Los problemas de la economía mundial y las soluciones del FMI

Noviembre 2022

El 6 de octubre de 2022 Kristalina Georgieva, directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI) pronunció un discurso en la Universidad de Georgetown a propósito de la apertura de las Reuniones Anuales de 2022 del FMI y el Grupo Banco Mundial (GBM). Este pronunciamiento resulta interesante, pues permite saber que los organismos económicos internacionales que dirigen buena parte del mundo tienen preocupaciones serias sobre el futuro de la economía.

La señora Georgieva comienza su discurso afirmando que el mundo se ha enfrentado a tres choques de gran envergadura en menos de tres años: “la covid-19, la invasión rusa en Ucrania y catástrofes climáticas en todos los continentes”, y  que éstos son los causantes del incremento de precios a escala mundial -en especial de los alimentos y la energía, que provoca una crisis del costo de vida. Además, considera que asistimos a una transformación radical del mundo; es decir, de un mundo más o menos estable y predecible “a un mundo más frágil, con más incertidumbre, mayor volatilidad económica, confrontaciones geopolíticas y desastres naturales cada vez más frecuentes y devastadores, un mundo en que cualquier país puede verse desestabilizado más a menudo y con mayor facilidad”. Y añade que enfrentar estos problemas se vuelve más difícil debido a la fragmentación geopolítica.

En torno a los problemas económicos que enfrenta el mundo propone algunas soluciones: 1) reducir la inflación, 2) una política fiscal responsable -que proteja a los grupos vulnerables sin avivar la inflación- y 3) crear iniciativas conjuntas de apoyo a las economías de mercados emergentes y en desarrollo.

Lo primero que hay que notar de las palabras de Georgieva es que, la encargada de la política monetaria mundial de los países capitalistas desarrollados, está “preocupada” por la grave situación económica mundial. La preocupación desde luego que no responde a que existen 345 millones de personas en el mundo en pobreza alimentaria (como ella mismo reconoció en el discurso), más bien, la alarma se prende porque preocupa que las complicaciones económicas arrastren a más personas a carencias sociales, lo que podría llevar a una mayor inestabilidad política y podría poner en peligro la subsistencia del sistema económico capitalista actual.

Los causantes de los problemas económicos actuales no son de generación espontánea, se trata de problemas congénitos al modo de producción capitalista.

El origen de la pandemia de covid-19 se ha atribuido a que algún chino por comer un animal exótico adquirió el virus, pero la hipótesis que ha ido ganando adeptos y parece más lógica es que la humanidad -bajo el modelo capitalista de producción-, donde lo que impera es producir para adquirir la máxima ganancia, ha llevado a una clase rapaz a producir sin importar el agotamiento de los recursos naturales. En este caso particular, al ir agotando los recursos naturales, se hace necesario ir abriendo bosques y nuevas zonas para explotar esos recursos, lo que hace que se vayan descubriendo nuevos virus o bacterias. Es, decir, como si se fueran destruyendo las barreras naturales que nos mantienen alejados de microorganismos desconocidos que pueden provocar daños al ser humano. De esta último fenómeno es de lo que menos se habla al momento de abordar la pandemia y sus consecuencias. En este mismo escenario se puede catalogar el acelerado deterioro de los ecosistemas, climas y biodiversidad como consecuencia del cambio climático, y este último como consecuencia del rápido deterioro de la naturaleza; es decir, al acelerado consumo de los bienes naturales. 

La causa de la guerra ruso-ucraniana se le ha tratado de adjudicar unilateralmente al Gobierno de Rusia, pero nada se dice sobre que la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) esté proveyendo armas y dinero (con la anuencia de todos los países del tratado) a Ucrania para mantener ese conflicto que Giorgeva dice que fragmenta el mundo geopolíticamente.

Los choques que la directora del FMI dice que ha enfrentado la humanidad en menos de tres años son consecuencia de un modelo de sociedad insostenible, pero ella no cuestiona el origen común de estos tres grandes choques, sino que pasa directamente a proponer soluciones.  

Para el FMI hay dos soluciones para afrontar el grave problema de inflación a nivel mundial: 1) que los bancos centrales sigan respondiendo a la inflación subiendo las tasas de interés y la aplicación de una política fiscal focalizada.

¿A qué se refiere exactamente? ¿Serán suficientes estas medidas para enfrentar mejor los problemas de la economía mundial? El estado de salud de la economía mundial no es bueno, pues se prevé que persista en 2022 y 2023 un lento crecimiento económico -algunos ven la posibilidad de una recesión- y la inflación siga en aumento. En ese contexto los bancos centrales (Banxico en México, en nuestro país) y los gobiernos deben tomar medidas para mitigar los efectos económicos. A ellos se dirige el mensaje de la directora del FMI.

Ante una inflación creciente sugiere que los bancos centrales sigan alzando las tasas de interés; es decir, incrementar el precio del dinero con la intención de desincentivar la inversión y el consumo, pues al encarecerse el dinero los porcentajes de cobro por pedir dinero prestado a los bancos aumenta, esto, desde el punto de la teoría económica en uso, deberá de disminuir la inversión y la demanda de bienes y por ende, tenderá a disminuir los precios. Pero esta forma de contener o bajar la inflación inevitablemente conduce a que la actividad económica de un país o sociedad se reduzca; o sea, que se dejen de generar empleos, disminuyan los ingresos, se comercie menos, etcétera. Así las cosas: ¿a quién afectará más esta política: a los empresarios o a los trabajadores? -estos últimos lo único con lo que cuentan para vivir es su fuerza de trabajo-.

En tales circunstancias, como otra vertiente para estabilizar la economía, la directora del FMI propone que la política fiscal esté dirigida “con enorme precisión en los hogares de más bajo ingreso. Ahí donde los precios de la energía sean elevados, los gobiernos podrían proporcionar ayudas directas a familias de ingresos medianos y bajos. Es esencial evitar un apoyo fiscal indiscriminado, pues ese impulso que daría a la demanda complicaría todavía más la lucha contra la inflación”. Esto significa que los recursos que puedan destinar los gobiernos para combatir la inflación no sean para toda la población, sino sólo para aquella que lo necesita, esto con la intención de evitar hacer crecer la demanda, pues al momento de que la gente tiene dinero en sus manos tiende a generar consumo, pero justo lo que la política monetaria pretende, como dijimos más arriba, es frenar la economía reduciendo la inversión y el consumo para bajar los precios. Por esa razón pide que sea “dirijida con presición”.

Al respecto, conviene observar dos cosas. Primero. El problema más grave que el recetario del FMI quiere combatir es la inflación. Segundo. Ese recetario no tiene otro ánimo más que el de estabilizar la economía para seguir manteniendo un sistema económico que privilegia a unos pocos y deja en el desamparo a millones de seres humanos.

Conviene dejar en claro que la economía mundial enfrentará un lento crecimiento y una inflación que no cederá pronto -que desde el punto de vista del FMI es el problema principal a vencer-, por lo que, si bien es cierto que las medidas que propone podrían beneficiar a unos cuantos pobres, no serán la mayoría del mundo, por lo que urge que las fuerzas sociales progresistas pugnen por discutir mejores rutas para poder sortear los sufrimientos a los que se enfrenta la gran mayoría de la humanidad. Pues, como escribió el economista mexicano Juan F. Noyola en el siglo pasado, “lo grave de la inflación no es el aumento de precios en sí mismo, sino sus consecuencias en la distribución del ingreso”.


Rogelio García Macedonio es economista por la UNAM e investigador del Centro Mexicano de Estudios Económicos y Sociales.