La subjetividad en el capitalismo

ENSAYO Por: Betzy Bravo

Abril 2022

Basta pensar al sentir
Para sentir al pensar.

Después de parar y andar,
Después de quedarse e ir,
He de ser quien va a llegar
Por ser quien quiere partir.

Fernando Pessoa

En el capitalismo se impone el destino ineluctable de quienes viven precariamente. Hombres y mujeres no escapan del ciclo económico, de manera que incluso sus subjetividades son determinadas en buena medida –que no absolutamente– por este modelo.

De acuerdo con Jorge Alemán, filósofo y psicoanalista, la subjetividad es la manera en que el ser humano se concibe a sí mismo en relación con un sistema social; se trata de un conjunto de conductas y preceptos de la sociedad: visiones éticas, visiones estéticas y deberes del ser humano en correspondencia con el conglomerado social. Muchas veces la subjetividad es resultado de dispositivos imperceptibles, de modo que la transfiguración humana es construida finamente.

Así, el sistema actual genera no solamente explotación sino también subjetividades, es decir, que hay modificaciones en los sujetos como consecuencia de que conviven con base en las relaciones mercantiles actuales. Parte de esta hipótesis fue sostenida por Laval y Dardot en La nueva razón del mundo, a partir de la crítica que Marx lanzó al capitalismo: “No cabe ignorar […] todas las modificaciones que ha podido engendrar en el sujeto la relación mercantil. Marx, junto a otros, pero quizá mejor que otros, señaló los efectos de disolución del mercado sobre los vínculos humanos.[1]” Así, por ejemplo, vemos cómo se infunde la generación de “sujetos empresariales” que tienen como objetivo crear su propia empresa para ser “sus propios jefes” y que los cursos de coaching empresarial incrementan su demanda.

En el capitalismo, los sujetos se conciben como “empresarios de sí mismos”, construyen esta identidad al gestionar su vida y sus relaciones laborales o familiares como si se tratara de una empresa mercantil, es decir, en sus relaciones prima la medición de rendimiento, la optimización de recursos y la competitividad. Esta labor conlleva muchas veces el endeudamiento; las personas no cumplen las ganancias que se imponen como objetivo.

Jorge Alemán explica que esta lógica de relacionarse mercantilmente provoca que los problemas o eventualidades sobrepasen a los individuos, ocurren crisis que están más allá de la posibilidad resolutiva de la gente; esto quiere decir que aumentan la exigencia de resultados consigo mismos, además de la ya existente en sus áreas laborales: la dominación no es ya solo objetiva, no se da únicamente en la empresa o en la fábrica, es también subjetiva, forma parte de la constitución psicológica del sujeto. El capitalismo tiene un modo, pues, de apropiarse de la subjetividad.

No obstante, en la constitución de los sujetos hay características que no son originadas propiamente por el capitalismo, que no son privativas de este sistema. Por ejemplo, hay conductas humanas que se han arrastrado desde la Edad Media, como el machismo, o valores que se han infundido desde la Antigua Grecia, como la honestidad y la bondad. Así, la constitución del sujeto no es absolutamente causada por el modo de producción actual. El ser humano no es por completo una máquina más del engranaje mercantil, posee cualidades que van más allá de este sistema; lo cual indicaría algún resquicio o enfrentamiento al mismo. Pensar, por el contrario, que el capitalismo constituye todo en absoluto dirigiría a un constructivismo sin salida, pero no es el caso. Hay caracteres que no reproducen las relaciones mercantiles de hoy.

De acuerdo con Jean Paul Sartre, el ser humano “interioriza sus determinaciones sociales: interioriza las relaciones de producción, la familia de su infancia, el pasado histórico, las instituciones contemporáneas; después reexterioriza todo eso en los actos y las elecciones que nos vuelven a remitir necesariamente a todo lo que ha sido interiorizado.”[2] Los individuos, pues, aprehenden lo que les rodea y actúan en consecuencia, pero su constitución como sujetos no termina allí, sino que el humano se forja con base en estructuras sociales históricas, por eso Sartre afirma que el ser humano no existe[3], esto quiere decir que el concepto ‘ser humano’ es una abstracción que cobra sentido cuando se le considera en relación con momentos históricos específicos, los cuales contienen ecos de otros momentos pasados.

Esto no implica un mecanicismo o absolutización de las estructuras sociales, no se omite al sujeto. La subjetividad tiene cabida en la constitución de las personas, es imposible eliminarla, pero ha de considerarse en relación con diversas determinaciones históricas, sociales, culturales y psicológicas; no se restringe exclusivamente al capitalismo. Cuantimás si dicho sistema contiene determinaciones comunes a otros modos de producción. Al respecto, Marx escribió que…

todas las épocas de la producción tienen ciertos rasgos en común, ciertas determinaciones comunes. La producción en general es una abstracción, pero una abstracción que tiene un sentido, en tanto pone realmente de relieve lo común, lo fija y nos ahorra así una repetición. Sin embargo, lo general o lo común, extraído por comparación, es algo completamente articulado y que se despliega en distintas determinaciones.[4]

Distintas determinaciones o formas de ser convergen no solo en el sujeto sino en el modo de producción determinado. Así, por ejemplo, hallamos relaciones sociales antiquísimas en comunidades inmersas en la modernidad. A partir de esto podríamos considerar que la subjetividad tiene en su base las relaciones sociales históricas que van más allá del capitalismo y que, por otro lado, se construye con base en las relaciones humanas y no como un mero acto consciente-solipsista.

En la Crítica de la razón dialéctica, Sartre mantiene esos dos polos, la subjetividad y el modo de producción, y afirma que se trata de una “contradicción perpetuamente resuelta y perpetuamente renovada del [ser humano]–productor y del [ser humano]–producido, en cada individuo y en el seno de toda multiplicidad.”[5] Esto es que la subjetividad se genera y se renueva en relación con el resto de los agentes sociales y con su exterior.

Los agentes sociales -o la sociedad en general- contienen, como decía Marx, determinaciones múltiples, que corresponden no solamente a una época histórica sino a varias. La subjetividad no está predeterminada ni tampoco se halla subsumida totalmente en el modo actual de producir.

A pesar de que el capitalismo se ha apropiado, en buena medida, de todas las subjetividades, dentro de éstas se asoman cualidades que pueden resistir al inmundo emprendimiento individual. La subjetividad es inherente al sujeto, pero no es perenne e inmutable ni mucho menos es una copia completamente fiel del engranaje mercantil, y puede ser transformada en favor de las resistencias que buscan mejores modos de vida.


Betzy Bravo es licenciada en filosofía por la UNAM e investigadora del Centro Mexicano de Estudios Económicos y Sociales.

[1] Laval, C. y Pierre, D., La nueva razón del mundo, Barcelona: Gedisa, 2013, p. 328.

[2] Sartre, J. P., El escritor y su lenguaje. Situations iX, S, Buenos Aires: Losada, 1973, pp. 83-84.

[3] Sartre, J. P., Crítica de la razón dialéctica, Buenos Aires: Losada, 1963, p. 183.

[4] Marx, K., Elementos fundamentales para la crítica de la economía política (Grundrisse) 1857-1858, 1, España: Siglo XXI, 2016, p. 3.

[5] Sartre, J. P, Crítica de la razón dialéctica, Buenos Aires: Losada, 1963, p. 223.