La reforma a la ley federal de trabajo de 2012

Vania Sánchez

El desempleo es uno de los efectos más terribles del capitalismo pues tiene implicaciones en el funcionamiento de la sociedad en todos sus aspectos. Entre los efectos más inmediatos están la pobreza y la desigualdad de ingreso que se agudizan con el desempleo. Este problema es particularmente grave en las economías capitalistas atrasadas. Por tanto, el tema debería tener un lugar preminente en cualquier análisis o propuesta política y económica de desarrollo de un país y específicamente en los de economías en desarrollo. En México, a pesar de que las estadísticas oficiales minimizan el problema mediante artificios conceptuales, el desempleo es generalizado; todavía más entre las masas populares que no tienen otro modo de obtener sus medios de vida que el empleo[1].

En el año 2012, el ejecutivo postuló la reforma laboral a la que presentó como un cambio necesario a la ley para enfrentar los problemas del mercado de trabajo. En noviembre de 2019 se cumplen siete años de la entrada en vigor de esta reforma a la Ley Federal Laboral aprobada en 1970 (LFT). La reforma se hizo a partir del proyecto presentado por Felipe Calderón, entonces presidente de la República, a la Cámara de Diputados. Ahí se planteaba: “es impostergable impulsar una reforma laboral como condición para avanzar hacia mejores niveles de bienestar”[2] y se añadía que las condiciones económicas, demográficas y sociales a las que se enfrenta México son diametralmente distintas a las que había cuando se promulgó la LFT de 1970, vigente entonces y ahora. A decir del proyecto presentado, el objetivo que se perseguía con la reforma era doble; por un lado, promover la generación de empleo y por otro, promover el tránsito de los empleos informales al mercado formal.

En realidad, la reforma citada a la LFT no es sino la profundización del modelo neoliberal que en el ámbito laboral significa dejar a la suerte de la demanda de fuerza de trabajo una abundante y empobrecida oferta que despliega una feroz competencia por hacerse con un empleo que, cuando menos sufrague las necesidades básicas inmediatas de su hogar.

El objetivo de este trabajo es observar hasta qué punto la reforma de 2012 ha logrado su cometido. En lo que sigue se revisa el contenido esencial de la reforma citada, los planteamientos teóricos sobre los que se justifica las modificaciones a la LFT, así como el desempeño muy general del mercado de trabajo en México.

I. La reforma a la ley federal del trabajo de 1970

La LFT de 1970 sustituyó a la LFT de 1931, la primera que reglamentó el artículo 123 de la Constitución Mexicana de 1917. El proyecto de ley aprobado en 1970 que sirvió de base para la que finalmente fue aprobada, se inició diez años antes a petición del entonces presidente de la república Adolfo López Mateos. El desarrollo de la nueva ley estuvo dirigido por abogado Mario de la Cueva. Dice Néstor de Buen (2015) que, en relación con la LFT precedente, la de 1970 “constituyó una serie de pequeñas ventajas para los trabajadores en el orden individual y el reconocimiento de los trabajos especiales y una total confirmación del sentido corporativo en el orden colectivo. Se mantuvo a ultranza el tripartismo en materia administrativa (salarios mínimos y participación de los trabajadores en las utilidades de las empresas)” (De Buen, 2015 p. 10). Esta nueva ley reconocía la desigualdad de las partes que implica el contrato de trabajo: el patrón y empleado; concedía, por tanto, algunas ventajas legales a este último.

A diferencia de la LFT de 1970, entre los expertos del derecho laboral, hay consenso en que la reforma a la LFT de 2012 representa un retroceso de los derechos de los trabajadores en relación con los que se estipulaban en la ley de 1970 (Loyzaga, 2013). El contenido de la reforma laboral de 2012 consiste fundamentalmente en:

  1. Legalizar nuevas formas de contratación: el artículo 35 abre la posibilidad de realizar contratos por tiempo definido, temporal o contratos a prueba o capacitación inicial. Asimismo, el artículo 39 señala que aun en las relaciones por tiempo indeterminado podrá pactarse una jornada flexible.
  2. Legalizar la subcontratación: el artículo 15 fracción A define que “El trabajo en régimen de subcontratación es aquel por medio del cual un patrón denominado contratista ejecuta obras o presta servicios con sus trabajadores bajo su dependencia, a favor de un contratante [… que] fija las tareas del contratista y lo supervisa en el desarrollo de los servicios o la ejecución de las obras contratados”. 
  3. Legalizar el salario por hora: en el artículo 83 se contempla la posibilidad de que se pueda convenir entre las partes el pago por cada hora de servicio contratado.
  4. Legalizar la polivalencia: el artículo 56-bis considera que los trabajadores puedan “desempeñar labores o tareas conexas o complementarias a su labor principal, por lo cual recibirán la compensación salarial correspondiente”.
  5. Abaratar el despido: el artículo 48 establece que en el pago de salarios caídos e indemnizaciones el trabajador percibirá hasta 12 meses como máximo.

Todos estos cambios, como se lee, permiten ajustar el volumen de trabajo disponible a sus necesidades de producción a costo cero. Es decir, permitir que los patrones reduzcan sus obligaciones a lo estrictamente necesario en el proceso de producción de su mercancía, un proceso cada vez más automatizado.

El tiempo de trabajo desplegado en la empresa se puede ajustar por dos vías a) la flexibilización externa que consiste en variar la cantidad de empleados en la empresa mediante contratos temporales o la subcontratación y b) la flexibilización interna que consiste en alargar o acortar la jornada de los empleados contratados, de emplearlos haciendo actividades variadas según las necesidades o indexando su salario al desempeño de la actividad de la empresa a fin de “incentivarlos” a desplegar en el mismo tiempo más trabajo tensando al máximo sus capacidades físicas y psíquicas.

Como se nota en el contenido de la reforma, en términos generales, los cambios introducidos en la LFT en 2012 legalizan estos dos mecanismos de ajuste de la producción de las empresas.

Y en contraparte, precariza el empleo porque promueven la inestabilidad de las relaciones laborales, así como su abaratamiento a través de la intermitencia del salario directo y del indirecto, como el acceso a prestaciones que está condicionado a estar empleado (prestaciones como el acceso a servicios sanitarios, de ahorro para el retiro, de guarderías, de créditos para la vivienda o el consumo de bienes durables, al pago del aguinaldo o a la participación de las utilidades de la empresa). Es decir, ha habido flexibilización de la empresa a costa de las condiciones de vida de los trabajadores.

II. Precariedad laboral ¿a cambio de más empleo?

La teoría económica tiene, en general, dos explicaciones alternativas del desempleo a las que nos referiremos muy grosso modo enseguida. La primera, la del marxismo, plantea que el desempleo es intrínseco al desarrollo de la economía capitalista. La competencia de los capitales individuales detona el incremento constante de la productividad del trabajo; que implica que cada vez se requiera más capital para contratar a un trabajador. El incremento del capital inicial adelantado y la disminución del monto destinado a la contratación de trabajadores detona la caída de la tasa de ganancia; lo que inhibe la inversión y desencadena las crisis económicas. La competencia y la crisis, a su vez, van arruinando a los productores pequeños que se ven incapaces de igualar la productividad de los capitales grandes. Así, mientras la oferta de trabajadores aumenta no solo por las nuevas generaciones, sino también por los antiguos productores a los que la competencia ha desplazado, la demanda de trabajo disminuye como efecto de la sustitución de trabajadores por máquinas. El exceso de oferta de trabajo se gesta en los ciclos de producción y venta de mercancías que describe el conjunto de capitales individuales de una economía. Por tanto, el desempleo se vuelve permanente para una buena parte de los trabajadores, intermitente para otra parte que haya alguna oportunidad cuando el ciclo económico está al alza, y hay otra tercera parte que consigue permanecer en el mercado de trabajo y que, dada la alta disposición de brazos dispuestos a sustituirla, es susceptible de empeorar sus condiciones laborales.

El único mecanismo que tienen los trabajadores para contrarrestar esta tendencia hacia el empeoramiento de sus condiciones de vida es que, mediante la organización, puedan equilibrar la balanza de fuerzas entre las dos clases de participantes en el mercado de trabajo, a saber, trabajadores y patrones.

La segunda explicación postula que el problema radica en la presencia de elementos que impiden el buen funcionamiento del mercado; es decir, que evita que el precio del trabajo del salario se ajuste hasta el punto en el que la demanda de trabajo iguale a la oferta. Éste es el argumento de los economistas neoclásicos que señalan que las regulaciones favorables a los trabajadores distorsionan el funcionamiento del mercado de trabajo al fijar un precio mínimo por encima del de equilibrio por lo que desincentiva la inversión y contrae la demanda de trabajo. Por tanto, son las regulaciones externas al funcionamiento “natural” del mercado las que provocan el desempleo.

Cada una de estas teorías conlleva políticas económicas para contener el desempleo muy distintas. De la primera se deduce que los gobiernos deben intervenir en la economía regulando e incentivando (y ahí donde sea necesario, realizándola) la inversión productiva a fin de mantener un buen ritmo en la creación de empleos; aunque también implica que toda política instrumentada será solo un paliativo que no evitará que se vayan escalando las contradicciones del capitalismo, entre las que se cuenta el desempleo. De la segunda se deduce que los gobiernos deben procurar que en los acuerdos entre patrones y trabajadores no haya nada más que las fuerzas de las dos partes; de este modo se garantizará que todo el que esté “dispuesto” a emplearse en las condiciones que los patrones ofrecen, hallará empleo; y viceversa.

Las condiciones del mercado de trabajo antes de 1970 fueron favorables para los trabajadores. Entre 1945 y 1970, las condiciones de vida de la gran mayoría de mexicanos (y del mundo) mejoraron no solo como resultado del crecimiento económico sino también (y, sobre todo) de la política del estado de distribución de la riqueza[3] (son los años con los valores mínimos de desigualdad social en los países desarrollados). Esta política no habría existido sin el miedo al contagio de las ideas comunistas entre los trabajadores; para evitarlo, los gobiernos recurrieron a políticas de mayor reparto de la riqueza a través del acceso a beneficios económicos y ampliación de la cobertura de servicios sociales gratuitos como la salud, la educación y la seguridad social en la enfermedad y la vejez de los trabajadores (Fontana, 2016; Harvey, 2007). La crisis mundial de los años setenta dio por terminado este periodo de desarrollo, conocido como estado del bienestar, en la que la mayoría de los países vio crecer la producción y la productividad, el empleo, el comercio mundial y los salarios[4].

La crisis de los años setenta del siglo XX implicó una contracción de la economía, un incremento dramático del desempleo (en las economías desarrolladas más que se duplicó: pasó de 4% a más de 10% entre 1973 y 1982), al tiempo que se desataba un proceso inflacionario en prácticamente todos los países. Ante la estanflación y la crisis presupuestaria la respuesta de los gobiernos fue incrementar la participación del estado en la economía. Los años setenta y ochenta fueron testigos del ascenso de los partidos socialdemócratas en varios países y de su política de derechos sociales.

Sin embargo, las medidas económicas tomadas en este sentido no lograron superar la crisis económica. En cambio, sí fueron un acicate para que las élites financieras pusieran en marcha una fuerte campaña mediática que preconizara la libertad (la del capital) como base de un nuevo modelo económica. Se financiaron grupos académicos que sirvieron para argumentar en contra del paradigma keynesiano -que había servido para diseñar la política económica durante el periodo del estado del bienestar- y replantear la teoría económica, así como las políticas, de tipo neoliberal. Una teoría que preconizaba al mercado como mecanismo económico para asignar los recursos para alcanzar la eficiencia económica (Harvey, 2007).

De acuerdo con esta concepción, para superar la crisis, el estado tenía que dejar de lado su participación en el mercado, las regulaciones que controlaban las transacciones financieras, mercantiles y laborales tenían que desaparecer. El mundo económico que ahora se caracterizaba por una mayor incertidumbre, un nuevo patrón tecnológico con una gran velocidad en la innovación, un mercado mundial con más participantes y competencia, y una nueva estructura sectorial de la economía en la que, dado el auge de los servicios, el sector manufacturero perdía terreno en términos de número de empleados y creación de riqueza, requería libertad económica para retomar la senda del crecimiento y el bienestar económico.

En los años ochenta se desarrolló un discurso que ponía sobre la mesa la urgencia de modificar las relaciones capital-trabajo a fin de que las empresas se pudieran adaptar a esta realidad “radicalmente” distinta. El discurso exigía cambios en el marco legal, así como en la organización de las partes del proceso de trabajo: patrones y trabajadores. Este discurso se reforzó después de la Gran Recesión de 2008. Para lograrlo no solo se desplegaron trabajos en el plano jurídico, y con las organizaciones patronales y sindicales, también se desplegó (y sigue haciéndose) una gran campaña a fin de crear entre la opinión pública una idea favorable al nuevo modelo.

La flexibilidad laboral se generalizó aludiendo casi exclusivamente, dada la connotación positiva que tiene la palabra, a las ventajas que traía a la organización del proceso de producción. La flexibilidad se opuso al término rigidez que sugería una incapacidad para a los cambios imprevisibles y constantes de la demanda dado el nuevo e inestable entorno económico y tenía como propósito plantear nuevas premisas para la organización del proceso de trabajo. En este sentido, la flexibilidad no sólo implicaría ventajas a las empresas, sino a los trabajadores que tendrían más opciones para ofrecer su fuerza de trabajo y más facilidad para conciliar su vida laboral con la familiar y social.  Este término constituyó primero, una parte sustancial de la crítica al modelo económico keynesiano y a las relaciones laborales que éste preconizaba; y segundo, la base para el desarrollo de un nuevo modelo de relaciones entre el capital y el trabajo.

¿Qué había realmente detrás de todas estas políticas que iban directamente en detrimento de los derechos de los trabajadores? Primero, el triunfo de la economía de mercado sobre el llamado socialismo real una vez que este dio visos de desmoronarse. Segundo, la incesante búsqueda de mayores márgenes de ganancia por parte de los dueños del capital. Las crisis económicas en el capitalismo se asocian a la disminución de la tasa de ganancia del capital. Esta disminución se ve espoleada por la sustitución de trabajadores por máquinas pues la tasa de ganancia está definida en relación directa con el número de trabajadores en activo. La disminución de la tasa de ganancia se puede compensar, al menos parcialmente, con la disminución del costo de vida de los trabajadores.

III. ¿El mercado de empleo muestra mayor dinamismo luego de la reforma?

De ser acertado el diagnóstico de los defensores de la “flexibilidad” lo que debería observarse luego de la reforma de 2012 a la LFT de 1970 es: de un lado, una aceleración en el ritmo de creación de empleo en la economía mexicana; y de otro, una reducción del empleo informal. La lógica detrás de este segundo resultado esperado es que, dado que al amparo de la LFT original establecer un contrato formal de trabajo conlleva costos además del salario del trabajador, como pagos a la seguridad social u otras prestaciones del trabajador, al haberse reducido al mínimo una vez hecha la reforma citada a la LFT,  los empleadores estarían más dispuestos a establecer contratos formales de trabajo; por tanto, debería observarse un incremento del empleo formal en detrimento del informal. También debería observarse otro fenómeno de ser acertado el diagnóstico citado, los tipos de empleo que registrarían mayores tasas de crecimiento son los que tienen los contratos más precarios: trabajadores empleados con contrato de trabajo temporal, o de medio tiempo. ¿Se han verificado estas predicciones? enseguida se expone el comportamiento de los indicadores aquí citados en los últimos años en México.  

En México el desempleo es generalizado, la falta de desarrollo económico de nuestro país se ceba en millones de hogares que no tienen la oportunidad de vivir de un salario suficiente y seguro. Contrasta con esta realidad la tasa de desempleo oficial de 3.5% de desempleo (2 millones de desempleados) que parece indicar que el desempleo no es un problema grave. La tasa se explica por el modo en que se realiza el cálculo oficial; primero se presenta como empleo, actividades no remuneradas, puntuales[5] (10.3 millones) o informales (30 millones); segundo, porque no considera como parte de la población disponible a toda la población de este tipo (5.7 millones). Si consideramos todo ello: la población fluctuante y latente suma 40.3 millones de personas; y la estancada suma 5.7 millones. Esto es 46 millones 48% de la población en edad de trabajar (94.6 millones de mexicanos entre 15 y 64 años en 2019).

Entre 2006 y 2019, la población ocupada en México creció en promedio 2% anual; la población remunerada en ese mismo periodo registró una tasa de crecimiento media anual ligeramente superior: 2.4%. Como se muestra en el anexo, de acuerdo con una prueba de Análisis de la Varianza (ANOVA), no hay evidencia suficiente para afirmar que efectivamente a partir del año 2012 la creación de empleos se haya dinamizado, ya sea que consideremos a toda la población ocupada o solo a la remunerada, (no se puede rechazar la hipótesis de que a partir del año 2012 la creación de empleos se haya dinamizado. Vea la Figura 1 y la Tabla 1 del Anexo). Esto a pesar de que antes de la reforma tuvo lugar la Gran Recesión de 2008 que, aunque se detonó en el sistema financiero de Estados Unidos, pronto se expandió por todo el mundo en un alud de crisis económicas nacionales. En México, esta crisis se tradujo en una caída importante en el volumen de empleo en 2009 (Vea la Figura 1 y la Tabla 1 del Anexo).  Habría cabido esperar un rebote posterior de la economía; es decir, una recuperación de los empleos perdidos que se potenciaría con los efectos de la nueva LFT. Pero no fue así. La dinámica del volumen de empleo en México se ha mantenido esencialmente igual antes y después del año 2012. Esto estaría indicando que la reforma de 2012 no tuvo el impacto esperado sobre el mercado de empleo pues éste mantuvo el mismo ritmo de creación de empleo.

Por lo que al empleo formal e informal se refiere, la estructura del mercado de trabajo mexicano se caracteriza por un empleo informal[6] alto y persistente. Con base en los datos del BIE de 2018, 57% del empleo en México es informal y como el adjetivo de persistente sugiere, no solo no ha disminuido en los últimos 25 años, sino que ha ido ganando importancia: en los último 15 años, el empleo formal aumentó en 5.5 millones, mientras que el informal lo hizo en 6.8 millones (véase el Anexo 4). En los últimos 5 años, el empleo informal, aunque sigue aumentando, su ritmo de crecimiento es menor que en los años anteriores y que la tasa de crecimiento del empleo formal.

Entre los ocupados informales, de cada 10, 4 son trabajadores por cuenta propia y 6 son trabajadores asalariados. Ahora bien, comparando estos grupos, los empleos informales son más comunes entre los trabajadores por cuenta propia: 8 de cada diez padecen de estos trabajadores están en condiciones de informalidad. El fenómeno de los trabajadores por cuenta propia comprende situaciones muy heterogéneas y, por tanto, es difícil decir mucho más en términos de condiciones de empleo si, como lo hacen las estadísticas oficiales, lo contabilizamos como un todo común.

Del total de los trabajadores subordinados, 4 de cada 10 se encuentra en condiciones de informalidad; esta proporción es el doble entre los trabajadores por cuenta propia: entre estos 86% son trabajadores informales. Por cada trabajador subordinado formal, hay 1.3 trabajadores formales; en cambio, por cada trabajador por cuenta propia en condición de formalidad, hay seis trabajadores de este tipo informales (véase el Anexo 5); poco más de 10 millones de trabajadores informales no tienen empleador ni empleados. Todos ellos, más de 30 millones, son trabajadores para los que no representan nada los derechos laborales porque sus relaciones laborales no están amparadas por ningún marco legal.

Hay que destacar que, no obstante que la informalidad es un problema del sistema económico de México, no todo el empleo informal se debe al sector informal; prácticamente la mitad del empleo informal está relacionado con la actividad de empresas formales. Para estas últimas la informalidad de sus trabajadores es un mecanismo de externalización de costos que les permite incrementar el margen de sus beneficios a costa de las condiciones de vida de los trabajadores.

Ahora bien, ¿qué tipo de empleos formales son los más dinámicos entre los de reciente creación? Entre los trabajadores registrados en el IMSS, la proporción de los trabajadores con contrato temporal creció, en términos generales a una tasa más o menos constante en los últimos 20 años de modo que de 7.5% en el año 2000 pasó a 15% en el primer semestre de 2019 (poco menos de 3 millones de trabajadores). Por tanto, si bien es cierto que los empleos formales muestran un mayor dinamismo que los informales, este resultado no parece implicar mejores condiciones de empleo y vida de los trabajadores. Más bien parece ser resultado de una reclasificación, un trasvase, de empleos informales a formales dado que esta categoría no representa nada más para el empleador y el empleado. Este sería el principal efecto de la reforma laboral de 2012.

IV. Reflexiones finales

Como lo refleja la estadística laboral, la precarización del empleo había venido ganando terreno a medida que el desempleo (o la desocupación) campeaba en la economía mexicana. Los trabajadores, acicateados por el temor al desempleo, ya aceptaban algunas prácticas que violaban la LFT. Así pues, la reforma de 2012 a esta ley vino a hacer legales prácticas ya cotidianas en la vida productiva como la del trabajador multifunciones o sin contrato, sin seguridad social ni prestaciones laborales. Sin embargo, esta legalización no ha sido inocua. Una vez establecidos los nuevos términos de las relaciones obrero-patronales, las condiciones de vida de los trabajadores han empeorado de manera vertiginosa.

El discurso de la flexibilización laboral consiste esencialmente en la precarización del trabajo asalariado. Esta política ofrece ventajas para el patrón que se puede hacer con trabajo a menores costos; sin que se constaten las promesas para los trabajadores de incremento de los puestos de trabajo y libre movilidad. La flexibilidad laboral es un concepto permeado de ideología, se destaca en él los beneficios (todos para el capital) y obvia los perjuicios (todos para el obrero).

Es necesario el diseño de una política que permita reagrupar a los trabajadores en torno a un programa mínimo de demandas ya no solo económico, sino político que les permita poner sobre la mesa los derechos constitucionales conculcados sistemáticamente. Asimismo, hace falta hacer un diagnóstico puntual de las condiciones laborales de los millones de trabajadores mexicanos. Tal y como existen las estadísticas oficiales es imposible conocer las características ni la magnitud del fenómeno. 

V. ANEXOS

Anexo 1. Tasa de crecimiento media anual del empleo total y de los trabajadores remunerados 2006-2019


Fuente: INEGI, Banco de Información Económica consultado en https://www.inegi.org.mx/sistemas/bie/

Anexo 2. Análisis de la Varianza de un solo Factor

En el primer caso, en el del total de empleados, el valor F, menor al valor crítico de 4.74 (que se muestra en la última columna), es igual a 0.794 y la significancia es de 0.39. Al estar la significación muy por encima de 0.05, podemos concluir que las diferencias de promedios entre la tasa de crecimiento del empleo de este tipo antes de 2012 y la de después de este año, no son significativas. Es decir, son iguales.

En el segundo caso, en el del total de empleados remunerados, el valor F, menor al valor crítico de 4.74 (que se muestra en la última columna), es igual a 0.955 y la significancia es de 0.347. Al estar la significación muy por encima de 0.05, podemos concluir que las diferencias de promedios entre la tasa de crecimiento del empleo de este tipo antes de 2012 y la de después de este año, no son significativas. Es decir, son iguales.

Anexo 3. Población ocupada, según condición de formalidad

Fuente: Inegi, BIE consultado en https://www.inegi.org.mx/sistemas/bie/ el 4 de agosto de 2019.

Anexo 4. Trabajadores según formalidad y posición en el empleo 2013 y 2018

Fuente: Inegi, BIE consultado en https://www.inegi.org.mx/sistemas/bie/ el 4 de agosto de 2019.

Anexo 5. Composición del empleo según formalidad y posición en el empleo 2018


Fuente: Inegi, BIE consultado en https://www.inegi.org.mx/sistemas/bie/ el 4 de agosto de 2019.

Anexo 6. Tasa de crecimiento anual del empleo según acceso a las instituciones de salud, 2006-2019


Fuente: INEGI, BIE consultado en https://www.inegi.org.mx/sistemas/bie/

 Figura 3. Tasa de crecimiento anual del empleo según tipo de contrato, 2006-2019

Fuente: INEGI, BIE consultado en https://www.inegi.org.mx/sistemas/bie/

Figura 4. Tasa de crecimiento anual del empleo según duración del contrato, 2000-2019

Fuente: INEGI, BIE consultado en https://www.inegi.org.mx/sistemas/bie/

[1] En el segundo trimestre de 2019, la tasa de participación en el mercado de trabajo era de 60%. De los cuales 27.8% son trabajadores informales; 3.5%, desocupados y 7.6%, subocupados.

[2] Revisado en http://www.diputados.gob.mx/sedia/biblio/prog_leg/005_DOF_30nov12.pdf

[3] En EE.UU., la participación del decil superior en el ingreso nacional se mantuvo por debajo del 35% de 1944 hasta 1980, más de 10 puntos menos de lo que ocurre ahora y ocurría en la década de 1920 a 1929 cuando estalló la Gran Depresión.

[4] A este periodo Angus Madisson, el gran historiador económico, lo denominó la Edad de Oro del Capitalismo.

[5] En el primer semestre de 2019 había un poco más de 4.2 millones de trabajadores subocupados; es decir, trabajadores que necesitan buscar otro empleo porque el ingreso que perciben por el que ya los ha contratado no satisface su gasto.

[6] El concepto de empleo informal “se refiere a todo trabajo que se esté realizando sin contar con el amparo del marco legal o institucional, no importando si la unidad económica [… es una] empresa formal” (INEGI, BIE consultados en https://www.cepal.org/sites/default/files/presentations/20190404_16._heredia-inegi.pdf).

Referencias

CEFP (2015) Evaluación de los primeros resultados de la Reforma Laboral. Disponible en: http://www.cefp.gob.mx/publicaciones/documento/2015/noviembre/cefp0232015.pdf

De Buen, N. (2015). El sistema laboral en México.

Fontana, J. (2016). la Revolución Rusa y nosotros. Nuestra Historia, 2, 155-163.

Harvey, D. (2007). Breve historia del neoliberalismo. Ediciones Akal.

INEGI. https://www.inegi.org.mx/

ILO (1991) Labour Market Flexibility. Discussion Papers. Disponible en: file:///C:/Users/CEMEES/Downloads/Labour_market_flexibility_critical_intro.pdf

Lóyzaga de la Cueva, Octavio Fabián (2013). Los grandes retrocesos de la reforma laboral. El Cotidiano, (178). [fecha de Consulta 23 de Octubre de 2019]. ISSN: 0186-1840. Disponible en: https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=325/32527006007

Secretaría de Trabajo y Previsión Social. Estadísticas (2019). Información laboral. Disponible en: http://www.stps.gob.mx/gobmx/estadisticas/menu_infsector.html

Pérez, M. L. () Análisis histórico de la reforma laboral de 2012. Disponible en https://ux.edu.mx/wp-content/uploads/2-ANALISIS-HISTORICO-DE-LA-REFORMA-LABORAL-DE-2012.pdf

Ramírez Chavez, Paulina Irma (2001). Flexibilidad en el mercado laboral: orígenes y concepto. Red Aportes.