Por Ehécatl Lázaro
Julio 2021

Las protestas del 11 de julio en Cuba y la respuesta del gobierno reavivaron el debate en torno al sistema económico, político y social que impera en la isla desde 1959. Por un lado, el ala más liberal, defensora del orden burgués imperialista, volvió a la carga contra la “dictadura comunista de los Castro”, ignorando al bloqueo como factor determinante de las condiciones de vida del pueblo cubano y esgrimiendo los manidos argumentos acuñados durante la Guerra Fría. Pero también en el campo socialista surgieron críticas en la coyuntura, fundamentalmente señalando los mecanismos empleados por el gobierno para responder a las protestas: el uso de la fuerza policial, la “orden de combate” emitida por Díaz Canel para frenar a los contrarrevolucionarios, y el discurso oficial que calificó de títeres del imperialismo a quienes se lanzaron a las calles.

Las protestas en Cuba sí fueron generadas por el descontento popular respecto a la condición económica y social del país. El bloqueo impuesto por Estados Unidos desde 1962 y la caída de la Unión Soviética en 1991, que le había permitido a la isla sobrellevar el bloqueo y mantener cierto desarrollo, provocaron problemas económicos y sociales que el gobierno cubano ha sido incapaz de resolver satisfactoriamente, todo lo cual ha impactado en las condiciones de vida del pueblo. También debe considerarse el impacto de la pandemia, que en términos sanitarios no ha tenido fuertes repercusiones en la isla, pero en el terreno de la economía sí significó un importante golpe. El freno internacional del turismo, el confinamiento general, la imposición de 243 sanciones nuevas para reforzar el bloqueo económico en 2019, y la inclusión de Cuba en la lista de países patrocinadores del terrorismo por parte de Donald Trump, ocasionaron que en 2020 el PIB se contrajera 11% (https://bit.ly/3igiRoB), la segunda mayor caída de la economía cubana en los últimos 50 años, solo detrás del -15% registrado en 1993 (https://bit.ly/3xP3L06). Por supuesto que el decrecimiento económico de 2020 redujo los niveles de bienestar del pueblo cubano y generó descontento entre las masas. Esto es un hecho incontestable. Tan es así que el 11 de julio el propio Díaz Canel lo identificó como el principal factor detonante de las protestas (https://bit.ly/3BbwYnW).

La inconformidad se originó, fundamentalmente, por el agravamiento de la situación económica y social, pero en las protestas se expresó bajo la forma de demandas políticas: “abajo la dictadura”, “Cuba libre”, “patria y vida”, “no tenemos miedo”, entre otras, fueron las principales consignas del 11 de julio. No es coincidencia que la última gran protesta que hubo en Cuba se presentara en 1994, en el contexto de la caída de 15% del PIB, y que las frases emblemáticas de aquella movilización fueran llamamientos contra Fidel Castro y contra el gobierno socialista. El patrón es el mismo: empeoramiento de las condiciones de vida, movilización popular y exigencias de cambio en el sistema político. Así, los dos eventos de protesta más importantes que ha habido en Cuba desde el triunfo de la Revolución no parten de la inconformidad con el sistema político, sino de la inconformidad con la situación socioeconómica.

Vemos, pues, que el gran problema de Cuba no es su sistema político, sino su sistema económico. Claro que hay una relación directa entre uno y otro, pues en última instancia el gobierno es el responsable del rumbo que toma el país, pero afirmar que el pueblo cubano protesta fundamentalmente por el fin del gobierno revolucionario y no por el mejoramiento de sus condiciones de vida es incorrecto o sencillamente falso. Partiendo de esta premisa, es necesario revisar hasta dónde alcanza la responsabilidad del gobierno cubano en la situación socioeconómica actual. Pero aquí es donde entra el ignominioso bloqueo impuesto a la isla: exigirle al gobierno cubano que haga crecer la economía a ritmos aceptables y que eleve los niveles de bienestar de toda la población, cuando su margen de acción está seriamente limitado por el bloqueo imperialista, es una exigencia irresponsable o equivocada, pues quien frena el desarrollo del pueblo cubano no es su propio gobierno, sino el gobierno de Estados Unidos. La lucha por el desarrollo de Cuba debe ser en primer lugar la lucha contra el bloqueo.

Sentada la responsabilidad del imperialismo estadounidense, ¿hasta dónde llega la responsabilidad del gobierno de Cuba en la situación actual? En primer lugar, es responsable por su declarado carácter socialista. Fue su socialismo el que motivó la ira del imperialismo norteamericano y la instauración del bloqueo en 1962, y mientras el pueblo cubano no renuncie a esta bandera es altamente probable que el bloqueo continúe. Pero el culpable del bloqueo no es Cuba, que como Estado soberano tiene el derecho de decidir libremente lo que quiere para su pueblo, sino el imperialismo estadounidense y su arrogancia de amo del mundo. No es el socialismo del Estado cubano lo que genera el pobre desempeño económico de Cuba; es el imperialismo estadounidense. De cualquier manera, el hecho objetivo es que, si Cuba sigue resistiendo y no renuncia al espíritu socialista de la revolución, el bloqueo seguirá, y con ello los problemas económicos que ha tenido el país desde que cayó la Unión Soviética en 1991. Entonces, si se asume este hecho, es responsabilidad del gobierno cubano encontrar la solución de esos problemas económicos. El Estado cubano y el Partido Comunista de Cuba (PCC) no lo ignoran y ya desde 2011 comenzaron la “Actualización del Modelo Socialista Cubano”; sin embargo, el proceso de reformas es gradual y lento, pues una aplicación brusca encierra el riesgo de generar desestabilización económica y política. El socialismo cubano tiene el reto de actualizarse exitosamente, y en el corto plazo, para convertirse en un “nuevo modelo de socialismo, próspero y sostenible”, tal como lo señaló el VI Congreso del PCC.

Por parte de algunas voces se ha planteado la necesidad de reformar al sistema político cubano para convertirlo en un régimen más plural, pues señalan que existe un clamor democrático en la isla en contra del régimen de un solo partido instaurado después de la Revolución. Sí al socialismo, dicen, pero no al autoritarismo: socialismo democrático. Pero quienes así piensan consideran, sin explicitarlo, a la democracia liberal como la única forma de democracia. Olvidan que ese tipo de democracia es un sistema político propio de las relaciones económicas capitalistas y por lo tanto incompatible con las relaciones económicas del socialismo. El Estado de las sociedades capitalistas, aunque puede tener distintas formas de gobierno, tiene siempre un carácter de clase: es una dictadura de la burguesía para garantizar el correcto funcionamiento del sistema capitalista. Pedir que el Estado socialista cubano adopte los ropajes democráticos del Estado capitalista es pedir el retorno de la dictadura del capital. Al socialismo cubano le toca inventar su propia democracia, pero no esperen que sea una copia fiel de la democracia liberal, pues un sistema así es indeseable e incompatible con el socialismo. Por otro lado, es falso que el sistema político cubano esté en crisis, sea insostenible o ya no cuente con legitimidad popular. Un sistema político que ha logrado resistir un acoso permanente durante 60 años, en medio de las carencias impuestas por el imperialismo norteamericano, no puede estar deslegitimado. No es un sistema falto de fallas, errores e imperfecciones, es verdad, pero fundamentalmente es el sistema que el pueblo cubano ha elegido construir para sí mismo.

Existe también la posibilidad de que el pueblo cubano abandone la construcción del socialismo y prefiera retornar a su condición de país colonizado, dependiente y subdesarrollado que le corresponde en el orden internacional capitalista. Ningún socialista del mundo ni de Cuba puede querer algo así, pero sigue siendo posible y en última instancia es derecho y responsabilidad del pueblo cubano decidir la forma en la que quiere vivir. ¿Fueron las protestas del 11 de julio un alzamiento contra el gobierno socialista? Algunos lo han visto así y aseguran que las nuevas generaciones están cansadas del socialismo y no les interesa mantener vivo el espíritu de la revolución, menos todavía les interesa resolver los retos del socialismo cubano. En el referendo para aprobar la Constitución cubana de 2019, cuyo artículo 4 subraya el “carácter irrevocable del sistema socialista”, participaron 7,848,343 cubanos, de ellos, el 86.85% votó a favor de la nueva constitución y el 9.0% votó en contra (https://bit.ly/3rcvvcs). Así pues, el pueblo cubano sigue siendo, en su gran mayoría, socialista. Esto puede cambiar en algunos años, pero ahora no es así. Ahora, el pueblo cubano está dispuesto a resistir y seguir construyendo el socialismo. Si los socialistas de otros países que le recriminan al gobierno cubano su respuesta a los acontecimientos del 11 de julio están esperando un gobierno socialista intachable, una sociedad sin problemas y un Estado socialista que no se comporte como Estado, para manifestar su apoyo al socialismo realmente existente, ya pueden esperar toda la eternidad, pues ese gobierno, sociedad y Estados socialistas idealizados no pueden existir en una realidad contradictoria por naturaleza. ¡Solidaridad, respeto y apoyo al heroico pueblo cubano en su decisión de construir el socialismo!


Ehécatl Lázaro es licenciado en Estudios Latinoamericanos por la UNAM e investigador del Centro Mexicano de Estudios Económicos y Sociales.

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