Por Luis Antonio Rodríguez
Febrero 2021

Atilio Borón es uno de los más importantes sociólogos y politólogos marxistas del continente americano. Este argentino, cuyas obras se discuten ampliamente en los círculos de izquierda, ha estado muy cerca de hombres como Fidel Castro y Hugo Chávez. Sin lugar a dudas, su obra es importante porque estudia algunos de los problemas esenciales del mundo contemporáneo desde la óptica marxista; cuestiones como el grave deterioro ecológico, las consecuencias de la crisis financiera de 2008, el desarrollo del mundo multipolar, son analizados por Borón con la caja de herramientas del marxismo y del leninismo, como él mismo reconoce. Entre sus obras más importantes podemos encontrar: Tras el búho de Minerva. Mercado contra democracia en el capitalismo de fin de siglo (2000), así como Estado, capitalismo y democracia en América Latina (1991) y El hechicero de la Tribu. Mario Vargas Llosa y el liberalismo en América Latina (2019).

Uno de los temas más ampliamente discutidos por el marxista argentino es el llamado socialismo del siglo XXI, el cual aborda en Socialismo siglo XXI. ¿Hay vida después del neoliberalismo? En la primera parte de este libro, su autor analiza las razones por las cuales la vía convencional al desarrollo, impulsada por los organismos internacionales (Banco Mundial y Fondo Monetario Internacional) afines a Estados Unidos y sus aliados, está cancelada para los países subdesarrollados. Resalta que ninguno de los países que aplicaron las medidas del llamado Consenso de Washington, es decir, el neoliberalismo que proclamó la nula intervención estatal en el mercado, lograron saltar la barrera del subdesarrollo.

A decir de Atilio Borón, ante esta realidad histórica, que quiebra el paradigma del modelo de desarrollo defendida por el bloque occidental, los pueblos subdesarrollados de América Latina y del mundo no tienen otra opción que encaminarse por una vía diferente que trascienda el capitalismo. Esta alternativa no es otra que el socialismo del siglo XXI, el cual debe ser un modelo económico-político que busque retomar lo perdurable del llamado socialismo realmente existente y superar aquellos aspectos donde los experimentos socialistas del pasado no tuvieron éxito. En esta construcción no sólo es importante la experiencia práctica sino también el trabajo teórico que le dé consistencia a dicho proyecto social. En suma, se trata de crear una nueva ruta para que los pueblos superen el capitalismo, siempre tomando en cuenta que las leyes que rigen el desarrollo histórico son objetivas.

Siguiendo la óptica marxista de Borón, el socialismo del siglo XXI debe trazar un nuevo diseño económico, donde la propiedad estatal (como una de las formas de la propiedad social) tenga el papel fundamental y no renuncie a ser la guía esencial de la economía, pero también debe haber presencia de otras formas de propiedad (mixta, cooperativa e incluso la propiedad privada en algunos casos), aunque éstas deben estar supeditadas a la capitanía de la propiedad social. Otro elemento importante, que debe distinguir al nuevo socialismo, debe ser el protagonismo del sujeto popular, es decir, del pueblo; no se puede crear una nueva vía socialista si no se garantiza el protagonismo del pueblo. Vale la pena señalar que a diferencia de algunos teóricos de la misma izquierda que han sepultado bajo “argumentos teóricos” el papel del proletariado industrial, el argentino señala que la importancia de la clase obrera no tiene que ver con su número, “su centralidad tiene que ver con su singular inserción en el proceso productivo y su irremplazable papel en la valorización del capital, lo cual hace que sólo esa clase pueda eventualmente reunir las condiciones necesarias para subvertir el orden burgués”. Insiste que Marx señalaba que para cumplir su misión, la clase obrera necesita de otras clases y grupos sociales. Ese pueblo, comandado en buena medida por la clase obrera, debe estar firmemente organizado y debe contar indudablemente con una liderazgo sólido que lo guíe por los senderos de la revolución. Una cuestión infaltable en este proyecto social es el respeto hacia el equilibrio ecológico, ya que hemos llegado a un punto donde este asunto se vuelve vital no sólo para garantizar el avance social sino para la sobrevivencia de nuestra especie. La disyuntiva se plantea entre el socialismo y sobrevivencia. El capitalismo nos ha llevado al filo del abismo.

Al final del libro, su autor afirma que el socialismo es una concepción superior de la vida. No debemos olvidar, dice Atilio, “la preeminencia axiológica del socialismo como forma superior de civilización fundada en el predominio de valores altruistas, solidarios, radicalmente democráticos, y en el respeto a la naturaleza y la sociodiversidad”; a pesar de ello, no basta que las condiciones estén maduras para el cambio, porque la involución social también es una posibilidad que ha demostrado la historia humana. Para lograr la victoria histórica de esta forma superior de organización social se necesita de la lucha del sujeto popular. La lucha política, económica y cultural es más necesaria que nunca. Una conclusión nada nueva si se quiere, pero resultado de una profunda reflexión marxista que toma en cuenta el complejo panorama mundial y que viene a abonar en favor de la voluntad de todos los que dedican su energía a la construcción de una sociedad mejor. La mejor lectura de Socialismo siglo XXI. ¿Hay vida después del neoliberalismo? la tendrán los lectores, quienes pueden consultar esta obra de manera gratuita en la red.


Luis Antonio Rodríguez es economista por la UNAM e historiador por la Universidad Autónoma de Tlaxcala. Opinión invitada.