Por Tania Rojas
Noviembre 2020

En abril el Banco Mundial advirtió que el mundo enfrentaría una caída en las remesas de cerca del 20% a consecuencia de la crisis económica provocada por la pandemia. La caída prevista para América Latina era de 19.4%. En México la tendencia ha sido contraria, en lugar de caídas históricas lo que hemos observado son aumentos sin precedentes. En marzo las remesas aumentaron en 35.1% respecto al mismo mes de 2019. Después de abril, se han acumulado cinco meses consecutivos de incrementos en los envíos de dinero a México: mayo (3.9%), junio (9.9%), julio (7.2%), agosto (5.3%), septiembre (15.1%). En total, de enero a septiembre de este año, el monto de remesas asciende a 29,964 millones de dólares (mdd), cifra superior en 10% al mismo periodo de 2019; se espera que al final del año alcancen los 39,500 mdd.

El presidente Andrés Manuel López Obrador presume con mucho orgullo cada nuevo repunte de las remesas. Acostumbrado a valorar los fenómenos por su potencial moralizante, el presidente celebra este hecho romantizando el sacrificio y solidaridad de los trabajadores mexicanos en suelo americano. Sin ningún tipo de reserva admite que el dinero enviado sobrepasa los recursos federales que su propio gobierno destina en apoyo a los pobres, y que han sido la salvación de México ante la crisis, una verdadera bendición. Sin embargo, la realidad detrás de estos hechos no es ni mínimamente gloriosa. Las palabras de gratitud no bastan para borrar la difícil situación que el pueblo mexicano, aquí y en suelo extranjero, tiene que afrontar para hacerse de lo indispensable.

Infografías

Información detallada sobre problemas de la situación social y económica del país en un formato claro y de fácil consulta

De acuerdo con el Anuario de Migración y Remesas México 2020, nuestro país es el segundo con más migrantes en el mundo y el tercero en la recepción de remesas. El grueso de la población mexicana migrante tiene como destino los Estados Unidos (98%). Este es un flujo predominantemente laboral, van en búsqueda de mejores oportunidades de trabajo. Se ocupan principalmente en los sectores de la construcción (19.8%), hostelería y esparcimiento (14.7%) y manufacturas (12.7%).  El 35.8% tiene una edad entre 18 y 39 años, y el 43.7% entre 40 y 59. Ocho de cada diez tiene estudios de preparatoria o inferior. En suma, mexicanos en la etapa más productiva de su vida truncan sus estudios para encontrar mejor suerte en una patria ajena. Es la nación norteamericana quien saca provecho de una fuerza de trabajo vigorosa y barata a la que su país le niega una mejor educación, empleo, salarios remuneradores y seguridad social.

Pero lo más sorprendente es la desfachatez con la que el presidente delega la tarea de superar los efectos de la crisis actual a las remesas. Una de las explicaciones al incremento de éstas es el multimillonario plan de rescate llevado a cabo por el gobierno de EE. UU.; estos recursos elevaron incluso el ingreso promedio mensual de las familias estadounidenses. Mientras tanto, nuestro gobierno se niega a priorizar la necesidad de asegurar un ingreso que permita a las familias afectadas cubrir los gastos básicos como la alimentación, salud y servicios. Tampoco hace esfuerzos para invertir en la recuperación y creación de empleos y se opone a suministrar en suficiencia los hospitales. Se necesitan hechos y no tributos para dignificar la vida de las clases trabajadoras.

Sin dejar de reconocer el trabajo arduo de nuestros connacionales en el extranjero, el dinero que con mucho esfuerzo y preocupación nos envían ni son la salvación del país, con crisis o sin ella, ni tienen la capacidad de impulsar el desarrollo y crecimiento económicos. Vanagloriarse de los montos exorbitantes que han alcanzado, es exaltar un modelo económico que entrega en bandeja de plata el recurso más valioso del país: la fuerza de trabajo. Es una manera, quizá inconsciente, de conformarse con la prosperidad pasajera, limitada y volátil que pueda suministrar la potencia americana. Con ello se ignoran los problemas del subdesarrollo y la dependencia económica y se pospone la construcción de una nación próspera y con un reparto justo de su riqueza.


Tania Rojas es maestra en Economía por El Colegio de México e investigadora del Centro Mexicano de Estudios Económicos y Sociales.

A %d blogueros les gusta esto: