El arte según Plejánov

OPINIÓN Por: Aquiles Lázaro

Octubre 2022

Cuando en ¿Qué hacer? Lenin habla de la ideología burguesa y la ideología socialista en su lucha por conquistar la conciencia del movimiento obrero, reconoce enseguida que la primera es mucho más antigua y, por tanto, “su elaboración es más completa”. Exactamente lo mismo puede afirmarse en el terreno de estética.

Los intentos por elaborar un sistema de ideas que pueda llamarse estética marxista son, vistos en una perspectiva histórica, bastante recientes. Ya Paul Lafargue y Franz Mehring habían esbozado algunas tesis sobre problemas estéticos, pero el primero que intentó formalmente una sistematización de sus ideas sobre el arte fue Giorgi Plejánov. El triunfo de la Revolución de Octubre y el consecuente desarrollo vigoroso en la Unión Soviética de todos los campos del pensamiento, incluida la estética, fueron factores que contribuyeron a otorgar al veterano ruso este papel de padre fundador.

Las ideas de Plejánov en torno a cuestiones estéticas, que aparecen expuestas en múltiples artículos y cartas a lo largo de más de veinte años de fecunda producción teórica, tienen como punto de llegada su célebre disertación El arte y la vida social, escrita entre 1912 y 1913. Este texto sistematiza toda la concepción plejanoviana del arte, y constituye uno de los textos fundamentales para entender los orígenes de la estética marxista.

La crítica marxista posterior ha debatido apasionadamente las tesis centrales planteadas en El arte y la vida social. En todo caso, si bien varios de sus juicios no han resistido el paso de las generaciones, el texto conserva actualidad en un terreno particular: el de la función social del arte.

Uno de los elementos a tener en cuenta al ponderar los alcances y las limitaciones de este material es el hecho de que, en tanto que pionero, Plejánov no debate contra otras estéticas marxistas, sino precisamente contra toda la vieja concepción de las estéticas pre-marxistas. De hecho, el título del texto, a primera vista superficial o demasiado general, es el tema central: el revolucionario ruso pretende investigar la naturaleza de la relación entre estas dos categorías, o sea, cómo se interconectan, en última instancia, la vida social y el arte.

La respuesta de Plejánov es demoledora y puede decirse que conserva una validez plena: “Al contrario de las estéticas idealistas precedentes, que declaraban que la creación artística era independiente del mundo objetivo y veían al arte como una manifestación inmanente del espíritu humano, Plejánov demuestra que el arte tiene sus raíces en la vida real y que derivó del ser social”, resume V. Sherbina en su texto introductorio para una edición soviética.

Una vez establecido este origen completamente material del arte, avanza Plejánov hacia la idea más valiosa de su exposición. “El arte —nos dice— es un medio de contacto espiritual entre los hombres. Y cuanto más elevado sea el sentimiento expresado por determinada obra de arte, tanto más fácilmente logrará conseguir su misión”. Este pasaje, que ha sido copiosamente comentado por toda la crítica posterior, fue escrito hace más de cien años. Hoy, antes de intentar cualquier ejercicio crítico, es necesario detenerse en un par de aclaraciones.

La primera concierne al término “espiritual”, lastre terminológico de los discursos filosóficos del idealismo alemán. Lo espiritual, entendido como una categoría antagónica de lo material (y en el caso particular del ser humano, como una oposición de lo carnal, de lo orgánico) no tiene cabida en el sistema plejanoviano. La estética de Plejánov concibe aquí como espiritual lo que se refiere a la actividad de la conciencia, en el sentido de que, si bien los canales sobre los que se sustenta el arte como “medio de contacto” son estrictamente de carácter material —color, imagen, signo gráfico, luz, sonido, forma, etc.—, su dimensión social solamente se cumple como actividad de la conciencia. Y lo hace en dos fases distintas: la primera tiene lugar en el proceso creativo del artista, cuando este concibe sus ideas antes aún de empezar el proceso material de trabajo; la segunda, no menos importante, es el acto mismo de la apreciación artística por parte del público, punto de llegada del proceso. Estas dos fases, que son, en efecto, principalmente actividad de la conciencia, son las que llevan a Plejánov a la imprecisión de formular que el arte es “un medio de contacto espiritual”. De aquí seguiría, además, la áspera cuestión de qué debemos considerar como medios de contacto no-espirituales.

El segundo problema por aclarar es a qué se refiere Plejánov al hablar de sentimientos elevados. Esta fórmula, que en su nivel retórico pudiera remitir también a los sistemas idealistas precedentes, es aclarada inmediatamente: Plejánov entiende como más elevado aquello que es más universal, aquello que puede comunicar a un público más amplio. Y, siguiendo esta línea, aboga contundentemente por un arte que base su actividad en “las importantísimas corrientes sociales de su época”. El criterio plejanoviano sobre la altura o la bajeza de un sentimiento, entonces, debe ser entendido en un nivel doble: uno cuantitativo, que se refiere estrictamente a un alcance numéricamente más amplio, y uno cualitativo basado en el reconocimiento —o la indiferencia— de los movimientos sociales de su época. Dicho brevemente, un arte masivo y militante.

Estas son algunas de las ideas más importantes de El arte y la vida social. Varias de estas tesis fueron criticadas por figuras muy destacadas de la estética marxista posterior, figuras provenientes de tradiciones diversas y que maduraron sus críticas en épocas distintas: Lunacharski, Lukács o Sánchez Vázquez; lo cierto es que las tesis de Plejánov conservan el valor de formular por vez primera una crítica demoledora a las concepciones idealistas sobre el origen y la función del arte —y sobre la naturaleza de la actividad artística—, y de haber ensayado por primera una formulación sistemática de los criterios marxistas sobre el valor de la obra de arte.


Aquiles Lázaro es promotor cultural e investigador del Centro Mexicano de Estudios Económicos y Sociales.