El arte en la comuna de parís

Alan Luna

En la primavera de 1871 estalló la Comuna de París. En ocasiones cierta literatura intenta mencionar el acontecimiento como exclusivamente importante para los marxistas, deseosos de justificar por cualquier motivo su crítica hacia el sistema reinante. Sin embargo, la Comuna de París implicó mucho más, pues mostró que el proyecto de construcción de un mundo fuera de la lógica de producción enfocada únicamente en el mercado y la producción de capital era más que un proyecto de locos imaginativos y utópicos. Sobre todo, representó, como coinciden gran parte de los marxistas que estudiaron posteriormente el proceso, uno de los primeros intentos de la clase obrera de tomar como tarea propia el gobierno y la organización de la sociedad.

En este breve trabajo nos dedicaremos a mencionar la importancia que tuvieron los artistas de París, fundamentalmente, y, por lo tanto, lo que nos enseñaron sobre el arte y su actividad.

La Comuna de París “Fue un momento excepcional que sacó a los intelectuales y a los artistas del cada día, y los obligó a tomar una posición en un sentido u otro” (Rodríguez-Álvarez, 2021). En efecto, prácticamente ninguno de los artistas que por ese tiempo eran importantes en el escenario cultural parisino se quedó sin decir algo a favor o en contra de la Comuna. Muchos de ellos participaron directamente, otros la criticaron, pero difícilmente encontraremos apáticos en el proceso.

Louise Michel, la famosa anarquista que participó en el movimiento, da una lista de los artistas que participaron activamente con los comuneros entre los que figuran, fundamentalmente, pintores, escultores, arquitectos y grabadores litógrafos (Michel, 1898, p. 175).

Uno de los artistas activos más emblemáticos, fue sin duda el pintor realista Gustave Courbet. El trabajo de organización de los artistas que realizó fue importante y la declaración de sus intenciones al crear esta organización permite comprender su postura acerca del arte y los artistas, específicamente en relación con la participación que estos deberían tener en el proceso de transformación que la Comuna significaba. John Merriman, autor de Masacre, en donde con crudeza y realismo se narran los hechos en París antes y durante la Comuna, dice lo siguiente:

Courbet se movió rápidamente para organizar y codificar la libertad y la promoción de las artes en París. El 7 de abril se anunció una propuesta de 15 puntos. Su encendido discurso insistió en que París había salvado a Francia del deshonor. Hizo un llamamiento a los artistas, a los que París había «amamantado como lo haría una madre», a ayudar a reconstruir «el estado moral [de Francia] y la reconstrucción de las artes, que son su fortuna».

(Merriman, 2014, p. 109).

Fue así como en un anfiteatro de la Facultad de Medicina se creó la Federación de Artistas, además de Courbet que fue elegido presidente de dicha Federación. Formaban parte del comité Édouard Manet o Eugène Pottier (autor de La internacional).

En la declaración de Courbet citada por Merriman, podemos notar un planteamiento que hacía del arte un elemento activo de la transformación parisina. Los artistas no debían, no podían permanecer pasivos ante el intento del pueblo de tomar en sus manos el destino de sus vidas. Era su deber ayudar a la reorganización de París lejos del mandato de la monarquía representada por Luis Napoleón y por las tendencias monárquicas incorporadas a la figura de Adolphe Thiers, bajo cuyo régimen gran parte de los artistas inconformes ahora no habían sentido respaldo.

Fue muy significativo que un sector tan aparentemente alejado de la lucha por el poder político se inmiscuyera en la Comuna y declarara su simpatía y su apoyo. Para los artistas la Comuna significaba la liberación del espíritu humano, el alejamiento de las trabas que durante el régimen de Napoleón III se imponían y se aceptaban justificándolas como un conservadurismo del arte academicista.

En cualquier proceso revolucionario uno de los reclamos más frecuentes es respecto a la violencia revolucionaria. Al ser un proceso de disrupción de lo establecido, el furor de la revuelta lleva a destruir todo lo creado hasta ese momento por ser representación de lo que se quiere destruir, un cierto tipo de organización social que se muestra incluso en la forma en que se hace arte. O esto es lo que opinan los que intentan desacreditar a los procesos revolucionarios que realmente intentan transformar de raíz la sociedad. Pero la realidad muestra otra cosa.

En palabras de Merriman:

La Federación [de Artistas] asumió la responsabilidad de la conservación de los monumentos, museos, galerías y bibliotecas relevantes y propuso la idea de que la Comuna pagara la formación de jóvenes artistas excepcionalmente prometedores. […] La Federación estaba cada vez más preocupada por la protección de los tesoros artísticos del Louvre, temiendo que pudieran resultar dañados por los proyectiles de los versalleses…

(Merriman, 2014, p. 109).

Todo esto ocurría mientras, como dice Louise Michel “… la Asamblea de Versalles propagaba las pretendidas tendencias de la Comuna a destruir las artes y las ciencias” (Michel, 1898, p. 175). Como vemos, nada más alejado de la realidad.

La postura de Courbet, como la de muchos artistas, frente a la Comuna, tiene que ver con los fundamentos profundos de su concepción de la vida y del arte, pero dichas ideas no nacen por sí mismas en el hombre, sino que se adquieren dependiendo de una serie de condicionantes: las condiciones de vida, la gente que te rodea, la educación y, en general, todo el espacio social.

En Francia habían ocurrido, desde antes de la Comuna, distintas revueltas. Cada una de ellas levantaba una ola de diversas opiniones e iba impregnando cierta enseñanza en las luchas del pueblo por su emancipación. La formación de Courbet como artista y su delimitación por el momento en la historia de Francia que le tocó vivir la relata él mismo.

‘Al renegar del ideal falso y convencional, en 1848 levanté la bandera del realismo, la única que pone el arte al servicio del hombre. Por eso he luchado, lógicamente, contra todas las formas de gobierno autoritario y heredado por derecho divino, deseando que el hombre se gobierne a sí mismo según sus necesidades, en su provecho directo y siguiendo una concepción propia’.

(Citado en Micheli, 1988, p. 26).

El arte al servicio de la transformación de la vieja sociedad por una nueva. En este caso por medio de la representación de lo real y permitiendo la desmistificación de las formas.

Así como Courbet, gran parte de los hombres sensibles de la época vieron en la Comuna un movimiento liberador que permitía la exploración de las capacidades del arte, a la vez que se procuraba la conservación de los tesoros de los museos de París, rodeada y bombardeada primero por Prusia y después por Versalles.

Es importante mencionar que, aunque gran parte de los artistas parisinos se proclamó partidario de los comuneros, hubo también muchas críticas por parte de algunos sectores de intelectuales. Llama la atención la ausencia de escritores en la lista que tanto Louise Michel como Merriman presentan (salvo honrosas excepciones), que no eran pocos en el París de aquellos años.

Gran parte de los novelistas, ya con algún público, vacilaron entre el escepticismo y el desprecio abierto. El ser humanistas o progresistas no les impidió tomar distancia cuando se enfrentaron a la lucha real y llena de contradicciones. Muchos de ellos se catalogaban incluso dentro del realismo definido a la manera de Courbet, sin embargo, criticaron a la Comuna y mostraron oposición; esto demuestra que, aunque…

El Realismo era la expresión estética de vanguardia de una sociedad que cambiaba vertiginosamente al calor de la lucha de clases […] lejos estaba de ser un movimiento uniforme y, menos aún, con intenciones claras de intervenir en los hechos.

(Cena, 2019).

Este es el espacio para el desarrollo de la aparente contradicción; esta se puede enunciar de la siguiente manera: por un lado, las ideas que se tengan, la concepción del mundo de manera general, hacen que el individuo actúe de una forma u otra. Así las cosas, la cuestión es ¿por qué la misma interpretación de la realidad no arroja posturas similares en materia de las prácticas políticas?, ¿no acaso el humanismo y la crítica social que este traía consigo deberían tomar partido por aquella humanidad que ellos mismos veían y describían tan realistamente en sus obras? Sin embargo, la realidad es que no todos los humanistas de París, como mencionamos, se manifestaron en favor de la Comuna. El realismo definido de la forma en que Courbet lo hace, así como el humanismo o las ideas progresistas deberían alinearse todas ellas con los que representaban; sin embargo, no fue así, nombres reconocidos incluso ahora como los de Alejandro Dumas (hijo), Gustave Flaubert, Émile Zola, por mencionar algunos, no estaban muy conformes con el estallido.

El ejemplo anterior demuestra la conocida dialéctica hegeliana de lo abstracto y lo concreto y su utilidad para el estudio de todos los fenómenos. En lo abstracto, la simple relación de las ideas con la forma de actuar se convierte en una relación simple que, lejos de las determinaciones concretas, no dice demasiado. De tal manera que la respuesta a esta contradicción se alcanza buscando las determinaciones que permiten la diferencia entre la generalidad de los artistas de alguna u otra posición. Esto podría llevar páginas, sin embargo, podemos decir que hay una relación determinante que explica la distinción de las opiniones. El público de los novelistas era la pequeña burguesía lectora; en ese sentido, el temor a perder su favor y, por lo tanto, sus ingresos, pudo hacer pensar a los escritores que no era prudente apoyar sin reparos a los comuneros. Flaubert viendo el caos provocado estaba más preocupado por sus propiedades, y los ingresos que estas le daban, que por desentrañar la base racional del movimiento. En este sentido, se entiende que Victor Hugo, ya viejo en esa época, tratara de jugar un papel conciliador, pero nunca se calló las injusticias que desde su punto de vista se cometieron contra los comuneros (Edwards, 2002). De los escritores, era de los pocos que habían logrado romper el cerco burgués, sus obras eran conocidas por los más variados estratos sociales y gozaba de alto prestigio entre los comuneros.

Pero a pesar de las opiniones críticas de la Comuna por parte de los intelectuales o artistas, principalmente escritores, no se debe subestimar el poder transformador del proceso revolucionario. Muchos de estos grandes novelistas a la hora de reconsiderar los hechos escribieron tratando de desarrollar el complejo proceso, mostrando que las contradicciones inmanentes a todo fenómeno precisan siempre de un estudio riguroso para poder evaluar los pros y los contras de este.

La matanza de la que fueron víctimas los comuneros no dejó sin sorprender al mismo Flaubert, quien le reclamó a su amigo Du Camp “el haber rebajado a la Musa de la Historia a ser una empleada de la morgue, dada la sevicia de Les convulsions de Paris” (Domínguez Michael, 2013); este texto ataca sin piedad a los comuneros y justifica las acciones de Versalles, siendo asi una apología de estos últimos.  

La dialéctica entre los individuos y los hechos históricos se funde en el proceso revolucionario de la Comuna de París de tal manera que enseña no solamente el papel activo que los intelectuales y los artistas pueden jugar en la transformacion de sus sociedades, sino la forma en que el entorno, el contexto histórico, puede definir la inventiva y la determinación de la subjetividad del artista. Hay que recordar, como dice Alain Badiou que “… de hecho el genio siempre está inserto en un contexto, porque además siempre hay escuelas, grupos, invenciones colectivas bajo las cuales se subsume en última instancia la subjetividad creativa.” (Badiou, 2013, p. 12). No existe el genio separado de la sociedad, ni artistas independientes de las creaciones y sensibilidades colectivas, es solamente a través de la actividad y de su relación con los múltiples individuos y con los espacios y condiciones con que ellos conviven, que pueden desplegar sus potencias creativas. Esta era, de hecho, la exigencia de los artistas partidarios de la Comuna y por lo que estaban peleando, se buscaba un rompimiento con las formas establecidas y, por ende, una liberación de la actividad creativa en las distintas artes.

El entorno social cambia la actividad artística más de lo que imaginamos. El surgimiento del espacio social. Rimbaud y la Comuna de París, libro de Kristin Ross, hace un excelente análisis del papel que la Comuna jugó en la transformación de los escritos de Rimbaud, a pesar de no saberse con exactitud el papel de este poeta en la Comuna. El estudio introductorio de este texto escrito por el famoso crítico literario Terry Eagleton es, además de una excelente presentación de los temas ahí tratados, un resumen de lo que la Comuna implicó para la vida de los que ahí estuvieron:

La Comuna, como nos recuerda Kristin Ross, no fue ciertamente un carnaval. En mayo de 1871 murieron en las calles de París unos veinticinco mil insurgentes, más que en cualquiera de las batallas de la guerra franco-prusiana. Pero, si bien no fue un carnaval, sí compartió ciertos rasgos carnavalescos, como este estudio demuestra con brillantez. Más que las revoluciones más clásicas, la Comuna consistió en una transformación rápida y vertiginosa de la vida cotidiana, una drástica perturbación de las habituales interpretaciones del tiempo y el espacio, la identidad y el lenguaje, el trabajo y el ocio.”

(Eagleton, 1988, p, 10).

A pesar de la rápida derrota de la Comuna, la transformación vertiginosa de la vida cotidiana de la que habla Eagleton significó un desafío para la cotidianidad. Demostrar que no existe solamente una determinación de los pueblos, que cada quien puede elegir la forma de vida que quiere y cómo la quiere, que las mayorías deben tomar en sus manos las riendas del futuro de sus comunidades. A todo esto, los artistas contribuyeron en la actividad en donde ellos se sintieron útiles y competentes. La Comuna de París, incluso en este aspecto aparentemente separado de los problemas políticos, nos dejó una enseñanza para la posteridad.


Referencias

Badiou, Alain (2013), La filosofía frente al comunismo. De Sartre a hoy. Conversación con Peter Engelmann, Siglo XXI, Argentina.

Cena, Sergio (2019), “Courbet y la Comuna de París” en Ideas de izquierda, tomado el 16 de mayo de 2019. Sitio web: https://www.laizquierdadiario.com/Courbet-y-la-Comuna-de-Paris#nh11

Domínguez Michael, C. (2013) “Flaubert y la Comuna de París”, en Confabulario. Tomado el 17 de mayo de 2021. Sitio web: <https://confabulario.eluniversal.com.mx/flaubert-comuna-de-paris/

Eagleton, Therry (2018), “Prefacio” a Ross, Kristin (2018), El surgimiento del espacio social. Rimbaud y la Comuna de París, Akal, España.

Edwards, J., (2002) “La resurrección de Victor Hugo”, en Letras Libres, tomado el 16 de mayo de 2021. Sitio web: https://www.letraslibres.com/mexico-espana/la-resurreccion-victor-hugo

Rodríguez-Álvarez, P. (2021). “El arte y los artistas en la Comuna de París”, 15/mayo/2021, de Anticapitalistas. Sitio web: http://comunizar.com.ar/arte-los-artistas-la-comuna-paris/

Merriman, John (2014), Masacre, Siglo XXI, España.

Michel, Louise (1898) La Comuna de París, Biblioteca anarquista, España.

Micheli, Mario (1988) Las vanguardias artísticas del Siglo XX, El sudamericano.