La vida de millones de mexicanos se pone en riesgo

Agosto 2022

No podríamos estar más de acuerdo con el escritor soviético Nikolai Ostrovski cuando dice que lo más preciado que posee el hombre es la vida, sin embargo, en nuestro país pareciera que ésta no tiene ningún valor. Para la inmensa mayoría de mexicanos de a pie la vida se puede perder con la misma rapidez con la que cae un rayo: la inseguridad ha ocasionado la muerte de más de 120 mil mexicanos en lo que va del sexenio; las enfermedades también han hecho su labor, pues la Covid-19 ha matado a más de 320 mil personas, y, de acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía, en la primera mitad del 2021 las enfermedades del corazón ocasionaron la muerte de 113 mil mexicanos, mientras que la diabetes mellitus de 4 mil personas. Muchas de estas muertes se habrían podido evitar desde el gobierno con acciones certeras contra la inseguridad, contra la Covid-19 y con un acceso universal a la salud y la alimentación.

Para cuidar lo más preciado que tiene el hombre es fundamental una buena alimentación, es decir, tener acceso a alimentos en cantidad y calidad suficientes para un pleno desarrollo (seguridad alimentaria). Sin embargo, México tiene una penosa trayectoria como país con hambre. Actualmente, millones de mexicanos no tienen acceso a alimentos nutritivos en cantidad ni en calidad suficientes. Las mediciones del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social muestran que la pobreza extrema ha aumentado en los últimos años, de 8.7 millones de personas que no cubrían sus necesidades básicas de alimentación en 2016, a 10.8 millones en 2020. Si hablamos de las carencias por acceso a la alimentación nutritiva y de calidad el problema se dispara, pues el número de personas con estas carencias aumentó de 26.5 millones en 2016, a 28.6 millones de personas en 2020, lo que representa un incremento de 22.5%. Sin embargo, otros estudios muestran que el problema es mayor, por ejemplo, Aguilar-Estrada et al. (2018) al medir la seguridad alimentaria con la metodología de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura encontraron que ocho de cada diez hogares en México presentan algún grado de inseguridad alimentaria.

Con los precios altos de los alimentos la inseguridad alimentaria se agudiza y con ello nos alejamos más de la meta de erradicar el hambre y, sobre todo, de tener a mexicanos bien alimentados y sanos. El problema no es menor si consideramos que el 75% de los requerimientos nutricionales de los mexicanos se obtienen de un grupo reducido de alimentos: tortilla, harina de trigo, leche, carne de cerdo, aceites y grasas, pollo, huevo y frijol; y estos productos son precisamente los que han acumulado la mayor alza en los precios, por ejemplo, los aceites comestibles y la harina de trigo aumentaron 33% y 28% sus precios, respectivamente.  

La alta inflación provoca que las familias limiten aún más su ya raquítica dieta. Un estudio realizado a los hogares pobres de las zonas rurales y urbanas muestra que los productos como: pan blanco, pan dulce, pollo, res, puerco, pescados, mariscos, atún, huevo, leche, queso y yogurt se comportan como bienes de lujo, es decir, se consumen únicamente cuando el ingreso lo permite, o sea, casi nunca. Esto significa que la dieta de los hogares más pobres es muy limitada (León, 2020).

Lejos estamos de alimentarnos como los especialistas en nutrición lo recomiendan: dieta balanceada, no consumir demasiados embutidos, enlatados, comidas con conservadores o ultraprocesados. Nos encaminamos a agudizar el problema que la Organización Mundial de la Salud señala: que la ingesta de alimentos y bebidas muy transformados y poco saludables están impulsando una ola de obesidad, aumentando el cáncer y las enfermedades cardiacas y con ello la muerte prematura de miles de mexicanos.


Jorge López Hernández es economista por la UNAM e investigador del Centro Mexicano de Estudios Económicos y Sociales.