Desempleo, otro golpe al pueblo mexicano

OPINIÓN Por: Ollin Vázquez

Julio 2022

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El 28 de junio del presente año, el INEGI publicó el informe de Indicadores de Ocupación y Empleo perteneciente al periodo que transcurre de mayo del 2021 a mayo del 2022. Las cifras del estudio dejan un panorama poco esperanzador. Entre los datos que más sobresalieron está el aumento del 0.7% de la población ocupada (PO). Sin embargo, hay que advertir que del total de la PO, el 23.1% corresponde a trabajadores que se autoemplearon, esto es, 748 mil 310 más que en el mismo mes del año pasado. Adicionalmente, el informe menciona que 141 mil 982 de los trabajadores que se “sumaron” a la población empleada, a pesar de que trabajan más de la tercera parte de la jornada laboral en la unidad económica, no están en la nómina, por lo que no perciben remuneración. Sus ingresos varían en función del nivel de ingresos que obtiene la unidad económica. Esto significa que este año nuevamente creció la fila de las personas con empleos vulnerables, sin prestaciones, sin seguro social, con salarios precarios, etc. En cuanto al nivel de ingresos del total de trabajadores, 18 millones 751 mil personas apenas recibieron un salario mínimo, y 18 millones 671 mil de uno a dos salarios mínimos, a pesar de que, para adquirir la canasta básica, dado el nivel de inflación, se requieran más de 2 salarios mínimos. Esto, en palabras llanas, significa que 37 millones 422 mil mexicanos ocupados están en pobreza alimentaria.

También se menciona que, de la PO, 4.8 millones están subocupados, lo que implica que pueden y tienen la necesidad de trabajar más horas de las que actualmente lo hacen; mientras que el 55.6% se encuentra en informalidad laboral. Las principales implicaciones sociales del empleo informal es una escasa o nula protección de los trabajadores, que, además, cuentan con condiciones laborales muy inseguras y tienen, en la mayoría de los casos, salarios por debajo de quienes se emplean en la formalidad. Además, hay que añadir que el empleo informal está asociado directamente a la baja productividad laboral, que repercute negativamente en el crecimiento económico.

A pesar de que es ya bien conocida la necesidad de tratar el problema del empleo, no está de más puntualizar que, en el modo de producción capitalista, el trabajo es la principal fuente de ingreso del hombre que no tiene medios de producción. Esto es lo que le permite adquirir los alimentos y otros enseres necesarios para él y su familia. Negarle al pueblo mexicano la capacidad de vender su fuerza de trabajo a cambio de un salario es condenarlo a la pobreza alimentaria y a padecer otras carencias como la inaccesibilidad a servicios básicos en la vivienda, servicios de salud, educación, etc., y ya ni decir de poder satisfacer necesidades recreativas y espirituales. La carencia de empleo, además, niega al trabajador la posibilidad de realizarse como ser humano, lo condena a la inacción, le impide desarrollar las mínimas capacidades, de por sí ya limitadas por el trabajo mecanizado que caracteriza al modo de producción capitalista, y lo corrompe al orillarlo a la delincuencia y a los vicios más bajos donde termina de inhumanizarse.  

Si bien este panorama no es fruto únicamente del gobierno en turno, lo cierto es que éste no ha tomado medidas necesarias para revertir esta situación. Desde un inicio la 4T puso de lado la creación de fuentes de empleo al minimizar la necesidad de aumentar la producción nacional. Se priorizaron, en cambio, los megaproyectos que incentivaban a duras penas el empleo temporal y de baja productividad, y dádivas mediante programas de transferencia monetaria. Este gobierno, en lugar de proporcionar empleo digno y bien remunerado para el pueblo mexicano, le da caridad, quitándole con esto todo rastro de dignidad humana. Sus condiciones materiales les obligan a venderse al mejor postor y a ser esclavos de sus necesidades. El pueblo de México tiene que tomar conciencia de que nadie velará por sus intereses si no es él mismos; y mucho menos lo harán quienes quieren perpetuarlos en la miseria para seguirles comprando su conciencia. 


Ollin Vázquez es economista por la UNAM e investigadora del Centro Mexicano de Estudios Económicos y Sociales.