Metropolización y globalización

Marzo 2023

El concepto de producción social del espacio, que propuso Henry Lefebvre (1974), propone pasar de concebir la producción en el espacio a la producción del espacio. El espacio es resultado de la acción social, de las prácticas y las relaciones sociales. El espacio pasa a ser considerado como un producto que se consume, al mismo tiempo que interviene en la producción. Una sociedad crea prácticas que producen espacios singulares, distintos de cualquier otra sociedad. Las representaciones del espacio están en las prácticas y forman parte de la representación ideal del mismo, aunque no expresada en la práctica.

Dicho postulado, es importante a la hora de analizar el problema de las circunstancias de metropolización o configuración territorial como algo que no pasa por generación espontánea, sino que es el resultado de la puesta en escena de prácticas sociales, que implican juegos de poder y relaciones de fuerza de distintos actores sociales. Esto quiere decir relacionar la producción del espacio con los procesos acumulativos de capital, la relación entre la metropolización y la globalización.

La metropolización es un proceso de modificación morfológica en el que se expresa la urbanización contemporánea, donde las ciudades mediante procesos crecientes de concentración y al mismo de difusión, van convirtiendo el espacio rural en urbano sin límites en la división política. La relación entre la globalización y la metropolización consiste en que la primera transforma a la segunda al mismo tiempo que la segunda soporta y potencia a la primera.

La ciudad siempre ha reflejado el mundo en el que se desarrolla; la nueva función de las áreas metropolitanas en la economía global se expresa bajo procesos como la segregación espacial, la ciudad dispersa, la participación del capital trasnacional, el encarecimiento de la vivienda a niveles inalcanzables, creación de parques comerciales, entre otros. La estructura interna de la ciudad de América Latina ha experimentado cambios significativos entre los que destacan el desplazamiento de población, industrias y servicios desde la ciudad central a la periferia, así como la creación de nuevos centros con dinámica económica y social propias en diversos puntos del territorio.

Las metrópolis de América Latina cumplen nuevas funciones en el mundo globalizado y estas nuevas funciones a escala global tienen repercusiones en la estructura interna de las ciudades y sus áreas de influencia. David Harvey plantea que las grandes metrópolis del mundo tienen la función de servir al proyecto capitalista que es el de servir como espacio para la valorización del capital, es decir una ciudad que se utiliza para apuntalar la riqueza de unos pocos. Ello ha traído consecuencias como la ampliación de brechas entre ricos y pobres, con una acción de los gobiernos muy limitada.

En pocos meses serán las elecciones del Estado de México, de donde 59 de sus municipios forman parte de la zona metropolitana más grande del país, la Zona Metropolitana de la Ciudad de México (ZMCM). La ZMCM es escenario de las tendencias de la globalización; la construcción de proyectos inmobiliarios, edificaciones comerciales, hoteleras y financieras. Al mismo tiempo que se desarrolla una urbanización de lujo, crecen los asentamientos marginados de infraestructura urbana como redes de agua potable, electricidad, calles pavimentadas, parques, que se ubican en la periferia de la metrópolis. Casi todos estos lugares se ubican en la demarcación política del Estado de México por ser la periferia. Hasta ahora la globalización ha avanzado sin límites, ocupando el espacio para la acumulación de capital, mientras que la gente más pobre se va quedando sin el derecho a la ciudad. Por eso, el gran reto para el próximo gobernante es mejorar las condiciones de vida diaria de la región conurbada a la Ciudad de México; la zona más importante por la cantidad de gente que ahí habita y la más olvidada. Si resolver esto no está en la agenda del nuevo gobernador, las elecciones no le sirven a la población para nada.


Samira Sánchez es economista por la UNAM e investigadora del Centro Mexicano de Estudios Económicos y Sociales.

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