Aumento de las tasas de interés contra los más pobres

OPINIÓN Por: Samira Sánchez

Julio 2022

El instrumento que utiliza el Banco de México (Banxico) para controlar la inflación es la tasa de interés; y el pasado 23 de junio aprobó un aumento de 75 puntos base, el más grande desde 2008. En julio se aplicarán primero 50 puntos base y posteriormente los otros 25 hasta alcanzar la tasa de 9.5 por ciento. Esta política, conformada de teoría económica neoclásica, se basa en que la oferta de mayor rendimiento en inversiones financieras induce a las personas a guardar su dinero en los bancos, que el retiro de dinero en circulación propicia menos inversiones productivas, menos consumo, y por tal motivo, menos inflación. Sin embargo, la inflación que agobia ahora a México y al mundo no parece responder a un exceso en la demanda y su combate no resolverá con aumentos a las tasas de interés, como supone el erróneo e insuficiente análisis en que se sustenta tal medida.

El actual incremento generalizado de precios —a niveles no vistos desde hace 20 años— no solo se debe a que la pandemia de Covid-19 y la amenaza de una guerra nuclear han intensificado la incertidumbre económica mundial, sino también a la tendencia habitual de los monopolios de acaparar y elevar artificialmente el precio de las mercancías para elevar sus ganancias. La prueba más evidente está en el hecho de que los grandes millonarios han aumentado sus fortunas, mientras que los habitantes de casi todos los países pierden ingresos. Por ejemplo, la familia Cargill, dueña de una de las empresas más grandes de Estados Unidos (EE. UU.), aumentó en cinco mil millones de dólares (mdd) sus ganancias netas. En lo que va de 2022, la compañía agrícola Dreyfus Co. las ha elevado en 82 por ciento debido al alza en el precio de los granos y las oleaginosas, al igual que la Archer-Daniels-Miland Co. que, desde febrero, cuando empezó la guerra en Ucrania, sus rendimientos subieron 25 por ciento.

Así, mientras sigamos en un modelo económico en el que la máxima ganancia sea la que rija la economía, ningún aumento en las tasas de interés reducirá la inflación. El Banco de México analiza el problema de la inflación como si fuera un problema puramente monetario, sin relación con la estructura económica. Por eso, no se da cuenta o no le importa que el aumento de la tasa de interés tenga otros efectos como la falta de inversiones productivas, que afectará el crecimiento de la economía. Tampoco se hace cargo de la situación de las pequeñas empresas, las cuales dependen mucho de préstamos directos y tarjetas de crédito. El alza en las tasas de interés las obligará a destinar la mayor parte de sus ganancias a cumplir sus compromisos con sus acreedores, y la menor a sus costos. Además, el consumo final no ha disminuido significativamente; por el contrario, varias familias mexicanas optan por sacar créditos y endeudarse. Los créditos familiares han ascendido a 56% de la población entre abril y junio, pese a que las tasas de interés están en aumento. Tanto por el lado de la producción como por el lado del consumo de las familias el aumento de la tasa de interés afecta a las empresas y personas más vulnerables.

Carlos Marx afirmó que las tasas de interés tienen movimientos pro-cíclicos, es decir, que cubren los ciclos del capitalismo: reposo-animación-prosperidad-sobreproducción-crisis… reposo-animación, etc. El análisis detallado de estos movimientos permite advertir que las tasas de interés bajas corresponden a periodos de prosperidad con ganancias extraordinarias; y que cuando aumentan, dividen a la prosperidad y su fenómeno contrario: la crisis. La actual tendencia al alza de las tasas de interés corresponde a una falla en la reproducción del capital y los flujos de dinero empiezan a sobrepasar la circulación de mercancías. El aumento sin freno de la inflación es una muestra de que el modelo económico neoliberal está agotado y que no puede seguírsele tratando con remedios de la teoría neoclásica. El aumento de la tasa de interés no es la solución porque afectará a las empresas más pequeñas, ya que no pueden hacer frente a los altos costos del dinero.


Samira Sánchez es economista por la UNAM e investigadora del Centro Mexicano de Estudios Económicos y Sociales.