Los olvidados

Agosto 2022

La película Los olvidados (1950) del director hispano-mexicano Luis Buñuel todavía tiene vigencia en el México de la 4T. Esta retrata crudamente la forma en que el sistema educativo y el statu quo, en general, condenan a niños y adolescentes a vivir en la miseria y el olvido en las ciudades.

Los personajes de El Jaibo y de Pedro son millones de niños y jóvenes que en el México moderno tienen que sortear el olvido del sistema educativo; la imposibilidad de su padres para otorgarles lo mínimo necesario para vivir; y la falta de oportunidades para poder desplegar sus potencialidades intelectuales, deportivas y culturales. Lo único que va quedando ante ellos es la narcocultura, las calles donde pueden ganarse la vida de manera informal, la violencia, la delincuencia y los vicios. Los niños y jóvenes de hoy son marginados por un sistema social que quiebra su espíritu y los conduce a una vida deshumanizada.

La juventud en México tiene pocas oportunidades para desplegar todas sus potencialidades. Uno de los mecanismos más eficientes para su formación integral es la educación, desde la inicial hasta universitaria; pero en esta última etapa, es donde se hace un cuello de botella, pues los que pueden acceder a esta etapa son en realidad muy pocos estudiantes, por ejemplo, en el ciclo 2020-2021 solo uno de cada tres jóvenes estaba inscrito en la universidad. Este hecho se traduce en que 7 millones 124 mil 440 jóvenes no asistieron a la escuela. La explicación de estos resultados es que no hay escuelas que den cobertura de este servicio. Si tomamos en cuenta la cobertura de los estados que menos logran satisfacer este servicio vemos lo siguiente: Chiapas 14%, Oaxaca 20%, Guerrero 22%, Quintana Roo 24%, Veracruz 26%, Michoacán 26%. Estos datos son escalofriantes, pues no hay forma de que los jóvenes puedan acceder a la educación superior por más ganas que tengan.

Sumado a lo anterior, las universidades con cobertura nacional no tienen capacidad para absorber toda la demanda. Aunque no se dice con todas sus letras, acceder a la educación superior en México, también es un viacrucis. Para ingresar a la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) compitieron 197 mil aspirantes de los cuales solo fueron admitidos 19 mil 900, es decir, que solo entró uno de cada diez a la carrera que aspiraba a estudiar. De revisar la cifra de las demás escuelas se podrán encontrar resultados similares.

El rechazo de los jóvenes en las universidades tiene varias explicaciones, aunque algunos afirman que se debe exclusivamente a la falta de conocimientos básicos de los que concursan, situación última que no tiene mucho sentido. Al principio mostramos algunos datos de la falta de cobertura de la educación universitaria porque creemos que el principal problema es ese. Es decir, no hay oferta que cubra la demanda de la educación superior, y por lo tanto, por más que se esfuercen los jóvenes en sacar puntajes perfectos, aun suponiendo que todos lo logren, no todos tendrán un lugar asegurado.

De esta realidad tétrica, y de la que poco se habla con seriedad, es de la de que deberían ocuparse las autoridades educativas. Hoy vemos a la rutilante secretaria de educación desfilar para ser candidata a gobernadora en el Estado de México, pero no hay políticas desde esa Secretaría para atender a los jóvenes que cada vez más, ven incertidumbre en su futuro.

Y no es una situación menor si consideramos que a esta generación es a la que ya le han tocado dos crisis económicas, una pandemia y una creciente desigualdad social que la lleva a ubicarse en un nivel de vida, tal vez por primera vez en la historia, menor que el de sus padres. Por ello es necesario volver a ver Los olvidados, pues estos demandan con más persistencia una sociedad más equitativa y sostenible.


Rogelio García Macedonio es economista por la UNAM e investigador del Centro Mexicano de Estudios Económicos y Sociales.