nuestro país el grueso de la población está perdiendo poder adquisitivo: el dinero alcanza para menos y esto amenaza con agravar aún más la pobreza y la pobreza extrema, que ya aumentaron sustancialmente durante el sexenio de la 4T. El último dato registra un aumento del 7.45% en el INPC. Esto quiere decir que el precio de la canasta de consumo promedio de los mexicanos se ha vuelto 7.45% más cara de marzo de 2021 a marzo de 2022.

Pero la severidad del problema se vuelve más clara cuando desagregamos esta cifra. Esto es así porque los principales aumentos en los precios se han dado en el rubro de alimentos y bebidas, que representa casi cuatro de cada diez pesos gastados por los hogares mexicanos, y este porcentaje es mucho mayor para las familias más pobres del país. Pues bien, el aumento en los precios en este rubro es del 12.1%, y  sobresale el incremento en el precio del pan, tortilla y cereales; de carnes y frutas, y de las hortalizas con aumentos de más del 13%, para los primeros dos, y de más del 18% para la última categoría. Lo que se está gestando es un aumento en la inseguridad alimentaria, un retroceso enorme en términos de combate a la pobreza y pobreza extrema.

La única medida que se ha puesto en marcha para contrarrestar la inflación es el uso de la política monetaria por parte del Banco de México. Y esta herramienta consiste, esencialmente, en el aumento de la tasa de interés que sirve de referencia para el resto de la economía. La justificación de esta política proviene de la teoría económica convencional que, aplicada a los países ricos, argumenta que la inflación es resultado de una tasa de desempleo menor a la “tasa natural” de la economía; esto implica que la población está obteniendo ingresos monetarios mayores a la cantidad de bienes y servicios que la economía puede producir en un momento determinado. La economía está “sobrecalentada”; esto empuja el nivel de precios hacia arriba y, si se quiere detener esta tendencia, el banco central debe reducir la cantidad de dinero circulante; esto eleva la tasa de interés y hace el crédito más costoso, lo que disminuye la tasa de ganancia y, por lo tanto, la inversión; el desempleo aumenta y vuelve a su nivel natural y con él el nivel de precios.

Esta teoría tiene suficientes problemas y limitaciones en los países desarrollados; pero se vuelve particularmente problemática en los países subdesarrollados (como México) y, para nuestros propósitos, totalmente inválida para el tipo de inflación que enfrentamos actualmente. La razón es que la inflación actual no se debe a una demanda agregada elevada causada por muy bajos niveles de desempleo y salarios al alza, sino, fundamentalmente, a problemas en la producción de ciertos bienes y servicios, es decir del lado de la oferta. La causa de estos problemas son la pandemia y los confinamientos en diversas partes del mundo, que han provocado rupturas en las cadenas globales de suministro, cuyo funcionamiento es crucial para la producción de muchos bienes y servicios que consumimos diariamente. La consecuencia es la formación de “cuellos de botella” en muchos sectores de la economía; es decir, muchas empresas no pueden producir o realizar sus operaciones normales porque les faltan insumos fundamentales. Esto hace que la demanda supere a la oferta y se genera una tendencia al alza en ciertos precios.

Esto se torna más grave cuando los cuellos de botella se encuentran en sectores clave para el resto de la economía. En el caso de México, por poner un par de ejemplos, de marzo de 2021 a marzo de 2022, el precio de los fertilizantes, del gas natural, del hierro y de la maquinaria y equipo para alimentos y bebidas aumentaron entre el 30 y el 40%. Ahora bien, estos bienes tienen la característica de que son esenciales para la producción de prácticamente todas las demás mercancías; sin fertilizantes no hay producción agrícola, sin gas natural no hay electricidad, sin maquinaria no hay alimentos procesados, etc. Así, el aumento en los precios de ciertos insumos termina expandiéndose al resto de los productos. Del mismo modo, hay ciertas mercancías cuyo precio se determina en los mercados financieros internacionales, lo que los vuelve particularmente sensibles a eventos que generen incertidumbre, como es el caso de la guerra en Ucrania. Por lo tanto, si estas son las principales causas de la inflación que azota a México, la medida de aumentar las tasas de interés resultará inútil, y solamente dificultará más la ya lentísima e insuficiente recuperación de la economía. Se vuelve urgente, pues, considerar medidas extraordinarias, como el congelamiento de ciertos precios clave y políticas industriales y comerciales para eliminar o disminuir los efectos de los cuellos de botella antes descritos; así como combatir en serio la especulación de precios allí donde esto genera ganancias extraordinarias para unos a costa del sufrimiento de la mayoría.


Jesús Lara es economista por El Colegio de México e investigador del Centro Mexicano de Estudios Económicos y Sociales.

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