Por Ehécatl Lázaro
Septiembre 2021

El problema entre China y Taiwán se remonta a 1949. Ese año las fuerzas comunistas de Mao derrotaron militarmente al ejército de Shang Kai-shek y el Partido Comunista de China declaró la fundación de la República Popular de China. Después de tomar Beijing, el Ejército Popular de Liberación comenzó una campaña para liberar la parte sur del país y derrotar definitivamente a las fuerzas del Kuomingtang (KMT). Con la capital perdida, la posición de debilidad frente a los comunistas y la falta de apoyo estadounidense, Shang Kai-shek huyó con dos millones de soldados a la isla de Taiwán, donde se apertrechó para resistir el embate comunista.

Una vez recuperada la parte sur de China continental, al Ejército Popular de Liberación solo le faltaba tomar Taiwán para completar su victoria. Los comunistas comenzaron los preparativos, movilizaron más tropas hacia el sur para iniciar el ataque y desarrollaron una estrategia militar que garantizara la captura de la isla. Era cuestión de meses para que Taiwán cayera, pues EEUU le había retirado su apoyo a Shang Kai-shek y las fuerzas comunistas superaban numéricamente a las nacionalistas. Sin embargo, el plan se frustró al iniciar la Guerra de Corea (1950-1953). Con el estallido del conflicto, EEUU movilizó la séptima flota naval al estrecho de Taiwán y declaró que protegería al gobierno del KMT de cualquier ataque comunista. Este cambio en la correlación de fuerzas, y el conflicto militar coreano que se desarrollaba en su frontera noreste, obligó a Beijing a posponer la toma de Taiwán.

El avance de la Guerra Fría y la consolidación del mundo bipolar colocaron a Taiwán bajo la protección militar de Estados Unidos por más de tres décadas. Así, mientras Beijing persistía en sus esfuerzos por liberar a Taiwán y unificar todo el territorio chino, el KMT y Washington mantenían una alianza militar que dificultaba un resultado positivo para la República Popular de China. Por otro lado, en el contexto de la Guerra Fría, el estallido de un conflicto bélico entre China y Estados Unidos podía convertirse en una guerra de escala global que involucrara a la URSS, Japón, Europa, Estados Unidos, etc. Por mucho que Mao y sus sucesores lo deseaban, los riesgos de iniciar una guerra por la toma de Taiwán eran demasiado grandes.

Al terminar el mundo bipolar, y con la apertura de China al mundo, el gigante asiático pudo recuperar dos importantes territorios que le habían sido arrebatados por las potencias europeas durante el siglo XIX: Hong Kong (1997) y Macao (1999); no obstante, Taiwán permaneció independiente. Durante la segunda mitad del siglo XX, Beijing logró que los organismos internacionales (ONU, etc.) dejaran de aceptar a Taiwán como representante del Estado chino, y el gobierno del PCCh desplazó en todos los foros al gobierno del KMT. Todo esto no fue suficiente para que Taiwán se reunificara políticamente con China continental.

Durante décadas, Taiwán fue una sociedad económicamente más desarrollada que China, pero esto comenzó a cambiar con el despegue económico de Beijing en los años 1990 y 2000. La realidad económica no tardó en reflejarse en la presencia diplomática de China: actualmente Beijing cuenta con 173 embajadas, mientras Taipéi solo tiene 15; China es ya el país con más representaciones diplomáticas en el mundo (por encima de Estados Unidos) y las embajadas de Taiwán solo sobreviven en pequeños países de África y Centroamérica.

Si estas tendencias económicas y diplomáticas se mantienen, es posible que en el corto plazo China termine de aislar diplomáticamente a Taiwán, un territorio que no es reconocido oficialmente por la ONU. Por la vía diplomática, Beijing puede presionar a Taiwán para que acepte la reunificación. Por otro lado, la ruptura de 70 años entre China y Taiwán ha permitido el nacimiento de una nueva identidad en la isla: quienes vivieron la separación política en 1949 ya no existen más y las generaciones jóvenes de hoy crecen sin considerar que Taiwán forma parte de China, pues además ya no mantienen relaciones familiares con los habitantes de China continental, algo que sí ocurría en el pasado.

En el centenario de su nacimiento, el Partido Comunista de China ha asumido el problema de Taiwán como una cuestión prioritaria, pues sabe que entre más tiempo pasa, más lejana parece la reunificación de la “provincia rebelde” con el resto del territorio chino. En contraparte, Estados Unidos también conoce este problema y sabe que Taiwán puede ser un aliado militar en la guerra que el gobierno norteamericano ya prepara contra China. Hoy, como en la Guerra Fría, China sigue viendo en Taiwán un problema difícil de resolver.


Ehécatl Lázaro es licenciado en Estudios Latinoamericanos por la UNAM e investigador del Centro Mexicano de Estudios Económicos y Sociales