Airbnb, otro mal para el derecho a la vivienda

OPINIÓN Por: Samira Sánchez

Octubre 2022

Familias que rentan departamentos, cuartos o casas han experimentado la combinación del consumo tradicional y la economía colaborativa. Esta última hace referencia a una forma distinta de consumir donde las personas alquilan, comparten o intercambian productos y servicios mediante aplicaciones digitales. Airbnb es el ejemplo más exitoso entre las plataformas que pone en contacto a individuos que poner en renta una habitación, casa o departamento con personas que buscan un alojamiento turístico distinto del hotel.

Al igual que la mayoría de las empresas de economía colaborativa, Airbnb se ha expandido alrededor del mundo y, particularmente, en las ciudades con atractivos turísticos se ha desarrollado de forma exponencial. El crecimiento de este tipo de alojamiento ha provocado numerosos estudios para evaluar el impacto social, residencial y económico. Uno de los resultados en común de los distintos estudios es que la transición hacia la renta de corto plazo provoca presiones al alza de los precios en el mercado, es decir, que aumenten las rentas.

La escuela de Planificación Urbana de la Universidad de McGill, Canadá, habla de “hoteles fantasma” que son edificios de departamentos cuyos cuartos son ofrecidos individualmente en Airbnb como cuartos privados. El reporte señala que, a pesar de ser ilegales en Nueva York, las ofertas de estos servicios pasaron de 19 mil departamentos en 2014 a 30.3 mil en 2017 (50% más en tres años). En 2017, la aplicación Airbnb, concentró 45% de las reservaciones y 66% del dinero pagado en alojamiento en Nueva York.

Cada uno de estos departamentos ofrecidos a corto plazo es una vivienda que se retiró del mercado de renta de vivienda. Airbnb conecta a propietarios con clientes que pagan mayores precios a cambio de disponibilidad inmediata y alojamiento por periodos cortos. Los rentistas dejan de vender vivienda “al mayoreo” con contratos de arrendamientos anuales, para venderla al menudeo con ocupación de algunas semanas como máximo.

En la Ciudad de México, en pocos años la oferta de alojamiento a corto plazo con la aplicación Airbnb ha crecido también de forma exponencial. Como se esperaría, Airbnb se halla en colonias que se han convertido en el epicentro de la vida nocturna, gastronómica y de recreación para grupos sociales con holgura económica (mapa en http://insideairbnb.com/mexico-city/). En las colonias ubicadas en la zona centro, y en otras como Condesa, Cuauhtémoc, Juárez, Polanco y Roma, una de cada diez viviendas se halla en la plataforma de Airbnb. La mayoría de estas colonias, desde 2010, tiene características sociodemográficas similares, además han experimentado procesos de incremento de las rentas y, con ello, del desalojo de la gente que no puede pagar esos precios. Así pues, el alquiler vacacional se ha concentrado en las colonias con claros procesos de gentrificación mediante la llegada de consumidores con mayores posibilidades de pago.

Uno de los discursos a favor de la economía colaborativa dice que son una fuente de ingresos para la gente común; se han promocionado como un negocio impulsado por los usuarios. Es decir, cualquier persona con un auto o con una casa puede ofrecer en la plataforma el servicio y cobrar por él. Pero la realidad es bastante diferente. El mercado ha desarrollado nuevos esquemas de negocios en los que hay empresas que se dedican a concentrar de forma masiva estos aparentes “medios de vida” y, al mismo tiempo acaparan la demanda creciente hacia este tipo de consumo. A éstos se le ha dado el nombre de tenedores masivos.

En el caso de los servicios de alojamiento, también hay empresas que se han dedicado a construir “hoteles fantasma”. En la Ciudad de México hay al menos 10 tenedores masivos como Iconia Cubos o la nueva torre Mitikah que han adoptado este esquema. Iconia Cubos ofrece sus departamentos de 128 a 176 metros cuadrados en Airbnb por alrededor de 2 mil 500 pesos por noche, mientras que Torre Mitikah ofrece los suyos de 100 a 150 metros cuadrados en Airbnb por alrededor de mil 500 pesos por noche. En la Ciudad de México, la cantidad de anfitriones que alquilan un departamento o una casa en calidad de empresa es mayor que la cantidad de aquellos que buscan simplemente un ingreso adicional.

La plataforma Airbnb ha producido, por un lado, una presión extra sobre la oferta inmobiliaria porque reduce el parque residencial disponible para quienes ahí residen; y por otro, compromete los precios del alquiler, ya que el turista está dispuesto a pagar precios mas elevados en comparación con el residente. Además, los tenedores masivos de alojamiento en Airbnb, presionan los precios al alza mediante la fijación de precios de la oferta.

En consecuencia, la implantación de alquileres vacacionales en la Ciudad de México es perjudicial para los inquilinos, ya sean trabajadores o estudiantes, que llegan a la ciudad buscando mejores condiciones de vida y que no son propietarios de una casa. Además, promueve que la vivienda se produzca como un bien de inversión y no como un derecho humano, un fenómeno que está echando de sus lugares tradicionales de residencia, trabajo, y estudio a cientos de familias.


Samira Sánchez es economista por la UNAM e investigadora del Centro Mexicano de Estudios Económicos y Sociales.