Hacia una caracterización de la industria maquiladora en México

Noviembre 2022

Introducción

En un artículo anterior (Lara, 2021) caracterizamos a la globalización neoliberal, desde el punto de vista de la producción, como la combinación de tres tendencias fundamentales: primero, la centralización del capital, su mundialización y la creciente especialización del producto. La centralización se refiere a que cada rama de la economía es controlada por un número cada vez menor de grandes capitales individuales; la mundialización a que el capital expande su campo de acción más allá de las fronteras nacionales, y la creciente especialización del producto a la forma en que las distintas etapas de la producción de un bien se realizan en unidades productivas independientes las unas de las otras. Esta producción de materias primas, componentes e insumos en general que se integran a un producto final está dispersa en distintas partes del mundo y es coordinada o controlada por un gran capital individual llamado empresa matriz, que puede o no realizar ella misma etapas del proceso material de producción, en virtud de su monopolio tecnológico y logístico. Así, emergen redes de producción y distribución de bienes que combinan el monopolio tecnológico del Centro con los bajos salarios de la Periferia. Esto reduce los beneficios históricos del desarrollo industrial en la periferia como vía al desarrollo económico.

México, por su localización geográfica e histórica relación con Estados Unidos, fue de los primeros países, junto con otros del este asiático, en ser parte de esta gran reforma del capitalismo global. En nuestro país, esta forma de producción, que se adoptó en su forma más pura desde los sesenta del siglo pasado, recibe el nombre de maquila. Originalmente, este término se refería exclusivamente a la importación temporal de medios de producción que, transformados en una unidad productiva mexicana, eran reexportados en forma de un producto terminado o semiterminado al país de origen de los insumos importados, fundamentalmente Estados Unidos.Hoy, es casi un lugar común decir que México se convirtió en una economía maquiladora y que compite en el mercado mundial con base en bajos salarios. Y, aunque la prominencia de la maquila en la industria mexicana es un hecho reconocido por todos, representa un fenómeno sumamente heterogéneo y que se ha transformado de manera importante desde sus inicios. Comprender estos procesos es clave para, en primer lugar, conocer la forma específica que el capitalismo globalizado ha adoptado en México, y así vislumbrar potenciales perspectivas de desarrollo. En segundo lugar, comprender la heterogeneidad industrial, centrándose en la diferencia entre producción maquiladora y no maquiladora, es clave para entender la evolución en la configuración de la clase obrera mexicana, su situación y sus formas de organización y resistencia a la explotación. 

El objetivo de este trabajo es sentar las bases para entender el proceso de maquilización de la economía mexicana. Para ello, en primer lugar, presentamos un breve análisis del desarrollo histórico de la industria maquiladora. Después, exploramos el alcance de la producción maquiladora, ampliamente definida como aquella en la que unidad productiva realiza un proceso de producción a encargo de otra unidad, que es propietaria de los insumos transformados. Para esto, utilizamos los datos abiertos de los censos económicos de INEGI para el periodo 2004-2019, centrándonos en el peso de los ingresos por maquilar en el total de ingresos por tamaño de empresa, sector de la actividad económica y entidad federativa. Después, analizamos, para las ramas que componen a las industrias manufactureras, la relación entre el peso de la actividad maquiladora, la vocación exportadora, y los encadenamientos con la economía doméstica. Finalmente, planteamos subsecuentes preguntas de investigación para avanzar en la comprensión del fenómeno de la maquilización de la economía mexicana.

Breve historia de la industria maquiladora de exportación en México

La industria historia de la industria maquiladora en México, al menos en su forma moderna y vinculada con la producción global, se remonta a los años sesenta del siglo pasado. En el cénit del desarrollo estabilizador y la sustitución de importaciones, las necesidades del modelo económico mexicano se conjugaron con las de las grandes empresas industriales de Estados Unidos para dar origen a la industria maquiladora en la frontera norte. En México, el impulso para “desarrollar” esta zona provino de dos motivos principales: primero, la eliminación del programa bracero en Estados Unidos, que provocó el retorno forzado de cientos de miles de mexicanos y el consiguiente incremento del desempleo en los estados norteños del país. Segundo, la necesidad de obtener divisas para aliviar los problemas en la cuenta corriente y evitar así devaluaciones del peso, que minarían la estabilidad macroeconómica del modelo de desarrollo. Estas dos condiciones dieron origen, en un proceso largo y accidentado, a la industria maquiladora en México. Estos esfuerzos, es importante señalar, no partieron del vacío. Las primeras plantas maquiladoras ya se habían instalado en México antes que estas políticas estatales, aprovechando la cláusula 806/807 en las regulaciones comerciales de Estados Unidos, que establecía que “los bienes ensamblados en el extranjero con componentes estadounidenses pueden regresar a EE. UU. pagando impuesto solamente por el valor agregado” (Sklair, 1989:7). Esta cláusula daba incentivos a las empresas norteamericanas a relocalizar etapas de ensamblaje, intensivas en fuerza de trabajo, en países con menores salarios. Además, estas prácticas de subcontratar parte o la totalidad de la producción tenían años practicándose, principalmente en los países del este asiático, siendo Japón y Corea del Sur los destinos principales de la inversión norteamericana. 

Con este marco de fondo, el gobierno de México lanzó el Programa Nacional Fronterizo (PRONAF) en 1961, con el objetivo de generar un desarrollo industrial genuino en la frontera norte. El plan se quedó en papel y evolucionó cuatro años después al Programa de Industrialización Fronteriza (PIF), que entró en acción en 1965. En este programa la promoción de la industria maquiladora se hacía explícita, y aunque en 1961 ya había adquirido un estatus cuasi legal, no fue sino hasta 1971 que lo adquirieron. El texto de la regulación es útil para entender la forma inicial de la industria maquiladora:

“El programa de plantas procesadoras es un programa promocional que otorga asistencia a inversores para que establezcan unidades industriales dentro de una banda de 20 kilómetros paralela a la frontera internacional o la línea costera. Autoriza la importación libre de impuestos de materias primas, partes, componentes, maquinaria, herramientas y equipo, y cualquier otra cosa necesaria para la transformación […] ensamblaje y pesca de productos para ser exportados en su totalidad” (Sklair, 1989: 45).

Así, se sentaban las bases formales para la tendencia que ya se extendía en México y en otras partes del mundo: la subcontratación de etapas de producción a través de fronteras nacionales. Desde entonces, la industria maquiladora de exportación ha estado atravesada por dos características estructurales, relevantes para entender su capacidad para generar desarrollo. En primer lugar; tanto la lógica de la subcontratación internacional de procesos productivos, como la regulación adoptada por el estado mexicano adecuada a esta estrategia, opera en contra de la integración de las plantas maquiladoras con la economía doméstica. La posibilidad de importar insumos libres de aranceles y otros impuestos constituye, en realidad, un subsidio a las importaciones y, por lo tanto, opera en contra del uso de insumos domésticos y de la integración interindustrial. En segundo lugar, la orientación exclusivamente exportadora de las maquiladoras (inicialmente no podían vender el producto final en México) las volvían totalmente vulnerables a las fluctuaciones de los mercados internacionales en general, y del estadounidense en particular. Estos dos factores contribuyen a explicar, en primer lugar, las diversas fases de expansión maquiladora en México desde los setenta y, en segundo lugar, los repetidos y frustrados intentos del gobierno por integrarlas con el aparato productivo nacional. 

Con todo y esto, las plantas maquiladoras de exportación se expandieron de 72 en 1967, a 1,279 en 1988, y la fuerza laboral empleada en ellas, de 4,000 a 329,314. Aunque en estricto sentido las maquilas formalmente reconocidas como tales representaban una parte pequeña de la economía y fuerza laboral mexicana, al proceso de reestructuración industrial de los ochenta y noventa se le denominó maquilización. Este concepto se refiere no solo a le expansión de las maquilas formales, sino a “la adopción de las características de las maquiladoras tempranas por parte de las industrias que no están legalmente definidas como tales” (Kopinak, 1994:70). Estas características se refieren, desde la organización de la producción y su actitud hacia la organización obrera, hasta su enlazamiento con las cadenas de suministro internacionales. De hecho, gran parte de la inversión en la industria durante los años ochenta estaba encaminada a adaptar industrias tradicionales a la forma de producción maquiladora; siendo la industria de las autopartes el caso emblemático y más importante de ello. (Kopinak, 1994: 142). En respuesta a estas tendencias reales en el capitalismo mexicano, y como preparación para la negociación y firma del TLCAN, el gobierno promovió un decreto que, al permitir la operación de maquiladoras de tiempo parcial, hizo menos precisa la distinción entre empresas maquiladoras y no maquiladoras, debido a que, empresas que se dedicaban a la producción para el mercado interno, ahora podrían importar insumos libres de aranceles para exportar parte de su producto. Así, de acuerdo con (Kopinak,1994: 143), se crearon las condiciones para generalizar la creación de “enclaves funcionando bajo reglas totalmente liberalizadas”.

De tal modo que, para enero de 1995, en plena entrada en vigor del TLCAN, el personal ocupado en la industria maquiladora formalmente reconocida ya llegaba 611 mil trabajadores, y para octubre del año 2000, tras un lustro de expansión aceleradísima, alcanzó su máximo histórico con un millón 347 mil trabajadores. Los siguientes seis años, sin embargo, representan lo que se conoce como “el agotamiento del modelo maquilador”, puesto que, de esa fecha al 2006, el personal ocupado en las maquiladoras formales se mantuvo estancado[1].

Sin embargo, uno de los aspectos más importantes a tener en cuenta es la enorme heterogeneidad existente al interior de lo que vagamente se denomina “industria maquiladora”. Diversos estudios de caso han documentado que lo que se conoce como “maquilas de primera generación” -caracterizadas por procesos de ensamblaje o intensivos en mano de obra y de baja tecnología- nunca desaparecieron, sino que persistieron en ciertos sectores particulares, contrario al discurso del gobierno federal y los principales defensores del modelo maquilador. Sin embargo, también emergieron plantas maquiladoras de “segunda” y “tercera generación” intensivas en capital fijo, que se modernizan constantemente y aumentan la automatización de los procesos de producción. (Carrillo, 2014). En estos últimos casos, es mucho más difícil encontrar diferencias sustanciales con respecto a las industrias manufactureras no maquiladoras, y destaca los límites de los análisis estadísticos agregados para entender la estructura industrial de México.

Esbozo de la actividad maquiladora en la industria manufacturera mexicana durante el siglo XXI (2004-2019)

En este apartado pretendemos ofrecer un panorama general acerca de la extensión y características de la actividad maquiladora en México. Hablamos de la actividad maquiladora para diferenciarla de las maquiladoras de exportación, sobre las que abundamos en el apartado anterior. El primer concepto es más amplio y contiene al segundo. Para esto, utilizamos los datos abiertos de los censos económicos del INEGI para el periodo 2004-2019, enfocándonos en los ingresos obtenidos por maquilación en las industrias manufactureras. El INEGI (2021: 78) define los ingresos por maquilar como aquellos “obtenidos por la unidad económica por la fabricación, ensamble u otro tipo de transformación de las materias primas propiedad de terceros. Incluye: los ingresos por la transformación de insumos importados temporalmente…” (subrayados nuestros), y excluye el costo de los insumos consumidos. Así, en esta definición se enfatiza el carácter de subcontratación de un determinado proceso industrial. El subcontratista, por su parte, puede ser una empresa ubicada en el extranjero o en México. Si está ubicada en el extranjero, los insumos serán una importación temporal y la unidad productiva estará operando como empresa maquiladora de exportación. En caso contrario, el producto de la maquilación se destinará al mercado interno, ya sea para su consumo para final o para su uso como insumo de algún otro proceso industrial.

Estas estadísticas permiten conocer cuál es el peso de la maquila o “servicios de manufactura” en la actividad manufacturera total a nivel sector de la actividad económica y regional. En este trabajo nos centramos exclusivamente en el peso de esta forma de organización de la activa productiva[2] en las industrias manufactureras de nuestro país. La variable principal es la participación de los ingresos por maquilar en el total de ingresos por suministro de bienes y servicios. Mientras mayor sea esta proporción, mayor será la vocación maquiladora de una determinada empresa o rama de las industrias manufactureras. Tomemos un ejemplo para ilustrar. En 2019, el 80% de los ingresos de la rama “fabricación de equipo de audio y de video” provenía de maquilar, lo que la convierte en una rama con una muy fuerte vocación maquiladora. En contraste, para la rama “fabricación de productos farmacéuticos”, los ingresos por maquilar solo representan el 3%; es decir, es una rama de la producción con casi nula vocación maquiladora.

Un elemento importante para considerar es que, al definir maquila como la transformación de insumos propiedad de terceros estamos, en primer lugar, excluyendo a todas las unidades y actividades que comparten gran parte de las características de las maquiladoras pero que realizan las actividades con insumos propios. Por otro lado, esta definición formal no da cuenta de toda la heterogeneidad existente al interior de la producción maquiladora mencionada previamente.

En primer lugar, nos concentramos en la relación entre tamaño de la unidad productiva, medida por el número de empleados, y participación en el valor agregado, población ocupada, e ingresos por maquilar. Observamos que, para el total de empresas, entre 2004 y 2019, la participación de los ingresos por maquilar se mantuvo relativamente constante entre el 16 y el 17.25 %. Este peso minoritario, como se verá más adelante, se debe al papel limitado de la maquila en las actividades manufactureras tradicionales, así como en la producción automotriz que, en conjunto, representan el grueso de la actividad industrial en México. Del mismo modo, observamos que la importancia de los ingresos por maquilar aumenta junto con la categoría del tamaño de empresa. Para las micro y pequeñas empresas (de 1 a 50 trabajadores) su porcentaje en los ingresos totales no pasa de 12 por ciento, mientras que para las grandes (250 y más trabajadores) llega al 18.70 %.

En segundo terminamos, estudiamos el peso de los distintos tamaños de empresas en el total del valor agregado, del empleo y de los ingresos por maquilar. Observamos que los ingresos por maquilar están mucho más concentrados en las empresas grandes que el valor agregado y mucho más que el personal ocupado.  Las empresas grandes representaron casi el 84% del total de ingresos por maquilar, mientras que concentraron el 75 y el 58 % de valor agregado y de la población ocupada total, respectivamente.  Finalmente, observamos que de 2004 a 2019 las empresas grandes aumentaron su participación en todas estas variables, principalmente a costa de las empresas pequeñas y medianas. Estos datos, que apuntan a la creciente concentración de la actividad manufacturera en las industrias grandes, deben ser tomadas con cuidado en tanto no poseemos los datos desagregados a nivel empresa para conocer las verdaderas distribuciones de estas variables. 

El peso aparentemente pequeño de la maquila en el total de las manufacturas oculta la heterogeneidad que existe entre las diversas actividades manufactureras. En la Tabla 2 presentamos las mismas variables para los 21 subsectores que componen a la industria manufacturera.  La tabla también incorpora la participación de cada sector en las exportaciones manufactureras totales, para analizar la relación entre vocación maquiladora y exportadora. Algunos elementos que emergen de la tabla son los siguientes: primero, tan solo la industria de equipo de transporte y de equipo de computación, comunicación y electrónicos representaron en 2019 casi la mitad de todos los ingresos por maquilar. Segundo: se puede observar que hay varios sectores con una importante vocación maquiladora, como lo son el equipo de computación, comunicación y electrónicos (78 % del total de ingresos), fabricación de accesorios, aparatos eléctricos, maquinaria y equipo y la fabricación de prendas de vestir, entre otros. Además, se observa que los sectores con mayor participación en las exportaciones son también aquellos con el mayor peso de ingresos mor maquilar. Finalmente, un aspecto a destacar son los cambios más importantes de 2004 a 2019 en algunos sectores. El más relevante es a todas luces el que corresponde a la industria automotriz. En primer lugar, su participación en el valor agregado manufacturero aumentó en 14 puntos porcentuales (de 17 a 31 %).  Con respecto a este sector, es importante notar que el peso de la maquila en sus ingresos totales cayó en 7 por ciento, de 27.8 a 20.0, y este peso es de por sí bajo. Esto quiere decir que la fabricación de equipo de transporte se distingue del resto de sectores exportadores por la importancia menor de la maquila que, además disminuye. El aumento en su participación en los ingresos totales por maquilar se explica por la enorme expansión del sector, y no por su maquilización.

Más aún: este proceso se puede comprender mejor descomponiendo a los subsectores en las ramas que los componen. La fabricación de equipo de transporte incluye ramas muy variadas como la fabricación de automóviles, tráileres, aviones, embarcaciones y autopartes. La importancia de estos sectores amerita entonces un análisis separado. Esta información se muestra en la Tabla 3. Dentro de la fabricación de equipo de transporte, los dos componentes más importantes son la fabricación de partes para vehículos automotores y la fabricación de automóviles y camiones; en 2019 ambos representaron 15 y 14 por ciento del valor agregado en las industrias manufactureras, respectivamente, y el 30 por ciento de las exportaciones manufactureras mexicanas. La fabricación de automóviles está caracterizada por la ausencia de actividad maquiladora. Esto es así porque se lleva a cabo, en su totalidad, por las grandes plantas ensambladoras de las empresas transnacionales que no operan bajo el régimen de la maquila. Por el contrario, en la fabricación de partes, en 2004 el 50% de los ingresos provenían de la maquilación. Sin embargo, para 2019 este porcentaje disminuyó a 33.5%; en síntesis, la industria de las autopartes se ha desmaquilizado de 2014-2019 al mismo tiempo que ha experimentado un crecimiento sostenido.

En este punto analizamos a la cuestión central: ¿por qué importa el peso de la actividad maquiladora? Para responder esta pregunta exploramos la relación entre vocación maquiladora y otras variables relevantes. Primero, la figura 1 la compara con las exportaciones. Se observa que, con la excepción de las ramas de la fabricación de equipo de transporte, que son las grandes campeonas de la exportación mexicana, las otras ramas que sobresalen por su peso exportador son aquellas con una fuerte vocación maquiladora que ronda el 75% de los ingresos totales, con excepción de las industrias de metales no ferrosos, una industria de tipo “tradicional”.  En segundo lugar, estudiamos exploramos la relación entre vocación maquiladora y vinculación con la economía doméstica. Esta última la aproximamos con una medida de “encadenamientos hacia atrás” que muestra cuánto debe de aumentar en total la producción nacional para producir una unidad adicional de un determinado bien[3]. Mientras mayores insumos nacionales utiliza una determinada empresa o industria, mayores serán sus encadenamientos, y al revés. La necesidad de analizar este fenómeno, aunque sea de manera agregada, surge de la crítica anteriormente mencionada de que los sectores maquiladores de exportación se constituyen en “enclaves” incapaces de arrastrar consigo al resto de la industria y economía mexicanas, en tanto están casi totalmente enlazados con la economía internacional y no con la doméstica. La figura 2 muestra la clara relación negativa entre ambas variables: en general, las ramas más maquiladoras son aquellas con los menores encadenamientos hacia atrás.

Finalmente, analizamos el peso de la maquila a nivel estatal en México. Esto es importante en tanto la maquila se solía considerar históricamente como un fenómeno exclusivo de los estados del norte del país. Los mapas de la figura 3 muestran la participación de cada estado en los ingresos totales por maquilar en 2004 y 2019. En 2004 los seis estados fronterizos representaban el 76.7% de los ingresos por maquilar. En 2019 este porcentaje disminuyó a 68.2%. Así, aunque el grueso de la actividad maquiladora se sigue concentrando en los estados del norte, la tendencia de 2004 a 2019 fue a su desconcentración y distribución al interior de la república.

Estos movimientos se ilustran en la figura 3, que colorean a los estados de México de acuerdo con su participación en el total de ingresos por maquilar. Podemos observar que, en 2004, Chihuahua representaba casi el 35% de los ingresos maquiladores totales. Por otro lado, entre los estados no fronterizos con cierta actividad maquiladora, destacaban Jalisco, el Estado de México y Puebla. Para 2009 los principales cambios son los siguientes: primero: Chihuahua reduce sustancialmente su participación, del 30 al 17% del total. Los estados que ganan participación maquiladora son, principalmente, San Luis Potosí, Guanajuato y Querétaro. Estos tres estados se han convertido en centro importante de desarrollo de la industria automotriz en México, y Querétaro ha visto en los últimos años el desarrollo acelerado de la industria aeroespacial. Así, la caracterización de las maquilas como un fenómeno fronterizo es inadecuada; de hecho, la tendencia es hacía su distribución al interior de la república.

Conclusiones y problemáticas

En este artículo hemos presentado una breve reseña histórica de la industria maquiladora en México y un breve panorama sobre su alcance y extensión en lo que va del siglo XXI, hasta antes de la pandemia. La industria maquiladora emerge como la combinación de los esfuerzos desarrolladores del estado mexicano en la frontera norte, con la tendencia ya existente de las empresas transnacionales norteamericanas a subcontratar etapas de sus procesos de producción en países con menores salarios. Lo que en sus inicios se consideró una estrategia enfocada a la solución de problemas particulares -el déficit comercial y el desempleo en la frontera norte- con el pasar de las décadas y el cambio en las circunstancias nacionales e internacionales, se convirtió en el núcleo de la estrategia de desarrollo mexicana. Este cambio de circunstancias, en lo nacional, tiene que ver con las crisis económicas de 1976, 1982, que conjugaron profundas devaluaciones del peso con drásticas caídas salariales, elevando la rentabilidad de la actividad maquiladora.

Desde ese entonces, el éxito exportador de ciertos sectores manufactureros se ha visto con suspicacia en tanto estos son considerados enclaves altamente desconectados de la economía doméstica. La caracterización de economía maquiladora se usa para explicar esta dinámica de desarrollo y crecimiento desarticulado en México. Al proceso de transformación de la industria nacional en enclaves exportadores, se le conoce como la maquilización de la economía. En este trabajo analizamos el alcance y características de la actividad maquiladora al interior de la industria manufacturera en México. Nos centramos en la actividad maquiladora, y no en las unidades maquiladoras de exportación, para establecer, en primer lugar, cuál es el alcance de la forma de producción basada en la subcontratación de procesos industriales, en la que la unidad que realiza el proceso de producción y transformación no es propietaria de los insumos que transforma. Las principales conclusiones que obtuvimos son las siguientes:

  1. Primero, la actividad maquiladora se concentra en las unidades productivas grandes (de más de 250 empleados) en un grado mayor que la concentración de personal ocupado y similar al valor agregado.
  2. Segundo, a nivel sectorial, el total de ingresos por maquilar está concentrado en los sectores de fabricación de equipo de transporte, electrónicos, y equipo médico. Observamos que, aunque en el agregado el peso de los ingresos por maquilar no pasa del 18%, en muchos subsectores de la industria manufacturera estos oscilan entre el 50 y el 90%
  3. Tercero, a un nivel más desagregado, sobresale el papel desproporcionado de la fabricación de equipo de transporte en las exportaciones, valor agregado e ingresos por maquilar. De estos últimos, todos se desprenden de la fabricación de autopartes. Sin embargo, de 2004 a 2019 la vocación maquiladora de esta rama de la producción disminuyó sustancialmente, y para 2019 solo derivaba de la maquila ⅓ parte de sus ingresos. Esto constituye un ejemplo de desmaquilización, y coloca a la industria automotriz mexicana como un punto y aparte en comparación con el resto de las ramas exportadoras.
  4. Cuarto, mostramos, que, en general, los sectores con mayor vocación maquiladora son los más exportadores, pero también son aquellos con la mayor dependencia de insumos importados y menores encadenamientos con la economía doméstica, lo que confirma la idea generalizada de industrialización delgada basada en la inserción en las cadenas globales de valor.
  5. Quinto, observamos que la maquila no es un fenómeno exclusivo de la frontera norte, sino que ocupa un lugar importante en varios estados del interior. De 2004 a 2019, los estados del interior aumentaron su participación en los ingresos por maquilar a costa de los de la frontera norte (de Chihuahua en particular).

Partiendo de esta caracterización, emergen las siguientes preguntas de investigación. Primero: ¿cuál fue la fuerza principal detrás de la maquilización de la industria mexicana? ¿Fueron empresas antiguas convirtiéndose en maquiladoras, o la quiebra de empresas tradicionales y el elevado crecimiento de la forma de producción maquiladora? ¿Cuáles son los principales determinantes de estos cambios? Segundo: ¿hay diferencias sustanciales entre la situación de la clase obrera y sus formas de organización y resistencia en unidades maquiladoras con respecto a las que no lo son? Tercero: ¿cuáles son los patrones de cambio tecnológico en las industrias maquiladoras y no maquiladoras? La respuesta a estas preguntas requiere tanto del análisis de estas tendencias a nivel empresa (y no a nivel agregado por ramas o clases de actividad económica), así como de estudios de caso de empresas y clústeres industriales en particular. Avanzar en esta dirección permitirá tener una comprensión más clara de la forma que el capitalismo ha adoptado en nuestro país y la forma en la que dirige el desarrollo de las fuerzas productivas y las posibilidades de resistencia y lucha de la clase obrera mexicana.


Jesús Lara es economista por El Colegio de México e investigador del Centro Mexicano de Estudios Económicos y Sociales.

[1] En noviembre de 2006, se crea el programa Programa de la Industria Manufacturera, Maquiladora y de Servicios de Exportación (IMMEX), que unifica a los Programas para el Fomento y Operación de la Industria Maquiladora de Exportación, y de Importación Temporal para Producir Artículos de Exportación (PITEX). Desde entonces, no se registran estadísticas por separado de la industria maquiladora de exportación, sino que se combina la de todas las empresas manufactureras exportadoras. 

[2] La variable principal en este análisis es la proporción que los ingresos por maquilar representan del total de ingresos por suministro de bienes y servicios. Esta segunda variable se define como “el monto que obtuvo la unidad económica durante el periodo de referencia, por todas aquellas actividades de producción de bienes, comercialización de mercancías y prestación de servicios.” (INEGI, 2021). La comparación entre los ingresos por maquilar y los ingresos totales no puede ser directa porque, mientras los ingresos totales incluyen el costo de los insumos incorporados al producto final, los ingresos por maquilar los excluyen, dado que estos no son propiedad de la unidad que maquila. Así, para nuestra comparación, restamos a los ingresos totales las “Materias primas y materiales que se integran a la producción”; si no lo hiciéramos, subestimaríamos a la baja el peso de los ingresos por maquilar en los ingresos totales. 

[3] Cálculos propios con la matriz insumo-producto de 2018 a nivel rama proveída por el INEGI.

Referencias

Carrillo, J. (2014). ¿De qué maquila me hablas?: Reflexiones sobre las complejidades de la industria maquiladora en México. Frontera norte, 26(SPE3), 75-98.

 INEGI (2021) Vinculación de las empresas con el mercado exterior, Censos Económicos 2019.. 82.

Kopinak, K. (1993). The maquiladorization of the Mexican economy. In The political economy of North American free trade (pp. 141-161). Palgrave Macmillan, London.

Kopinak, K. (1995). Transitions in the maquilization of Mexican industry: Movement and stasis from 1965 to 2001. Labour, Capital and Society/Travail, capital et société, 68-94.

Lara, J. (2021). Neoliberalismo, Cadenas Globales de Valor y desarrollo económico. ACES, 1(4), 29–42.

Sklair, L. (1989). Assembling for Development: The Maquila Industry in Mexico and the United States (1st ed.). Routledge. https://doi.org/10.4324/9780203835463

Figuras y Tablas

Tabla 1: Ingresos por maquilar, valor agregado y personal ocupado por tamaño de empresa

Tabla 2: Ingresos por maquilar, valor agregado y personal ocupado por subsector de las industrias manufactureras

Tabla 3: Ingresos por maquilar, valor agregado y personal ocupado por rama de las industrias manufactureras (ramas seleccionadas)

Figura 1: Vocación maquiladora y participación en las exportaciones por rama de la actividad manufacturera

Figura 2: Vocación maquiladora y encadenamientos domésticos hacia atrás

Figura 3: Participación (%) en los ingresos totales por maquilar por estado 2004 (abajo) y 2019 (arriba)


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