| Por Pablo Hernández Jaime

La educación representa aún la esperanza de muchas familias para que sus hijos “salgan adelante”, esto es, para que la inserción de sus hijos en el mercado de trabajo ocurra bajo mejores condiciones: mayor ingreso, mejores prestaciones y seguridad, así como la posibilidad de una jubilación, etcétera.

La educación es vista por muchos como el camino hacia la movilidad social. Pero en un contexto social de grandes desigualdades, éstas tienden a convertirse en desigualdades educativas.

El combate a estas desigualdades supone que los sistemas educativos se encuentren en condiciones para compensar las desventajas socioeconómicas y culturales que presentan muchos estudiantes e incluso algunos profesores. El apoyo institucional es crucial para enfrentar y contener la desigualdad educativa. Sin estas condiciones, tanto estudiantes como docentes se encontrarán a merced de la adversidad.

Para cumplir a cabalidad con el derecho a la educación, esto es, considerando los problemas de equidad e inclusión como aspectos centrales e indisociables del proceso educativo que requieren ser atendidos, se ha planteado que los sistemas educativos deben cumplir con cuatro tipos de criterios, estos son criterios de 1) asequibilidad, 2) accesibilidad, 3) aceptabilidad y 4) adaptabilidad  (https://www.redalyc.org/pdf/4677/467746763003.pdf).

En otras palabras, es necesario que existan escuelas, que los estudiantes estén en condiciones de asistir a ellas y las escuelas en condiciones de recibirlos, que el equipamiento de infraestructura, mobiliario y personal estén en condiciones óptimas para trabajar y, finalmente, que la escuela logre adaptarse a las circunstancias y necesidades particulares de la comunidad o localidad en que se encuentre.

Ahora bien, en México, los indicadores oficiales sobre educación presentan un panorama relativamente halagüeño con respecto a la educación básica, pues la cobertura, las tasas de terminación y la absorción entre los niveles de primaria y secundaria presentan valores altos. Considérese, por ejemplo, que la tasa bruta de cobertura, es decir, el porcentaje de estudiantes inscritos en cada nivel escolar con respecto al total de personas en edad normativa para cursar dicho nivel es del 100% en primaria y del 99% en secundaria. Asimismo, la eficiencia terminal es de 98.7% y 87.8%, respectivamente (http://www.snie.sep.gob.mx/x_entidad_federativa.html) (todos los datos de la SEP son para el ciclo escolar 2016-17). Claro está que estos indicadores, que se restringen al ámbito de la asequibilidad y accesibilidad, no dan cuenta de los demás aspectos educativos del nivel básico, ante lo cual tendríamos que considerar la imposibilidad administrativa de reprobar estudiantes en estos niveles, aunque sin una estrategia sistemática para corregir los rezagos en aprovechamiento. En este sentido son elocuentes los datos de PISA, donde “solo el 1% de los estudiantes obtuvo un desempeño en los niveles de competencia más altos (nivel 5 o 6) en al menos un área (promedio OCDE: 16%), y el 35% de los estudiantes no obtuvo un nivel mínimo de competencia (Nivel 2) en las 3 áreas (promedio OCDE: 13%)” (http://www.oecd.org/pisa/publications/PISA2018_CN_MEX_Spanish.pdf). Con estos resultados en materia de aprovechamiento escolar, es claro que la educación básica en México presenta problemas de rezago que la expansión de la educación no ha atendido.

En el nivel medio superior, sin embargo, los problemas educativos se agudizan. Aquí, aunque la tasa de absorción reportada es de 99%, es decir, que, del total de egresados de la secundaria, el 99% logra ingresar al nivel medio superior, solo el 66.6% de estos logra terminar en el tiempo reglamentario, al tiempo que 12.8% de los estudiantes que logra ingresar abandona sus estudios. Si consideramos que en el nivel medio superior están inscritos cuando menos 5 millones 128 mil 518 estudiantes, de todas las modalidades, esto quiere decir que cada año cerca de 656 mil 450 estudiantes abandonan la preparatoria (http://www.snie.sep.gob.mx/Estadistica.html).

El nivel medio superior es donde detonan muchas de las inequidades que el sistema educativo arrastra y que no ha logrado atender.

Ahora bien, lo anterior nos plantea la siguiente pregunta, ¿en qué condiciones se encuentran las escuelas de educación media superior en México? Los datos los aporta la Evaluación de Condiciones Básicas de Enseñanza y Aprendizaje (ECEA) del INEE (https://www.inee.edu.mx/wp-content/uploads/2018/12/P1D247.pdf). Sobre el suministro de agua a las escuelas, condición esencial para su mínimo y decoroso funcionamiento, el 28% de ellas tiene agua solo cuatro o menos días a la semana. Para hacernos una idea de qué significa este porcentaje, consideremos que en México hay más de 20 mil 718 planteles de nivel medio superior. Esto quiere decir que al menos 5,801 planteles carecen de agua.

28% de las escuelas de media superior no cuentan con aulas suficientes para tomar clases y 2% ni siquiera tiene aulas. Este 2%, sin embargo, representa al menos a 414 escuelas, por lo que el problema no es menor. Asimismo, una de cada tres escuelas no cuenta con salones de suficiente tamaño. Visto en conjunto, solo 56% de las escuelas cuenta con aulas suficientes y del tamaño adecuado para atender a sus estudiantes; esto quiere decir que, por el contrario, 9 mil 115 escuelas carecen de aulas en alguno de estos dos sentidos.

Con respecto a las condiciones físicas de las aulas, el 32% presenta problemas de ventilación en la mitad de las aulas o más. El 13% presenta problemas de iluminación, también en al menos la mitad de los salones. Con respecto al cuidado de la temperatura, el 69% tiene algún problema para mantener una temperatura adecuada en al menos la mitad de sus espacios de clase. Sobre la exposición a ruidos excesivos, el problema lo presentan 79% de las escuelas, en las mismas proporciones antes señaladas. Visto en su conjunto el problema de malas condiciones físicas en las aulas asciende dramáticamente, de manera que el 96% de las preparatorias presentan algún problema al menos en la mitad de sus espacios educativos.

En este mismo sentido, el 69% de las preparatorias tienen al menos un salón donde les faltan bancas. Asimismo, el 39% de escuelas tiene al menos un aula con bancas en mal estado. Siguiendo estas mismas proporciones, el 40% de las preparatorias no cuenta con pizarrones suficientes. En la mitad de las escuelas no existe laboratorio para ciencias experimentales, y de las escuelas con laboratorio, solo dos de cada cinco cuentan con equipo básico suficiente y solo una de cada 100 tiene materiales instrumentales suficientes. 29% de las preparatorias no tiene aula de cómputo y 67% no cuenta con equipo de cómputo suficiente y 15% no cuenta con ningún equipo de cómputo; y si hablamos del acceso a internet 68% de las escuelas tiene acceso insuficiente. Y los problemas no terminan. 40% de las escuelas no tiene material de biblioteca. Es decir, al menos 8 mil 287 escuelas no tienen libros o material hemerográfico.

Estos son solo algunos de los datos sobre las condiciones más básicas en que se encuentra la educación media superior en México. Ante estas carencias, no sorprenden los problemas de eficiencia terminal o de abandono; y es que, cuando las instituciones educativas carecen de todo, hasta de lo más básico, ¿con qué herramientas podrán enfrentarse a las enormes desigualdades y rezagos de todo tipo que enfrentan muchos de sus estudiantes? Un sistema educativo sin recursos ni condiciones es un sistema educativo desarmado contra la desigualdad que lo devora.


Pablo Hernández Jaime es maestro en ciencias sociales por El Colegio de México e investigador del Centro Mexicano de Estudios Económicos y Sociales.

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