Salario o la insignificante repartición de la riqueza social

Enero 2023

La riqueza que produce la sociedad se distribuye, fundamentalmente, entre salarios y ganancias. El salario es lo que se le paga al trabajador por vender su fuerza de trabajo en una jornada laboral y es la fuente principal de ingresos de la mayoría de los mexicanos; mismo que cada día no les alcanza para satisfacer las necesidades de ellos y sus familias. En la forma de organización social y económica actual (capitalismo), los obreros se encargan de la producción que se realiza en la fábrica y los capitalistas de la apropiación mayoritaria de la riqueza social. La repartición de los frutos de la producción, al final del proceso, se presenta para el obrero en forma de salario y para el capitalista en forma de ganancia. Al ser los salarios una forma de repartición de la riqueza social entre trabajadores y capitalistas, importa saber cómo es éste entre los trabajadores en nuestro país y su verdadero alcance en el desarrollo pleno como verdaderos seres humanos.

La teoría marginalista en uso dice que los salarios deben estar en sincronía con el crecimiento de la productividad para que no generen inflación (aumento generalizado del precio de las mercancías). Expliquemos esto. La productividad se define como la cantidad de mercancías que se producen en una unidad de tiempo, verbigracia: si un zapatero produce 10 pares de zapatos en una hora, su productividad será 10:1; si por cualquier razón logra 20 pares en una hora, su productividad aumentó y si solo produce 5, disminuyó. Entonces, para que el aumento de los salarios no genere inflación, la productividad también debe aumentar. El razonamiento detrás de esto es que si aumentan los salarios sin que aumente la productividad, los precios subirán porque el poder de compra de los obreros aumenta y esto hace que demanden más mercancías, pero si no aumentó el número de mercancías producidas (aumento de la productividad) los precios subirán porque la escasez provoca que la gente esté dispuesta (y además tenga con qué) a pagar más por esa mercancía. Esta ha sido la letanía para no aumentar sustancialmente los salarios.

El 1 de diciembre el Gobierno de México anunció que a partir del 1 de enero de 2023 habrá incremento del 20% al salario mínimo, que esta había sido una decisión consensuada entre el sector obrero y empresarial, por lo que el monto mensual del salario será de 6 mil 223 pesos mensuales. La posición de los empresarios se reafirmó en un comunicado de la Confederación de Cámaras Nacionales de Comercio, Servicios y Turismo (CONCANACO SERVYTUR México) el mismo día, donde además decía: “la decisión debe ir acompañada de otras medidas como incentivos fiscales a las empresas, programas para incrementar la productividad”, pero de los obreros no hubo pronunciamiento, tal vez porque para ellos cualquier aumento es benéfico y con eso siempre estarán de acuerdo, pero ¿ese aumento es suficiente? ¿A cuántos trabajadores beneficiará?

Visto generalmente el aumento es bueno para los trabajadores, pero analizado particularmente hay elementos que configuran un panorama poco alentador para los trabajadores de México.

La población económicamente activa (PEA) de México es de 59.5 millones según el INEGI (28 de diciembre de 2022), de ellos: dos millones están desempleados; 32 millones está en el empleo informal; es decir, seis de cada 10 trabajadores no verán aumentados sus salarios en 2023, pues no son empleados formales o están desempleados. Pero si consideramos que el IMSS reportó que al cierre de noviembre el número de trabajadores permanentes y eventuales asegurados ascendió a 21 millones 718.6 mil personas, podemos afirmar que solo tres de cada 10 trabajadores son empleados formales y solo ellos se verán beneficiados directamente del aumento salarial. Los trabajadores que serán beneficiados con el aumento del salario son poquitos, pero, además de ello, el aumento es insuficiente, pues el costo de la canasta básica diaria para una familia de cuatro personas es de 574 pesos y el salario diario apenas será de 207. Todo ello sin considerar la inversión en educación, esparcimiento, salud, cultura, derechos a los que todo ser humano debe tener posibilidad para un desarrollo pleno.

Con los datos expuestos es evidente que la parte de la riqueza social de la que participan los trabajadores es insignificante, pues esta no le alcanza ni para vivir. Cambiar esta participación no será por obra de los que se llevan la ganancia ni tampoco por el gobierno, sino resultado de la lucha organizada de los trabajadores, así lo ha demostrado la historia y no hay razón para suponer lo contrario.


Rogelio García Macedonio es economista por la UNAM e investigador del Centro Mexicano de Estudios Económicos y Sociales.