El imperialismo de ayer y hoy

OPINIÓN Por: Aquiles Celis

Septiembre 2022

El concepto de imperialismo, al igual que el concepto de capitalismo o el de lucha de clases, cayó en desuso durante las décadas anteriores dentro de los círculos académicos, así como entre los economistas, los políticos y los medios de comunicación. En nuestros días, afortunadamente, el término ha vuelto a insertarse en el vocabulario cotidiano y quizá gracias a que la categoría de imperialismo aún conserva la capacidad de describir el funcionamiento y las dinámicas que originalmente contribuyeron a su elaboración.

El imperialismo sigue vivo y coleando, hoy podemos observar, con mayor contundencia, por ejemplo, sus síntomas: la concentración de capital, el predominio de los monopolios y la obscena acumulación del 1%, el acrecentado papel del capital financiero, la explotación de capitales y el reparto del mundo en distintas esferas de influencia, siendo Estados Unidos la potencia mundial. Porque mientras unas pocas naciones capitalistas acapararon la concentración de los procesos productivos a escala mundial y la circulación de mercancías y servicios, la enorme mayoría de los países, los países pobres, tuvieron que hipotecar su soberanía en el afianzamiento de su dependencia externa a las metrópolis. 

Repetimos: en nuestro tiempo histórico, en el mundo actual, Estados Unidos ha ocupado el (des)honroso puesto de ser el guardián del mundo, la potencia mundial, en términos económicos, políticos e ideológicos. El mantenimiento de la hegemonía ha sido considerado un asunto interno y transpartidista, por lo que, a pesar de la alternancia de demócratas y republicanos en la política doméstica, los asuntos externos han sido tratado como asuntos de estado y se ha mantenido la misma política exterior, una política de dominación.

La hegemonía estadounidense, a pesar de contar con un consenso en las élites y en gran parte de las bases de las sociedades de otros pueblos, ha echado mano no solo de la seducción, sino también de la coerción, del intervencionismo militar y de las supuestas ayudas humanitarias. El memorial de agravios sufrido por las naciones dependientes y periféricas es extensísimo, puesto que la fuerza empeñada en mantener el dominio ha sido ejemplar y espectacular en algunos casos.

Pero el repunte de algunos países como Rusia o China y su colocación como actores estratégicos en el campo de la economía quizá nos ayude a dibujar un escenario nuevo, un mundo sin hegemonía, sin imperialismos, sin globalización que acompañado con la emergencia de un paradigma distinto, novedoso, seductor sea benéfico para las mayorías. Porque como fenómeno político, el imperialismo no sólo ha sido tortuoso para los países dependientes, sino también han acarreado cierto grado de malestar para los habitantes de las metrópolis, que, en nuestros tiempos, fueron testigos de los males que aquejaban a las extremidades del cuerpo. Ahora, en el corazón del imperio las desigualdades y los problemas de la periferia se agudizan creando malestar social, inconformidades y reclamos al sistema.

Con todo, sería aventurado pensar que el mundo se aproxima a una época revolucionaria, al estallido de las rebeliones sistemáticas y globales. En nuestro horizonte plomizo, como caracterizó Daniel Bensaid nuestro presente, no parece haber indicios de estallidos revolucionarios. Y sin embargo, el evidente debilitamiento de Estados Unidos como potencia mundial quizá sea una buena noticia, porque esto permitiría, en el mejor de los escenarios, la posibilidad de un desarrollo alternativo, que no esté basado en la explotación de la fuerza de trabajo y los recursos naturales.

Así, nos queda claro que hay otra alternativa u otras alternativas para los pueblos del mundo; en algún momento emergerá, porque tiene que emerger, una nueva forma de organizar la vida, la economía, las sociedades. Cuando llegue ese momento, parafraseando a Álvaro García Linera, esperemos que surja una nueva organización social deseada por las mayorías y que beneficie a todas las clases subalternas de ese mundo.


Aquiles Celis es historiador por la UNAM e investigador del Centro Mexicano de Estudios Económicos y Sociales.