Menor productividad, ¿culpa de quién?

OPINIÓN Por: Samira Sánchez

Agosto 2022

La productividad laboral de México en el tercer trimestre de 2020 decreció 6%. Desde entonces a la fecha, el crecimiento de la productividad ha sido negativo. En un contexto de elevada inflación y de bajo crecimiento económico, la importancia de revisar el indicador de la productividad se debe a que es uno de los principales factores del crecimiento de largo plazo. Es decir, es uno de los factores para que un país tenga un crecimiento económico más estable.

El aumento de la productividad en las distintas actividades económicas permite elevar los niveles de ingreso per cápita, y, con políticas de redistribución, puede mejorar los niveles de bienestar de la población. Más productividad implica fabricar más mercancías, más productos que antes, en el mismo periodo de tiempo (un día, una semana, un mes, un año) y esta producción depende de muchos factores.

De acuerdo con la teoría neoclásica, los determinantes de la productividad del trabajo se encuentran en las habilidades, la experiencia, la educación y en la motivación del individuo. Es decir, todo depende del trabajador, de tal manera que si la productividad laboral está decreciendo el único culpable es el trabajador. Sin embargo, otras explicaciones más sobrias sobre el concepto afirman que no es suficiente con las características del trabajador. Hace falta, además, suficiente abasto y calidad de materias primas y auxiliares, mejor infraestructura para las comunicaciones terrestres, marinas y aéreas, mejor organización del trabajo y, principalmente, maquinaria moderna y eficiente que haga más veloz el proceso de trabajo.

Veamos el caso de los trabajadores. El número de horas laboradas ha crecido más rápidamente que la producción de un trabajador por hora. El número de horas trabajadas por los mexicanos aumentó de 2020 a 2021, lo que hizo que México se mantuviera como el país cuya población ocupada trabaja más que en cualquier otro país perteneciente a la OCDE. El aumento no se dio en todos los trabajadores por igual, sino solamente entre los que tienen jornadas laborales más largas, de más de 48 horas semanales.

En cambio, en lo que respecta a los otros factores determinantes de la productividad, la infraestructura, la modernidad y eficiencia de la maquinaria, la mejoría no está ocurriendo. La infraestructura de comunicaciones en el país es cada vez más deficiente, el presupuesto del gobierno dedicado a este rubro ha estado muy disminuido en todo lo que va del sexenio. El aeropuerto recién construido resulta marginal e inútil para la conectividad que se requiere. Por el lado de las inversiones privadas, en palabras del director de Moody’s Analytics, la economía mexicana padece una «anemia crónica de inversión” ya que, trimestre tras trimestre, tiene contracciones de 0.1%.  Como se ve, los principales responsables de la baja productividad son los empresarios y el Estado, y no los trabajadores, como se nos quiere hacer creer. 

Sin embargo, los empresarios y el Estado no han querido hacer frente a los problemas de productividad en México porque saben que ésta se puede suplir con la precarización de los trabajadores. Los bajos salarios y las malas condiciones laborales son la carta con la que México compite en el exterior. Y aunque el gobierno actual ha elevado el salario mínimo, únicamente se beneficia 12% del total de los trabajadores, por lo que no resulta significativo para mejorar las condiciones de trabajo.

La baja productividad laboral en México y su constante decrecimiento hacen evidente la necesidad de acelerar las mejoras en infraestructura de carreteras, puertos y aeropuertos; en maquinaria moderna para que el trabajador pueda ser más productivo, cuya responsabilidad cae completamente en el Estado y los empresarios. Sin embargo, para eso se necesita una política industrial profunda orientada a hacer de México un país con una economía pujante. Para eso se necesita un gobierno comprometido con las necesidades de los trabajadores y con el bienestar de la población. Y esa no es una característica del actual gobierno. Para que México tenga una productividad creciente y un crecimiento económico más estable, urge que el pueblo se organice en torno a un proyecto de país que vea por sus intereses. Solo de esta manera el crecimiento económico y el aumento de la productividad resultará beneficiosos para él mismo y no para los capitalistas de siempre.


Samira Sánchez es economista por la UNAM e investigadora del Centro Mexicano de Estudios Económicos y Sociales.