Por Ollin Vázquez
Mayo 2021

En marzo del año en curso, algunas facultades y escuelas pertenecientes a la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) suspendieron las actividades académicas. El motivo del paro fue el retraso en los pagos a una parte del profesorado y sus ayudantes, quienes laboraron sin sueldo durante casi un año. En algunos casos, las cantidades recibidas por los profesores fueron inferiores a las estipuladas en las nóminas. A esta protesta de profesores y adjuntos se le sumó un buen número de estudiantes, que hicieron resonar su inconformidad en las redes sociales con el hashtag #UnamNoPaga.

Los profesores y adjuntos se reunieron virtualmente para hacer un pliego petitorio donde, además de la liquidación del pago de la totalidad de sus salarios, plantearon otras reivindicaciones laborales como la creación de un programa de contratación de base para profesores y ayudantes de asignatura, y aumentos en el salario acordes con la inflación y antigüedad. También solicitaron que se tomaran medidas temporales de apoyo económico a los profesores en lo que resta de la pandemia.

Estas protestas sacaron a la luz dos problemas de vital importancia. El primero, y que puso a la vista esta coyuntura, es la precarización laboral de los profesores de la UNAM. De acuerdo con un reporte de investigación publicado por el Centro de Análisis Multidisciplinario (CAM), que lleva por título “El poder adquisitivo del salario de las profesoras y los profesores de la UNAM 2001-2021”, el 74% de los docentes de la UNAM tienen un salario por debajo de la canasta alimentaria recomendable (CAR), es decir, están en pobreza extrema. El salario de un profesor ordinario de asignatura ha tenido una pérdida acumulada del poder adquisitivo de 47.27%, y en el caso de un ayudante de profesor, la pérdida ha sido de 46.94%. Esta investigación también arrojó que para que un profesor de la UNAM hubiera podido adquirir la Canasta Alimentaria Recomendable debió  haber trabajado, entre horas frente al grupo y horas efectivas, alrededor de 79 horas totales a la semana, es decir, algo prácticamente imposible para un ser humano; para los ayudantes de profesor sería una carga todavía mayor.

Pero ¿cuál es la causa de esta precarización laboral entre los profesores de la UNAM? Aquí es necesario destacar un segundo problema. Si bien hay quienes atribuyen la precarización laboral de los profesores de la UNAM a la mala distribución de los recursos al interior de la universidad, otra explicación que no debemos descartar porque es innegable, es la falta de recursos destinados a la educación de nivel superior en todo el país.

De acuerdo con la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior (ANUIES) el financiamiento destinado a la educación superior se ha ido deteriorando, en términos reales, a lo largo del tiempo; incluso en momentos de crecimiento del gasto público. Este deterioro en el presupuesto ordinario se debe, principalmente, a tres factores. El primero es que los recursos destinados en el Presupuesto de Egresos de la Federación no han crecido en términos reales desde 2016. El segundo factor es que el presupuesto aprobado no ha crecido en proporción al crecimiento de la matrícula de estudiantes, tampoco ha contemplado la expansión de los servicios educativos en otras sedes, ni el crecimiento de la plantilla académica y administrativa. Es por esto que el presupuesto por alumno ha venido a menos. Y el tercero es que el Presupuesto de Egresos de la Federación no incluye los recursos para cubrir los aumentos salariales de los trabajadores de las universidades negociados por los sindicatos; sino que éstos tienen que gestionarse posteriormente ante la Secretaría de Hacienda y Crédito Público.

El presupuesto ordinario podría ser resarcido, hasta cierto punto, por los fondos extraordinarios, que permiten realizar proyectos de innovación académica, formación del personal docente, ampliación y diversificación de la  oferta educativa, entre otras cosas. Sin embargo estos también han sufrido reducciones importantes, hasta el grado de casi desaparecer. De no haber protestado ANUIES y la UNAM en varias ocasiones, los recortes en el presupuesto de 2019, 2020 y 2021 habrían sido fatales.

La falta de recursos se ha visto reflejada en problemas financieros graves, al grado de que al menos 10 universidades no están en condiciones de hacer frente a sus deudas e incluso han tenido dificultades para cubrir su nómina y garantizar el aguinaldo de los profesores.

Es decir, si bien en esta coyuntura salió a relucir la precariedad laboral de los profesores de la UNAM, es evidente que no es el único caso, puesto que la falta de recursos entre las escuelas de nivel superior es generalizada. Es deber del gobierno federal incluir este problema en su agenda y resolverlo con urgencia, pues la fuga de cerebros y demás problemas que ocasiona el descuido de la educación a nivel superior es un hecho.


Ollin Vázquez es economista por la UNAM e investigadora del Centro Mexicano de Estudios Económicos y Sociales.