De la Ilustración al proletariado

OPINIÓN Por: Betzy Bravo

De la Ilustración al proletariado

Abril 2022

Platón señala que uno de los delitos más graves que pueden cometerse en contra de la sociedad es desobedecer las leyes y utilizarlas en beneficio propio, malversarlas irracionalmente, en otras palabras, apropiarse de las leyes: esclavizarlas. Quien suplanta a la ley utilizándola en favor de su persona o de un grupo de su misma calaña merecería, de acuerdo con Sócrates, la pena de muerte.

Por otro lado, el pueblo estaría en su derecho de cambiar sus leyes, pero esto ha de hacerse con base en la legalidad, para que así, el ser humano no caiga en poder del ser humano, sino que siempre obedezca a la racionalidad que está intrínseca en lo legal. Para que las leyes sean justas, es decir, que no estén a expensas de un tirano, o de alguna camarilla de tiranos, deberán estar más allá de los hombres y de las mujeres, más allá de todo el pueblo. Fue así como se estableció la ciudadanía en la Ilustración, en donde se dedujo que las personas obedecerían a la ley obedeciéndose a sí mismas, y esto las convertiría en seres libres.

Así, en la Ilustración se planteaba que no existiera ya una obediencia a un duque o a un rey o a un sacerdote o a un Dios; obedecer a la ley implica, en este caso, obedecerse a uno mismo. Fue esto lo que caracterizó a la Modernidad y de lo cual estamos todavía muy lejos, pese a que en determinado momento pareció que el advenimiento de la razón y de las leyes estaba en su esplendor; Hegel incluso planteó que finalmente la razón gobernaba el mundo como lo concibió alguna vez Anaxágoras:

Anaxágoras fue el primero en decir que el nous [en griego: la razón] gobierna al mundo. Pero solamente ahora el ser humano ha llegado a admitir que el pensamiento debe regir la realidad espiritual. Fue, pues, un soberbio amanecer. Todos los seres pensantes han celebrado aquella época. Una emoción sublime reinó en aquellos tiempos […].[1]

Dada la Revolución Francesa parecía, pues, que la razón comenzaba realmente a gobernar el mundo. Sin embargo, al tiempo que comenzó a forjarse el proyecto de ciudadanía de la Modernidad, sobrevino el proyecto de la sociedad capitalista. Así, mientras la Ilustración intentaba forjar una ciudadanía, por el patio trasero de la historia fue surgiendo el proletariado. La proclamación de las leyes y del razonamiento moderno ilustrado surgió, simultáneamente, con el capitalismo. Y, de acuerdo con la reconocida historiadora francesa Florence Gauthier:

Ese pretendido paralelismo, que pretende dar a entender que la filosofía del derecho natural moderno, la teoría de la revolución de los derechos humanos y ciudadanos, habría sido la ideología de los capitalistas, está en manifiesta contradicción con el hecho de que esa filosofía fue, muy al contrario, expresión señera de la consciencia crítica de la barbarie europea.

En la concepción de las leyes, entonces, éstas no fueron planteadas para servir al capital, sino que quienes defendieron a éste las utilizaron oportunamente en su favor, es decir, las esclavizaron. Y al día de hoy las leyes y la población están sometidas al dominio del capital. El proyecto de ciudadanía ha sido enterrado, es por eso que no hay seres humanos libres, y no los habrá hasta que estos sean capaces de darse a sí mismos sus propias leyes racionalmente.

Bajo las leyes del mercado la población entera está sometida, y en lugar de ciudadanía lo que hay es gente explotada, proletarios y proletarias. La explotación de las mayorías es condición sine qua non para el capitalismo; solamente al eliminar la explotación y las injusticias de este sistema cualquier persona podría no depender de la voluntad del capital, es decir, que podría no depender de la necesidad de trabajar para poder subsistir.

Los medios de vida, como la vivienda, el agua potable, los servicios de salud, la educación y la comida, son necesarios para que un ser humano se forje como ciudadano en el sentido de la Ilustración, puesto que para llegar a ser un ciudadano responsable que pueda desarrollarse íntegramente, que pueda independizarse, es preciso que no esté sometido a la necesidad de esclavizarse en el modo de producción capitalista. El proyecto humanista de la Modernidad podría ser alcanzado si de esta sociedad explotada surge su sepulturero natural: un proletariado autoconsciente que la enfrente y la supere.


Betzy Bravo es licenciada en filosofía por la UNAM e investigadora del Centro Mexicano de Estudios Económicos y Sociales.

[1] G.W. F. Hegel, Leçons sur la philosophie de l ’histoire, [Trad.: J. Gio’din], Paris: Vrin, 1963, p. 340 apud Hegel, D’Hondt, Jacques [Trad.: Carlos Pujol], 2013, Buenos Aires: Tusquets Editores, p. 60.

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