Sobre el concepto de totalidad en Marx y su utilidad para el análisis actual de la sociedad

Alan Luna

El concepto de totalidad ha abarcado gran parte de las preocupaciones de la historia de la filosofía. Tener una visión del conjunto de los fenómenos del mundo ha sido un reto para muchos filósofos, y las conclusiones a las que han llegado después de esa observación han conformado la filosofía de los pensadores. El propósito de este trabajo es analizar el concepto de totalidad en Marx, cómo se inserta la preocupación filosófica tradicional en el análisis marxista y la importancia de resolver esta cuestión, de aclarar el significado de este concepto para poder interpretar de manera correcta la realidad; y por esto mismo, cómo cambian las acciones de los hombres dependiendo de la forma específica en la que se organiza para ellos la totalidad social.

Desde que Marx hizo su crítica a la filosofía tradicional, no podemos pasar por alto que las posturas filosóficas que se encuentran en sus escritos traen ya su propio sello. No son la copia de las posturas de los filósofos anteriores a él, sino una muestra de su propia visión de la realidad. En el caso del problema de la totalidad, la distancia que toma con Hegel es clave para entender la particularidad de Marx en torno a la cuestión, además de que revela la importancia de dicho concepto para el análisis de lo real.

El concepto de totalidad, siguiendo a Lukács, es importante para clarificar la importancia de la filosofía en el marxismo. Dice Lukács: “Esta concepción dialéctica de la totalidad, que tanto se aleja en apariencia de la realidad inmediata ‘no científica’, es, de hecho, el único método que puede captar la realidad en el plano del pensamiento. La totalidad concreta es, pues, la categoría auténtica de la realidad” (Lukács, 1970). Es en este concepto de totalidad que se muestra el análisis propio de Marx junto con los supuestos filosóficos que hay en su teoría. Esto lo clarifica Karel Kosík cuando dice: “En la filosofía materialista, la categoría de totalidad concreta es ante todo y, en primer lugar, la respuesta a la pregunta ¿Qué es la realidad?” (Kpsík, 1982). De esta manera se tiene una concepción ontológica; se intenta resolver un cuestionamiento propio de esta parte de la filosofía sin mencionar las bases de la ontología que tiene Marx para defender tal punto de vista. Ahora bien, ¿qué significa el concepto de la totalidad concreta? Kosík nos ayuda a desentrañar el significado de esta idea: “La totalidad no significa todos los hechos. Totalidad significa: realidad como un todo estructurado y dialéctico” (Kosík, 1982). Aún más nos ayuda Lukács nuevamente al explicarnos la totalidad concreta tomando como ejemplo el estudio de la historia:

El problema de la comprensión unitaria del proceso histórico surge necesariamente con el estudio de toda época y de todo sector parcial, etc. Y aquí es en donde se revela la importancia de la concepción dialéctica de la totalidad, porque es completamente posible que alguien comprenda y describa de una manera esencialmente justa un acontecimiento histórico, sin ser por eso capaz de captar ese mismo acontecimiento en lo que es realmente, en su función real en el interior del todo histórico a que pertenece, es decir, sin captarlo en la unidad del proceso histórico (Lukács, 1970). 

La totalidad concreta es, de esta manera, el supuesto de las interrelaciones de todos los fenómenos existentes en la realidad, todo está conectado entre sí, pero tenemos que aprender a conectar esas relaciones; se trata de explicar la unidad de la realidad en su concreción, es decir, a través de lo que realmente existe y de lo que efectivamente podemos decir acerca del mundo. La totalidad concreta también trata de ver las particularidades de los fenómenos, viendo cómo en esa particularidad, en esa concreción, se muestra la relación con la totalidad social.

Lukács logra explicar la totalidad marxista comparándola con el método de estudio de lo que él llama las ciencias burguesas. Explica, por ejemplo, que “para el marxismo, en último análisis, no existen ciencia jurídica, economía política, historia, etc., autónomas; solamente hay una ciencia, histórica y dialéctica, única y unitaria, del desarrollo de la sociedad como totalidad” (Lukács, 1970). La ciencia burguesa, fiel a los principios ideológicos del capitalismo, tiende siempre a atomizar todo, a ver las cosas desde el punto de vista del individuo como sujeto separado de la colectividad. Esta tendencia a la individualización se manifiesta en las ciencias en la tendencia de cada rama a no ver más allá de sus límites previamente establecidos por las definiciones de su ciencia; esto ocurre así porque “la economía clásica, y todavía más sus vulgarizadores, han considerado siempre la evolución capitalista desde el punto de vista del capitalista individual y por eso se ha enredado en una serie de contradicciones insolubles y de falsos problemas” (Lukács, 1970). Por el contrario, nos dice Lukács, el punto de vista del marxismo tiende a unificar en un mismo análisis los aspectos positivos de las ciencias exactas y a integrarlos en un solo estudio de la realidad, pues las partes separadas y herméticamente cerradas, aquellas que tienen sentido sin hacer referencia a los demás fenómenos que hacen que dicha cosa sea, no existen.

Karel Kosík trató de clarificar de manera profunda la totalidad concreta y su relación con la comprensión de la realidad que tenía Marx. Este pensador nos dice que “la totalidad no significa todos los hechos. Totalidad significa: realidad como un todo estructurado y dialéctico” (Kosík, 1982). Ahí tenemos que poner atención a las pistas dejadas por los intérpretes del marxismo, pues en este caso Kosík nos llama la atención sobre la diferencia entre la totalidad entendida tradicionalmente por la filosofía especulativa —como sinónimo de preconcepción del mundo— y la totalidad concreta como concepto clave del marxismo para entender la realidad como un todo estructurado. De esta manera, “la concepción dialéctica de la sociedad no solo significa que las partes se hallan en una interacción y conexión internas con el todo, sino también que el todo no puede ser petrificado en una abstracción situada por encima de las partes, ya que el todo se crea a sí mismo en la interacción de estas” (Kosík, 1982). En la totalidad concreta no se prioriza la explicación de las partes por separado de la sociedad, ni la totalidad por encima de las partes que la constituyen (esto sería la preconcepción del mundo antes de que este se constituyera), sino que se entabla una relación que explica la totalidad por medio de sus partes integrantes, de acuerdo con cómo se manifiestan históricamente estas partes. La realidad se manifiesta en determinado momento histórico bajo una forma específica, estas formas variadas son a su vez históricamente determinadas, y solamente estudiando estas determinaciones históricas es que podemos entender la actualidad de cualquier cosa. Cuando, por el contrario, percibimos la totalidad como una totalidad abstracta, es decir, como un sistema que explica la totalidad desde la a-historicidad, como si la realidad se comportara de acuerdo con leyes eternas que nunca han cambiado y donde, por lo tanto, pareciera que la realidad se va transformando con dirección a esas leyes inmutables, entonces hablamos de la filosofía entendida como sistema —descartada por Marx como método certero de análisis de la realidad—.

La diferencia entre la totalidad concreta y la totalidad abstracta sería que “la falsa totalización [totalidad abstracta] y síntesis se manifiesta en el método del principio abstracto, que deja a un lado la riqueza de la realidad, es decir, su contradictoriedad y multiplicidad de significados, para abarcar exclusivamente los hechos concordantes con el principio abstracto” (Kosík, 1982).

Marx en la Introducción general a la crítica de la economía política de 1857 manifiesta la importancia de entender a la sociedad como totalidad concreta para saber el método correcto de análisis del capitalismo, y las diferencias que tendría con el estudio de la economía política burguesa. No se trata de estudiar a la producción en general, sino a la producción tal y como se manifiesta en el sistema capitalista, y aunque podemos apoyarnos de conceptos generales, en realidad “la producción en general es una abstracción, pero una abstracción que tiene sentido, en tanto pone realmente de relieve lo común, lo fija y nos ahorra así una repetición” (Marx, 2017). No se olvida Marx, como puede verse, de las abstracciones como formas del conocimiento del humano, pero a la vez observamos que los conceptos no son conceptos vacíos, sino que tienen un contenido claramente determinado por el objeto que se abstrae; solamente utilizando así los conceptos —como abstracciones de fenómenos concretos— “tienen sentido”. Así, la abstracción del concepto de producción en general nos sirve de apoyo para analizar lo común a la totalidad de la producción, aunque no debamos olvidar las particularidades de la producción de la que hablamos.

Continúa Marx con este análisis diciendo que “si no existe producción en general, tampoco existe una producción general. La producción es siempre una rama particular de la producción —vg., la agricultura, la cría del ganado, la manufactura, etc.—, o bien una totalidad” (Marx, 2017). Dicho de otro modo, la producción en general que corresponde a todas las necesidades del hombre que son necesarias para la reproducción de su vida, se manifiesta como producción particular de cada uno de esos objetos necesarios, pero tampoco hay que olvidar que “la producción tampoco es sólo particular. Por el contrario, es siempre un organismo social determinado, un sujeto social que actúa en una totalidad más o menos grande, más o menos reducida, de ramas de producción” (Marx, 2017). Lo dicho. No hay manera de que podamos separar a la totalidad de la particularidad de los fenómenos. La totalidad, en este caso la totalidad de la producción, es el conjunto de las partes que hacen funcionar a la elaboración de los bienes del hombre como un todo estructurado. De esta manera evita Marx la generalización de la totalidad como ley externa al movimiento intrínseco de cada fenómeno, además de un estudio parcial de cada rama de la producción a la manera de la ciencia burguesa.

En Marx, la discusión conceptual como la que se ha resumido en las líneas anteriores no es nunca una cuestión solamente de discurso. Las implicaciones en la práctica, categoría central dentro de la teoría del conocimiento marxista, son directas. Es sabido que lo importante para Marx es la transformación del mundo; esta preocupación se ve en la conocida Tesis 11 sobre Feuerbach. Pero la transformación, o más bien el curso de esta, está determinado profundamente por la orientación que se le dé a la totalidad social como un todo estructurado y por las determinaciones concretas de cómo se conjugue dicha totalidad. De tal suerte que los problemas que se presentan cotidianamente, sobre todo aquellos que son importantes para resolver gran parte de los males sociales, deben ser analizados desde una perspectiva de totalidad para observar cómo se inserta ese problema dentro de la totalidad concreta.

Se puede hacer el ejercicio con algunos de los problemas que en México se han considerado fundamentales. Vamos a hacer uso de tres de esos problemas para ilustrar el papel que tiene la totalidad concreta y el vicio de la parcialización del estudio de estos fenómenos: la violencia, la pobreza y el cambio climático.

El tema de la violencia, tan debatido incluso por detractores del marxismo, se ha colocado como uno de los más importantes en la política mexicana. Probablemente sea en el sexenio de Felipe Calderón que cobró mayor magnitud con la llamada guerra al narcotráfico. Sin embargo, prácticamente todas las soluciones que se han propuesto por parte de los distintos gobiernos hasta ahora han sido parciales. Se considera y analiza el problema de la violencia como un problema de los individuos, intentando acabar con los delincuentes, acabando con las personas que delinquen. Esto encierra profundas concepciones acerca del hombre y de la sociedad.

Suponer que el mal, en este caso de la violencia, no es sino el producto de la cabeza de los individuos es atender incluso a concepciones esencialistas acerca de la naturaleza del hombre, en donde se plantea que la forma de actuar del individuo está dada por condiciones muy particulares, aisladas del constructo social y de la lógica general que atraviesa a la totalidad de la sociedad. Esta visión atiende a la violencia como producto no de la sociedad y de su conjunto, sino de los “malos hombres” que “siempre existirán” y por los que no hay otra cosa que hacer que meterlos a las cárceles.

La atención que el marxismo le da al problema es de naturaleza muy distinta. Atendiendo al estudio de la totalidad concreta, la violencia en el marxismo ocupa un lugar necesario dentro de la lógica de todo el entramado económico-social. Las actitudes y actividades del hombre están determinadas por el entorno en el que tienen que ganarse los medios necesarios para poder sobrevivir. La proliferación de las bandas del llamado crimen organizado, aunque atiende a una cantidad más o menos amplia de variables, tiene una raíz directa en cómo en la sociedad actual se crea y se reparte la riqueza social. En una sociedad tan desigual, en donde una gran cantidad de gente no tiene asegurado el bienestar para sí y su familia, es común que se busque el sustento por los medios que sean necesarios; son necesarios incluso[1] los aumentos en los robos a transportes, transeúntes, comercios, casas, etc., y también con mayor rapidez aumentan las filas del crimen organizado, al ser un medio seguro, aunque peligroso, de llevar comida a las casas de los que no tienen un trabajo bien remunerado.

De esta manera, la violencia se inserta dentro de la lógica total del sistema de producción reinante; no es algo aislado, y como tal solo puede resolverse atacando el problema de raíz, es decir, cambiando las condiciones concretas que hacen que la realidad total de esta sociedad se manifieste condicionada por una violencia necesaria.

El caso de la pobreza es similar al anterior. Son incluso más conocidas las variadas opiniones que se tienen acerca del origen de esta. A los mexicanos nos toca muy de cerca el que se difunda que la pobreza tiene su origen en la corrupción de los altos funcionarios, o que esta se debe a que los ricos trabajan y los pobres no tanto, o no son ahorrativos o no se arriesgan como los que amasan grandes capitales. No es la intención de este trabajo refutar una por una estas concepciones, sino mostrar que en el fondo todas ellas llevan una visión de la realidad tendiente a tratar de manera aislada los problemas sociales, más afín a lo que Lukács identificaba como ciencia burguesa.[2]

Tratar a la pobreza como el producto de las malas decisiones, ya sea de los individuos que la padecen o de los que, por mala fe, acaparan la riqueza producida por los trabajadores, es atomizar nuevamente el problema, no enmarcarlo con las condiciones del resto de la sociedad, no estudiarlo a la luz de aquello que le da vida y que le exige su existencia como parte integrante de la realidad tal y como se manifiesta en determinadas condiciones concretas. Por este motivo el origen, y por lo tanto la solución al mal, no puede estar en los individuos aislados, más bien la actitud de los individuos se corresponde con el papel que juegan dentro de la totalidad concreta. Por esto cuando el marxismo dice que la causa de la pobreza es la injusta repartición de la riqueza, hace notar el problema estructural que hace necesaria la existencia de la división entre ricos y pobres. Esto tiene a su vez una explicación más profunda en donde se muestra que el sistema de producción capitalista y la lógica con la que se manifiesta hace necesaria la existencia de la pobreza y que, por lo tanto, no es posible acabar con esta sin modificar dicha totalidad concreta llamada capitalismo.

Por último, y brevemente también, tenemos el problema del medio ambiente, que últimamente ha tomado relevancia por las consecuencias del cambio climático. Es común que las soluciones a este problema sean, como las anteriores, producto de una visión parcial, individualista, que no ve el problema en su totalidad. Las iniciativas tanto de organizaciones como de los gobiernos pasan por invitar a no consumir bolsas de plástico, popotes, desechables, etc. El problema se centra en los individuos y se pretende solucionarlo con un cambio de actitud. En realidad, la forma en la que se ha manifestado el problema corresponde a una lógica de producción y de consumo que tiene que ver con la especificidad en la que se ha manifestado ahora el capitalismo. Al tener dentro de su lógica la necesidad de la mayor ganancia, la forma de producirla no importa; la necesidad de consumo y la forma en la que se consume también está directamente determinada por el modo en que se produce. Así, la protección de la naturaleza se hace imposible si no se cambia nada de las condiciones que permiten la destrucción de esta.

Vemos lo importante que es tener una visión de totalidad para atacar los problemas de manera eficaz. También se hace claro que dependiendo de la postura que se tenga hacia esta totalidad, se puede dar un análisis certero o no y, por lo tanto, se puede clarificar o hacer turbio el camino hacia la transformación efectiva de la realidad social.


[1] Es decir, por necesidad lógica.

[2] Este es el espacio para aclarar que con ciencia burguesa no se refería a cualquier ciencia que no estuviera ligada con el marxismo. El ejemplo y las referencias por él estudiadas corresponden mejor a lo que denominamos ahora ciencias exactas.

Referencias

Kosik, Karel, Dialéctica de lo concreto, [Traducción de Adolfo Sánchez Vázquez], Ed. Grijalbo, México, 1982.

Lukács, Gyorg, Historia y conciencia de clase, Instituto del libro de La Habana, La Habana, 1970. Marx, Karl, Introducción general a la crítica de la economía política/1857, Siglo XXI, México, 2017

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