Xi Jinping y la reivindicación del marxismo-leninismo en China

OPINIÓN Por: Ehécatl Lázaro

Noviembre 2022

Xi Jinping fue electo por primera vez para el cargo de secretario general del Partido Comunista de China en el XVIII Congreso (2012); eso lo colocó en la posición necesaria para llegar a la presidencia de la República Popular China (2013). En el XIX Congreso (2017) el partido volvió a elegir a Xi como secretario general para otros cinco años. Este 2022, la realización del XX Congreso reafirmó el liderazgo de Xi Jinping y le extendió el cargo de secretario general hasta la realización del siguiente congreso. Xi ya cumplió una década como timonel del partido y de toda China.

Su periodo como secretario general del partido y como presidente de China ha estado marcado por iniciativas económicas, sociales, geopolíticas e ideológicas. En 2013 lanzó la Iniciativa de la Franja y la Ruta, en 2020 declaró erradicada la pobreza extrema en China, el mismo año señaló a la economía dual como el nuevo modelo para la economía china, entre otras muchas políticas importantes. En el terreno ideológico, Xi Jinping ha destacado por su notable reivindicación del marxismo-leninismo como guía del partido y como elemento indispensable para el futuro de China.

Desde la fundación del partido (1921) el marxismo-leninismo fue la guía para la acción del entonces pequeño grupo de revolucionarios decididos a liberar a China de la opresión colonial y la pobreza. En su lucha contra el Kuomintang y contra los invasores japoneses, los comunistas trabajaron siempre bajo las máximas del marxismo-leninismo, procurando la unidad de las clases trabajadoras para construir un país más justo. Así alcanzaron el poder en 1949.

Hasta 1976, año de su muerte, Mao Zedong fue el principal ideólogo del partido y el más interesado en mantener alto el estandarte de Marx y Lenin. La llegada de Deng Xiaoping al poder (1978) implicó una transformación ideológica del partido. Deng sustituyó a Mao como principal ideólogo. Aunque Deng se mantuvo firme en los principios del marxismo-leninismo y nunca renunció a las banderas del comunismo, realizó operaciones ideológicas para justificar la aplicación de relaciones sociales capitalistas entre el pueblo chino. La propiedad privada de los medios de producción, las relaciones asalariadas entre patrones y trabajadores, el mercado como principal espacio de distribución de la riqueza, fueron algunas de las medidas instauradas por Deng.

Deng insistió en la necesidad de desarrollar las fuerzas productivas como un paso previo a la construcción del socialismo, pues China era un país semifeudal y era imposible pasar directamente de esa etapa del desarrollo al socialismo. Así justificó el enriquecimiento de unos, el empobrecimiento de otros, la privatización de empresas estatales y la llegada de capitales occidentales a China. Esa fue la base ideológica de Jiang Zemin (1989 – 2002) y Hu Jintao (2002 – 2012), los dos secretarios generales antecesores de Xi.

Bajo los gobiernos de Jiang y Hu, la economía china creció a ritmos sin precedentes y el país se convirtió en uno de los motores del crecimiento económico mundial. Sin embargo, al interior la desigualdad creció como nunca, el culto al dinero y a la máxima ganancia se instalaron en varios grupos sociales y los objetivos originales del partido se debilitaron mientras la burguesía fortalecía su capacidad económica y ganaba posiciones al interior del partido. En ese contexto llegó Xi Jinping.

Xi ha insistido en volver a los objetivos originales del partido, a la construcción del socialismo. Ha llamado al partido a colocar nuevamente al marxismo-leninismo como la principal guía para la transformación revolucionaria de la sociedad china. Después de generar riqueza y desarrollar las fuerzas productivas durante cuarenta años, es tiempo de que el partido se enfoque nuevamente en sus objetivos fundacionales.

Teóricamente, el giro imprimido por Xi al partido se refleja en lo que él identifica como la principal contradicción de la sociedad china. Mao señaló que la principal contradicción estaba entre el proletariado y la burguesía; Deng dijo que estaba entre las necesidades del pueblo de una vida mejor y las atrasadas fuerzas productivas; Xi ubica la contradicción principal ente las necesidades del pueblo de una vida mejor y el desarrollo inadecuado y desequilibrado de las fuerzas productivas. Xi no llama solo a terminar con la pobreza, sino también con la desigualdad.

Quizá por eso sea tan significativo que el primer lugar que visitó Xi, después de ser reelecto como secretario general, fuera Yan’an, la mítica localidad donde Mao se erigió en líder máximo del partido y desde donde los comunistas lanzaron la ofensiva militar para derrotar al Kuomintang en la guerra civil. Es el momento de la reivindicación del marxismo-leninismo en China.


Ehécatl Lázaro es licenciado en Estudios Latinoamericanos por la UNAM y cursa una maestría en Estudios de China en El Colegio de México.