Por Alan Luna
Mayo 2021

La postura de Sócrates sobre la escritura como medio para transmitir las ideas es interesante. Sócrates opinaba, grosso modo, que la transmisión escrita no era la más adecuada para el cultivo y desarrollo del pensamiento. El argumento que lo hace pensar así es mas o menos el siguiente: la escritura no ayuda a desarrollar la memoria. Hasta ese momento, gran parte de los poemas que se conocía se recitaban de memoria y se obligaba a quienes recibían la educación correspondiente a memorizar a su vez si querían conservar la sabiduría de la comunidad. Desde antes de Sócrates, la enseñanza se había transmitido oralmente y esto, según el pensador ateniense, sumaba al ejercicio mental que hacía fuerte las capacidades de pensamiento y argumentación. Además, al tener la referencia escrita, ya no necesitamos convencer y educar a nadie de acuerdo con nuestras propias capacidades, basta con ir a los textos y recitar lo que ahí se dice y hacerlo pasar como verdadero. Este es el motivo, según se piensa, de que todo el pensamiento de Sócrates se conozca por medio de su alumno Platón.

El argumento de Sócrates es sesgado, pues la memorización de las enseñanzas no es la única forma de ejercitar y desarrollar la capacidad del pensamiento abstracto; ni la aparición de la escritura imposibilita el ejercicio de análisis de la sociedad concreta. Incluso, gran parte de ese pensamiento se habría perdido a no ser por la conservación escrita que hicieron sus alumnos.

Esto último seguramente no le preocupaba a Sócrates, pues el pensamiento no debe ser letra muerta (aquí en un sentido muy plástico), sino que debe estar siempre vivo y ocupándose de los problemas de la actualidad y de los pueblos en particular; además, la mera actividad general del pensamiento lograría cuestionar las bases de cada sociedad y aportar, por lo tanto, la crítica necesaria para mejorar el espacio que cada uno habita. El pensamiento debe ponerse pues, al servicio de la comunidad y sus problemas y no encerrado en las bibliotecas. Esta parte del pensamiento de uno de los grandes filósofos de la antigua Grecia demuestra el carácter subversivo de la filosofía, de cuestionar de manera crítica incluso ahí donde pareciera que la verdad ya está descubierta. Pero nos muestra también que las cosas, los fenómenos, no son tan fáciles de estudiar y que tampoco es fácil posicionarse correctamente respecto a estos.

En lo general, a Sócrates le preocupaban las condiciones para la enseñanza y ejercicio de la mente de los habitantes de la polis, aquellos que tenían en sus manos el rumbo de la sociedad ateniense. Esto lo lleva a problematizar las condiciones que, según el, no permitían el desarrollo del pensamiento. La sociedad necesita hombres y mujeres pensantes, que sepan analizar los problemas a los que se enfrentan cotidianamente, solo así se logra una manera efectiva de transformación de la realidad.

En la actualidad no solamente no nos cuestionamos lo más elemental, no vemos si las verdades que aceptamos como tales son efectivamente tan intocables como las pensamos, sino que incluso las mentiras flagrantes que escuchamos todos los días pareciera que tienen sustento, o se intenta dárselo, solamente porque vienen de personajes que se venden como lo que no son: amigos del pueblo y luchadores sociales.

Aquí radica la importancia de la educación del pueblo y de los hijos de éste. Siempre, en la medida en que no nos preocupemos por elevar el nivel y la capacidad de pensar cosas cada vez más complejas, es un retroceso en la batalla contra los que quieren que las cosas permanezcan como están. Aunque encontremos errores concretos en la postura socrática demostrados por la historia o que se oponen a las posturas personales, el llamamiento general sigue siendo útil y digno de reflexión.


Alan Luna es filósofo por la UNAM e investigador del Centro Mexicano de Estudios Económicos y Sociales.

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