Pandemia y vacunas: uso político de la ciencia

Jenny Acosta

La Ilustración es una de las etapas más importantes de la historia humana. En ella acontecieron cambios radicales en la concepción que la sociedad tenía del mundo: se comenzó y promovió la actividad científica; se puso al ser humano en el centro de las concepciones epistemológicas del mundo, desterrando a Dios a la adoración privada. Este homocentrismo también se manifestó en la práctica, pues se confió y demostró que el conocimiento puede transformar el mundo y que el destino de la humanidad está en sus propias manos.

Pueden recordarse los nombres de Bruno, Galilei, Newton, Bacon o Kant, como algunos de los más importantes precursores y defensores de la capacidad humana de razonar y transformar el mundo. Sapere aude (atrévete a saber) es la sentencia que mejor sintetiza la libertad de la razón que la Ilustración trajo consigo en el ámbito epistemológico. A la visión teológica del universo, que a todo respondía con la fuerza y potencia de Dios, la Ilustración contestó con la ciencia. La ciencia, la investigación sistematizada del universo con las herramientas naturales y creadas de que el ser humano disponía, se presentó como la forma más adecuada para desentrañar los misterios del universo. La ciencia, a diferencia de la religión, estaba al servicio de todo aquel que la supiera utilizar, independientemente de su condición social, aunque, evidentemente, el conocimiento de las verdades alcanzadas por la ciencia no estaba al alcance de todos. Así, a pesar de que el conocimiento científico contribuyó a reforzar el principio burgués de la igualdad, también profundizó las desigualdades de las sociedades.

La divulgación del método científico como medio para conocer la realidad contribuyó a desmontar algunos de los mitos más arraigados en las sociedades, mismos que respondían a la necesidad de explicar el mundo y la sociedad del momento, pero con la intención de que los principios que sostenían las consideraciones sobre ambos planos se mantuvieran. Frente a las explicaciones “científicas” que requerían de la intermediación de Dios para su aceptación, el conocimiento científico de la burguesía naciente presentó una “realidad” que estaba al alcance de quien quisiera conocerla, para decirlo con más precisión: una realidad objetiva, por tanto, independiente del sujeto cognoscente. Fue así como se fertilizó el campo de la discusión epistemológica entre el sujeto que conoce —y que debe tratar de mantener sus concepciones personales al margen de su ciencia— y el objeto que se conoce —independiente del sujeto, y que mientras se mantenga así, puede mostrar la verdad de su ser—[1].

Uno de los principales ideales de la ciencia mecanicista del XVIII y el XIX era mantener la objetividad de la investigación lo más que se pudieran, y esta intención, con su consecuente concepción de la práctica científica como un conocimiento objetivo, se mantuvo por muchos años. Pero en los siglos XX y XXI, principalmente durante el primero, se hizo una crítica profunda a las bases sobre las que se fundaba el método y conocimiento científicos. Este camino de crítica fue atravesado por Karl Popper, Thomas Kuhn, Paul Feyerabend, entre otros. Su reflexión sobre la práctica científica contribuyó a desmitificar la omnisapiencia científica, posibilitando un cuestionamiento constante no solo a las verdades alcanzadas, sino también a los métodos utilizados por la ciencia. Con su aportación, y la de otros pensadores como Max Horkheimer o Karl Marx, fue posible evidenciar que la ciencia no es aséptica, que también está influenciada por su contexto histórico y por las relaciones sociopolíticas que atraviesan y posibilitan toda práctica teórica.

Aunque las reflexiones que hicieron estos filósofos y científicos críticos se sitúan en el siglo pasado, incluso en el antepasado, ello no significa que sus reflexiones hayan quedado superadas porque la labor científica ha alcanzado un grado de objetividad absoluta. Antes bien, parece que el tiempo da ejemplos claros y contudentes de que esta relación es fuerte, incluso aunque el científico la reniegue en su labor diaria o la desconozca por completo[2].

Uno de los postulados más conocidos del marxismo reza que las crisis son provocadas por las contradicciones internas que acompañan el desarrollo del fenómeno, y que también van desarrollándose conforme el fenómeno lo hace. Sin embargo, una de las aristas que este planteamiento muestra, y que no siempre se tiene en consideración, es que en el momento en el que acontece la crisis los elementos contradictorios que el fenómeno lleva en su seno se manifiestan con mayor claridad, al tiempo que la contradicción que los une es más diáfana para el entendimiento. La relación que existe entre ciencia y política puede no ser clara en la cotidianidad de ambos campos, y puede ser incluso que ellas se presenten entre sí como completamente distintas y distantes. Aunque esto sea la norma, hay momentos explosivos —como la guerra— en los que es explícito cómo la investigación científica no es independiente de lo que sucede en el terreno político, y cómo la política se sirve de los productos científicos. Así como la obra de arte escapa del artista, el resultado de la investigación científica también se “enajena” de su descubridor y pasa a formar parte del conocimiento humano disponible para lo que sea que la sociedad o el individuo necesiten.

No solo las guerras son momentos de quiebre que evidencian la unión ciencia-política; las pandemias también. Al menos la que comenzó en 2019 ha sido especialmente fructífera en manifestaciones de esta índole. Considérense solamente dos: el manejo que el gobierno mexicano ha tenido de la pandemia, con hincapié en el uso —pero también desuso y obviación— político de lo dicho por los científicos y médicos conforme la pandemia se desarrolla en el mundo, y la carrera internacional por poseer la primera vacuna o la más eficaz. El primer tema tendrá un análisis breve, pero esto no lo hará accesorio, pues el modo en el que el gobierno mexicano se ha comportado es absolutamente inaudito. El segundo es un problema que ha cobrado especial interés en fechas recientes, por las mutaciones del virus y por la efectividad que cada vacuna tiene para diferentes casos.

Hasta hoy (febrero de 2021), México ocupa el tercer puesto mundial por muertes de Covid-19 y el primero por letalidad del virus, según un estudio de la Universidad John Hopkins (Milenio Online, 8 de febrero de 2021). La economía del país se ha visto gravemente afectada y los pronósticos apuntan a que la recuperación se dará, aproximadamente y si todo sale bien, hasta 2025, según datos de Banco Base. El virus ha cobrado la vida de casi 170,000 personas y ha afectado directamente a casi dos millones (cifras hasta el 9 de febrero de 2021). Sin embargo, sería erróneo creer que todo ha sido culpa del virus, pues el género humano se distingue de las demás especies por su capacidad de previsión y acción frente a la naturaleza. En buena medida, en el caso de México, el gobierno federal es culpable de las cifras vergonzosas con que México se presenta al mundo. López Obrador se contagia de Covid, supera la enfermedad, pues afortunadamente no “le pega tan duro” como a otros pacientes, y en su primera aparición sostiene que no usará el cubrebocas porque “ya no contagia”; sin embargo, la página web oficial del Covid sí recomienda el uso del cubrebocas como medida de contención a la propagación del virus[3].

¿El presidente desconoce las recomendaciones de la Secretaría de Salud para contribuir a reducir y erradicar los contagios? ¿Desconoce también las declaraciones que la Organización Mundial de la Salud ha dado para respaldar el uso del cubrebocas, como medida crucial, para terminar con la pandemia? Parece increible que sea así, por lo que la opción más adecuada que queda es considerar una absoluta omisión de tales recomendaciones. ¿Con qué fin? No puede asegurarse, pero hacia donde apunta el desarrollo de la pandemia y sus consecuencias es a la capitalización política de esta “ausencia” de organización en las políticas para la salud pública. La escasez de vacunas a nivel mundial y los respectivos retrasos de cada laboratorio, contribuyen (aunque no sea un hecho premeditado y malicioso) a que este medio, la vacuna, sea casi el único viable para regresar a la “normalidad”. ¿Quién puede capitalizar esa esperanza? Primero las empresas, pues, aunque haya entre sus empleados quienes trabajen con la consigna de ayudar al mundo, no puede negarse el incentivo que la ganancia tiene para los dueños de tales empresas y laboratorios. Pero también los gobiernos pueden capitalizar políticamente esta situación, y el contexto mexicano, con las jornadas electorales más grandes de la historia nacional, es especialmente fértil. No se puede asegurar la existencia de intenciones maquiavélicas por parte de López Obrador y su equipo, pero sin duda su conducción hacia la situación límite de la pandemia, las elecciones, y el monopolio oficial —en los hechos— de la vacuna, permiten entrever un escenario en el que la política saca ventaja de la producción científica —aún y cuando los científicos no trabajan buscando este resultado—.

La carrera por ser el primer laboratorio cuya vacuna esté aceptada por los países estuvo llena de una competencia que, más que científica, era económica. Los primeros en presentar el esperado fármaco fueron los rusos, al que llamaron Sputnik-V, haciendo referencia al primer Sputnik y a lo fundamental que fue para el desarrollo científico de la humanidad. Los rusos no hubieran podido avanzar tan rápido si no hubieran tenido, por lo menos, dos factores elementales muy importantes: primero, la ayuda china a la comunidad científica internacional al liberar la secuencia genética del virus, condición que posibilita la creación de cualquier antídoto y ahorró mucho tiempo de investigación a los laboratorios; segundo, una historia de avances médicos en el terreno de la inoculación que se remonta a los años de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. Los soviéticos participaron en la creación de vacunas fundamentales para la humanidad como las que actúan contra la polio y la viruela. Esta experiencia acumulada fue crucial para la creación de Sputnik-V, registrada el 11 de agosto de 2020.

Pero poco después de este registro, comenzó una batalla entre las grandes farmacéuticas y laboratorios, misma que se materializó a través de declaraciones y acusaciones mantenidas por organismos y figuras estatales. Estados Unidos y Canadá lazaron acusaciones de espionaje contra los científicos rusos y chinos quienes, supuestamente, habrían hackeado las bases de datos norteamericanas y canadienses para cosechar los resultados de cada investigación (Álvarez, 22 de julio de 2020). Tanto Rusia como China negaron las acusaciones —que en realidad tenían pocos elementos—. Llama la atención el modo en el que los políticos de cada país se involucraron en estos problemas, la razón podría ser que cada superpotencia ve “a la vacuna como una proyección de sus habilidades científicas, con lo que en realidad estarían validando como superiores sus sistemas políticos” (Corera, 26 de agosto de 2020), así es como lo ve Lawrence Gostin, profesor de leyes de salud global de la Universidad de Georgetown, Estados Unidos. Probablemente sea así, el mundo ya tuvo una guerra con principios similares, la Guerra Fría, y no sería sorprendente que este episodio sea un resabio de aquella.

Pero no precisamente porque Rusia o China sean comunistas. En China quien está al frente del gobierno es el Partido Comunista Chino, pero eso no garantiza que las políticas implementadas sean comunistas. En Rusia, Vladimir Putin no está representando al comunismo aún y cuando haya formado parte de las fuerzas soviéticas de inteligencia. Sin embargo, Rusia y China continúan siendo referentes de que la posibilidad de un mundo bajo un orden político distinto es posible, pues todos los avances que han logrado en los distintos ámbitos han sido resultado de las políticas socialistas que aplicaron.

Rusia fue el primer país en registrar su vacuna, pero esta no fue la primera en obtener permiso para aplicarse masivamente. A partir de este punto, los ataques políticos e ideológicos toman una forma más definida. Después del 11 de agosto, las declaraciones de laboratorios y políticos occidentales se referían a la vacuna con reservas, sosteniendo que se habían simplificado los procesos de investigación —¿es la simplificación en la actividad científica sinónimo de mala investigación?—. Poco después, 11 de noviembre de 2020, Rusia informó que la tasa de eficacia de su vacuna era cercana al 92%. La comunidad científica occidental —pero también los políticos— reclamaron que no había una publicación de resultados, en algún medio prestigiado y revisado por pares, que permitieran respaldar tales apreciaciones, pero una vez que este argumento ha quedado desmontado han surgido otros que continúan bloqueando la vacunación con Sputnik-V (Sanhermelando, 2 de febrero de 2021). Cuando en México se anunció la adquisición de Sputnik-V, varios políticos, científicos y ciudadanos “de a pie” manifestaron una preocupación —justificable en tanto se espera que las vacunas contribuyan al cese de la pandemia y sus consecuencias catastróficas— porque los resultados de Sputnik-V no habían sido publicados (Redacción infobae, 02 de febrero de 2021), además de que no había sido aún aprobada por la OMS, la Unión Europea, Estados Unidos, Canadá y, en ese momento, la COFEPRIS (Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios). Se sostenía que la razón de que su aprobación no hubiera sido dada aún respondía a que no había una publicación de resultados que avalara las estimaciones que los propios rusos hacían de su vacuna. Esta incertidumbre no era exclusiva de México, muchos países se encontraban en esta situación, por lo que el centro Gemaleya, desarrollador de Sputnik-V, publicó prontamente sus resultados en la revista británica The lancet. La apreciación de la vacuna a nivel internacional cambió completamente, y colocó a Sputnik-V como una de las mejores vacunas por su efectividad, precio (10 dólares la dosis; la de Moderna está en 37 dólares), y facilidad de transporte (basta con mantener una temperatura entre 2 y 8 grados Celsius, mientras que las otras requieren estabilidad entre -70 y -20 grados Celsius).

¿Dónde publicaron sus resultados las vacunas que desde un principio fueron vendidas como la “esperanza” y que fueron las primeras en recibir el aval de la OMS, la Unión Europea, Estados unidos y Canadá? A lo más, solo hay comunicados de prensa, exactamente lo mismo que el centro Gamaleya tenía en un principio. Pero a Moderna y Pfizer, por lo menos, no se les exigió la misma rigurosidad que a Gamaleya. Las vacunas de los dos primeros laboratorios ya han sido aprobadas por varios países y organismos internacionales, pero sin recibir críticas por la ausencia de resultados publicados en revistas científicas arbitradas. ¿Cómo puede entenderse esto? Al final, estas vacunas no son exclusivas de los laboratorios y universidades, son la muestra de la capacidad que tiene un gobierno para responder a las necesidades de su población; además, los gobiernos tienen también la necesidad de cuidar por los intereses de los grandes capitales de su nación —y muchos de ellos están, ahora, puestos en la vacuna—, por lo que su apoyo debe verse reflejado, en este momento, en la aprobación del uso de sus fármacos, abriendo el camino para que los países que no han desarrollado una vacuna propia, requieran de esas mercancías, y si esto implica ser más exigentes con las vacunas de otros laboratorios-países, adelante.

Mientras tanto, el prestigiado laboratorio Gamaleya de Rusia ha sido no solo el primero en registrar la vacuna, también el primero en publicar sus resultados, muy satisfactorios, por cierto, en una revista científica arbitrada por pares (febrero 2021); a pesar de esto, los ataques en su contra no amainan. Juzgue entonces el lector si hay o no un uso político de la ciencia.


[1] Las reflexiones que Karl Marx (2012) hace sobre este problema en las Tesis sobre Feuerbach (Tesis 1 y 2) son especialmente ilustrativas para su comprensión, además de que se vuelven cruciales para entender la postura marxista sobre la relación sujeto-objeto.

[2] Tal vez los ejemplos más evidentes y paradigmáticos se encuentren en los resultados e investigaciones durante la Segunda Guerra Mundial (tanto el Eje como los Aliados hicieron y promovieron la investigación científica que más beneficiaría a sus intereses); asimismo, la Guerra Fría y su carrera por la conquista del conocimiento en general, y el espacio aéreo como una muestra concreta, ejemplifica dicha relación. Ambos contextos son de Guerra, velada o abierta, por lo que permiten la expresión límite de una relación que en la normalidad de lo cotidiano pasa desapercibida para el ciudadano común.

[3]https://covid19.cdmx.gob.mx/?gclid=Cj0KCQiApY6BBhCsARIsAOI_GjZFQEOK7FBF80UOgHEvjSFKaQVWrQM0lJd1BM43HPW9lDWsBWCAA9UaAkmiEALw_wcB

Referencias

Álvarez G., Raúl (22 de julio de 2020), EE.UU ahora se lanza contra China y los acusa de hackeo para tratar de robarles información sobre la vacuna contra COVID-19. Xataka. Recuperado de: https://www.xataka.com.mx/seguridad/ee-uu-ahora-se-lanza-china-acusa-hackeo-para-tratar-robarles-informacion-vacuna-covid-19

Corera, Gordon (26 de agosto de 2020). Vacuna contra la covid-19: “jugadas sucias” y los atajos en la carrera para lograr una fórmula contra el coronavirus (y los riesgos que implican). BBC. Recuperado de: https://www.bbc.com/mundo/noticias-53895058

Marx, K. (2012). Tesis Sobre Feuerbach. In Textos Selectos y Manuscritos de París; Manifiesto del Partido Comunista con Friedrich Engels; Crítica del Programa de Gotha. Editorial Gredos.

Milenio Online (08 de febrero de 2021) México, primer lugar en letalidad por covid-19 y tercero en muertes por pandemia. Milenio. Recuperado de: https://www.milenio.com/politica/mexico-ocupa-el-primer-lugar-en-letalidad-por-coronavirus-en-el-mundo

Redacción infobae (02 de febrero de 2021) Lilly Téllez tras sus ataques a la vacuna rusa Sputnik: “Seré la primera en aplaudir si la aprueba la UE y la FDA”. Infobae. Recuperado de: https://www.infobae.com/america/mexico/2021/02/02/es-lo-que-he-pedido-lilly-tellez-aseguro-que-aplaudira-la-adquisicion-de-la-vacuna-rusa-sputnik-v-si-la-aprueba-la-ue-y-la-fda/

Sanhermelando, Juan (02 de febrero de 2021) Por qué la Unión Europea no usará la vacuna rusa Sputnik. El español. Recuperado de: https://www.elespanol.com/mundo/europa/20210202/union-europea-no-usara-vacuna-rusa-sputnik/555945298_0.html