Abstraccionismo moral

Marzo 2022

Muchos creen que la dialéctica inclina a la duplicidad; que obstaculiza una concepción clara acerca de los cambios que se producen en la realidad; que impide en una palabra alcanzar una idea exacta de la naturaleza y de la vida social. Por esto mismo suponen que resulta indispensable desechar el enfadoso método dialéctico, cuanto más si lo que se quiere es obtener una idea clara sobre la moral. De lo contrario, el “sí es no y no es sí” dialéctico ejercerá una influencia perjudicial sobre nuestros puntos de vista y nos llevará a numerosos extravíos. 

Estiman entonces que valdría más atenerse a la fórmula “sí es sí y no es no” a efectos de desentrañar el problema de la moral. De esta manera se estaría en condiciones de establecer una relación sobria con la realidad, evitándose la duplicidad ínsita en el engorroso “sí es no y no es sí” dialéctico. Pero antes de tomar el camino aparentemente menos problemático, tiene que saberse cuál es la diferencia que existe entre la dialéctica y el pensamiento que responde a la fórmula “sí es sí y no es no”.

Puede decirse resumidamente que el “sí es sí y no es no” equivale a la abstracción “o una cosa u otra”. Los que siguen este camino consideran precisamente que la abstracción “o una cosa u otra” permite alcanzar una concepción clara y asaz exacta de la naturaleza y de la vida social, la moral incluida. Por ejemplo, la guerra, ¿es nociva o beneficiosa? Desde el punto de vista del abstraccionismo, la guerra es definitivamente un mal y nunca puede ser un bien, puesto que el mal nunca puede ser el bien, es decir, “o una cosa u otra”. Así pues, “sí es sí y no es no”. De esta forma creen los tales estar evitando la molestísima duplicidad dialéctica y se figuran dueños indiscutibles de una opinión clara y exacta de la guerra: “la guerra es un mal”. Ni más ni menos.

Ahora bien, ¿cuál es el carácter distintivo de la dialéctica? A diferencia de la fórmula “sí es sí y no es no”, la dialéctica se aferra al plano de lo concreto, dando por sentado que no existe una realidad abstracta, sino que la realidad es siempre concreta. Por tanto, “un juicio definido sólo puede emitirse sobre un hecho definido, después de examinar todas las circunstancias de las cuales depende” (Chernichevski). En el caso de la guerra, ¿es nociva o es perjudicial? Desde el punto de vista de la dialéctica, esta pregunta no se puede responder en forma terminante. Es preciso colocar la investigación sobre un terreno concreto, esto es, saber ante todo de qué guerra se está hablando. En síntesis, pues, la verdad siempre es concreta. Jamás de los jamases es abstracta.

El problema de la moral se juzga a menudo desde el punto de vista de la abstracción “o una cosa u otra” (“sí es sí, no es no”), rechazándose el punto de vista dialéctico. No se juzgan todos los problemas morales desde el punto de vista concreto y más bien se olvida frecuentemente que no existe una sola verdad abstracta, sino que la verdad es siempre concreta. A partir de este abstraccionismo huero se constituyen principios inamovibles e inconmovibles de moral, supuestamente autónomos, censurándose reglas en apariencia cínicas como aquella de que “el fin justifica los medios”. En relación con esto último, los filisteos moralizadores se niegan a reconocer que solo determinadas finalidades ya sea personales o sociales pueden justificar los “medios”. Pero entonces habría que buscar criterios morales en otra parte, fuera en realidad de la sociedad. La religión, ejemplo paradigmático, encuentra criterios infalibles de moral en la revelación divina. Y los “padrecitos laicos” también proclaman verdades morales eternas, aunque con la única diferencia de que casi nunca se toman la molestia de indicar su fuente primera de origen: no obstante, si esas verdades son efectivamente perennes y absolutas, ¿de dónde vienen entonces exactamente? Resulta de suyo evidente que la teoría laica de la moral eterna también se remite final y necesariamente a Dios. Cierto. Hasta el sol de hoy “los cielos continúan siendo la única posición fortificada para las operaciones militares contra el materialismo dialéctico”.


Miguel Alejandro Pérez es historiador por la UNAM e investigador del Centro Mexicano de Estudios Económicos y Sociales.