El año nuevo

OPINIÓN Por: Aquiles Celis

Diciembre 2022

El 2022 ha sido un año muy difícil, tan difícil como ya nos tiene acostumbrados nuestro horizonte plomizo, nuestro tiempo liminal histórico, como categorizaban Daniel Bensaid y Álvaro García Linera el presente en que nos desenvolvemos. El 2023, en ese sentido, será una continuación, no un quiebre ni una suspensión. Eso lo tenemos claro y, aun así, entraremos en la convención de celebrar las tradiciones decembrinas, los ritos y las libaciones consuetudinarias intentando que, de alguna manera, el pasado no nos persiga y el primero de enero de 2023 seamos capaces de quemar las naves y renacer “nuevos, virtuosamente y dispuestos”.

De hecho, algunos pensadores marxistas, en concreto Antonio Gramsci, se mantenía en contra de la celebración de los años nuevos, aduciendo que era una fractura artificial de la continuidad de la vida. Un jovencísimo Gramsci escribía “de ahí que odie esos años-nuevo de fecha fija, que convierten la vida y el espíritu humano en un asunto comercial con sus consumos y su balance y previsión de gastos. Estos balances hacen o perder el sentido de continuidad de la vida y del espíritu.”

De esta manera, si aceptamos que el próximo año será una consecuencia del actual y no implicará un recomenzar, debemos asumir que los problemas continuarán y los derroteros elegidos por nuestros amos políticos y económicos seguirán la misma tendencia sin que haya un abrupto cambio radical. En este sentido, ¿Cómo afrontar con dignidad y entereza el tiempo que discurre?, ¿cómo lograr sobrellevar el sinsentido del día a día sin caer en el pozo de la locura?

En cierta manera, la respuesta está en la esperanza. Pero como la esperanza -según Terry Eagleton- es un junco esbelto, un castillo en el aire, una compañera agradable pero mala guía, buena salsa, pero comida escasa; tenemos que pensar en qué tipo de esperanza necesitamos. A pesar de que la esperanza no es una categoría científica, bien es cierto que es un recurso humano. Es imprescindible la esperanza para los momentos que vendrán, la esperanza inteligente como mejor arma para poder afrontar el futuro.

Porque es cierto que el capitalismo ha convertido nuestro mundo en un páramo, en un erial invivible, pero, aun así, no nos sirve de nada el pesimismo estéril, que sólo conduce al cinismo o al desentendimiento. Como nos ha enseñado Eagleton, la esperanza auténtica debe estar basada en razones, ésta no es exclusivamente una característica del temperamento; no es el optimismo infundado de creer que todo va a salir bien simplemente porque tiene que salir bien, ni ver con jovialidad y ligereza el lado bueno de la vida. No; la esperanza parte del conocimiento auténtico del mundo y de la confianza en la fuerza interna y en el potencial de la organización para cambiar las cosas.

De esta manera hay que hacer la esperanza no basta con tener fe; hay que construirla. Obcecarse en la tarea de luchar por un mundo mejor entendiendo que todo puede mejorar y todo tiende al cambio. Hoy no estamos más derrotados que ayer, el socialismo cada vez se presenta como una alternativa más nítida para las nuevas generaciones, el viejo topo de la historia ha venido haciendo su tarea subterránea de demostrar con la experiencia histórica lo equivocado y lo perjudicial que ha resultado el impacto del capitalismo en este mundo. Si hay razones para permanecer pesimistas e incrédulos ante el futuro, también hay razones para albergar esperanza; para declararnos enemigos irreconciliables de las injusticias y organizarnos para cambiarlo radicalmente todo y lanzarnos a la conquista del futuro. En cualquier caso, citando el proverbio italiano que recupera Massimo Modonesi en un texto sobre Rosa Luxemburgo: “si son rosas, florecerán.”

Para la esperanza sólo hay un imperativo categórico que nos sirve para mantener la brújula calibrada y dirigida en la dirección correcta. No se trata de estar feliz, de mantenerse optimista, ni reproducir una boba visión positiva del mundo: se trata de estar siempre en contra de la injusticia y del lado de los pobres, como dijo el Che.

Como colofón, y regresando al inicio de nuestro problema, hay que abolir toda la parafernalia en torno al año nuevo, como concluye Gramsci: “Espero el socialismo también por esa razón. Porque arrojará al estercolero todas esas fechas que ya no tienen ninguna resonancia en nuestro espíritu, y el socialismo crea nuevas fechas, al menos serán las nuestras y no aquellas que debemos aceptar sin beneficio de inventario de nuestros antepasados.” El futuro está en juego y desde luego podemos vencer y crear una nueva sociedad. Feliz año nuevo, camaradas.


Aquiles Celis es historiador por la UNAM e investigador del Centro Mexicano de Estudios Económicos y Sociales.