Por Ehécatl Lázaro
Marzo 2021

Los conceptos de régimen de acumulación y régimen de bienestar guardan semejanza con la metáfora de estructura y superestructura expresada por Marx en su Contribución a la crítica de la economía política. Sin embargo, el concepto de régimen de acumulación es más concreto que aquello que la metáfora marxiana denomina estructura. El régimen de acumulación es el arreglo particular en el que existe determinado modo de producción. Así, en el modo de producción capitalista podemos identificar tres regímenes de acumulación: liberal (siglo XIX-1929), fordista-keynesiano (1929-1970s) y neoliberal (1970s-). Cada régimen de acumulación demanda un régimen de bienestar específico, entendiendo por este la forma en la que se define y se atiende la cuestión social.

Tipos de regímenes de bienestar

En su trabajo seminal Los tres mundos del Estado de Bienestar, Esping-Andersen plantea una tipología sobre los tipos de régimen de bienestar que existen en los países capitalistas desarrollados. El sociólogo sueco identifica tres actores principales en la provisión de bienestar (mercado, Estado y familia) y plantea tres tipos de regímenes a partir del actor predominante en cada caso. En el régimen residual-liberal (Estados Unidos, Gran Bretaña) el mercado es el actor preponderante, en el conservador-corporativo (Alemania) es la familia, y en el socialdemócrata (Suecia) es el Estado. Cada tipo de régimen se caracteriza, además, por el grado de desmercantilización de los bienes y servicios asociados al bienestar, y por el grado de estratificación social. El grado de desmercantilización es bajo en el régimen residual-liberal, medio en el conservador-corporativo y alto en el socialdemócrata. La estratificación es alta en el régimen residual-liberal, media en el conservador-corporativo y baja en el socialdemócrata.

Régimen de bienestar en México

El régimen de bienestar que existe actualmente en México se configuró fundamentalmente en la década de 1990, cuando el régimen de acumulación neoliberal terminó de sustituir al régimen fordista-keynesiano. Si bien el cambio de régimen de acumulación comenzó bajo el gobierno de Miguel de la Madrid, fue con Salinas de Gortari cuando se aceleró la transición y con Ernesto Zedillo se terminó de instalar, al tiempo que se inauguró el nuevo régimen de bienestar propio de este periodo.

Durante la transición de regímenes el Estado mexicano aplicó una política social que “ayudara” a los afectados por la política económica. Es decir, antes de la aplicación del régimen de acumulación neoliberal ya se sabía que la transición afectaría al grueso de las clases trabajadoras, por lo que era necesario instrumentar una política social que “socorriera” a los afectados y les permitiera resistir mientras la transición terminaba de efectuarse. Según la tesis neoliberal, las reformas orientadas a incrementar el crecimiento económico exigían ampliar las brechas de desigualdad únicamente como fenómeno momentáneo, pues una vez que se hubieran terminado de aplicar las reformas y la economía comenzara a crecer sostenidamente las brechas de desigualdad comenzarían a reducirse.

Sin embargo, la política social diseñada puntualmente para mitigar los impactos sociales de esa transición se convirtió en una política permanente y dio lugar al nuevo régimen de bienestar. Si en el régimen de bienestar anterior, correspondiente al régimen de acumulación fordista-keynesiano, el principal actor generador de bienestar era el Estado, en el nuevo régimen de acumulación este lugar lo ocupó el mercado; asimismo, las tendencias a desmercantilizar los bienes y servicios asociados al bienestar se trocaron en su contrario, y la estratificación que ya existía en el régimen anterior se incrementó todavía más. De acuerdo con la tipología de Esping Anderson, el nuevo régimen de bienestar se alejó del régimen socialdemócrata y del conservador-corporativista para acercarse más al residual-liberal.

Quizá el mejor ejemplo del nuevo régimen de bienestar sean los programas de transferencias monetarias condicionadas. El primer programa de este tipo se implementó con la presidencia de Ernesto Zedillo bajo el nombre de Progresa, se mantuvo con Vicente Fox, Felipe Calderón cambió su nombre a Oportunidades y Peña Nieto lo convirtió en Prospera. Con diferentes nombres, el programa duró veinte años (1997-2018) y fue desmantelado por el gobierno de López Obrador para sustituirlo por programas de transferencias monetarias no condicionadas, sin embargo, los montos pecuniarios distribuidos con los nuevos programas no varían notoriamente respecto a los programas del sexenio anterior[1].

A pesar del discurso oficial, el régimen de bienestar actualmente existente representa la continuación del que inauguró Ernesto Zedillo y no una ruptura o transformación. El actor predominante en la generación de bienestar sigue siendo el mercado, no han cambiado las tendencias sobre la desmercantilización de los bienes y servicios asociados al bienestar, y la estratificación social sigue acentuándose. Un elemento que destaca en el régimen de bienestar aplicado por López Obrador es la consigna de austeridad, una bandera impulsada por la agenda neoliberal para achicar el Estado y que atraviesa transversalmente toda la política del gobierno actual.

¿Hacia dónde va el régimen de bienestar?

El agotamiento del régimen de acumulación neoliberal es un fenómeno global que se expresó claramente en México con la elección de López Obrador en 2018; sin embargo, todavía no se han delineado nítidamente los márgenes de un régimen de acumulación que sustituya al actual. En términos del régimen de bienestar, la pandemia ha hecho todavía más evidente la necesidad de transitar hacia un régimen que se desvincule del empleo y se articule en torno al concepto de ciudadanía social.

En Estados Unidos el gobierno de Joe Biden está implementando un Plan de Rescate de 1.9 billones de dólares que busca superar los estragos económicos y sociales potenciados por la pandemia; parece que la crisis está llevando al gobierno estadounidense a abandonar el régimen de bienestar residual-liberal para iniciar la transición hacia algo diferente[2]. En contraste, y a pesar de que el clima post-pandémico mundial facilita ahora la transición hacia un nuevo arreglo social, en México hay pocos esfuerzos por abandonar el régimen de bienestar actual. Parece que hoy, tal como en su tiempo ocurriera con el movimiento obrero, los avances que puedan darse dependen de la exigencia de los movimientos sociales para hacer efectiva la dignidad de la vida humana.


Ehécatl Lázaro es licenciado en Estudios Latinoamericanos por la UNAM e investigador del Centro Mexicano de Estudios Económicos y Sociales.

[1] Cfr. https://twitter.com/Viri_Rios/status/1368360703741071372

[2] Cfr. https://www.jornada.com.mx/2021/03/21/edito