Diabetes Mellitus: Otra plaga del neoliberalismo

Alitzel Donají Gallardo Ramírez

La diabetes mellitus (DM) es un grupo de trastornos metabólicos caracterizados por la hiperglucemia, debida a defectos en la producción o acción de la insulina (Mediavilla et al., 2015). Puede clasificarse en cuatro categorías clínicas:

  1. Diabetes tipo 1: ocurre cuando el páncreas no produce una cantidad suficiente de insulina. A menudo se presenta en la infancia o adolescencia y requiere tratamiento con insulina durante toda la vida. Se divide en autoinmune e idiopática.
  2. Diabetes tipo 2: es el tipo de diabetes más común en adultos y se caracteriza por hiperglicemia y grados variables de deficiencia y resistencia a la insulina.
  3. Diabetes gestacional: cualquier intolerancia a los carbohidratos diagnosticada durante el embarazo.
  4. Otros tipos específicos de DM: se incluyen las debidas a enfermedades del páncreas o por exposición a fármacos.

Es una de las enfermedades con mayor impacto sociosanitario, no sólo por su alta prevalencia, también por las complicaciones crónicas, las cuales conllevan una elevada tasa de mortalidad. Estimaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS) indican que, a nivel mundial, de 1995 a la fecha se ha triplicado el número de personas que viven con DM. De acuerdo con la Federación Internacional de Diabetes, China, India, Estados Unidos, Brasil, Rusia y México son -en ese orden- los países con mayor número de diabéticos (Agudelo-Botero & Dávila-Cervantes, 2015; Hernández-Ávila, 2013).

I. Historia de la dieta mexicana

La alimentación de los pueblos indígenas mexicanos era variada y carecía de hidratos de carbono refinados, así como de fuentes de grasa por freír. Por otra parte, la actividad física era generalizada y constante, por lo que la obesidad era poco frecuente (Rivera-Dommarco, JA; Hernández-Ávila, M; Aguilar-Salinas, CA; Vadillo-Ortega, F; Murayama-Rendón, 2012).

Lo anterior contrasta fuertemente con la situación actual, pues a pesar de la abundante producción de alimentos, la distribución está lejos de ser homogénea, a pesar de que las empresas comercializadoras llegan a lugares muy remotos y relativamente aislados (Martínez, 2014).

Por otro lado, es conocida la asociación entre la abundancia de comida y obesidad, resultante de depender cada vez más de la adquisición de alimentos y de los efectos de la propaganda por favorecer los industrializados. Estas situaciones favorecen la dependencia alimentaria, con efectos nocivos sobre el estado de nutrición, estrechamente relacionados con la marginación, la pobreza y el inadecuado capital cultura (Vargas Guadarrama, 2012). Esto provoca que, en el mismo país cohabiten graves problemas de desnutrición y carencias de micronutrientes, con el aumento de las enfermedades crónicas no transmisibles (ECNT) (Buenrostro & White, 2008).

México tiene cualidades que han acelerado su transición alimentaria, como la influencia económica y comercial de EE. UU., un factor extremadamente relevante para la introducción de productos ultra procesados y comercios de comida rápida, que se han convertido en parte de las costumbres y hábitos alimenticios de la población (Housni, Magaña, Macías, Virginia, & Bracamontes, 2016).

II. Obesidad y diabetes

El resultado de la introducción de alimentos procesados de alto contenido calórico ha traído como consecuencia el incremento de los casos incidentes de obesidad.

La obesidad suele definirse como el exceso en la proporción de masa grasa en el organismo. La ingestión y el gasto se regulan para controlar el balance energético. Ya sea debido a cambios en la ingestión, en el gasto o en ambos, en la obesidad el ingreso supera al gasto, y el balance de energía se torna patológicamente excesivo. Este exceso de energía se deposita, en forma de grasa, en el tejido adiposo.

Las razones de este trastorno biológico pueden ser orgánicas, pero se combinan con factores no orgánicos. La conducta alimentaria está alterada, pero detrás de la conducta alimentaria y de la sencilla ecuación del balance energético, se esconden numerosos factores co-determinantes históricos, genéticos, metabólicos, intelectuales, económicos, etc. (Vargas Guadarrama, 2012).

Actualmente, el gasto energético ha disminuido, por reducción de la actividad física. El hecho de mantener al trabajo atado a una máquina ha propiciado el sedentarismo en el trabajo, y las extenuantes jornadas han hecho lo mismo con la recreación (Loría & Salas, 2015; Torres & Rojas, 2018). Por otro lado, la ingestión de energía ha aumentado debido tanto al consumo de cantidades mayores de comida como cambios en la composición de la dieta (ver Tabla 1) (Vargas Guadarrama, 2012).

Tabla 1. Ingesta dietética en mujeres de 18-49 años, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Nutrición 1988 y 1999.

Fuente: tomada de J. Rivera, S. Barquera, F. Campirano et al. Epidemiological and nutritional transition in Mexico: rapid increase of non-communicable chronic diseases and obesity. (2003).

Estos cambios han ocurrido de manera paralela al fenómeno de globalización, que se asocia urbanización acelerada, a una presión mercadotécnica desbordada, a la profusión de publicidad fantasiosa y a un liberalismo comercial extremo, que rehúye la regulación (Vargas Guadarrama, 2012).

III. Transición de la alimentación durante el
Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN)

Desde 1965, la producción de alimentos básicos en nuestro país empieza a rezagarse frente a la dinámica de crecimiento de la población. En la década de los 80, al efectuarse una apertura comercial indiscriminada con la adhesión de nuestro país al Acuerdo General sobre Aranceles y Comercio (GATT, por sus siglas en inglés) y luego con la firma del TLCAN, el gobierno renuncia a producir los alimentos que consumen los mexicanos y prefiere buscar los precios más baratos en el mercado internacional (Trápaga Delfín, 2002).

Como consecuencia de la apertura comercial, México experimentó una serie de cambios que afectaron los patrones de producción alimentaria y, por ende, los patrones de consumo de alimentos. El sector agrícola fue uno de los sectores que sufrieron transformaciones drásticas a partir de la apertura comercial (Clark S, Hawkes C, 2012; Moreno L, Hernández D, Silberman M et al, 2014).

Otro de los sectores que influyen en el patrón de consumo alimentario es la industria alimentaria, pues en las últimas décadas se han operado cambios en la producción, conservación y preparación de los alimentos, que pasaron de procesos artesanales a industriales (Sample, 2004). En los primeros años posteriores a la firma (1999-2001), los grupos de industrias que más crecieron fueron los de pasteurización y envasado de leche (179.6%), papas, charritos, etc. (117.4%), envasado de frutas y legumbres (105.6%) y salsas, mayonesa y otros condimentos y jarabes (100%) (Garza-Montoya & Ramos-Tovar, 2017; Salomón A, 2005).

Tabla 2. Variación porcentual de la proporción del gasto monetario efectuado por productos. México 1984-2005

Fuente: tomada de Garza-Montoya, B. G., & Ramos-Tovar, M. E. Cambios en los patrones de gasto en alimentos y bebidas de hogares mexicanos (1984-2014). (2017).

Sin embargo, el patrón de consumo alimentario en México no es homogéneo: se encuentra altamente polarizado en función de los niveles de ingreso de la población. El salario mínimo promedio nacional ha perdido más de tres cuartas partes de su poder de compra (-77.23%) desde 1976, año en que se alcanzó el salario más alto en términos reales. Hoy sólo se puede comprar la canasta básica alimentaria si se ganan más de cuatro salarios mínimos. (Trápaga Delfín, 2002).

IV. Impacto económico de la diabetes en México

Las enfermedades crónicas no transmisibles (ECNT) -entre las que se cuenta la diabetes- constituyen uno de los mayores retos que enfrenta el sistema de salud, debido al gran número de casos afectados (ver Tabla 3), la creciente contribución a la mortalidad general, la aparición en edades cada vez más tempranas, el hecho de ser la causa más frecuente de incapacidad prematura, así como la complejidad y costo elevado de su tratamiento (Barba JR., 2018) (Córdova-Villalobos JA, 2008).

Tabla 3. Sobrepeso y obesidad en mujeres y niños, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Nutrición 1988 y 1999

Fuente: tomada de J. Rivera, S. Barquera, F. Campirano et al. Epidemiological and nutritional transition in Mexico: rapid increase of non-communicable chronic diseases and obesity. (2003).

La Secretaría de Salud estima que el costo total de la diabetes en 2017 fue de 240 mil millones de pesos (ver Gráfico 1), con una proyección de 272 mil millones para 2023, un aumento del 13% en seis años. Estos números resultan no sólo de la atención médica necesaria para los pacientes. También en ellos se reflejan las pérdidas de productividad por incapacidad o mortalidad prematura (Epidemiol & Secretar, 2018; Salas-Zapata, Palacio-Mejía, Aracena-Genao, Hernández-Ávila, & Nieto-López, 2018).

En México, la situación se encuentra muy lejos de estar controlada. Nuestro país destina menos del 3% del PIB anual para la atención de la salud. Esto empeora cuando observamos el porcentaje que se destina a la cuestión de la seguridad social (ver Tabla 4). Sin embargo, no es éste el problema más alarmante, sino todas las personas que no cuentan con algún tipo de seguro y tienen que hacerse cargo de estas enfermedades y sus complicaciones, lo cual ocasiona un gasto catastrófico, agudizando su condición de pobreza.

Gráfico 1. Pérdidas económicas debido a Diabetes Mellitus en México (2017)

Fuente: Rivera-Dommarco JA, Colchero MA, Fuentes ML, González de Cosío-Martínez T, Aguilar-Salinas CA, Hernández-Licona G, Barquera S (eds.). La obesidad en México. Estado de la política pública y recomendaciones para su prevención y control. Cuernavaca: Instituto Nacional de Salud Pública (2018)

Tabla 4. Indicadores económicos y de salud en los países participantes del Tratado de Libre Comercio de América del Norte. 2002

Fuente: tomada y adaptada de Terrés- Speziale AM. Homo longevus: El paradigma del envejecimiento sano. (2014).

Esta falta de inversión en la salud poblacional es la principal causa del aumento sostenido tanto de la enfermedad en sí, como de las complicaciones y, por tanto, de la mortalidad (ver Gráficos 2 y 3).

Gráfico 2. Morbilidad general, debido a enfermedades relacionadas con la dieta en México, de 1990 a 2017

Fuente: elaboración propia, con datos del Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI) de 1990-2017.

Gráfico 3. Mortalidad debido a enfermedades crónicas relacionadas con la dieta en México, de 1990 a 2017


IAM: Infarto agudo al miocardio, DM: Diabetes mellitus.
Fuente: elaboración propia con datos del Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI) de 1990-2017.

V. Conclusiones

El estudio de los problemas de salud poblacional como la DM debe ir más allá de etiquetarlos como simples problemas que se deben al mal cuidado de la persona. El principal error de la serie de políticas sociosanitarias llevadas a cabo para frenar el crecimiento de la enfermedad reside en que creemos que las acciones ejercidas de forma individual podrán resolver este gravísimo problema.

La diabetes, como muchos otros problemas de salud, tiene sus bases más fuertes en el ambiente en que vive y se desenvuelve la gente día a día. Las causas -y, por tanto, las soluciones- deben ir más allá del cambio de la dieta y la implementación del ejercicio en la vida diaria. Se necesita un cambio desde las bases económicas, que reduzca la dependencia alimentaria del país, y que asegure que todos los mexicanos tengan alimento de buena calidad y en cantidades adecuadas.

Aunque el estado mexicano ha promovido la aplicación de múltiples políticas para reducir el aumento excesivo de la población enferma, éstas han fallado no porque estén mal, sino porque sólo alcanzan a arañar la superficie, pero nunca atacan el problema de fondo real, que es el afán de ganancia de los grandes capitalistas, dueños de las principales refresqueras y cadenas de comida rápida.

En conclusión, la salud también es un reflejo de las condiciones socioeconómicas de los individuos. El ataque de los principales problemas de salud debería empezar por el análisis de estas condiciones. De nada sirve que destinemos recursos a concientizar a la gente de lo errónea que es su alimentación o su estilo de vida, si no nos aseguramos que tengan condiciones propicias para llevar a cabo los cambios que necesiten para preservar su salud.


Referencias

Agudelo-Botero, M., & Dávila-Cervantes, C. A. (2015). Carga de la mortalidad por diabetes mellitus en América Latina 2000-2011: los casos de Argentina, Chile, Colombia y México. Gaceta Sanitaria, 29(3), 172–177. https://doi.org/10.1016/j.gaceta.2015.01.015

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Salas-Zapata, L., Palacio-Mejía, L. S., Aracena-Genao, B., Hernández-Ávila, J. E., & Nieto-López, E. S. (2018). Direct service costs of diabetes mellitus hospitalisations in the Mexican Institute of Social Security. Gaceta Sanitaria, 32(3), 209–215. https://doi.org/10.1016/j.gaceta.2016.06.015

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