José Revueltas y la formación de la Liga Leninista Espartaco (1960-1963)

Victoria Herrera / Miguel Alejandro

En abril de 1960 los miembros de las células Marx, Engels y Joliot- Curie ingresaron al POCM luego de la postura que asumió la dirección del PCM en la VIII Convención. Ese mismo mes José Revueltas en sus notas personales escribió al respecto lo que sigue:

Los caminos de la historia no son tan inescrutables como los de Dios, pero no dejan de ser sorprendentes. Hemos terminado por afiliarnos al POCM, única forma de proseguir la lucha interna. Asistimos a la convención nacional, Eduardo Lizalde, Enrique González Rojo y yo. Terminaron por elegirnos en la comisión ejecutiva. Ahora nuestro trabajo se plantea en otro plano. Por mi parte, considero que estamos ya en el camino de construir el partido de la clase obrera. La lucha ideológica ha de colocarse en un primerísimo plano, para superar cuanto antes la primera fase de esta segunda etapa.[1]

Lo relevante del párrafo es que en éste se sintetiza la lectura que realizó Revueltas sobre la determinación de unirse al POCM y las tareas que debían realizar dentro de éste e, incluso, fuera. De este modo, consideró que su afiliación al POCM era “la única forma de proseguir la lucha interna”; es decir, que la única vía para continuar con su objetivo de “desenajenar” al movimiento comunista mexicano sólo podía llevarse a cabo dentro del mismo.

Este razonamiento resultaba ser una cuestión estratégica pues, siguiendo la propia argumentación de Revueltas ya desarrollada en su etapa pre-espartaquista, la crisis del comunismo mexicano -incluido el POCM- había comenzado desde el nacimiento “artificial” del PCM y se había extendido por medio de escisiones a los nuevos partidos comunistas, por lo cual, concluía Revueltas, la única solución debía realizarse desde dentro del propio comunismo; pero, en virtud de que Revueltas ya no podía cumplir su cometido ni dentro del PCM ni del PP puesto que los había abandonado por mantener discrepancias ideológicas con estos, sugirió ingresar al único partido comunista restante, el POCM.[2]

Las diferencias de Revueltas respecto al PCM y al Partido Popular (PP) se mantuvieron fundamentalmente en el plano de las ideas, de tal manera que su objetivo principal en el POCM se conservó en ese nivel. Por esa razón en el párrafo citado Revueltas plantea que el trabajo a seguir se hallaba en ese ámbito, asimismo, afirmaba que sólo por este medio -por el conocimiento teórico de los planteamientos marxistas-leninistas, el autoconocimiento y la autocrítica de sus deficiencias- el movimiento comunista y sus partidos podían transformarse en la “vanguardia de la clase obrera”.

En ese sentido, José Revueltas estimaba alentador el traspaso que las células habían dado, pues veía la posibilidad de continuar con sus esfuerzos en torno a la construcción del partido de la clase obrera. Al mismo tiempo, tenía la impresión de que con este cambio se cerraba el ciclo de la crisis del PCM, así que Revueltas y los integrantes de las células entraron jubilosos a su nuevo partido y en la III Convención Nacional del POCM realizada en los primeros días de abril los integrantes del partido recibieron con satisfacción a los miembros disidentes del PCM. En esa reunión se designó la nueva Comisión Ejecutiva constituida por cinco miembros propietarios y tres suplentes, de los cuales tres eran José Revueltas, Eduardo Lizalde y González Rojo.[3]

José Revueltas quedó al frente del periódico del POCM, Noviembre, y González Rojo comenzó a publicar Proletario, órgano local del partido en Michoacán. En su nuevo cargo Revueltas pretendió realizar un libro sobre el problema ferrocarrilero. Y, bajo su principal objetivo, de combatir el dogmatismo o la enajenación del comunismo y, por tanto, de la clase obrera, Revueltas intentó abrir una discusión en todas las instancias del POCM por lo que propuso estudiar los documentos básicos del partido y la formulación de un proyecto respecto a su transformación.[4]

Sin embargo, en el afán de construir el partido marxista-leninista, Revueltas y compañía se enfrentaron a las propias determinaciones del partido. En los primeros días de mayo se presentaron dos sucesos que hicieron manifiestas las diferencias entre algunos miembros del partido y el grupo de Revueltas. El 5 de mayo el POCM celebró una velada en conmemoración del natalicio de Marx. En este evento José Revueltas presentó un documento titulado “El marxismo revolucionario y las deformaciones democrático-burguesas del socialismo en México” que fue cuestionado por Tereso González -responsable de organización del partido- porque según él la tesis de la “inexistencia histórica” del partido comunista que Revueltas planteaba “se basaba en una serie de razonamientos antidialécticos y que, además, no era del conocimiento del POCM, pues nunca se había discutido internamente.”[5]

El otro suceso que reveló las discrepancias del POCM con el grupo de Revueltas se dio dos días después, a razón de un documento que José Revueltas pretendía publicar como editorial en el número 202 de Noviembre. En esta ocasión justificaron que dicho escrito “expresaba puntos de vista en desacuerdo con la observancia del centralismo democrático y con la unidad del PCM, cuestiones admitidas en su solicitud de ingreso.” En una palabra, el POCM censuró el texto de Revueltas porque ponía en peligro la pretendida unificación de la izquierda que éste aspiraba.

En consecuencia, cuando se comenzó a discutir la agenda de la próxima reunión plenaria las divergencias volvieron a salir a la superficie, sobre todo respecto al punto de analizar el cambio del PP a Partido Popular Socialista. La mayoría de los integrantes de la Comisión Ejecutiva proponía no tratar el tema, en cambio Revueltas y Eduardo Lizalde opinaban que era necesario discutir el asunto. Así, en septiembre cuando se realizó la XVI Reunión plenaria y se abordó el asunto, la mayoría del POCM apoyó la iniciativa de Vicente Lombardo Toledano de renombrar a su partido. Sin embargo, Revueltas no coincidió en aceptar la proposición de Toledano; pues consideró que “representaba un burdo escamoteo”.

La dirección del POCM optó por rechazar la posición de Revueltas a favor de concertar una alianza con el PP, así que éste juntó a sus excompañeros de la célula Marx decidió abandonar las filas del partido a favor de superar los errores que él mismo había criticado anteriormente al PCM. De modo que, inmediatamente después de concluida la XVI Reunión plenaria del POCM Revueltas y sus compañeros fundaron la Liga Leninista Espartaco -se trataba de Eduardo Lizalde, Enrique González Rojo, Virginia Gómez Cuevas, Julio Pliego Medina, Antonio Cuesta Marín, Rosa María Phillips, Andrea Revueltas, Carlos Félix, Ernesto Prado, Alfonso Parabeles, Juan Brom, Manuel Aceves, Guillermo Mendizábal, Bernardo Bader, Jesús Rivero, entre otros.- A partir de este momento comenzó la etapa espartaquista del escritor y, como consecuencia, el espartaquismo en México.

Para argumentar la aparición de la LLE Revueltas explicó en su carta de naturalización – ¿Qué es, por qué nace, y qué se propone la Liga Leninista Espartaco? – que el nacimiento de la Liga se debía a “conflictos nacionales e internos muy agudos. Nace después de una lucha severa y extrema contra las deformaciones espontaneístas y burguesas del marxismo dentro del PCM y el POCM. No nace como un partido comunista ni lo es aún; nace con la decisión revolucionaria de contribuir con todas sus fuerzas al máximo fin histórico de la clase obrera…: la creación de un partido comunista, de un partido marxista-leninista.”[6]

En términos generales, los miembros de la célula Marx fundaron la LLE con el fin de crear el “verdadero partido comunista de México” porque dentro del PCM y del POCM fracasaron en su reclamo de que estos, hasta el momento, habían sido incapaces de encabezar a la clase obrera ¿qué objetivos prácticos se propusieron alcanzar y de qué modo? ¿Lograron cumplirlos?

En una carta que Revueltas escribió a González Rojo a mediados de 1961 se lee: “Recibí carta de Enrique [González Rojo], fechada en Morelia el 22 de julio [1961]. Plantea el problema de la transición de nuestro trabajo de la fase que hemos denominado ‘crítica de la conciencia’, a la de ‘extensión de la conciencia’.” [7] Estas líneas demuestran que el primer objetivo de la LLE a cumplir se centraba en una labor intelectual, en la crítica de la “conciencia deformada”. Es decir, combatir teóricamente la enajenación que, para los miembros de la LLE, padecía el PCM y el proletariado.

Para eso los miembros de la LLE se concentraron en el estudio de la historia de México y del marxismo. Revueltas argüía que la efectividad de un partido marxista-leninista en el país consistía en que éste no debía ser resultado de la transposición de otros partidos comunistas del mundo, como caracterizaba al PCM, sino que este partido debía corresponder a las necesidades propias de la clase obrera nacional y no de ningún otro lugar. Por tanto, para los integrantes de la Liga resultaba necesario el conocimiento de la historia del país desde la interpretación marxista de la historia.

En voz del cinedocumentalista Julio Pliego Medina, miembro de la LLE, “la actividad casi única en la Liga Espartaco era la lectura, estudio y discusión de documentos teórico-políticos de espeso contenido, que exponían las divergentes, cuando no excluyentes, posiciones del irrecuperable rompecabezas que constituía el complejo mosaico del movimiento comunista local.”[8]

En ese sentido, José Revueltas se dedicó a escribir de octubre de 1960 a abril de 1961[9] el Ensayo de un proletariado sin cabeza y, simultáneamente, la Liga comenzó a publicar un órgano de difusión nombrado Espartaco donde se publicaron los documentos de fundación de la LLE y algunos sobre las discusiones que la antigua célula Marx había tenido con la dirección del PCM, por ejemplo las Tesis Siqueiros-Revueltas de 1957.  Sin embargo, este proyecto sólo se llevó a cabo en tres ocasiones: octubre de 1960 y en enero y julio de 1961.

Paralelamente, en Morelia González Rojo fundó la revista Revolución, cuyo núcleo estaba conformado por estudiantes de los seminarios que él impartía en la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo (UMSNH). A diferencia de Espartaco, que publicó textos propios de la LLE, Revolución en los tres números consecutivos que sacó -de abril a junio de 1961- expuso textos de índole teórico-política como cultural. Así aparecieron al lado de resúmenes de El Capital escritos por González Rojo cuentos de Eduardo Lizalde y Rosa María Phillips, ambos miembros de la LLE, como textos de Efraín Huerta y Nicolás Guillén.[10]

Durante el año de 1961 el objetivo principal de los espartaquistas, como se intenta mostrar arriba, recayó en el estudio, discusión y difusión de su línea teórica por medio de charlas, conferencias, órganos informativos o, también, a través de círculos de estudio[11] formados en algunas escuelas en donde los miembros de la LLE fungían como profesores, tal es el caso de la UMSNH.

No obstante, de mayo a noviembre de 1961; es decir, en el transcurso del primer año de fundación de la LLE, José Revueltas viajó a Cuba por invitación del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC). En este lapso de tiempo la actividad de Revueltas se concentró en los trabajos propios del ICAIC: escritura de guiones cinematográficos y cursos de cine. Asimismo, en horas extraordinarias se desempeñó como miliciano y atendió un círculo de estudios sobre fundamentos de la filosofía marxista.[12]

La estancia del escritor en Cuba lo acercó a las ideas de la Revolución cubana y, en ese sentido, a la consolidación de su propio pensamiento respecto al devenir de la historia, pues en los años posteriores tanto la crítica de Krushev al PCUS como la derrota de los movimientos obreros en México de fines de los cincuenta y la incapacidad del PCM en convertirse en la guía de la clase obrera habían, de alguna forma, mermado las esperanzas de Revueltas en la rápida transformación de México al socialismo.[13]

Así cuando Revueltas regresó a México y se reincorporó al trabajo de la LLE emprendió una reorganización del trabajo de la Liga, en tanto que consideró que las “tareas ideológicas” que se habían programado no se habían desempeñado correctamente por la “espontaneidad” con que se llevaban a cabo y sobre todo por la “autosuficiencia intelectual” con que los miembros de la LLE analizaban los problemas. De manera que propuso “la conversión de la Liga en un equipo colectivo de trabajo en cuyo proceso estén incorporados todos los miembros sin excepción.”[14]

Asimismo, planteó que Espartaco y los círculos de estudio tenían una importancia fundamental en el trabajo de la Liga y que, en ese sentido, los miembros de la LLE debían trabajar en ambos medios con el fin de buscar contactos para el crecimiento de ésta.[15] No obstante, durante este periodo los mismos miembros del Comité Central (C.C.) de la LLE manifestaron su inconformidad con Revueltas, pues en varias ocasiones no había asistido a algunas reuniones del mismo.

Finalmente, el cambio de línea política que González Rojo había considerado como superada un año antes, no se concretó dado que Revueltas, como líder de la LLE, asumió que los miembros no habían desempeñado cabalmente su papel de críticos por lo que resultaba necesario continuar con la misma tarea, criticar los aspectos que permitían la enajenación de la clase obrera y, asimismo, al movimiento comunista mexicano. En una palabra, de lo que se trataba era de demostrar teóricamente la “inexistencia histórica” del comunismo en México.

Ese mismo año (1962) la LLE publicó el Ensayo de un proletariado sin cabeza, que a decir de González Rojo fue el breviario del espartaquismo, la obra capital de Revueltas perteneciente a su etapa espartaquista.[16] En este texto José Revueltas abordó, ampliamente, bajo un discurso teórico e histórico fundamentado en el marxismo-leninismo las premisas que constituyen su tesis sobre la “inexistencia histórica” del movimiento comunista en México y, en consecuencia, ofreció una alternativa para la creación del “verdadero partido leninista” con la formación de la LLE.

La publicación del libro se realizó bajo una serie de problemas. En el prólogo José Revueltas menciona que para que éste pudiera salir a la luz tuvo que pasar un año hasta que por medio de bonos y donativos se realizó su publicación; no obstante, el tiraje fue reducido, de manera que, la repercusión en otros ámbitos fuera de la LLE también fue mínima, salvo por algunos miembros de la izquierda mexicana, sobre todo intelectuales cercanos a Revueltas o implicados en el análisis.

La recepción que tuvo la obra capital del espartaquismo estuvo determinada por dos actitudes, quienes omitieron por completo la publicación del libro por tratarse de críticas puntuales hacía sus grupos, como los tres partidos comunistas, y quienes, como los trotskistas, reconocieron que se trataba de un libro de “primerísima calidad… que se yergue majestuoso en el desierto de nuestra pobre literatura marxista.”[17]

Para Revueltas la “inexistencia histórica” del movimiento comunista consistía en que desde el arribo del comunismo a México en 1919 bajo la forma del PCM, éste se asentó con características y principios ajenos o falsos a la situación nacional que ocasionaron que éste fuera incapaz de asumir las tareas de un partido de naturaleza comunista. En primer lugar, porque su nacimiento no fue producto de las necesidades de la clase obrera mexicana del momento y, en ese sentido, la aplicación del comunismo en el país no fue precedida por el esfuerzo teórico de aplicar los principios del marxismo-leninismo a las condiciones de la realidad nacional. Y, en seguida, porque ante esta situación los objetivos prácticos del PCM degeneraron en un “practicismo ciego” y un falseamiento de los principios fundamentales del partido leninista lo que, finalmente, provocó la inoperancia histórica del partido comunista.[18]

Por esa razón y, también, por la interpretación que Revueltas realiza sobre el curso de la historia nacional la clase obrera mexicana se encontraba enajenada; es decir, mediatizada, por un lado, por la ideología de la clase en el poder y, por el otro, por la ideología del Partido Comunista y del “marxismo democrático-burgués” de Lombardo Toledano. De modo que, a la conclusión a la que llega Revueltas es a determinar que “la clase obrera mexicana se proyecta en la historia de los últimos cincuenta años del país como un proletariado sin cabeza, o que tiene sobre sus hombros una cabeza que no es la suya.”[19] Lo que supone que los partidos comunistas no habían desempeñado la función de dirigir a la clase obrera.

A los ojos de un lector atento e informado la tesis principal del Ensayo sobre un proletariado sin cabeza puede parecer chocante o polémica. La primera objeción hipotética resulta fácil de imaginar: el material documental coetáneo a la discusión demuestra que el PCM existía en el mismo momento de la controversia. En consecuencia, el acto de negar la existencia de un fenómeno perfectamente constatable equivale a la locura impensable de negar la existencia de una realidad tan evidente como el sol. Luego entonces, ¿por qué el autor de la impugnación se empecina en negar la existencia de un partido que todavía existía en la práctica inmediata de la época?

La necesidad de encontrar una solución coherente que resuelva la cuestión precedente invita a reducir el alcance de la proposición en discusión. Acaso la tesis que suscita el debate no constituye más que un recurso de orden retórico que persigue el propósito de despertar el morbo y el alboroto de los lectores potenciales. Así se zanjaría el embrollo… pero también se mutilaría el sentido original del concepto controversial.

En el presente punto conviene tomar en cuenta las palabras del propio Revueltas. El 1 de junio de 1960 él mismo escribió un párrafo que ayuda a elucidar el significado adecuado de la expresión. Las líneas posteriores pertenecen a un artículo que apareció en las páginas de la revista Política:

Dicho concepto (…) se sustenta sobre el desarrollo que hace Engels de la fórmula de Hegel: “Todo lo real es racional y todo lo racional es real”. Dice Engels en su libro Ludwig Feuerbach: “(Pero)… para Hegel no todo lo que existe, ni mucho menos, es real por el solo hecho de existir. En su doctrina, el atributo de la realidad sólo corresponde a lo que, además de existir, es necesario”. La existencia de algo, como vemos por las anteriores palabras de Engels, puede ser entonces una existencia irreal cuando ese algo haya dejado de ser necesario. Si lo necesario, en la historia, es aquello que opera y se mueve dentro de las leyes de su desarrollo y como extensión de las mismas, cuando deja de ser necesario pierde su realidad histórica, deja de tener existencia histórica, aunque siga existiendo como una realidad práctica inmediata, pero ya no racional.

El PCM carece de existencia histórica, según mi punto de vista, porque no ha podido ser el partido necesario de la clase obrera, debido a una serie de circunstancias deformantes que no cabría analizar aquí.[20]

Los renglones previos revelan el trasfondo filosófico de la problemática. En primer lugar, aclaran la genealogía del concepto relativo a la “inexistencia histórica” del PCM. En términos generales la raíz histórica de la expresión se hunde en los principios fundamentales de la dialéctica hegeliana de la realidad y la necesidad. En su Filosofía del derecho (1821) Hegel estableció la tesis subsecuente: “todo lo real es racional, y todo lo racional es real”. Más tarde Engels aclaró que en la doctrina hegeliana “el atributo de la realidad sólo corresponde a lo que, además de existir, es necesario”[21].

La tesis central de Revueltas retoma la proposición de Hegel y hace suya la aclaración de Engels. En pocas palabras el concepto de la “inexistencia histórica” del PCM no hace referencia a la existencia práctica o efectiva (fehaciente o fáctica) de dicho partido. Más bien designa el carácter no necesario de la existencia histórica del mismo organismo. Por supuesto que existía “como una realidad de la práctica inmediata”. Sin embargo —arguye Revueltas— “lo necesario, en la historia (…) cuando deja de ser necesario pierde su realidad histórica, deja de tener existencia histórica”. En resumen, toda vez que “el atributo de la realidad sólo corresponde a lo que, además de existir, es necesario”, el PCM carecía de “existencia histórica”. En otras palabras, su existencia como una “realidad de la práctica inmediata” constituía una “existencia irreal”.

Asimismo, este término fue rechazado y cuestionado tanto por miembros de los partidos comunistas y grupos de izquierda como dentro de la misma LLE, pues algunos de sus miembros prefirieron asegurar que de lo que se trataba no era, precisamente, de la “inexistencia histórica” del PCM, sino de la irrealidad, incapacidad o inoperancia de éste por llevar a cabo sus tareas como organizadores del proletariado. González Rojo, por ejemplo, menciona que él propuso a la LLE que era más correcto hablar de irrealidad histórica que de inexistencia; sin embargo, esa discusión no llegó a ningún acuerdo, de manera que los documentos de Revueltas y Eduardo Lizalde se utiliza el término de “inexistencia histórica” y en los de González Rojo el de “irrealidad histórica”.[22]

El debate en torno al término alcanzó a las páginas de Política a partir de una reseña que González Rojo público en octubre de 1962 sobre el Ensayo… la cual obtuvo como respuesta la crítica de uno de los fundadores de la revista y miembro del recién fundado Movimiento de Liberación Nacional (MLN), Francisco López Cámara. En este debate -que se hizo presente en los últimos cuatro números de la revista- López Cámara cuestionó la veracidad del término, pues le parecía inconcebible plantear la “inexistencia histórica” del PCM si éste existía físicamente. Sin embargo, lo que no alcanzó a entender o no quiso entender el comentarista fue la argumentación que José Revueltas había planteado sobre su tesis en esa misma revista, dos años atrás.

En el año de la publicación del Ensayo se suscitaron nuevos problemas dentro del PCM que influyeron en el desarrollo de la LLE. A finales de 1961 algunos miembros del Comité del D. F. fueron expulsados del PCM, este grupo de defenestrados a mediados de 1962 comenzó a acercarse a la Liga con el objetivo de planificar una acción conjunta[23]; no obstante, la respuesta de la LLE ante esta situación fue mesurada.

La LLE –en pluma de Revueltas– consideraba que para que los grupos anteriormente expulsados del PCM y que pretendían acercarse a la Liga, como el Comité del D.F., el Frente Obrero Comunista y algunos dirigentes individuales aislados, estos debían aceptar por medio de una discusión ideológica los principios de la teoría leninista del partido. Ante esta situación, la LLE emprendió una nueva tarea: la fusión con otros grupos marxistas. Sin embargo, dicho proceso no se concluyó; pues, algunos grupos discreparon con las posiciones de la LLE acerca de la organización del partido.[24] Aun así Revueltas suponía que la Liga prometía el futuro partido que la clase obrera necesitaba porque, además de que la LLE era solicitada y reconocida por otros grupos de izquierda, la nueva crisis que atravesaba el PCM confirmaba su tesis de la “inexistencia histórica” del partido comunista en México. Incluso, en el texto que preparó en relación a la unidad con otros grupos marxistas se adelantó a sugerir que el Comité Central de la LLE estaba por convocar a su primera conferencia nacional para “sentar las bases orgánicas, ideológicas y políticas, para la realización, en el curso de 1963, del Congreso Constituyente del partido proletario de la clase obrera en México” Así como, de las tareas prácticas que de ésta se derivaban tal como trazar los lineamientos generales de su programa para las vías mexicanas al socialismo, elaborar una línea política, estratégica y táctica y, finalmente elegir democráticamente al comité central del próximo partido.[25]


[1] Las evocaciones requeridas, óp. cit., p. 377.

[2] “El camino estaba claro para nosotros: no plegar nuestras banderas ni por un segundo; no dejarnos sacar del movimiento comunista y apelar a la única dirección a la que podíamos recurrir, o sea a la comisión ejecutiva del POCM.” Escritos políticos II, óp. cit., p.150.

[3] Jorge Alonso, En busca de la convergencia. El Partido Obrero Campesino Mexicano, México, Ediciones la Casa Chata, 1990, p. 339.

[4] Ibíd.

[5] Ibíd.

[6]  “¿Qué es, por qué nace, y qué se propone la Liga Leninista Espartaco?” en Espartaco, vol.1, núm. 2, enero 1961, pp. 3-7, CEMOS.

[7] Escritos políticos III, óp. cit., p.218

[8] Días terrenales, testimonio de José Revueltas, dirigido por Julio Pliego Medina, México, 1994.

[9] Carta a Rosaura del 26 de abril de 1961, en Las evocaciones requeridas, óp. cit., p. 378.

[10] CEMOS, Revolución, vol.1, núms. 1, 2 y 3, abril, mayo y junio, 1961.

[11] AGN, DFS, caja 322, expediente Bernardo Bader Ocampo, Comparecencia de José Revueltas ante el agente del ministerio publico federal auxiliar, Cd. Mx., D.F., 18 de noviembre de 1968.

[12] “Cartas a María Teresa (esposa), Román (hijo) y Maka” Las evocaciones requeridas, óp. cit., pp. 379-400.

[13] José Revueltas, “Yo a la edad de quince años [1929] pensaba que haríamos la revolución en diez más. Ahora, a los cuarenta y cinco [1959], todavía estoy esperando que algún día tengamos el partido del proletariado.” Escritos políticos I, óp. cit., p. 15.

[14] “Balance autocritico de la Liga Leninista Espartaco”, en Escritos políticos III, óp. cit., p. 41.

[15] Ibíd., p. 42.

[16] Ensayo sobre las ideas políticas de José Revueltas, óp. cit., p. 39.

[17] José Revueltas, Ensayo de un proletariado sin cabeza, [edición original Editorial Liga Leninista Espartaco], México, ERA,1980. Prólogo, p. 8.

[18] Escritos políticos II, óp. cit., p. 71.

[19] Ensayo de un proletariado sin cabeza, óp. cit, p.75.

[20] José Revueltas, “No quisimos aceptar la sentencia de silencio”, Política. Quince días de México y el mundo, vol.1, núm. 3, 1 de junio de 1960, pp. 54-55.

[21] Friederich Engels, Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana, Moscú, Editoral Progreso, 1980, p. 8.

[22] Ensayo sobre las ideas políticas de José Revueltas, óp. cit., p. 40.

[23] Las evocaciones requeridas, óp. cit., p. 445 “Diario. Octubre 1962: Por divertido que parezca, todos los grupos de la `izquierda extrema´ acudieron a la Liga Espartaco para conversar con nosotros y planear, en lo posible, una acción conjunta.”

[24] “Plataforma de la LLE sobre el problema de unidad con otros grupos marxistas revolucionarios”, 29 de septiembre 1962, en Escritos Políticos III, óp. cit., p. 43.

[25] Ibíd., p. 45.

A %d blogueros les gusta esto: