El desarrollo de las relaciones económicas entre China y México

ENSAYO Por: Ehécatl Lázaro

Diciembre 2022

En este trabajo analizo el desarrollo de las relaciones económicas entre China y México como resultado del crecimiento de la economía china en las últimas cinco décadas. En la primera parte, hago una revisión del crecimiento económico de China desde la época de Deng Xiaoping hasta el gobierno de Hu Jintao; en la segunda, explico las características del crecimiento económico de China durante el gobierno de Xi Jinping; en la tercera, me centro en el comercio, la inversión y el financiamiento como variables para analizar las relaciones económicas entre China y México; posteriormente, planteo la importancia estratégica de México para Estados Unidos ante el ascenso de China; finalmente, presento las conclusiones del estudio.

1. De Deng Xiaoping a Hu Jintao

Desde la fundación de la República Popular China, su historia económica ha atravesado dos grandes periodos. El primero abarca de 1949 a 1978 y el segundo de 1978 hasta la actualidad. Mao fue el principal ideólogo e impulsor del primer periodo, mientras Deng lo fue del segundo. Durante el periodo de Mao, la economía china adquirió un carácter centralizado, planificado y estatal. Siguiendo el modelo de la economía soviética, el Partido Comunista impulsó un crecimiento económico basado en la industria pesada. En el esquema teórico general el sector agrario debía ser la fuente de recursos para generar un aparato industrial poderoso, con la idea de usar ese aparato industrial como palanca de desarrollo de toda la economía. Sin embargo, hasta 1976, cuando murió Mao, la economía china todavía no estaba enfilada hacia una senda de crecimiento sostenido.

La llegada de Deng Xiaoping al poder, en 1978, significó una clara ruptura con la política económica de Mao. Deng aplicó un conjunto de reformas orientadas a liberalizar la economía: aceptó la formación de empresas privadas, creó las Zonas Económicas Especiales, terminó con las cooperativas rurales, flexibilizó el sistema de planificación central y alentó la llegada de capitales extranjeros. En términos sociales, esto significó el fin del llamado “tazón de arroz de hierro” y la introducción de relaciones sociales de tipo capitalista. Durante el periodo de Mao, el Estado garantizaba a los trabajadores la provisión de alimentos, la atención de la salud, el acceso a la educación, la posesión de una vivienda, entre otros derechos fundamentales. Con Deng, las relaciones salariales comenzaron a volverse predominantes y el mercado ocupó el lugar del Estado. Ahora la distribución de la riqueza tendría lugar en el mercado y ahí mismo los individuos debían buscar todos sus satisfactores.

Las reformas de Deng comenzaron en 1978, pero han permanecido como parte de la política económica de China hasta la actualidad. A pesar de no ser secretario general del Partido Comunista, ni presidente de la República Popular China, Deng fue el máximo líder político entre 1978 y 1993. En la década de 1980, las reformas generaron un rápido crecimiento económico y potenciaron dos fenómenos sociales anteriormente controlados: la desigualdad y la corrupción. Como resultado de este modelo de crecimiento comenzó a producirse más riqueza, pero aumentó la concentración de esta y aparecieron grupos sociales empobrecidos. Esta dinámica social, más la búsqueda de un sistema político democrático liberal por parte de algunos sectores, causaron descontento entre algunas capas de la población. El resultado de este proceso fueron las protestas juveniles de finales de la década de 1980, las cuales tuvieron lugar en varias ciudades. La de Beijing, en 1989, fue la más representativa.

Tras 1989 las reformas económicas perdieron fuerza. No solo había entre la población una energía social difícil de controlar, sino también al interior del Partido Comunista había un grupo reacio a seguir con las reformas y más partidario de continuar algunas lógicas de la economía maoísta. Sin embargo, después del histórico viaje al sur realizado por Deng Xiaoping en 1992, en el cual pudo constatar el desarrollo de las Zonas Económicas Especiales, las reformas nuevamente comenzaron a ser impulsadas. Al morir Deng, China estaba enfilada hacia un crecimiento económico sostenido; la reforma política, por otro lado, quedó cancelada. La China de la década de 1990 profundizó las reformas económicas, pero dejó intocado el sistema político, con el Partido Comunista como máximo centro de poder.

Jiang Zemin gobernó entre 1993 y 2003 siguiendo las reformas económicas iniciadas por Deng. En este periodo China se integró a la Organización Mundial del Comercio (OMC) y de esa manera amplió sus relaciones comerciales con todos los países miembros. Hu Jintao, sucesor de Jiang Zemin, estuvo en el poder entre 2003 y 2013. Su periodo estuvo marcado por darle continuidad a las reformas y por hacer esfuerzos para disminuir la desigualdad. Tanto en el gobierno de Jiang Zemin como en el de Hu Jintao, China experimentó un crecimiento económico sostenido, basado en las reformas de Deng y en el aprovechamiento de la globalización de la década de 1990. China se convirtió en la fábrica del mundo, con una producción orientada al mercado externo y, en un primer momento, centrada en bienes de bajo valor agregado.

Gráfica 1. PIB de China, 1978 – 2013

Fuente: Banco Mundial.

En los 35 años comprendidos entre la ascensión de Deng Xiaoping al poder y el fin del gobierno de Hu Jintao, la economía china tuvo un crecimiento asombroso. Su PIB se multiplicó 26 veces, mantuvo una tasa de crecimiento promedio anual de 9.5%, su PIB per cápita se multiplicó por 18, y en 2010 desplazó a Japón como segunda economía más grande del mundo, solo por detrás de Estados Unidos. De ser un país mayoritariamente agrario, cerrado y atrasado, en 35 años China superó a las economías más grandes del mundo, con la única excepción de la superpotencia. Un dato capaz de resumir estos cambios es la participación de China en el PIB mundial: en 1978 era de 1.47%, mientras en 2013 era de 13.59% (Banco Mundial). Las Olimpiadas de Beijing 2008 fueron la presentación al mundo de esa China creciente, la cual empezó a hablar de un “ascenso pacífico” para no alarmar a las potencias del mundo.

2. La era de Xi Jinping

Xi Jinping asumió el cargo de secretario general del Partido Comunista en 2012 y llegó a la presidencia de China en 2013. Durante su gobierno la economía china ha mantenido un crecimiento sostenido, duplicando su PIB de 2013 a 2021; sin embargo, respecto a los 35 años previos ha sufrido una desaceleración, pues desde 2013 hasta 2021 la tasa de crecimiento promedio anual disminuyó a 6.4%. Su gobierno puede ser dividido en dos periodos, siendo 2018 el punto de inflexión. En el primer periodo, Xi siguió impulsando la reforma y la apertura de Deng Xiaoping; en el segundo comenzó a abandonar ese modelo de desarrollo para darle más importancia al mercado interno.

Xi tomó las riendas de una economía globalmente conectada, pero desde el principio buscó profundizar todavía más esa conexión. En 2013 Xi lanzó la Iniciativa de la Franja y la Ruta, una estrategia de desarrollo basada en la exportación de capitales chinos para la construcción de infraestructura en Asia, Europa, África y América Latina. Por medio de esa estrategia, China comenzó a buscar una mayor integración económica con los demás países del mundo. Paralelamente, en 2013 nació el Banco Asiático de Inversión e Infraestructura, el cual tenía el objetivo de financiar la Iniciativa de la Franja y la Ruta. En ese primer periodo de Xi, China sustituyó a Estados Unidos como el país con mayor intercambio comercial en el mundo.

Figura 1. Principal socio comercial entre China y Estados Unidos

Fuente: The Economist, 2021.

Al interior, la continuación de la reforma significaba seguir disminuyendo la presencia del Estado en la economía. Esto ocurrió durante el primer periodo de Xi, si bien con menos énfasis al compararlo con gobiernos anteriores. Otro rasgo del primer periodo fue la campaña anticorrupción lanzada por Xi para acabar con esa herencia de la reforma. Además, Xi impulsó la lucha contra la pobreza para hacer de China una “sociedad modestamente acomodada”; sus éxitos en este rubro ensancharon la clase media china y ampliaron el poder adquisitivo de los estratos con menos ingresos.

En el segundo periodo, Xi asumió una política económica diferente de la primera. A grandes rasgos, comenzó a cuestionar la reforma y la apertura, y empezó a favorecer una lógica más estatista. Al exterior Xi siguió impulsando la Iniciativa de la Franja y la Ruta, abogó por la globalización económica y buscó profundizar las relaciones entre China y sus socios. Sin embargo, la guerra comercial emprendida por Donald Trump a partir de 2018 tensionó las relaciones entre China y Estados Unidos, y mermó el crecimiento económico de los dos países. En ese contexto Xi Jinping llamó a aplicar una economía de doble circulación. Esta política fue enunciada oficialmente en 2020. Básicamente, consiste en reorientar la economía china dándole prioridad al mercado interno, pues en todos estos años el crecimiento de la economía nacional había girado en torno a la demanda externa. Al mismo tiempo, Xi cambió el enfoque del desarrollo económico: en lugar de buscar un crecimiento rápido, China ahora debía privilegia un crecimiento económico de alta calidad.

Al interior, Xi Jinping declaró erradicada la pobreza extrema en 2020 y con eso dio por realizado uno de los objetivos trazados por él desde el inicio de su gobierno. En este segundo periodo Xi asumió un comportamiento diferente con algunos sectores de la economía. En lugar de facilitar las operaciones empresariales, el Partido Comunista empezó a tomar medidas consideradas por algunos como dañinas para el ecosistema empresarial chino. Así, en 2020 las autoridades frustraron la salida a bolsa de Ant Group, propiedad del multimillonario Jack Ma; en 2021 quedaron prohibidos los negocios educativos de nivel primaria; el mismo año las autoridades regularon el uso de videojuegos por los menores de 18 años con la finalidad de evitar su uso desmedido; entre otras medidas del mismo tipo.

A partir del segundo mandato de Xi, el Partido Comunista ha hecho esfuerzos importantes por aumentar su control sobre las empresas privadas. Además de endurecer las regulaciones, el Partido Comunista llamó a consolidar la presencia de sus células en las compañías privadas, y ha instado a las mayores empresas a participar activamente en la política de Prosperidad Común mediante donaciones filantrópicas multimillonarias. Entre estas medidas cabe mencionar la política de Covid cero, la cual prioriza la salud de la población china sobre el crecimiento económico del país.

De estas medidas económicas y los comunicados del propio Xi Jinping puede inferirse la existencia de un giro en la política económica de China. Ya no es esa China necesitada de atraer capitales para poder desarrollarse, ni aquella donde el crecimiento del PIB era el máximo criterio para evaluar el trabajo de las autoridades. El socialismo con características chinas para una nueva era, como lo ha llamado Xi Jinping desde el XIX congreso del Partido Comunista en 2017, es el nombre de una etapa diferente, que se aleja de las reformas económicas de Deng y da al factor ideológico un papel central.

3. Las relaciones económicas entre China y México

Durante el periodo de gobierno de Mao, las relaciones económicas entre China y México fueron prácticamente inexistentes. En febrero de 1972 México y China establecieron relaciones diplomáticas, pero el reconocimiento del gobierno de Beijing en lugar del de Taipéi no significó para México el inicio de relaciones económicas con China. En la década de 1970 China todavía no estaba preparada para comerciar con regiones tan distantes como México. A principios de la década, la política económica de Mao estaba volcada al interior; a finales, la política económica de Deng dio un giro radical y comenzó a buscar relaciones con todo el mundo. Fue en la década de 1980 cuando la economía china empezó a experimentar un rápido crecimiento y así sentó las bases para estrechar relaciones con los países interesados.

En 1972 las importaciones de China a México y las exportaciones de México a China eran inferiores al 1% del comercio exterior de México. Veinte años después, en 1992, la situación seguía siendo la misma. Esta falta de dinamismo en la relación comercial puede explicarse por dos factores: el primero es el momento de despegue económico de la economía china, el segundo es la década perdida en México. La crisis de 1982 afectó fuertemente a la economía mexicana, la cual necesitó diez años para empezar a recuperarse. Así, en la década de 1980 el gobierno de México pensaba más en encontrar medidas de supervivencia y no tanto en estrechar relaciones con países emergentes como China (Anguiano, 2012).

Si para México la década de 1980 fue de crisis y recuperación, la de 1990 fue de vinculación a la economía estadounidense. En 1990 el gobierno de México empezó negociaciones con los gobiernos de Estados Unidos y Canadá para sumarse al tratado de libre comercio existente entre esos dos países; en 1992 el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) fue firmado por los tres países miembros; en 1994 el tratado entró en vigor. La libre circulación de productos entre los tres países norteamericanos fortaleció los lazos económicos entre ellos y acercó a México mucho más al mercado estadounidense. En 1990 el 68% de las exportaciones de México iban a Estados Unidos; en 2000 ya era el 88%. En contraste, las exportaciones a China en 1993 eran el 0.086% de las exportaciones totales, mientras en 2000 apenas habían subido al 0.12% (Navarrete, 2012).

El cambio de siglo sacudió las relaciones entre México y China. La entrada del país asiático a la OMC potenció el comercio de China con los países miembros de la organización, México incluido. En 2003 China ocupó el segundo lugar como socio comercial de México, solo por detrás de Estados Unidos. En ese contexto los gobiernos de China y México firmaron la Asociación Estratégica en 2003. El mismo año fue creada la Comisión Binacional Permanente y en 2004 surgió el Grupo de Alto Nivel México-China. Todos estos fueron mecanismos institucionales generados por el empuje del comercio chino. Su principal función era potenciar las relaciones económicas bilaterales para explotar todas las posibilidades de intercambio.

En la década de 2000 el volumen de los intercambios comerciales entre China y México siguió aumentado, salvo un ligero decrecimiento en 2009, debido a la crisis económica mundial de 2008. La llegada de Enrique Peña Nieto a la presidencia de México, coincidente con la llegade de Xi Jinping al poder en China, significó un nuevo impulso para la relación sino-mexicana. En 2013 la Asociación Estratégica fue elevada al rango de Asociación Estratégica Integral y en 2014 fue creado el Grupo de Alto Nivel de Inversiones. En el gobierno de Peña Nieto el comercio entre China y México siguió creciendo. Pero la llegada de Andrés Manuel López Obrador a la presidencia marcó un punto de inflexión.

A partir de 2018 el comercio bilateral bajó durante dos años. En 2019 el comercio tuvo una ligera contracción tanto en las inversiones de China a México como en las exportaciones de México a China. En 2020, la pandemia por Covid-19 paralizó varios sectores de la economía mundial y llevó a una contracción del PIB de México; esto tuvo un reflejo en la caída de las importaciones de China al país, aunque las exportaciones de México a China crecieron en comparación con 2019. A partir de 2021, como resultado del rebote post pandemia, el comercio bilateral recuperó su tendencia alcista.

Gráfica 2. Comercio México-China (millones de dólares)

Fuente: Secretaría de Economía

La relación comercial entre China y México no solo ha crecido en este periodo, sino también ha aumentado su complejidad. A este respecto, cabe señalar la permanente balanza comercial negativa de México. Las importaciones desde China siempre han superado las exportaciones hacia ese país, alcanzando en 2018 una proporción de 11:1. Si bien las exportaciones de México a China han crecido, las importaciones lo han hecho a una velocidad superior. Otro factor importante es el tipo de bienes intercambiados. Mientras los bienes de consumo exportados por China a México han disminuido como porcentaje de las exportaciones totales, los bienes de capital han aumentado. Asimismo, los bienes exportados por China a México adquieren cada vez mayor valor agregado (Dussel, 2022). En contrapartida, México sigue exportando a China bienes no manufacturados. En 2010 el principal rubro de exportación fueron minerales de cobre; en 2020 ese rubro seguía siendo el primero (Secretaría Economía).

Aunque hay posibilidades de impulsar todavía más el comercio entre China y México, la negociación y entrada en vigor del Tratado México, Estados Unidos, Canadá (T-MEC) limita la creación de nuevas iniciativas comerciales por parte de México, como el establecimiento de un tratado de libre comercio con China. El T-MEC fortalece la dependencia comercial de México respecto a Estados Unidos y restringe el crecimiento comercial de China. Si bien la participación de China en el comercio exterior de México ha venido creciendo en las últimas dos décadas, esta todavía no alcanza el 20%, mientras la participación de Estados Unidos supera el 60%.

Gráfica 3. México: comercio exterior, porcentaje sobre el total (1993-2020)

Fuente: Dussel, 2022.

En el rubro de la inversión extranjera directa, la situación es diferente. En contraste con la dinámica comercial, la participación de la inversión extranjera directa de China en México es insignificante. En 2001 la participación de China en la inversión extranjera directa total recibida por México fue de 0.06%, en 2015 subió al 0.19 y en 2020 alcanzó el 1.2%; en concordancia con este crecimiento, China pasó de ocupar el lugar número 22 entre los países con mayor inversión extranjera directa en México en 2000, al lugar 17 en 2010 y al 12 en 202. La participación de China en este rubro está muy atrás de países como Estados Unidos, España, Reino Unido, Japón, Canadá o Alemania.

Figura 2. IED en México por país de origen como % del total, 2001, 2015 y 2021

Fuente: Secretaría de Economía.

El comportamiento de la inversión extranjera directa china en México tuvo su pico máximo en 2018. Después de ese año las inversiones chinas bajaron, aunque seguían siendo superiores a los montos registrados antes de 2018. En 2021, como resultado del rebote económico post pandemia, la inversión extranjera directa china en México alcanzó su máximo nivel.

Gráfica 4. Flujos de IED de China hacia México 1999-2021 (millones de dólares)

Fuente: Secretaría de Economía

La inversión china en México ha venido cambiando de sector. Si en la primera década del siglo la mayoría de las inversiones tenían como destino la explotación de materias primas, poco a poco los sectores de energía y transporte han ido adquiriendo mayor relevancia. En este sentido, cabe resaltar un cambio importante relativo a la realización de proyectos. El proyecto comercial Dragon Mart, iniciado en 2011 y cancelado en 2015; la central hidroeléctrica Chicoasén II, iniciada en 2015 y cancelada en 2017; y el proyecto del Tren México – Querétaro, iniciado en 2014 y cancelado el mismo año; son casos específicos de inversiones chinas en México cuyos proyectos fueron frustrados. En el gobierno de López Obrador han llegado inversiones para proyectos hasta ahora no cancelados y cuya ejecución está en proceso.

Tabla 1. Proyectos de infraestructura de China en México (2000-2020)

Fuente: Dussel, 2022

La tercera variable de las relaciones económicas entre China y México es el financiamiento. De las tres analizadas (comercio, inversión y financiamiento), esta es la menos fortalecida. En toda la relación entre los dos países, únicamente existen dos registros de financiamiento. En septiembre de 2013 los gobiernos de China y México suscribieron una iniciativa para crear un fondo de inversiones orientado a proyectos de infraestructura, energía, minería y tecnología de punta. En diciembre de 2014 fue constituido dicho fondo con una inversión china de 1,000 millones de dólares y una inversión mexicana de 200 millones de dólares. La entidad financiera china participante en este fondo es el Ex-Im Bank (The Dialogue).

En 2020 el embajador de China en México, Zhu Qingqiao, declaró que los bancos chinos ICBC y Bank of China estaban participando en el financiamiento de la Refinería Olmeca, en Dos Bocas, Tabasco. La secretaria de energía, Rocío Nahle, lo negó y la embajada china aclaró la cuestión: el préstamo no había tenido lugar en 2020 sino en 2019, y no era para la refinería en Dos Bocas sino para operaciones generales de Pemex. Considerando las declaraciones del embajador, el monto del financiamiento fue de alrededor de 600 millones de dólares (Animal Político, 2020).

La participación de China en la deuda externa de México es ínfima. De acuerdo con la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, hasta 2018 la deuda externa de México estaba concentrada, sobre todo, en ocho grandes acreedores: Estados Unidos, Alemania, organismos financieros internacionales, Gran Bretaña, Francia, Japón, Suiza y Canadá. Salvo los dos casos puntuales mencionados arriba, China no participa en el financiamiento público de México.

Gráfica 5. Deuda externa de México por países acreedores, 2018

Fuente: Secretaría de Hacienda y Crédito Público

4. El factor Estados Unidos

El gobierno de Estados Unidos publicó en octubre de 2022 su nueva estrategia de defensa, en la cual señala a China como el desafío más trascendental para su seguridad. Esta declaración coincide con las alianzas tejidas en los últimos años en la región de Asia pacífico, (como AUKUS y QUAD) y con la estrategia del Indopacífico, lanzada en febrero de 2022 por Joe Biden. La preocupación de Estados Unidos respecto al crecimiento económico y político de China puede rastrearse, por lo menos, hasta el gobierno de Barack Obama, en cuyo segundo mandato fue implementado el Pivote a Asia. Esta estrategia de política exterior tenía como objetivo dar mayor atención a la región de Asia pacífico y restarle importancia a Asia central, donde Estados Unidos había intervenido militarmente en la primera década del siglo. En ese contexto surgió la iniciativa del Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP por sus siglas en inglés), el cual buscaba potenciar las relaciones económicas entre Estados Unidos y sus socios en Asia pacífico, pero excluyendo a China.

Cuando llegó a la presidencia de Estados Unidos, en 2017, Donald Trump implementó una estrategia diferente a la de Obama para atender el ascenso de China. Retiró a Estados Unidos del TPP y emprendió una guerra comercial contra China, además de llamar a los empresarios estadounidenses con inversiones en China a trasladar sus inversiones al territorio estadounidense. Joe Biden, presidente desde 2021, continuó la guerra comercial iniciada por Trump e implementó nuevas estrategias con el objetivo de contener el crecimiento de China.

Esta preocupación del gobierno estadounidense ha tenido su reflejo en las relaciones económicas y políticas de Estados Unidos con otros países. A China y sus socios más cercanos (Rusia, por ejemplo), les ha impuesto sanciones económicas y los ha presionado políticamente en la arena internacional. A sus países aliados los ha llamado a cerrar filas para enfrentar el desafío al statu quo representado por China. Por otro lado, países de ingresos bajos y medios en África, Asia y América Latina son disputados por dos bandos: 1) Estados Unidos, como potencia hegemónica temerosa de perder su influencia y 2) China, como potencia en ascenso. La gira realizada por Mike Pompeo, entonces secretario de Estado de Estados Unidos, por América Latina en 2018, alertando a los países latinoamericanos acerca de los peligros de fortalecer las relaciones con China, es un ejemplo de esta política.

En este contexto, México tiene una importancia estratégica para Estados Unidos causada por su vecindad. En vista del crecimiento de la influencia económica de China en América Latina, donde ya es el primer socio comercial, México adquiere una importancia todavía mayor para Estados Unidos. La cláusula 32 del T-MEC, la cual prohíbe establecer tratados de libre comercio con economías de no mercado, tiene como telón de fondo esta preocupación del gobierno estadounidense por desacelerar o revertir el crecimiento de la influencia de China en México. Estas relaciones de poder tienen la capacidad de afectar negativamente las relaciones económicas entre China y México en los próximos años.

Conclusiones

Desde 1978 la economía china mantuvo un crecimiento sostenido, como resultado de la reforma y apertura impulsadas por Deng Xiaoping y aplicadas por todos los presidentes posteriores. Esta dinámica ha tenido como reflejo la cada vez mayor participación de China en la economía mundial. La presidencia de Xi Jinping puede significar un cambio de rumbo de la economía china si las reformas de Deng son ralentizadas o modificadas para concentrarse más en el mercado interno. Esta cuestión está en desarrollo.

México ha visto afectadas positivamente sus relaciones económicas con China a partir del crecimiento experimentado por el país asiático desde el inicio de siglo. De un intercambio económico casi inexistente, el comercio, la inversión y el financiamiento han venido nutriéndose en las últimas dos décadas. En términos comerciales, China ya es el segundo socio comercial de México, aunque el principal socio sigue siendo Estados Unidos, con un amplio margen. En términos de inversión extranjera directa, la participación de China en México sigue siendo muy baja, llegando a 1.2% del total en 2021. En términos financieros, la participación de China es inferior al 1% y está muy lejos de la participación de Estados Unidos, Alemania o Gran Bretaña.

La dependencia económica de México con Estados Unidos es, fundamentalmente, resultado de dos factores: de la cercanía geográfica y del anclaje económico al mercado estadounidense, por parte de México, desde la firma del TLCAN. Estos factores han creado una dinámica económica muy estrecha entre Estados Unidos y México, y al mismo tiempo han dificultado la diversificación de las relaciones económicas de México. Con su ascenso en las primeras dos décadas del siglo XXI, China ha dado pasos para acercarse a la economía mexicana, buscando darle mayor densidad a la relación bilateral. La dinámica histórica de la economía mexicana (integrada con la estadounidense) y las preocupaciones estratégicas del gobierno de Estados Unidos respecto a la presencia china en México, han obstaculizado el crecimiento de las relaciones económicas entre China y México. México puede aprovechar la coyuntura crítica de la situación geopolítica actual para impulsar su propio crecimiento económico. Ante un Estados Unidos interesado en mantener a México bajo su área de influencia y una China interesada en ampliar su presencia económica en México, el país puede explotar las ofertas de ambos países y emplearlas en favor de su propio desarrollo. Para ello el gobierno de México debe tener un proyecto económico centrado en la política industrial como instrumento predilecto para impulsar el desarrollo económico nacional. Ni las relaciones económicas con Estados Unidos ni las relaciones con China pueden ser soluciones mágicas para el desarrollo nacional, pero pueden servirle a este si son bien aprovechadas.


Ehécatl Lázaro es licenciado en Estudios Latinoamericanos por la UNAM y cursa una maestría en Estudios de China en El Colegio de México.

REFERENCIAS

Anguiano, E. (2012) Sin sustento político, imposible construir relaciones económicas bilaterales sólidas. Facultad de Economía, 37.

Animal Político 2020. Disponible en https://www.animalpolitico.com/2020/01/malentendido-embajada-china-inversion-refineria-dos-bocas/

Banco Mundial, 2022. Consultado en https://www.bancomundial.org/es/home

Navarrete, J. E. (2012). La relación bilateral China-México: una reflexión personal.

Secretaría de Economía

Secretaría de Hacienda y Crédito Público

The Economist, 2021. Joe Biden is determined that China should not displace America. 

The Dialogue, 2022. Consultado en https://www.thedialogue.org/map_list/