Una estrategia de aniquilación

OPINIÓN Por: Anaximandro Pérez

Julio 2022

Un notable historiador alemán de los conflictos del pasado, el veterano de la guerra franco-prusiana  Hans Delbrück (1848-1929), planteó que en la guerra sólo se pueden desplegar dos tipos de estrategia: la de aniquilación y la de agotamiento. Aquella tiene como objetivo someter al enemigo a la voluntad del vencedor mediante un golpe único, contundente y fulminante; se trata de concentrar el mayor número de recursos y efectivos para dar una sola batalla decisiva que deje totalmente fuera de combate al contrincante. La segunda es, en cambio, de una naturaleza más circunspecta. El objetivo es similar, pero aquí se rechaza empeñar combates costosos en términos materiales y humanos; se utiliza la batalla, pero se prefiere emplear la maniobra política y militar de manera que los recursos se adecuen progresivamente a las circunstancias cambiantes del conflicto.

Por lo general, quien planifica una aniquilación lo hace porque posee recursos innumerables (tropas, armas, etc.) para la guerra. En la historia las han desplegado, entre otros, Alejandro Magno, Napoleón, el imperio Alemán en 1914, así como los nazis que crearon la Blitzkrieg y el único Estado que ha empleado bombas atómicas para la destrucción física de civiles: Estados Unidos cuando bombardeó Japón. En cambio, la guerra para agotar al enemigo es recurso de los débiles: la Unión Soviética y los partisanos de Tito en sus sendos esfuerzos para expulsar al nazismo de sus tierras; Vietnam, Corea y Cuba en sus guerras contra los yanquis; en todos esos casos se ha procurado decidir prudentemente entre el choque y la disuasión estratégica.

Es cierto que la evolución reciente de la guerra, la creación de bombas atómicas, entre otras cosas, son circunstancias que han modificado la estrategia. Sin embargo, si observamos de manera global los movimientos de Rusia y la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) en el conflicto de Ucrania, resulta evidente, primero, que aquel país tiene mucho menos recursos para la guerra que los miembros de la OTAN. Ésta cuenta con 6 de las primeras 10 economías del mundo (EE.UU., Alemania, Reino Unido, Francia, Italia y Canadá) y por lo menos con 3 de las primeros 10 ejércitos mejor clasificados en términos de inversión y capacidades (EE.UU., Reino Unido y Francia). Rusia tiene aliados importantes, como China (segunda economía y tercera fuerza militar del mundo), pero los recursos que aporta este país son menores a los de la OTAN, sobre todo porque los chinos no están comprometidos a sostener de manera directa el peso de la guerra.

Prácticamente restringida a sus propias riquezas para cubrir el objetivo delineado por su ejecutivo (ganar la guerra para hacer respetar su integridad nacional), Rusia sólo puede recurrir a una estrategia de agotamiento, a un estiramiento de sus medios para extinguir paulatinamente los del enemigo. Sus líderes conjugan la disuasión política –por ejemplo, la advertencia del presidente Putin sobre emplear sus reservas nucleares contra occidente si sus tropas intervienen–, con las operaciones en Ucrania para neutralizar a la amenaza directa que constituye su Estado antirruso, promovido por la OTAN desde 2014.

A su vez, la alianza atlántica proyecta la aniquilación del enemigo en cuanto ésta sea posible. Esta intención se ve cada vez más nítidamente. Los aliados amalgaman en ese sentido los recursos de sus miembros, de ahí la unanimidad acordada a la decisión de proseguir la guerra de Ucrania en la reciente cumbre de la OTAN en Madrid (29-30/07/22). Asimismo, esta cumbre confirmó la adhesión de Suecia y Finlandia a la organización y con esto se prolongará, desde Turquía hasta Finlandia, un cerco físico contra los rusos. Al parecer se completará el apostamiento de tropas y dispositivos de guerra en las fronteras orientales de los países miembros OTAN que comenzó en marzo. Solamente restaría provocar alguna imprudencia rusa con la profundización de las sanciones económicas y con el aumento de la capacidad de fuego ucraniana. No obstante, en la medida en que Rusia se mantiene firme en su resistencia contra la adversidad, en este momento el primer paso hacia la aniquilación está en el campo occidental. ¿Están dispuestos los aliados a desatar el infierno nuclear?


Anaximandro Pérez es Maestro en Historia por la UNAM e investigador del Centro Mexicano de Estudios Económicos y Sociales.