Los precios en el cielo y los mexicanos en el averno

Marzo 2022

En México la inflación crece vertiginosamente, y aunque como concepto no está presente en la vida de los mexicanos, para la mayoría es una loza pesada de cargar todos los días. El jefe o jefa de familia (el que carga con la responsabilidad económica) al comprar la despensa semanal es capaz de darse cuenta de los que precios de los productos subieron aceleradamente en los primeros meses del año 2022 y que, este aumento, al enfrentarse con su salario, vuelve más difícil satisfacer sus necesidades. En esencia, esto es la inflación: “el aumento sostenido y generalizado de los precios de los bienes y servicios de una economía a lo largo del tiempo”, dice el Banco de México (Banxico).

El problema no es menor si consideramos que gran parte de la población está en el sector informal de la economía y su nivel de ingresos es limitado.

De acuerdo con datos de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) durante enero de 2022, la Población Económicamente Activa (PEA), es decir, personas en edad de trabajar que trabajaron o buscaron trabajar fue de 57.7 millones: 55.5 millones se ocuparon y 2.2 millones no pudieron hacerlo, aunque querían trabajar; 30.5 millones (54.8%) de los que se ocuparon lo hicieron en el sector informal. Es decir, más de la mitad de la población que puede y quiere trabajar lo hace en el sector informal. Dada esta composición laboral los ingresos son insuficientes para hacer frente al gasto de la canasta alimentaria: al término del cuarto trimestre de 2021, 51.6 millones de personas viven en una situación en la que los ingresos laborales de su hogar no son suficientes para adquirir la canasta alimentaria básica para todos sus integrantes. Por ello, ante el aumento de los precios de los productos, más mexicanos se sumarán a esta cifra.

La inflación ha estado creciendo por arriba de lo esperado por Banxico desde septiembre de 2021 y en febrero de 2022 se ubicó en 7.28% de crecimiento anual. Lo preocupante del caso es que los dos componentes de la inflación han estado creciendo: la inflación subyacente (6.59%) y la no subyacente (9.34%). La primera mide a los bienes y servicios no volátiles (sus precios no varían con facilidad) y el segundo los volátiles. Esto nos puede indicar que el alza de los precios no solo es coyuntural, sino que será una tendencia de más largo alcance.

En el mes de febrero la inflación ha impactado en bienes de primer orden en la vida de las personas: los energéticos y los alimentos. El crecimiento del precio en los energéticos fue: en electricidad de 6.89%, gasolina magna (la que usa la mayoría) 5.57% y del gas LP fue de (-)1.83%. Los alimentos que más aumentaron de precio: limón, pollo, carne de res, tortilla y leche. Gran parte de estos aumentos se explican por la interrupción en las cadenas de suministro debido a la pandemia. Pero para el mes de marzo habrá que esperar otro incremento de precios, pues el conflicto en Ucrania ha provocado que el precio del petróleo y del gas aumenten y se espera, que, al ser Rusia y Ucrania productores y exportadores de granos (además, México importa de Rusia el 30% del fertilizante para producir el campo mexicano), el precio de los alimentos también se vea afectado.

La inflación se hace presente como coyuntura (por pandemia y conflicto bélico) y la mayoría de los analistas coinciden en que así es, pero no se pone atención en la debilidad de la economía mexicana para hacer frente a estos embates coyunturales: dependencia productiva de la economía mundial (particularmente de Estados Unidos), debilidad del mercado interno, mercado laboral precario, dependencia del sistema financiero mundial (centros hegemónicos), es decir, en los factores que hacen de México una economía dependiente.

A la inflación se le puede hacer frente con una economía mejor estructurada y desarrollada, una meta de la que ya casi nadie habla y en donde el gobierno brilla por su ausencia como promotor del desarrollo. Hoy también el infierno de la inflación lo sufrirán los mexicanos, más aún para los 51.6 millones que de por sí no les alcanzaba para comer.


Rogelio García Macedonio es economista por la UNAM e investigador del Centro Mexicano de Estudios Económicos y Sociales.