Por Luis Antonio Rodríguez
Noviembre 2020

El pasado 8 de noviembre tomó protesta como nuevo presidente del Estado Plurinacional de Bolivia el economista Luis “Lucho” Arce, abanderado del Movimiento Al Socialismo (MAS), partido de Evo Morales. Lo hizo después de haber arrasado en las elecciones de octubre, cuando superó ampliamente a Carlos Mesa, candidato de Comunidad Ciudadana y a Luis Fernando Camacho, líder de la ultraderecha. Aunque todas las encuestas marcaban como favorito a Luis Arce, nadie esperaba una victoria tan contundente, ni siquiera Evo Morales, quien ha señalado que estaba seguro de que iban a volver, pero no tan rápido.

A mi modo de ver las cosas, varios aspectos explican este fenómeno. En primer lugar, la feroz represión del gobierno de facto impuesto por el golpe de Estado, que se demuestra en masacres como la de Sacaba y Senkata; no hubo tregua ni piedad para quienes protestaron por el rompimiento del hilo constitucional. El otro factor fundamental fue el mal manejo de la pandemia por parte de la administración de Jeanine Añez, donde se vio la falta de capacidad para manejar la crisis sanitaria, lo que contrastó con otros países de la región, como Venezuela. Asimismo, influyó de manera determinante el pésimo manejo de la economía durante el tiempo que duró el régimen golpista, a diferencia de la gestión del MAS. De acuerdo con datos del Banco Mundial, el PIB de Bolivia se triplicó durante el mandato de Morales y la pobreza disminuyó drásticamente.

La tarea del nuevo gobierno no es nada fácil. La situación económica de Bolivia se ve complicada, por lo que el presidente Arce se comprometió a trabajar duro para que su país supere ese escenario complejo producto de la pandemia, pero, sobre todo, de la gestión de Jeanine Añez. Para alcanzar esa meta es necesaria la unidad política al interior del MAS y de las organizaciones que respaldan la gestión del nuevo presidente, pues la experiencia del año pasado debe estar bien presente en el pueblo y sus dirigentes.

En ese sentido, el papel de Evo Morales será fundamental, ya que, como señaló el ex vicepresidente Álvaro García Linera, el líder aymara es factor de unidad y es el dirigente moral y político del proceso de cambio. Esto quedó en evidencia en días pasados, cuando Morales Ayma llegó a su país e inmediatamente empezó la movilización popular para recibirlo y, posteriormente, nombrarlo líder del MAS, donde se ha mostrado activo, reuniéndose con las diversas organizaciones y escuchando a las bases. Es buen síntoma que, el pasado 22 de noviembre, en el Ampliado Nacional del MAS, donde se convocó a todas las organizaciones que simpatizan con este proyecto político, aparecieran juntos Evo Morales, el presidente Luis Arce y el vicepresidente David Choquehuanca, y que el ex presidente llamara a defender al nuevo gobierno, para lo cual, dijo a la militancia, es necesario ganar las próximas elecciones regionales.

El proceso boliviano demostró resistencia ante las agresiones internas de la derecha boliviana y sus padrinos internacionales, pero no hay nada definitivo todavía. Ahora es cuando más unidad organizativa y lucha ideológica se necesita. No obstante, es un buen inicio comparado con algunas historias de traiciones, como la de Lenin Moreno en Ecuador. El pueblo boliviano y sus dirigentes tienen la última palabra.


Luis Antonio Rodríguez es economista por la UNAM e historiador por la Universidad Autónoma de Tlaxcala