Por Rogelio García Macedonio | Abril 2024
Introducción
Ruy Mauro Marini (1932-1997) fue un sociólogo y economista brasileño destacado dentro de la corriente de pensamiento económico de los teóricos de la dependencia en América Latina. El eje central de su trabajo es el análisis de la relación de dependencia entre las economías desarrolladas y subdesarrolladas en un sistema capitalista mundial. Una de sus obras más conocidas es Dialéctica de la Dependencia (1973), en ella hace un análisis crítico de la forma en que está estructurada la economía mundial, donde revela con meridiana claridad que la relación que se establece entre economías desarrolladas y subdesarrolladas responde esencialmente a la relación social y estructural capitalistas. Esta dependencia es una relación de dominación y explotación que ejercen los países desarrollados sobre los subdesarrollados.
Si bien es cierto que existe una dependencia entre los países, las relaciones de poder de clase dentro de los países subdesarrollados también existen y, tal vez, con más ímpetu. Por ello se adentra en el análisis de las relaciones de poder, las estructuras de clase y las luchas sociales de los países latinoamericanos, llegando a argumentar que las élites locales, en alianza con las élites internacionales, se benefician de la dependencia económica y mantienen el statu quo en detrimento de las mayorías empobrecidas. Al ser un teórico prominente de la economía dentro de la teoría de la dependencia, sus ideas han sido objeto de debates y han tenido repercusiones dentro de las otras corrientes de pensamiento del continente. Parte de su análisis ha permitido discutir y comprender -junto con los otros teóricos de la dependencia y otras corrientes- las dinámicas de explotación y desigualdad en la economía latinoamericana y cómo habría que empezar a cambiar esa situación. En su análisis de la relación de dependencia usa un concepto que denomina: superexplotación. Esta es la piedra angular en que sustenta su teoría de la dependencia de los países de América.
El propósito de este trabajo es analizar el concepto de superexplotación. Al ser un concepto que da unidad a la explicación del sistema de la dependencia, es fundamental conocerlo a cabalidad, incluidas sus limitantes. El análisis se dividirá en tres apartados: describir grosso modo la explicación de Marini sobre la teoría del intercambio desigual y el concepto de superexplotación, después se presentarán las críticas al concepto y, por último, las conclusiones del análisis.
1. Intercambio desigual y superexplotación
Marini (1973) en Dialéctica de la Dependencia empieza por reafirmar su análisis dentro de la tradición marxista, rechaza el eclecticismo y dogmatismo, y aboga por la aplicación de las categorías marxistas a la realidad como instrumentos de análisis y anticipaciones de su desarrollo ulterior, para evitar la mistificación o reemplazo de los fenómenos por las categorías. En ese tenor, el análisis tiene “que ponderarlas, sin que esto implique en ningún caso romper con el hilo del razonamiento marxista, injertándole cuerpos que le son extraños y que no pueden, por tanto, ser asimilados por él” (Marini, 1973: 16). Es importante ubicarlo dentro de los autores marxistas que han hecho trabajos que buscan describir la realidad latinoamericana dentro de ese sistema de pensamiento.
El siguiente apartado aborda la integración de América Latina al mercado mundial y cómo es que a partir de esa inserción surge la dependencia. La región se integró a la dinámica internacional del capital desde el siglo XVI, cuando las metrópolis colonizaron el continente. Con este proceso el flujo de mercancías y el desarrollo del capital comercial y bancario fueron florecientes porque empezó a fluir la producción de metales preciosos y otras mercancías. O sea, se asiste a la división internacional del trabajo y esto “determinará el curso del desarrollo ulterior de la región. En otros términos, es a partir de entonces que se configura la dependencia, entendida como una relación de subordinación entre naciones formalmente independientes, en cuyo marco las relaciones de producción de las naciones subordinadas son modificadas o recreadas para asegurar la reproducción ampliada de la dependencia” (Marini, 1973: 18).
En ese sistema que cimentó la industria moderna, Marini plantea una tesis interesante que afirma que sin la participación de América Latina se hubiera obstaculizada la creación de la industria porque para que se desarrolle se necesita “una gran disponibilidad de bienes agrícolas, que permita la especialización de parte de la sociedad en la actividad específicamente industrial” (Marini, 1973: 20). Pues con la participación de América Latina en ese proceso, lo que aportó fueron productos agrícolas, permitiendo a las naciones independientes desarrollar su industria. Lo más importante de este proceso fue que “el eje de la acumulación en la economía industrial se desplace de la producción de plusvalía absoluta a la de plusvalía relativa, es decir, que la acumulación pase a depender más del aumento de la capacidad productiva del trabajo que simplemente de la explotación del trabajador” (Marini, 1973: 23). Pero para los trabajadores de América, lo que pasará es justo lo contrario, pues aquí aumentará la explotación del trabajador.
Explicada la integración, analiza el secreto del intercambio desigual entre países. Para ello explica que la productividad y el diferente grado de explotación en -otra vez, están presentes elementos marxistas- en los países independientes y dependientes es lo que permite la existencia del intercambio desigual. Cuando aumenta la productividad ocurre que aumenta la cantidad de productos creados en una misma unidad de tiempo, lo que permite que se abaraten las mercancías que necesita el obrero para reponer su fuerza de trabajo, es decir, disminuye el salario del obrero cuando aumenta la producctividad del trabajo. Para Marini el grado en que se compone el valor en los países dependientes e independientes, es en este último punto donde Marini (1973) argumenta que América Latina contribuyó a que disminuyera el valor de los bienes que necesitaban los países independientes para desarrollar su industria, cuando se incorporó al mercado mundial.
El reverso de este problema se presenta cuando se da el intercambio internacional. Se trata sobre todo de la disminución del precio de los bienes de materias primas y alimentos de los países subdesarrollados frente al precio de los bienes industriales de los países desarrollados. En este entramado del comercio internacional sucede que “como el precio de los productos industriales se mantiene relativamente estable, y en todo caso declina lentamente, el deterioro de los términos de intercambio está reflejando de hecho la depreciación de los bienes primarios” (Marini, 1973: 30). Este desfase se debe a un desajuste entre productividades. Pues ahí donde la productividad es mayor se pueden presentar precios más bajos y al contrario, pero en el caso de las naciones desarrolladas sus precios en el intercambio internacional no disminuyen, lo que provoca que les genere ganancias extraordinarias, esto en un primer caso entre naciones desarrolladas. Por otro lado, en el caso de intercambio entre naciones desarrolladas y no, el simple hecho de que se intercambien bienes manufacturados y materias primas, “permite que las primeras eludan la ley del valor, es decir, vendan sus productos a precios superiores a su valor, configurando así un intercambio desigual”.
La consecuencia de ese intercambio desigual es que las naciones subdesarrolladas ceden en el intercambio gratuitamente una parte del valor de lo que producen. Esta pérdida del valor para la compensan con una mayor explotación de la fuerza de trabajo: “el capitalista debe necesariamente echar mano de una mayor explotación del trabajo, ya a través del aumento de su intensidad, ya mediante la prolongación de la jornada de trabajo, ya finalmente combinando los dos procedimientos” (Marini, 1973: 36), es decir, aquí describe la forma clásica de explotación de la fuerza de trabajo. Para después dar paso a lo que denomina superexplotación del trabajo.
Ante el intercambio desigual la reacción de una economía dependiente es compensar la pérdida de ganancia en el plano de la producción interna. Para ello se usan tres formas: primero, “el aumento de la intensidad del trabajo aparece, en esta perspectiva, como un aumento de plusvalía, logrado a través de una mayor explotación del trabajador y no del incremento de su capacidad productiva” (Marini, 1973: 38): segundo, además de ello, se aplica la forma clásica ya conocida de que se prolonga la jornada de trabajo, lo que es lo mismo la plusvalía absoluta, la cual se trata de aumentar el tiempo de trabajo excedente, es decir, el tiempo que transcurre después de haber producido lo equivalente a su salario (valor de los medios de subsistencia): y, tercero, en “reducir el consumo del obrero más allá de su límite normal, por lo cual `el fondo necesario de consumo del obrero se convierte de hecho, dentro de ciertos límites, en un fondo de acumulación de capital´, implicando así un modo específico de aumentar el tiempo de trabajo excedente”.
En resumen, ante el intercambio desigual, las economías dependientes de América Latina reaccionan compensando la pérdida de plusvalía a través de la intensificación de la explotación laboral, la prolongación de la jornada de trabajo y la reducción del consumo del trabajador más allá de sus necesidades básicas. Estas medidas buscan incrementar la generación de plusvalía sin necesariamente mejorar la capacidad productiva.
La digresión sobre el método del principio parecía innecesaria, pero al llegar a este punto, arguye dos cosas: 1) que estas son categorías usadas en las relaciones capitalistas, pero que si se usan, es en aras de “caracterizar mejor los fenómenos que pretendemos estudiar y también porque indican la dirección hacia la cual éstos tienden” (Marini, 1973: 39) y 2) estos mecanismos de extracción de plusvalía no precisan de la existencia de un intercambio desigual, sino que solo las exacerban, pues “tiene como resultado inmediato desatar un afán de ganancia que se vuelve tanto más desenfrenado cuanto más atrasado es el modo de producción existente”.
Estos tres métodos de extracción de plusvalía se aplican en América Latina de forma combinada, pero tienen la característica de “enfocarse exclusivamente en la mayor explotación del trabajador, y no en el desarrollo de su capacidad productiva” (Marini, 1973: 39). Prosigue diciendo que está en consonancia con el nivel de desarrollo de la fuerzas productivas y con las actividades económicas que se realizan aquí. En países desarrollados un aumento de trabajo implica un mayor gasto en materias primas, pero en la industria extractiva y la agricultura el efecto sobre el capital constante es menos sensible, “siendo posible, por la simple acción del hombre sobre la naturaleza, incrementar la riqueza producida sin un capital adicional” (Marini, 1973: 41).
2. Algunas cuestiones entorno al concepto de superexplotación
2.1. La crítica de Cardoso & Serra
En Cardoso & Serra (1978) se encuentran algunas críticas a las posiciones Marini en torno a la dependencia y la superexplotación. En cuanto a la teoría del intercambio afirman que si Marini hubiera recogido la explicación que hacía Prebisch de que “la lucha de clases es un componente dinámico en la explicación del fenómeno” se hubiera dado cuenta que la desigualdad del comercio no se explica por el mercado, sino dentro del sistema productivo. En Prebisch, dicen ellos, la diferencia de precios relativos entre industria y agricultura no se derivan del comercio en sí. Marini, en vez de seguir la pista de Prebisch propuso en cambio la teoría del intercambio desigual, confundiéndola con la tendencia al deterioro de los términos de intercambio.
Para atacar la confusión de Marini se analizan primero los términos de intercambio: si aumenta más la productividad en la producción de máquinas textiles que en la producción de café y se transfiere en menor medida en los precios este aumento, estaría ocurriendo una “creciente transferencia de valor de la periferia hacia el centro ya que una unidad de máquinas textiles se vendería a un precio creciente superior a su valor, dice Marini” (Cardoso & Serra, 1978: 22). Por ello la tasa de ganancia del país industrializado aumenta, mientras que del subdesarrollado disminuye, ante ello, estos últimos aumentan la explotación física a fin de compensar la masa de valor que se perdió, pero estos lo hacen aumentando la intensidad o la prolongación de la jornada de trabajo o combinando los dos procedimientos. Solo así se explica, desde Marini, cómo se puede compensar la pérdida de valor, se explica la tendencia al deterioro de los términos de intercambio y por ello mismo, aumenta la oferta de alimentos y materias primas.
Cardoso & Serra (1978) pasan después a la crítica certera:
“¿Qué decir de los presupuestos de esta dialéctica de la dependencia anclada en la superexplotación como mecanismo de respuesta a la caída en el índice de los términos de intercambio?
Por cierto, como ya lo dijera Prebisch, existe realmente la tendencia al mantenimiento de un diferencial de salarios en perjuicio de los trabajadores de la periferia. Eso es importante económica y políticamente, siempre que se entienda que el fundamento dinámico de esa relación es el proceso de la lucha de clases, y no una férrea ley imaginaria. Pero Marini invierte el análisis y tropieza en la lógica. Invierte porque toma como causa, en vez de la historia real, una tendencia que él supone teóricamente existente[1]” (Cardoso & Serra, 1978: 22).
Para mostrar la confusión del teórico de la dependencia empiezan por derrumbar la idea de que al aumentar las exportaciones latinoamericanas de alimentos y materias primas se abarata el capital variable en los países desarrollados y por tanto la tasa de ganancia declina, para ellos, en realidad debería ocurrir lo contrario, es decir, aumentar la tasa de ganancia, si nos apegamos estrictamente a la lógica marxista. Pues, al reducir el valor del capital variable “aún causando un aumento en la composición orgánica del capital (por disminuir el denominador de ese coeficiente), no hace sino elevar la tasa de ganancia, al provocar un fuerte aumento de la tasa de plusvalía… Es un engaño teórico.” (Cardoso & Serra, 1978: 23).
Pero no solo eso, sino que el error central del análisis estriba en que “el aumento de la productividad en la producción de bienes manufacturados en los países centrales implica la reducción de la tasa de ganancia en la periferia” porque cuando importan los productos de los países desarrollados se sigue haciendo por el mismo precio por unidad de producto industrializado. No pasa que se encarezcan los productos manufacturados, sino que solo se mantienen los precios a pesar de que su valor por unidad ha disminuido. La diferencia causada por el aumento de la productividad se distribuye entre los trabajadores y los capitalistas de los países industrializados, por lo que “el centro se enriquece y la periferia se empobrece, pero relativamente. Este proceso no afecta la tasa de ganancia en la periferia y no induce, consecuentemente, a cualquier inevitabilidad económica de la tendencia a la superexplotación” (Cardoso & Serra, 1978: 25). Es decir, para ellos, el concepto de superexplotación no se justificaría.
El error central de la afirmación de Marini, según Serra & Cardoso, es el supuesto de que el aumento de la productividad en la manufactura implica una reducción en la tasa de ganancia en los países latinoamericanos. Esto sólo ocurre si el incremento de la productividad se traslada a los precios, en términos de oferta y demanda, es decir, si los términos de intercambio se deterioran.
2.2. Salario y superexplotación
Además de las críticas arriba mencionadas vale la pena mencionar un punto de vista más: que el concepto de superexplotación tiene un error desde la misma definición cuando afirma que al obrero se le explota por una tercera vía, “reducir el consumo del obrero más allá de su límite normal”. Si consideramos que la definición de salario dentro de la corriente de pensamiento marxista es bastante clara al respecto, llevar la aseveración de Marini a la práctica sería una barbarie más allá de lo que la misma sociedad podría soportar, pues significaría terminar con la clase obrera. Pero esta clase, dentro de la misma explicación marxista, es necesaria para la existencia del capital, pues es la que provee el capital variable, fuente de la producción de la riqueza social y de la plusvalía de los capitalistas, es decir, dentro de esta visión, la clase obrera no podría desaparecer porque pondría en peligro la supervivencia misma del sistema capitalista.
Pero partamos de la definición de salario de Marx donde
“El coste de producción de la fuerza de trabajo simple se cifra siempre en los gastos de existencia y reproducción del obrero. El precio de este coste de existencia y reproducción es el que forma el salario. El salario así determinado es lo que se llama el salario mínimo. Al igual que la determinación del precio de las mercancías en general por el coste de producción, este salario mínimo no rige para el individuo, sino para la especie. Hay obreros, millones de obreros, que no ganan lo necesario para poder vivir y procrear; pero el salario de la clase obrera en conjunto se nivela, dentro de sus oscilaciones, sobre la base de este mínimo” (Marx, 1849).
Si partimos del hecho de que se le paga al obrero una cantidad menor a “su límite normal” significaría que no puede reponer su fuerza de trabajo, pues el salario es la cantidad que se le paga al trabajador para su existencia y reproducción, es el mínimo para ello, más debajo de eso sería llevarlo a la inanición. Se puede argumentar que podría funcionar así, es decir, manteniéndolo por debajo de esa canasta de bienes necesarios porque siempre habrá un obrero más del ejército industrial de reserva que pueda sustituirlo, pero extendiendo esta lógica se llegaría a la extinción de la clase.
Si bien es cierto que también en la definición está lo tocante a que millones de obreros no ganan lo mínimo, siempre tendrá un límite que garantice la supervivencia de la especie. Y que el salario de la clase en su conjunto al final de cuentas se nivela, dentro de ciertas oscilaciones, pero siempre dentro del límite. En todo esto, tal vez una explicación -que quizá exista pero ignoro- se deba a que la “clase trabajadora” que describía Marini estaba en transición de una fuerza rural campesina a una urbana industrial. Su característica de transición permitía que se empleara temporalmente en los centros industriales, mientras su actividad agrícola rural estaba en barbecho esperando una nueva temporada de producción[2]. Solo en ese contexto se podría entender la descripción de Marini del proceso de superexplotación del trabajador.
Además de ello, “los métodos de explotación combinados” no son ajenos al sistema capitalista, es decir, no describirían una forma nueva de explotación en América Latina, tal vez solo su grado de explotación sea mayor comparado con los países desarrollados, explicación que, como sostienen Cardoso & Serra, se sostiene con la lucha de clases y la conquista de más derechos de la clase obrera en los países desarrollados. También es conocido que en América Latina las organizaciones obreras eran incipientes y, en muchos, casos mal dirigidas por los líderes sindicales que deberían defender los derechos de los trabajadores.
3. Conclusiones
El propósito del trabajo fue analizar el concepto de superexplotación, que es fundamental en la explicación de Marini sobre el sistema de la dependencia de los países de América Latina a los países desarrollados. El análisis se dividió en tres apartados: descripción del intercambio desigual y el concepto de superexplotación según Marini, críticas al concepto y conclusiones.
En el primer apartado se explica cómo Marini, basado en la tradición marxista, utiliza categorías para analizar la realidad latinoamericana. Se aborda la integración de América Latina al mercado mundial y cómo esto ha generado la dependencia, visión desde la cual argumenta que América Latina contribuyó al desarrollo de la industria en los países desarrollados al proporcionar productos agrícolas, lo que permitió el desplazamiento de la acumulación de plusvalía absoluta a la de plusvalía relativa. En este proceso se describe el intercambio desigual entre países: los precios de los productos industriales se mantienen estables o disminuyen lentamente, mientras que los precios de las materias primas de los países subdesarrollados disminuyen. Esto provoca una transferencia de valor de los países subdesarrollados a los desarrollados. Para compensar esta pérdida, las economías dependientes aplican métodos de extracción de plusvalía, como el aumento de la intensidad del trabajo, la prolongación de la jornada laboral y la reducción del consumo del trabajador más allá de sus necesidades básicas.
En el segundo apartado, se presentan algunas críticas al concepto de superexplotación: Cardoso y Serra argumentan que Marini confunde la teoría del intercambio desigual con la tendencia al deterioro de los términos de intercambio. Sostienen que la desigualdad en el comercio no se explica por el mercado, sino dentro del sistema productivo, y que la lucha de clases es un componente dinámico en la explicación del fenómeno. Además de ello se consideró que el concepto de superexplotación tendría un error lógico si se le compara con la definición de salario desde la visión marxista.
De todo ello la conclusión es que si bien es cierto que en Marini los teóricos de la dependencia encontraron ideas que usaron para criticar la depencia de América Latina, para apartir de ahí hacer propuestas de mejoras, el aparato teórico que usa Marini parece no corresponder cabalmente con la realidad latinoamericana, pues como él mismo reconoce en el desarrollo del texto al hacer la digresión del uso de las categorías que éstas, aunque responden al marco de las relaciones capitalistas no significa que en la economía latinoamericana esté desarrollada sobre tales bases, sino que, solo “permiten caracterizar mejor los fenómenos que pretendemos estudiar y también porque indican la dirección hacia la cual éstos tienden”. Es decir, pareciera una autocrítica de que se debían de aterrizar mejor estas concepciones en la economía de los países de América Latina. Aunado a ello, el trabajo considera que el concepto de superexplotación solo podría tener sentido en cuanto a que el grado de explotación es mayor, pero de ninguna manera significa ir más allá del salario mínimo del obrero o que si eso era posible se debe a que la clase trabajadora que describe Marini pudo soportarlo porque alternaba su vida entre la labor industrial y agrícola rural.
Rogelio García Macedonio es economista por la UNAM e investigador del Centro Mexicano de Estudios Económicos y Sociales.
[1] Tal vez hagan referencia al marco teórico marxista de las categorías a que Marini hacía alusión al principio de su trabajo, pues él mismo reconoce que si bien no hay una realidad tal cual, sirve para explicar mejor los fenómenos existentes en América Latina.
[2] Todavía en México existe una clase de trabajadore rural que migra por temporadas a emplearse a los centros urbanos como la Ciudad de México, Monterrey u otras ciudades fronterizas. Y es más notorio el caso de los jornaleros agrícolas que dividen su vida entre: cultivar la tierra bajo el sistema de milpa y migrar por temporada a los campos industrializados de Sinaloa o Sonora en épocas de cosecha. A este último tipo de trabajadores se sabe que su grado de explotación es de las más dramáticas en el México contemporáneo.
Bibliografía
Cardoso & Serra (1978). Las desventuras de la dialéctica de la dependencia. En Revista Mexicana de Sociología, Vol. 40, Número extraordinario (1978), pp. 9-55, Universidad Nacional Autónoma de México, México. Recuperado en https://www.jstor.org/stable/3539682 el 30 de mayo de 2023.
Marini, Mauro Ruy (1973). Dialéctica de la dependencia. Ediciones Era, S.A. México, Distrito Federal.
Marx, Carlos (1849). Trabajo asalariado y capital. Recuperado en https://www.marxists.org/espanol/m-e/1840s/49-trab2.htm el 1 de junio de 2023.
